En Oaxaca, la interrupción del suministro de combustible revela cuán frágil es la cadena que sostiene la vida cotidiana de una ciudad: cuando maestros de la Sección 22 tomaron la terminal de Pemex en El Tule, catorce gasolineras cerraron y los automovilistas respondieron con el instinto antiguo del que teme quedarse sin lo esencial. Lo que comenzó como una protesta sindical se convirtió, en pocas horas, en una lección sobre la interdependencia invisible entre la movilización social y el abasto de bienes básicos.
Desabasto de combustible en Oaxaca genera compras de pánico y cierre de 14 gasolineras
Catorce gasolineras cerraron mientras los conductores hacían fila en las que aún funcionaban
¿Por qué los maestros tomaron la terminal de Pemex? ¿Cuál es su demanda?
El reportaje no lo dice. Solo menciona que mantienen la toma y esperan instrucciones de sus líderes sobre si continúan o se retiran.
Ese es un agujero importante. Sabemos que está tomada, sabemos que causa desabasto, pero no sabemos por qué. ¿Es una protesta laboral, salarial, de política educativa? No está claro.
¿Cuánto tiempo lleva la toma?
Desde ayer, según el reportaje. Así que al menos un día completo.
Y eso es suficiente para cerrar catorce gasolineras. Muestra cuán dependiente es la región de esa única terminal.
¿Qué pasa con los precios? ¿Cuánto más caro está el combustible?
El reportaje dice que se ha encarecido, pero no da números. Solo menciona que las gasolineras que se surten de Veracruz o Salina Cruz pagan más por transporte.
Eso es una limitación real del reportaje. Sabemos que hay inflación de precios, pero no sabemos la magnitud. ¿Es un cinco por ciento más caro o un treinta por ciento?
¿Qué tan cerca está Oaxaca de resolver esto?
Las autoridades dicen que buscan un acuerdo, pero no hay detalles. No sabemos si hay negociaciones activas, si hay intermediarios, nada.
"Buscando un acuerdo" es una frase que puede significar casi cualquier cosa. Podría haber conversaciones serias o podría ser solo una declaración de intención.
El Pulso
- La toma de la Terminal de Almacenamiento y Despacho de Pemex en El Tule por maestros de la Sección 22 cortó de golpe el flujo de combustible hacia toda la región metropolitana de Oaxaca.
- Catorce gasolineras cerraron en cascada a lo largo del día conforme sus tanques se vaciaban, y cada cierre nuevo disparaba más el pánico entre los conductores que aún encontraban bombas activas.
- Las largas filas de vehículos en las estaciones aún operativas reflejaron el miedo colectivo a quedarse inmovilizado, convirtiendo una crisis de abasto en una crisis de comportamiento masivo.
- Las gasolineras con pipas propias buscaron salida surtiendo desde refinerías en Veracruz y Salina Cruz, pero el mayor costo del transporte presionó los precios finales al alza.
- El gobierno estatal anunció gestiones para alcanzar un acuerdo y restablecer el abasto, sin revelar términos ni plazos, mientras la situación permanecía sin resolverse.
En Oaxaca, la interrupción del suministro de combustible revela cuán frágil es la cadena que sostiene la vida cotidiana de una ciudad: cuando maestros de la Sección 22 tomaron la terminal de Pemex en El Tule, catorce gasolineras cerraron y los automovilistas respondieron con el instinto antiguo del que teme quedarse sin lo esencial. Lo que comenzó como una protesta sindical se convirtió, en pocas horas, en una lección sobre la interdependencia invisible entre la movilización social y el abasto de bienes básicos.
La tarde del miércoles, la noticia de la escasez de gasolina en Oaxaca se propagó más rápido que las pipas de combustible. En las estaciones de servicio que aún funcionaban, las filas de vehículos crecieron sin pausa: era el reflejo inmediato del miedo a quedarse varado.
Para entonces, catorce gasolineras ya habían cerrado en la ciudad y su zona metropolitana. Los cierres no ocurrieron al mismo tiempo; fueron sumándose desde la mañana, uno tras otro, conforme los tanques se agotaban. La causa estaba a treinta minutos de la capital, en El Tule, donde maestros de la Sección 22 del SNTE mantenían tomada la Terminal de Almacenamiento y Despacho de Pemex desde el día anterior, a la espera de instrucciones de sus líderes sobre si continuarían o levantarían la protesta.
José Luis Ballesteros, de la asociación de Empresarios Gasolineros de Oaxaca, explicó la lógica del desabasto: las gasolineras sin pipas propias, dependientes de empresas externas para recibir combustible, quedaron sin opciones al bloquearse la terminal. Las que sí contaban con flota propia buscaron alternativas en las refinerías de Veracruz y Salina Cruz, pero el mayor recorrido encareció tanto la gasolina como el diésel, trasladando esa presión a los precios finales.
Las autoridades estatales anunciaron que buscaban un acuerdo para normalizar el abasto, aunque sin precisar con quién negociaban ni en qué términos. Mientras tanto, los automovilistas seguían haciendo fila en las pocas bombas activas, y catorce gasolineras permanecían cerradas, esperando que alguien desbloqueara la llave.
La tarde del miércoles, mientras corría la noticia de que faltaba gasolina en Oaxaca, los automovilistas comenzaron a llegar a las estaciones de servicio aún abiertas. Las filas de vehículos se alargaron rápidamente. Era pánico de compra, el reflejo inmediato de quien teme quedarse sin combustible.
Para ese momento, catorce gasolineras ya habían cerrado sus puertas en la ciudad de Oaxaca y su zona metropolitana. Los cierres no fueron simultáneos; comenzaron temprano en la mañana y se fueron sumando uno tras otro, conforme se agotaban los tanques. Cada cierre que se conocía parecía acelerar el comportamiento de los conductores que aún encontraban bombas disponibles.
La causa estaba a treinta minutos de la capital estatal, en El Tule. Ahí se encuentra la Terminal de Almacenamiento y Despacho de Pemex, la instalación que distribuye combustible a toda la región. Desde el día anterior, maestros de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación mantenían la toma del lugar. Permanecían en el sitio, esperando instrucciones de sus líderes sindicales sobre si continuarían con la protesta o se retirarían. Mientras tanto, el combustible no fluía.
José Luis Ballesteros, miembro de la asociación de Empresarios Gasolineros del Estado de Oaxaca, explicó la mecánica del desabasto. Las gasolineras que cerraron eran aquellas sin pipas propias, las que dependen de contratar a otras empresas para recibir el combustible. Sin acceso a la terminal bloqueada, no tenían forma de reabastecerse. En cambio, las estaciones que sí contaban con pipas propias buscaban alternativas: se surtían directamente de la refinería de Veracruz o de la de Salina Cruz, en el Istmo de Tehuantepec. Pero esa solución tenía un costo. El transporte desde esas refinerías más lejanas encarecía tanto la gasolina como el diesel, presión que se trasladaba a los precios finales.
Las autoridades del gobierno estatal dijeron estar en busca de un acuerdo, sin especificar con quién ni qué términos se negociaban, para garantizar que el combustible volviera a fluir hacia todas las estaciones de servicio de la ciudad y los municipios conurbados. Mientras se hablaba de negociaciones, los automovilistas seguían formando fila en las bombas que aún funcionaban, y catorce gasolineras permanecían cerradas, esperando que alguien abriera la llave.
Citas Notables
El desabasto se debe principalmente a la toma de las instalaciones de la Terminal de Almacenamiento y Despacho de Pemex— José Luis Ballesteros, Empresarios Gasolineros del Estado de Oaxaca