Cuando la primavera austral de 2022 debería haber traído calma epidemiológica, Argentina y otros países de América del Sur enfrentaron una paradoja: el virus de la influenza circulaba con una intensidad propia del invierno, superando incluso al coronavirus en número de contagios. Dos años de restricciones pandémicas habían silenciado no solo al COVID-19, sino también a la gripe, dejando a la población sin la exposición gradual que construye defensas naturales. Lo que los especialistas llaman 'deuda inmunológica' es, en el fondo, el precio biológico de haber detenido el mundo.
Efecto pandemia: por qué la gripe sigue aumentando en primavera
El virus encontraría a menos cantidad de personas con protección
¿Por qué la gripe está aumentando ahora si normalmente disminuye en primavera?
Porque durante dos años las personas estuvieron confinadas, con menos exposición a virus. Ahora que se levantaron las restricciones, el virus encuentra a una población sin defensas.
Pero eso no explica completamente por qué no aumentó en invierno. ¿Tenemos datos claros sobre eso?
No, Guzzi lo reconoce explícitamente. Esa parte aún no se entiende bien.
¿Entonces hay competencia entre el COVID-19 y la gripe?
Es una hipótesis. Con el coronavirus en baja, la influenza circula más. Pero está en investigación.
¿Y si alguien tiene ambas infecciones?
Puede ser más grave. Pero es poco común según los CDC.
¿Cómo sé si tengo gripe o COVID?
No puedes saberlo solo por síntomas. Necesitas una prueba específica.
¿Cuánta gente se vacunó contra la gripe durante la pandemia?
Las tasas cayeron significativamente, pero el artículo no da números exactos.
¿Entonces la solución es vacunarse?
Eso parece lógico, pero el artículo no lo dice directamente.
O Pulso
- Las tasas de positividad para influenza alcanzaron el 39-40% en plena primavera, cuando históricamente no superaban el 10% ni siquiera en invierno.
- La gripe desplazó al coronavirus como el virus respiratorio más activo en Argentina, invirtiendo el orden que la sociedad había aprendido a temer.
- Dos años de aislamiento redujeron la exposición a cepas de influenza y derrumbaron las tasas de vacunación antigripal, dejando a millones sin defensas actualizadas.
- Los científicos debaten si el COVID-19 aumenta la susceptibilidad a otros virus, si existe competencia entre patógenos o si simplemente la 'deuda inmunológica' cobró su factura.
- La pregunta que aún no tiene respuesta inquieta a los expertos: si la población estaba tan desprotegida, ¿por qué la gripe no repuntó durante el invierno previo?
Cuando la primavera austral de 2022 debería haber traído calma epidemiológica, Argentina y otros países de América del Sur enfrentaron una paradoja: el virus de la influenza circulaba con una intensidad propia del invierno, superando incluso al coronavirus en número de contagios. Dos años de restricciones pandémicas habían silenciado no solo al COVID-19, sino también a la gripe, dejando a la población sin la exposición gradual que construye defensas naturales. Lo que los especialistas llaman 'deuda inmunológica' es, en el fondo, el precio biológico de haber detenido el mundo.
La primavera en el hemisferio sur marca, por tradición epidemiológica, el retiro de la gripe. En 2022, ese patrón se rompió. Desde mediados de agosto, Argentina registró un aumento sostenido de casos de influenza A (H1N1) e influenza B, con tasas de positividad que llegaron al 39% en pacientes ambulatorios y al 40% en internados —cifras que en pleno invierno nunca habían superado el 10%—. En varios países de América del Sur, el virus de la gripe estaba causando más contagios que el coronavirus.
La médica Leda Guzzi, de la Sociedad Argentina de Infectología, recordó que la influenza no es un resfrío: genera fiebre intensa, malestar general y decaimiento que pueden durar una semana. Lo verdaderamente inusual es que 2022 mostró picos de circulación en meses completamente atípicos, con un primer rebote ya durante el verano, apenas levantadas las restricciones de movilidad.
Entre las hipótesis que manejan los especialistas, la más sólida es la de la 'deuda inmunológica': durante los años de confinamiento, la población tuvo mucho menos contacto con virus y patógenos cotidianos, y las campañas de vacunación antigripal cayeron significativamente. El resultado fue una sociedad más vulnerable. El virólogo Mario Lozano, de la Universidad Nacional de Quilmes, añadió que el aislamiento probablemente cortó el contacto con distintas cepas de influenza, impidiendo que se desarrollaran defensas naturales contra ellas.
Otras líneas de investigación exploran si haber padecido COVID-19 aumenta la susceptibilidad a otros virus respiratorios, o si existe alguna forma de competencia entre patógenos que, con el coronavirus en baja, habría liberado espacio para que la influenza se expandiera. Pablo Bonvehí, jefe de infectología del CEMIC, subrayó que la influenza es menos letal que el coronavirus, pero advirtió que dos años de menor circulación dejaron a la población con una protección notablemente reducida.
