En las madrugadas de Lima, miles de conductores y taxistas aguardaron en filas interminables frente a los pocos grifos que aún dispensaban GLP, revelando la fragilidad de una cadena de suministro interrumpida por oleajes anómalos en el Callao. Lo que comenzó como un cierre portuario de días se tradujo en escasez urbana y un alza de precios del doce por ciento, recordándonos que el combustible cotidiano no es solo energía, sino el sostén invisible de incontables vidas y trabajos. Las petroleras prometen normalización, pero la promesa llega tarde para quienes ya perdieron horas de sueño y de ing
Desabastecimiento de GLP genera largas colas en grifos de Lima
La cola es tremenda, yo estoy esperando desde la medianoche
¿Por qué el GLP desapareció de repente? ¿Fue un problema de producción o de distribución?
Fue un problema de puertos. El Callao, donde llega casi todo el GLP que consume Lima, estuvo cerrado por oleajes anómalos. Sin desembarques, los depósitos se vaciaron rápido.
¿Cuánto tiempo estuvieron cerrados los puertos? El artículo dice que reabrieron el martes, pero no dice cuántos días llevaban cerrados.
¿Y eso explica por qué algunas estaciones no tenían GLP en absoluto?
Exactamente. Si no hay desembarques, no hay reabastecimiento. Algunas estaciones se quedaron sin stock y no pudieron vender nada.
Pero el artículo no dice cuántas estaciones cerraron completamente versus cuántas siguieron vendiendo. ¿Era la mayoría sin GLP o solo algunas?
Los precios subieron doce por ciento. ¿Eso es mucho?
Para un taxista que llena el tanque cada día, es bastante. Si normalmente gasta cien soles en combustible, de repente gasta ciento doce. Eso sale de sus ganancias.
El doce por ciento es lo que dice Macroconsult, pero ¿hubo variación entre estaciones? ¿Algunos grifos cobraban más que otros?
¿Cuándo se suponía que se normalizaría todo?
Las petroleras dijeron que en los días siguientes, una vez que los desembarques continuaran. Pero eso era lo que prometían; no sabemos si cumplieron.
Ese es el punto. El artículo termina con una promesa, no con una confirmación. No sabemos si realmente se normalizó o si la crisis continuó.
Il Polso
- Los puertos del Callao permanecieron cerrados varios días por oleajes anómalos, impidiendo que los barcos cargados de GLP descargaran su mercancía y vaciando los depósitos en tierra.
- Las pocas estaciones que aún vendían gas acumularon colas de más de dos cuadras, con conductores esperando desde la medianoche sin garantía de abastecerse.
- El precio del galón escaló de S/ 8.20 a S/ 9.20 en cuestión de días, un golpe del 12% que recae con mayor fuerza sobre taxistas y transportistas que dependen del GLP para trabajar.
- Los desembarques se reanudaron el martes, pero el rezago en la distribución mantiene la escasez activa en las calles mientras los depósitos se recargan lentamente.
- Las petroleras aseguran que el abastecimiento se normalizará en los próximos días, aunque esa promesa ofrece poco consuelo a quienes ya enfrentan pérdidas económicas inmediatas.
En las madrugadas de Lima, miles de conductores y taxistas aguardaron en filas interminables frente a los pocos grifos que aún dispensaban GLP, revelando la fragilidad de una cadena de suministro interrumpida por oleajes anómalos en el Callao. Lo que comenzó como un cierre portuario de días se tradujo en escasez urbana y un alza de precios del doce por ciento, recordándonos que el combustible cotidiano no es solo energía, sino el sostén invisible de incontables vidas y trabajos. Las petroleras prometen normalización, pero la promesa llega tarde para quienes ya perdieron horas de sueño y de ingreso.
Cuando los reporteros salieron a recorrer Lima en las primeras horas de la madrugada, encontraron estaciones de servicio cerradas y, en los pocos grifos que aún operaban, filas de vehículos que se perdían en la oscuridad. En La Victoria, sobre las avenidas Luis Aldana y Javier Prado, la cola superaba las dos cuadras. Un conductor que llevaba esperando desde la medianoche describió la situación con frustración: apenas una persona atendía las bombas y la espera era insoportable. El mismo panorama se repetía en el cruce de 28 de Julio y Brasil, en el Cercado de Lima.
La causa era concreta: los puertos del Callao habían permanecido cerrados durante días por oleajes anómalos, impidiendo que los barcos descargaran el GLP que abastece a la ciudad. Mientras los depósitos se vaciaban, la demanda no cedía. Los desembarques se reanudaron el martes, pero el daño ya se sentía en las calles.
La escasez empujó los precios hacia arriba. Según Macroconsult, el galón pasó de S/ 8.20 a S/ 9.20 en pocos días, un incremento del 12% que golpea especialmente a taxistas y transportistas, para quienes el combustible es una parte esencial de sus costos. Las petroleras aseguran que el abastecimiento se normalizará pronto, pero para quienes esperaban en esas filas a las dos de la mañana, la promesa de alivio futuro no cambiaba la realidad del momento: sin combustible, sin trabajo, y con el tanque vacío.
Cuando los reporteros de RPP Noticias salieron a las calles de Lima en las primeras horas de la madrugada, encontraron un panorama que se repetía en toda la ciudad: estaciones de servicio cerradas al público, sus bombas de GLP sin funcionar, y en los pocos grifos que aún vendían gas licuado de petróleo, filas de vehículos que se extendían más allá de lo que la vista podía abarcar.
En el cruce de las avenidas Luis Aldana y Javier Prado, en La Victoria, la cola de conductores y taxistas se alargaba por más de dos cuadras. Un conductor que llevaba esperando desde la medianoche describió la situación con frustración: la demora era insoportable, y apenas una persona atendía las bombas. El mismo cuadro se repetía en el cruce de 28 de Julio y Brasil, en el Cercado de Lima, donde nuevamente los vehículos se amontonaban en busca de combustible.
La escasez de GLP no era un problema menor. Las petroleras explicaban que los puertos del Callao, por donde entra la mayor parte del gas licuado que consume la ciudad, habían permanecido cerrados durante días debido a oleajes anómalos. Eso significaba que los barcos cargados con GLP no podían descargar su mercancía, y los depósitos en tierra se vaciaban mientras la demanda seguía siendo la misma. El desembarque se había reiniciado apenas el martes, pero el daño ya estaba hecho.
La escasez había empujado los precios hacia arriba. Según cálculos de la consultora Macroconsult, el galón de GLP había subido de un promedio de ocho soles con veinte céntimos la semana anterior a nueve soles con veinte céntimos en los días más recientes. Era un incremento del doce por ciento, una cifra que golpeaba especialmente a los taxistas y conductores de transporte, para quienes el combustible representa una porción significativa de sus costos operativos.
Las petroleras aseguraban que la situación era temporal. Ahora que los puertos habían reabierto y los desembarques se reanudaban, el abastecimiento debería normalizarse en los días siguientes. Pero para quienes estaban en esas colas a las dos de la mañana, esperando bajo la oscuridad de Lima, esa promesa de alivio futuro no aliviaba la realidad inmediata: no había combustible, los precios subían, y el trabajo de cada día dependía de poder llenar el tanque.
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La cola es tremenda, yo estoy esperando desde la medianoche. Demora porque hay una sola persona atendiendo— Conductor en grifo de La Victoria