Cada segundo jueves de octubre, el mundo es invitado a contemplar lo que con demasiada frecuencia se ignora: la fragilidad de la visión humana. Más de mil millones de personas viven hoy con una deficiencia visual que pudo haberse evitado o tratado, un silencio médico que atraviesa todas las edades y geografías. La ciencia oftalmológica nos recuerda que los ojos no enferman de manera uniforme: cada etapa de la vida trae sus propias amenazas, y entre el diagnóstico oportuno y la ceguera irreversible, muchas veces solo media el tiempo.
Día Mundial de la Visión: enfermedades oculares según cada etapa de la vida
La visión que se pierde no se recupera
¿Por qué la OMS habla de mil millones de personas con deficiencia visual sin tratar? ¿Eso significa que podrían haber sido evitadas?
Exactamente. Algunas sí. El glaucoma, por ejemplo, puede detectarse temprano con un examen simple. Las cataratas se operan. Pero si esperas demasiado, la visión que pierdes no vuelve.
¿Pero la fuente dice que todas esas mil millones podrían haberse evitado? ¿O solo algunas?
Dice "que aún no se ha tratado o que pudo haberse evitado". No es lo mismo. Algunos casos simplemente no han recibido tratamiento todavía.
¿Y cuál es la enfermedad más peligrosa según la edad?
El glaucoma en adultos es probablemente la más silenciosa. No duele, no ves síntomas. Llegas con el doctor y ya es tarde.
¿Pero eso es lo que dice el doctor Corbera, o es un hecho establecido?
Es lo que dice él. Es un especialista, pero es su perspectiva.
¿Y en los niños? ¿Qué tan común es realmente la ambliopía?
El artículo no da números. Solo dice que puede aparecer y que debe tratarse antes de los seis años.
Exacto. Sabemos que existe y que es importante tratarla temprano, pero no sabemos cuán frecuente es realmente.
¿Entonces el consejo es simple: ir al oftalmólogo cada año?
Eso es lo que recomienda. Un control anual para detectar cosas a tiempo.
Le Pouls
- Más de mil millones de personas en el mundo cargan con una deficiencia visual moderada o grave que nunca recibió tratamiento, una crisis silenciosa de proporciones globales.
- Desde los bebés prematuros con retinopatía hasta los adultos mayores con degeneración macular, ninguna etapa de la vida está exenta de amenazas visuales específicas y potencialmente devastadoras.
- La pandemia aceleró el síndrome visual informático entre jóvenes y adolescentes, sumando fatiga ocular, resequedad y visión borrosa a una generación ya sobrecargada de pantallas.
- El glaucoma avanza sin síntomas hasta que el daño es irreversible, convirtiendo la detección tardía en una sentencia de pérdida visual permanente.
- Los especialistas insisten en que un control oftalmológico anual no es un privilegio, sino la herramienta más eficaz para preservar la visión a lo largo de toda la vida.
Cada segundo jueves de octubre, el mundo es invitado a contemplar lo que con demasiada frecuencia se ignora: la fragilidad de la visión humana. Más de mil millones de personas viven hoy con una deficiencia visual que pudo haberse evitado o tratado, un silencio médico que atraviesa todas las edades y geografías. La ciencia oftalmológica nos recuerda que los ojos no enferman de manera uniforme: cada etapa de la vida trae sus propias amenazas, y entre el diagnóstico oportuno y la ceguera irreversible, muchas veces solo media el tiempo.
Cada segundo jueves de octubre, el Día Mundial de la Visión recuerda al mundo que la salud ocular exige atención deliberada. La cifra que lo sustenta es difícil de ignorar: según la OMS, más de mil millones de personas viven con una deficiencia visual moderada o grave que nunca fue tratada o que pudo haberse evitado. Entre el diagnóstico oportuno y la ceguera, muchas veces solo media el tiempo.
El Dr. Juan Carlos Corbera, oftalmólogo de Oftálmica Clínica de la Visión, explica que las enfermedades oculares no afectan a todos por igual ni en el mismo momento de la vida. Los bebés prematuros, nacidos entre los seis y ocho meses, enfrentan el riesgo de retinopatía de la prematuridad, una alteración de la retina que en casos graves puede causar ceguera. En la infancia y adolescencia aparecen la miopía, el astigmatismo, el estrabismo y la ambliopía, esta última tratable con mayor eficacia antes de los seis años, cuando el sistema visual aún está madurando.
La pandemia dejó una huella particular en los más jóvenes: el uso intensivo de pantallas disparó los casos de síndrome visual informático, con síntomas como fatiga, resequedad y visión borrosa que en adolescentes se asocian además con bajo rendimiento académico. En regiones de altura como Arequipa y Puno, el queratocono —una deformación hereditaria de la córnea— añade una carga adicional que frecuentemente requiere cirugía.
