El dolor no sigue un patrón único con la edad: unos alcanzan su máximo antes, otros persisten

El dolor no es una única enfermedad, sino múltiples condiciones distintas
Según el director del Instituto Nacional del Dolor, cada tipo de dolor obedece a mecanismos fisiopatológicos diferentes.
Mark

Entonces, si entiendo bien, el estudio dice que no todos los dolores empeoran con la edad. ¿Eso significa que algunos dolores desaparecen?

Mimi

No exactamente desaparecen, pero sí se estabilizan. Los dolores de cabeza y abdominales alcanzan su máximo antes de los cincuenta y cinco años, y luego la prevalencia no sigue subiendo. Es diferente a lo que esperaríamos.

Luke

¿Y cuántos países participaron en este estudio? Porque si es principalmente en países desarrollados, eso podría sesgar los resultados.

Mimi

Participaron 118 países, incluyendo España. Pero tienes razón en señalar que los patrones varían mucho según el nivel de ingresos del país.

Mark

¿Qué diferencia hay entre un país rico y uno pobre en términos de dolor?

Mimi

A los ochenta años, la prevalencia de cualquier dolor corporal es treinta y un puntos porcentuales mayor en países con rentas bajas. Y el dolor lumbar se duplica.

Luke

Pero eso podría deberse a muchas cosas: acceso a atención médica, tipo de trabajo, nutrición. El estudio identifica la diferencia, pero no explica completamente por qué ocurre.

Mimi

Exacto. Lo que el estudio hace es mostrar que hay mecanismos diferentes detrás de diferentes dolores. Los dolores viscerales y migrañas parecen estar ligados a factores hormonales. El dolor de espalda está más relacionado con el envejecimiento estructural y la sobrecarga.

Mark

¿Y eso tiene implicaciones prácticas para cómo tratamos el dolor?

Mimi

Potencialmente sí. Si entendemos que son procesos diferentes, podríamos desarrollar estrategias de prevención y tratamiento más específicas según el tipo de dolor y la edad.

Luke

Aunque hay que notar que el estudio recopila datos durante 35 años, pero eso no significa que siguió a las mismas personas todo ese tiempo. Podría ser una combinación de estudios transversales.

Mimi

Eso es una limitación importante. No sabemos si es el mismo grupo envejeciendo o diferentes cohortes en diferentes momentos.

Mark

¿Las mujeres sufren más dolor que los hombres en todas las áreas?

Mimi

Sí, en todas las áreas del cuerpo estudiadas. Aunque el estudio no profundiza en las razones detrás de esa diferencia.

  • La creencia de que todo dolor empeora con la edad resulta ser una simplificación que los datos de seis millones de personas contradicen con claridad.
  • Los dolores de cabeza, faciales y abdominales alcanzan su punto máximo antes de los 55 años, desafiando lo que médicos y pacientes suelen asumir sobre el envejecimiento.
  • El dolor de espalda, cadera y rodilla sigue una trayectoria implacablemente ascendente, y en países de renta baja la prevalencia del dolor lumbar se duplica después de los 80 años.
  • Las mujeres reportan más dolor que los hombres en todas las zonas del cuerpo estudiadas, añadiendo una dimensión de género que los sistemas de salud no pueden ignorar.
  • Los investigadores proponen que cada tipo de dolor responde a mecanismos distintos —hormonales, estructurales, socioeconómicos— lo que abre la puerta a intervenciones más precisas y personalizadas.

Durante treinta y cinco años, investigadores siguieron a más de seis millones de personas en 118 países y descubrieron que el dolor no envejece de manera uniforme junto a nosotros. Algunos dolores —los de cabeza, rostro y abdomen— alcanzan su cima antes de los cincuenta y cinco años y luego se apaciguan, mientras que el dolor de espalda y articulaciones continúa su ascenso silencioso hasta edades muy avanzadas. Este hallazgo invita a repensar una de las creencias más arraigadas sobre el cuerpo humano: que el sufrimiento físico es simplemente el precio inevitable y lineal del tiempo.

Un estudio de tres décadas y media que rastreó a más de seis millones de personas entre cinco y cien años en 118 países —incluyendo España— llegó a una conclusión que contradice la intuición común: el dolor no sigue una sola trayectoria a lo largo de la vida. Algunos dolores alcanzan su punto más alto relativamente pronto y luego se estabilizan o disminuyen. Otros, los que afectan la espalda y las articulaciones, no dejan de intensificarse.

Al examinar once zonas del cuerpo, los investigadores encontraron que los dolores faciales, las migrañas y el dolor abdominal alcanzaban su máxima prevalencia antes de los cincuenta y cinco años, para luego tender a estabilizarse. En cambio, el dolor de espalda, cadera y rodilla seguía una línea ascendente persistente. Las mujeres reportaron más dolor que los hombres en todas las áreas estudiadas.