Lo que este fenómeno deja en claro es que la pandemia de COVID-19 no solo transformó la vida social: también alteró profundamente la dinámica de circulación de otros virus respiratorios, de maneras que la ciencia aún está aprendiendo a leer.
Cuando llega la primavera en el hemisferio sur, la gripe suele retroceder. Este año no fue así. Desde mediados de agosto, Argentina registra un aumento sostenido de contagios de influenza que desafía lo que los especialistas esperaban ver en esta estación. El Ministerio de Salud confirmó la circulación simultánea de Influenza A (H1N1) e Influenza B, con tasas de positividad que alcanzaron el 39% en pacientes ambulatorios y el 40% en internados. Para comparar: durante el invierno, esa tasa no superaba el 10%. En varios países de América del Sur, el virus de la gripe está causando más contagios que el coronavirus en este momento.
La médica Leda Guzzi, miembro de la comisión de Comunicación de la Sociedad Argentina de Infectología, explicó que el virus de la influenza produce un cuadro más intenso que un resfrío común: fiebre, malestar general y decaimiento que persisten durante una semana. Lo inusual es que 2022 ha mostrado un comportamiento completamente atípico en cuanto a los meses en que el virus circula con mayor intensidad. Durante el verano pasado hubo un rebote de casos después de que se levantaran las restricciones de movilidad por la pandemia.
Los expertos barajan varias hipótesis para explicar este fenómeno. Una sugiere que existe un reacomodamiento de los virus tras los confinamientos prolongados. Con el coronavirus en baja, el virus de la influenza estaría más activo, lo que podría indicar una competencia entre patógenos. Otra línea de investigación examina si haber tenido COVID-19 genera una mayor susceptibilidad a otros virus respiratorios. Pero la explicación que más peso tiene entre los especialistas es la llamada "deuda inmunológica".
Durante los años de restricciones, las personas tuvieron mucha menos exposición a virus y otros patógenos. Las medidas de control aplicadas a gran escala redujeron drásticamente la circulación de muchas enfermedades infecciosas. Al mismo tiempo, las tasas de vacunación antigripal y contra otras enfermedades cayeron significativamente. Todo esto generó una población más susceptible frente a patógenos como la influenza. Sin embargo, Guzzi señaló que esta explicación solo cubre parte del fenómeno. Aún queda sin respuesta por qué el virus de la gripe no aumentó su circulación durante el invierno.
Mario Lozano, virólogo y profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, ofreció otra perspectiva: es probable que durante el aislamiento las personas hayan perdido contacto con las diferentes cepas del virus de la gripe y menos gente desarrolló defensas contra ellas. De esta manera, el virus encontraría a una población con menor protección. Pero reconoció que se trata de una cuestión que requiere más investigación.
Pablo Bonvehí, jefe de infectología del CEMIC y ex presidente de la Sociedad Argentina de Infectología, enfatizó que el virus de la influenza produce menos letalidad que el coronavirus. En este momento hay menor circulación del coronavirus que del virus de la gripe, probablemente porque las restricciones de movilidad de años anteriores impactaron fuertemente en la reducción de la circulación de influenza. La población tuvo menos contacto durante dos años y ahora está más susceptible a adquirir la infección.
Los síntomas de la gripe y el COVID-19 se superponen considerablemente: fiebre, tos, dificultad para respirar, fatiga, dolor de garganta, congestión nasal, dolor muscular, dolor de cabeza, vómitos y diarrea. El cambio o pérdida del gusto y el olfato es más frecuente en COVID-19. No se puede diferenciar entre ambas enfermedades solo por los síntomas; se necesitan pruebas específicas para confirmar el diagnóstico. Las pruebas también pueden revelar si alguien tiene ambas infecciones simultáneamente, aunque esto es poco común. Las personas con gripe y COVID-19 al mismo tiempo pueden desarrollar una enfermedad más grave que quienes tienen una sola infección.
Ambas enfermedades se propagan de persona a persona a través de partículas grandes y pequeñas que contienen virus, expulsadas cuando alguien tose, estornuda o habla. Estas partículas pueden caer en la boca o nariz de personas cercanas o ser inhaladas en las vías respiratorias. En ambientes interiores con poca ventilación, las partículas pequeñas pueden propagarse a mayores distancias y causar infecciones. Lo que está claro es que el comportamiento inusual de la gripe en primavera de 2022 ha obligado a los especialistas a repensar cómo la pandemia de COVID-19 alteró no solo nuestras vidas, sino también la dinámica de circulación de otros virus respiratorios.
Citações Notáveis
El virus de la influenza produce un cuadro más intenso que el resfrío común. Es un cuadro de 7 días con fiebre, malestar general y decaimiento. Este año ha tenido un comportamiento inesperado e inusual.— Dra. Leda Guzzi, Sociedad Argentina de Infectología
Es probable que durante el aislamiento las personas hayan perdido contacto contra las diferentes cepas del virus de la gripe y menos personas desarrollaron defensas.— Mario Lozano, virólogo, Universidad Nacional de Quilmes