A partir de los 40 años, la presbicia y el glaucoma se vuelven protagonistas. Este último es especialmente temido porque avanza sin síntomas: cuando el paciente llega al especialista, la visión perdida ya no se recupera. Después de los 55, las cataratas son comunes pero afortunadamente reversibles mediante cirugía. En la tercera edad, la degeneración macular relacionada con la edad amenaza la visión central, y su prevención pasa por una alimentación saludable y el abandono del tabaco.
Frente a este mapa de vulnerabilidades que acompaña cada etapa de la vida, el Dr. Corbera es categórico: un control oftalmológico anual no es un lujo, sino la diferencia concreta entre ver y no ver.
Cada segundo jueves de octubre, el mundo se detiene un momento para recordar algo que muchos dan por sentado: la capacidad de ver. El Día Mundial de la Visión existe precisamente para eso, para insistir en que la salud de nuestros ojos merece atención deliberada, año tras año.
La cifra es sobrecogadora. Según la Organización Mundial de la Salud, más de mil millones de personas viven con una deficiencia visual moderada o grave que nunca ha sido tratada, o que pudo haberse evitado por completo. Cada una de esas personas experimenta el mundo de manera diferente a como debería. Algunas enfermedades oculares tienen solución sencilla. Otras conducen directamente a la ceguera. La diferencia entre una y otra, frecuentemente, es el tiempo: llegar a tiempo con un especialista, o llegar demasiado tarde.
El Dr. Juan Carlos Corbera, oftalmólogo de Oftálmica Clínica de la Visión, explica que las enfermedades visuales no son democráticas. No afectan a todos por igual ni en el mismo momento de la vida. Cada etapa del desarrollo humano trae consigo sus propias amenazas visuales. Un bebé prematuro —uno que nace entre los seis y ocho meses— corre el riesgo de desarrollar retinopatía de la prematuridad, una alteración de la retina que ocurre porque sus ojos aún no se han desarrollado completamente. En los casos más graves, esto puede causar ceguera. Por eso estos niños deben ser evaluados por un oftalmólogo lo antes posible.
Cuando llegan la infancia y la adolescencia, el panorama cambia. La miopía aparece con frecuencia, junto con el astigmatismo y la hipermetropía. Los ojos pueden desalinearse, causando lo que se conoce como estrabismo. Muchos de estos problemas pueden corregirse con gafas y ejercicios visuales. Existe también el ojo perezoso, o ambliopía, que ocurre cuando el cerebro y el ojo no han establecido una conexión adecuada, impidiendo que uno de los ojos desarrolle correctamente su agudeza visual. El Dr. Corbera subraya que estos niños deben recibir tratamiento inmediatamente, preferiblemente antes de los seis años, cuando el sistema visual completa gran parte de su maduración.
La pandemia cambió algo fundamental en la vida de adolescentes y jóvenes. El uso excesivo de tabletas, computadoras y celulares para trabajar y estudiar provocó un aumento exponencial del síndrome visual informático, una enfermedad que causa fatiga visual, resequedad ocular, escozor y visión borrosa. Para quienes están en la pubertad, estos problemas se asocian con bajo rendimiento académico y alteraciones de conducta. En las zonas de altura del Perú, como Arequipa y Puno, existe además una alta incidencia de queratocono, una patología hereditaria que deforma la córnea y disminuye seriamente la calidad de la visión, requiriendo procedimientos quirúrgicos.
La edad adulta trae nuevas vulnerabilidades. A partir de los 40 años, la presbicia se vuelve común, causando una pérdida de la capacidad para enfocar imágenes de cerca. El glaucoma también comienza a aparecer con mayor frecuencia en este grupo etario. Esta enfermedad es particularmente peligrosa porque no produce síntomas en sus inicios. Cuando finalmente alguien llega con un especialista, a menudo es demasiado tarde. La visión que se pierde no se recupera. El desprendimiento de retina, que puede ser causado por un golpe, requiere cirugía inmediata. Después de los 55 años, las cataratas se vuelven comunes debido al envejecimiento natural del ojo, aunque afortunadamente pueden revertirse mediante cirugía.
En la tercera edad, la degeneración macular relacionada con la edad se convierte en una preocupación central. Este proceso degenerativo causa la pérdida de visión central. Para prevenirla, se recomienda una alimentación saludable y evitar el consumo de cigarrillos. Frente a este panorama de enfermedades que acompañan cada etapa de la vida, el Dr. Corbera es claro en su recomendación: un control oftalmológico anual es fundamental. No es un lujo. Es la diferencia entre ver y no ver.
Citations marquantes
Hay enfermedades que suelen afectar más a ciertos grupos etarios, ya que dependen del desarrollo humano— Dr. Juan Carlos Corbera, oftalmólogo de Oftálmica Clínica de la Visión
Es fundamental pasar por un control oftalmológico anual— Dr. Juan Carlos Corbera