La geografía también marcó diferencias profundas. A partir de los cuarenta años, el dolor articular y lumbar crecía más rápidamente en países con menores ingresos, y para los ochenta años esa brecha se volvía dramática: la prevalencia de cualquier dolor corporal era unos treinta y un puntos porcentuales mayor en naciones de renta baja, mientras que el dolor lumbar se duplicaba en esas poblaciones.

Javier Rivera, director de la Unidad de Reumatología y Fibromialgia del Instituto Nacional del Dolor, explica que el dolor no debe entenderse como una única enfermedad, sino como múltiples condiciones con mecanismos distintos. Los dolores viscerales y las migrañas probablemente están vinculados a fluctuaciones hormonales, lo que explicaría su forma de U invertida. Los dolores de columna, cadera y rodilla, en cambio, responden al envejecimiento estructural y a la sobrecarga acumulada de décadas.

Reconocer estas diferencias podría transformar la manera en que los sistemas de salud abordan el dolor en poblaciones envejecidas, permitiendo intervenciones más precisas según el tipo de dolor y el momento de la vida en que aparece.

Creemos que el dolor es un compañero inevitable del envejecimiento, que llega con nosotros en la juventud y se intensifica sin pausa hasta el final. Un estudio de tres décadas y media sugiere que esa intuición es incompleta. Los investigadores rastrearon datos de más de seis millones de personas entre cinco y cien años en 118 países —incluyendo España— y descubrieron que el dolor no sigue una trayectoria única. Algunos dolores alcanzan su punto más alto relativamente pronto en la vida y luego se estabilizan o disminuyen. Otros, particularmente los que afectan la espalda y las articulaciones, continúan intensificándose año tras año.

El equipo examinó once zonas del cuerpo y encontró variaciones significativas en cómo el dolor evoluciona según su ubicación. Los dolores faciales, las migrañas y el dolor abdominal mostraron un patrón diferente al que muchos esperarían: alcanzaban su máxima prevalencia antes de los cincuenta y cinco años, luego tendían a estabilizarse o disminuir. En contraste, el dolor de espalda, cadera y rodilla seguía una línea ascendente más persistente, intensificándose conforme pasaban los años. Las mujeres reportaron más dolor que los hombres en todas las áreas del cuerpo estudiadas.

La geografía del dolor también importa. A partir de los cuarenta años, el dolor articular y lumbar aumentaban más rápidamente en países con menores ingresos. Para los ochenta años o más, esa brecha se hacía dramática: la prevalencia de cualquier dolor corporal era aproximadamente treinta y un puntos porcentuales mayor en naciones con rentas bajas, mientras que el dolor lumbar se duplicaba en esas poblaciones.

Javier Rivera, director de la Unidad de Reumatología y Fibromialgia del Instituto Nacional del Dolor, ofrece una explicación para estos patrones divergentes. El dolor no debe entenderse como una única enfermedad, sino como múltiples condiciones distintas que emergen en diferentes momentos de la vida y responden a mecanismos fisiopatológicos diferentes. Los dolores viscerales y las migrañas, que alcanzan su pico en edades más jóvenes, probablemente están vinculados a fluctuaciones hormonales específicas. Eso explicaría la forma de U invertida que los investigadores observaron en sus datos: un aumento inicial seguido de una meseta o descenso.

Los dolores localizados en la columna lumbar, las caderas y las rodillas siguen un camino distinto porque obedecen a mecanismos diferentes. Están más directamente relacionados con el envejecimiento estructural del cuerpo y la sobrecarga acumulada de décadas de uso. Eso explica por qué continúan intensificándose incluso en edades avanzadas, especialmente en contextos donde las personas enfrentan mayores demandas físicas o tienen menos acceso a cuidados preventivos.

Este hallazgo reorienta cómo pensamos sobre el dolor y la edad. No es un fenómeno monolítico que simplemente empeora con el tiempo. Es un conjunto de experiencias distintas, cada una con su propia trayectoria, sus propias causas subyacentes y, potencialmente, sus propias estrategias de prevención y tratamiento. Reconocer esas diferencias podría cambiar cómo los sistemas de salud abordan el dolor en poblaciones envejecidas, permitiendo intervenciones más precisas según el tipo de dolor y el momento de la vida en que aparece.

El dolor no debe considerarse como una única enfermedad, sino que existen diferentes tipos que aparecen en distintas épocas de la vida y muestran trayectorias diferentes
— Javier Rivera, director de la Unidad de Reumatología y Fibromialgia del Instituto Nacional del Dolor
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