El péndulo ideológico latinoamericano oscila entre el progresismo y la extrema derecha trumpista

El péndulo ideológico está en ebullición constante
Latinoamérica experimenta ciclos políticos impulsados por contradicciones internas, regionales y geopolíticas globales.
Mark

¿Por qué importa que el péndulo oscile entre progresismo y extrema derecha? ¿No son solo cambios de gobierno normales?

Mimi

Porque cada oscilación tiene consecuencias reales. Cuando ganaron los gobiernos progresistas a principios de los 2000, crearon estructuras de integración regional que cuestionaban el dominio estadounidense. Cuando fueron derrocados mediante 'lawfare', esas estructuras se desmantelaron y la región quedó más fragmentada.

Luke

Pero tenemos que ser precisos: ¿cuántos de esos derrocamientos fueron realmente 'lawfare' coordinado y cuántos fueron procesos políticos internos legítimos? El libro de Arantxa Tirado que citas argumenta coordinación, pero ¿hay evidencia de esa coordinación más allá de la interpretación?

Mimi

Es una pregunta justa. Lo que sí es verificable es que gobiernos progresistas fueron removidos mediante procesos judicales en Brasil, Ecuador y Bolivia, y que presidentes neoliberales llegaron al poder después. El patrón es observable.

Mark

¿Y ahora? ¿Está ganando el progresismo de nuevo?

Mimi

Sí, pero debilitado. Los gobiernos que regresan son más moderados, con coaliciones más amplias pero menos radicales. No es la misma energía transformadora de hace veinte años.

Luke

¿Debilitado por qué exactamente? ¿Por desgaste político, por represión, por cambios en la opinión pública?

Mimi

Por todo eso. Años de persecución judicial, de bloqueos económicos, de campañas mediáticas. Cuando Lula regresa, no regresa con el mismo proyecto que tenía antes.

Mark

¿Entonces la extrema derecha está ganando terreno?

Mimi

En algunos lugares sí. En Argentina y Chile hay fuerzas de extrema derecha más fuertes que hace una década. Pero también es reflejo de la crisis de la derecha internacional, no de su fortaleza.

Luke

Eso es importante aclarar: ¿es que la extrema derecha está ganando o es que la derecha tradicional está fragmentándose y una parte se radicaliza? Son cosas diferentes.

Mimi

Buena observación. Es ambas cosas. La derecha neoliberal está en crisis, y parte de ella se radicaliza hacia posiciones reaccionarias, pero mantiene continuidad en lo económico.

Mark

¿Qué pasa con Argentina entonces? Acaban de entrar a BRICS+.

Mimi

Eso es un gesto importante. Marca distancia de la alineación anterior con Washington. Pero Argentina sigue en crisis económica severa, así que es un movimiento geopolítico que no necesariamente resuelve los problemas internos.

  • Gobiernos progresistas de principios del siglo XXI crearon ALBA, Unasur y Celac para integración regional independiente
  • Mecanismos de 'lawfare' derrocaron gobiernos en Brasil, Ecuador, Bolivia y Honduras entre 2009 y 2016
  • Retorno de gobiernos progresistas en México, Colombia, Bolivia, Honduras y Brasil desde 2018, pero con menor capacidad radical
  • China desplazó a Estados Unidos como principal socio comercial, pero EE.UU. mantiene control sobre fuerzas armadas y acuerdos comerciales
  • Extrema derecha neoliberal radicalizada emerge en Argentina y Chile, reflejando crisis interna de la derecha internacional

Gobiernos progresistas de principios del siglo XXI impulsaron integración regional mediante ALBA, Unasur y Celac, cuestionando el orden unipolar estadounidense. Mecanismos de 'lawfare' derrocaron gobiernos progresistas en Brasil, Ecuador, Bolivia y Honduras, aupando presidentes neoliberales como Macri, Piñera y Bolsonaro.

Análisis de los ciclos políticos en América Latina, donde tras victorias progresistas recientes en Guatemala y Ecuador, emergen fuerzas de extrema derecha neoliberal en Argentina y Chile, reflejando la pugna geopolítica global.

América Latina vive un momento de tensión ideológica sin precedentes. En agosto de 2023, Bernardo Arévalo ganó las elecciones presidenciales en Guatemala, representando una victoria para las fuerzas progresistas en la región. Casi simultáneamente, Argentina y Chile mostraban signos de giro hacia la derecha, planteando una pregunta fundamental: ¿hacia dónde se mueve realmente el péndulo político latinoamericano?

