Disidentes de las FARC atacan puesto policial en el Cauca con drones y explosivos

El ataque causó daños en viviendas y comercios; autoridades aún no confirman heridos, pero se reportó al menos una muerte por carro bomba el día anterior en la zona.
Los ciudadanos están siendo abandonados a la brutalidad criminal
Paloma Valencia, senadora del Cauca, reacciona al ataque contra el puesto policial en Mondomo.
Mark

¿Por qué el Cauca sigue siendo tan violento nueve años después del acuerdo de paz?

Mimi

Porque la paz se firmó en La Habana, no en las montañas. Las FARC se dividieron. Algunos aceptaron el acuerdo; otros formaron disidencias que rechazaron deponer las armas. Pero además están el ELN, los narcotraficantes. El Cauca es territorio de coca, y eso significa dinero, poder, control. El Estado nunca llegó realmente a ocupar ese espacio.

Mark

¿Qué significa que un grupo se llame Jaime Martínez?

Mimi

Es una de las facciones disidentes. Cada grupo toma un nombre, a menudo de un comandante o un mártir. Sirve para identificarse, para marcar territorio. Pero también es una forma de decir: nosotros somos distintos, nosotros seguimos en la guerra.

Mark

Los políticos culpan al presidente Petro. ¿Es justo?

Mimi

Eso depende de lo que creas que debería hacer un presidente. Petro apuesta por la negociación, por la paz total. Sus críticos dicen que eso es debilidad, que el Cauca necesita presencia militar, control estatal. Pero el Cauca ha tenido presencia militar durante décadas y sigue siendo violento. La pregunta real es si alguien tiene una respuesta que funcione.

Mark

¿Qué significa que la Vía Panamericana se cierre?

Mimi

Significa que la región queda aislada. No entran suministros, no salen productos. Los comerciantes pierden dinero. La gente queda atrapada. Es una forma de control: los grupos armados demuestran que pueden paralizar la vida normal cuando quieren.

Mark

¿Por qué atacar un puesto de policía con drones?

Mimi

Porque es posible, porque es efectivo, porque asusta. Los drones permiten atacar desde lejos, sin riesgo. Es una táctica nueva en un conflicto viejo. Dice algo sobre cómo ha evolucionado la guerra en Colombia.

  • El grupo Jaime Martínez lanzó un ataque coordinado con drones y explosivos contra la Policía en Mondomo, a metros de la Vía Panamericana, la arteria vital del suroeste colombiano.
  • El día anterior, un carro bomba ya había matado al menos a una persona y cerrado temporalmente esa misma vía, revelando un deterioro acelerado y sostenido de la seguridad en la zona.
  • Las autoridades colombianas guardaron silencio sobre heridos y detalles del incidente mientras los videos del ataque ya circulaban en redes sociales.
  • Políticas de oposición como Paloma Valencia y Claudia López denunciaron el abandono estatal del Cauca y cuestionaron directamente la efectividad de la política de paz total del presidente Petro.
  • En Mondomo, entre casas dañadas y comercios rotos, la pregunta sin respuesta es si esto representa una escalada deliberada o simplemente el rostro cotidiano de una guerra que nunca terminó.

En las montañas del Cauca colombiano, donde la paz firmada en La Habana nunca llegó del todo, disidentes de las FARC atacaron el sábado un puesto policial en Mondomo con drones, explosivos y fusiles, dejando viviendas y comercios dañados. El hecho no es aislado: un día antes, un carro bomba había cobrado al menos una vida en la misma región. Este nuevo episodio reaviva una pregunta que Colombia lleva años sin responder: ¿puede el Estado proteger a quienes habitan los territorios donde el conflicto nunca se detuvo?

El sábado por la mañana, el municipio de Mondomo, en el Cauca colombiano, fue escenario de un ataque coordinado contra un puesto de la Policía. Los agresores, atribuidos al grupo Jaime Martínez —una facción surgida tras la fragmentación de las FARC— emplearon drones, explosivos y fuego de fusil. Viviendas y comercios cercanos sufrieron daños visibles, documentados en videos que se difundieron rápidamente. Las autoridades no habían confirmado heridos cuando la noticia comenzó a circular.

El ataque no llegó solo. Un día antes, un carro bomba había explotado en la misma región, dejando al menos una persona muerta y obligando al cierre temporal de la Vía Panamericana, la principal arteria vial del suroeste del país. Dos hechos en dos días que trazaban un cuadro de deterioro acelerado en una región que ya acumulaba años de presión armada.