Para entender esta oscilación, es necesario retroceder dos décadas. A principios del siglo XXI, una ola de gobiernos transformadores llegó al poder en Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Honduras y Ecuador. Estos gobiernos no solo rompieron con los regímenes anteriores, sino que impulsaron un proyecto regional ambicioso: crear estructuras de integración económica independiente que cuestionaran la dominación estadounidense. Surgieron organismos como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Se propusieron proyectos monetarios como el SUCRE y financieros como el Banco del Sur, todos diseñados para fortalecer la autonomía regional frente al orden unipolar vigente.

Este escenario de esperanza y renovación comenzó a desmoronarse a partir de 2009. El golpe de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya marcó el inicio de una nueva fase represiva. Lo que siguió fue una estrategia coordinada conocida como 'lawfare'—una guerra híbrida que combinaba operaciones judiciales, mediáticas, políticas y económicas para desmantelar gobiernos progresistas. Dilma Rousseff fue expulsada de la presidencia brasileña. Luiz Inácio Lula da Silva fue encarcelado. Rafael Correa enfrentó treinta causas judiciales en Ecuador. Cristina Fernández sufrió persecución política sostenida en Argentina. Evo Morales fue derrocado en Bolivia. El bloqueo contra Cuba, Venezuela y Nicaragua se intensificó. Como resultado de este retroceso coordinado, presidentes neoliberales como Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile y Jair Bolsonaro en Brasil llegaron al poder.

Sin embargo, en los últimos años la tendencia ha comenzado a invertirse nuevamente. Andrés Manuel López Obrador ganó en México. Gustavo Petro llegó a la presidencia en Colombia. Bolivia recuperó la normalidad democrática con el retorno del Movimiento al Socialismo. Xiomara Castro, esposa del expresidente Zelaya, ganó en Honduras. El peronismo regresó a Argentina. Lula retornó a la presidencia de Brasil. Estos cambios ocurren en un contexto donde China ha desplazado a Estados Unidos como principal socio comercial de la mayoría de países latinoamericanos, aunque Washington mantiene control sobre esferas críticas: la formación de fuerzas armadas y policiales, acuerdos de libre comercio y pactos vinculados al control del tráfico de drogas.

Pero esta nueva ola progresista no es idéntica a la anterior. Ha emergido debilitada por años de contraofensiva ideológica y judicial. Los frentes electorales son más amplios pero ideológicamente heterogéneos, lo que se traduce en menor capacidad de radicalidad tanto en el discurso como en las políticas implementadas una vez en el gobierno. Simultáneamente, ha surgido una extrema derecha neoliberal más radicalizada en lo social pero profundamente continuista en lo económico, adoptando un formato que evoca el trumpismo. Esta impostura reaccionaria, sin embargo, refleja también la crisis interna de la derecha internacional en medio de la pugna geopolítica global.

Chile y Argentina ejemplifican esta complejidad. En Chile, tras el estallido social de 2019 y la demanda de una nueva Constitución, la polarización electoral se centró en José Antonio Kast, nostálgico de la dictadura pinochetista. Los votantes eligieron a Gabriel Boric, un candidato moderado, sobre uno que cuestionara profundamente la estructura heredada del régimen militar. El resultado fue una reforma constitucional encargada a pinochetistas, evidenciando que aún no existe correlación de fuerzas para una transformación social profunda. Argentina presenta el escenario opuesto: tras resultados catastróficos para el peronismo en elecciones primarias, en medio de inflación crónica y un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el país fue admitido en el grupo BRICS+ en la cumbre de Johannesburgo. Este ingreso marca distancia tanto de las posiciones de Javier Millei como del macrismo anterior, y muchos lo ven como una esperanza para una economía devastada.

El péndulo ideológico latinoamericano continúa en movimiento constante, impulsado por contradicciones internas de cada país, dinámicas regionales y fuerzas geopolíticas globales. No se trata de un movimiento simple de ida y vuelta, sino de un proceso complejo donde cada ciclo deja cicatrices y donde las correlaciones de fuerza determinan qué es posible transformar y qué permanece anclado en estructuras heredadas.

Esta impostura reaccionaria de corte trumpista también es reflejo de la crisis interna que, en medio de la gran pugna geopolítica mundial, vive la derecha internacional
— Análisis del artículo
Los gobiernos progresistas que regresan son más moderados, con coaliciones más amplias pero menos radicales en sus capacidades de transformación
— Caracterización del retorno progresista
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