La reacción política fue inmediata. La senadora Paloma Valencia denunció que los policías esperaron casi una hora sin refuerzos y que los ciudadanos estaban perdiendo sus hogares ante la brutalidad criminal. Claudia López, exalcaldesa de Bogotá, fue más directa: acusó al gobierno de haber entregado el Cauca a narcotraficantes y grupos armados, y vinculó el deterioro a la política de paz total del presidente Gustavo Petro.

El Cauca es uno de los territorios más golpeados del conflicto colombiano. Enclavado entre los Andes y el Pacífico, nunca encontró estabilidad tras el acuerdo de paz de 2016. Hoy lo disputan disidentes de las FARC, el ELN y redes narcotrafficantes que controlan cultivos de coca y rutas de exportación. El ataque del sábado era, en ese sentido, un recordatorio brutal de que la paz firmada en La Habana nunca cruzó del todo estas montañas.

El sábado por la mañana, cerca de la Vía Panamericana —la arteria vial más importante del suroeste colombiano— un grupo armado lanzó un ataque coordinado contra un puesto de la Policía en Mondomo, una localidad rural del municipio de Santander de Quilichao, en el departamento del Cauca. Los atacantes utilizaron drones, explosivos y fuego de fusil. El impacto fue amplio: viviendas y comercios cercanos sufrieron daños visibles, algunos documentados en videos que circularon rápidamente por redes sociales. Medios locales atribuyeron la acción al grupo Jaime Martínez, una de las facciones que emergieron tras la fragmentación de las FARC.

Las autoridades colombianas no habían confirmado públicamente los detalles del incidente ni reportado cifra alguna de heridos cuando la noticia comenzó a circular. Sin embargo, la violencia en la zona no era aislada: apenas un día antes, un carro bomba había explotado en la misma región, dejando al menos una persona muerta y obligando al cierre temporal de la Vía Panamericana. Estos hechos sucesivos pintaban un cuadro de deterioro acelerado de la seguridad en una región que ya llevaba años bajo presión.

La reacción política fue inmediata. Paloma Valencia, senadora y precandidata presidencial de la derecha colombiana, originaria del Cauca, escribió en X que los ciudadanos estaban siendo abandonados a la brutalidad criminal, perdiendo incluso sus casas. Señaló que los policías permanecieron casi una hora esperando refuerzos. Su mensaje capturaba una frustración más amplia: la sensación de que el Estado no estaba presente cuando más se le necesitaba. Claudia López, exalcaldesa de Bogotá y también aspirante a la presidencia, fue más directa en su crítica. Denunció lo que llamó un abandono absoluto del gobierno hacia el Cauca, argumentando que la región había sido entregada a narcotraficantes y grupos armados. López vinculó explícitamente el deterioro a la política de paz total del presidente Gustavo Petro, el programa insignia de su administración.

El Cauca no es un territorio cualquiera en la geografía del conflicto colombiano. Situado entre las montañas de la cordillera de los Andes y el océano Pacífico, ha sido durante décadas uno de los departamentos más castigados por la violencia armada. Incluso después de que las FARC firmaran el acuerdo de paz en 2016, la región no encontró estabilidad. En cambio, se convirtió en un espacio disputado por múltiples actores: bloques enteros de disidentes de las FARC que rechazaron el acuerdo, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), y redes de narcotraficantes que controlan tanto los cultivos de coca como las rutas por las que la cocaína sale hacia mercados internacionales. El ataque del sábado era, en ese sentido, un recordatorio de que la paz firmada en La Habana nunca llegó realmente a estas montañas.

Lo que quedaba sin respuesta era si el ataque representaba una escalada deliberada o una muestra más de la violencia endémica que ya caracterizaba la zona. Las autoridades guardaban silencio. Los políticos de oposición aprovechaban el momento para cuestionar la estrategia de seguridad del gobierno. Y en Mondomo, en las casas y comercios dañados, la vida seguía bajo la sombra de una guerra que nunca terminó realmente.

Los ciudadanos están a merced de la brutalidad criminal perdiendo hasta su casa. No podemos seguir así.
— Paloma Valencia, senadora y precandidata presidencial
Es incomprensible el abandono absoluto del gobierno al Cauca. Los dejaron en manos de narcos, violencias y bloqueos.
— Claudia López, exalcaldesa de Bogotá y aspirante presidencial
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