Cuando una pandemia interrumpe el flujo ordinario del tiempo, quienes más han vivido son quienes más sienten el peso de cada día perdido. En Argentina y en el mundo, psiquiatras y neurólogos observan que los adultos mayores enfrentan no solo un riesgo sanitario, sino una encrucijada existencial: cómo protegerse sin dejar de vivir. La distinción entre el miedo que cuida y el miedo que paraliza se convierte, en este contexto, en una brújula filosófica tan urgente como cualquier protocolo médico.
Del miedo fóbico al útil: cómo alcanzar bienestar en adultos mayores durante la pandemia
Vivir en el presente porque es de lo único que tienes certeza
¿Por qué los psiquiatras insisten tanto en esta diferencia entre el miedo útil y el miedo fóbico? ¿No son ambos miedo al fin?
No, son completamente diferentes en cómo funcionan. El miedo útil te dice: hay un virus, usa tapabocas, mantén distancia. Te protege sin paralizarte. El miedo fóbico te dice: cada persona es una amenaza, cada encuentro es peligro, mejor no salir nunca. Uno te permite vivir con cuidado. El otro te encierra.
Pero ¿cómo sabe alguien dónde está la línea? ¿Quién decide si el miedo es útil o fóbico? Eso suena subjetivo.
Los expertos hablan mucho de vínculos sociales. ¿Pero no hay un riesgo real? ¿No es irresponsable alentar a los adultos mayores a reunirse?
No dicen que ignoren el riesgo. Dicen que encuentren formas de conectar que lo respeten. Llamadas, encuentros al aire libre, distancia, tapabocas. El punto es que aislarse completamente también mata—la soledad tiene consecuencias medibles para la salud.
El estudio que citan es de Lancaster y Columbia Británica, pero ¿cuánto de ese descenso del bienestar es por la soledad y cuánto por otros factores de la pandemia? No está claro en lo que leemos.
¿Y si alguien simplemente no quiere aprender un idioma o tomar un taller? ¿Es obligatorio para estar bien?
No. Abadi es muy claro: no fuerces experiencias que no disfrutabas antes. El punto es darse permiso de ensayar, de descubrir. Algunos descubrirán nuevas pasiones. Otros simplemente necesitarán estar con gente que aman.
Pero el artículo sugiere seis estrategias como si fueran la solución. ¿Qué pasa con la gente que no tiene acceso a internet para talleres virtuales, o que vive sola sin familia cercana? Estas recomendaciones asumen ciertos privilegios.
Camus y Sísifo—eso es bastante filosófico para alguien que está asustado.
Sí, pero la idea es simple: si aceptas que no puedes controlar todo, hay una libertad en eso. No es resignación. Es claridad. Disfrutas lo que tienes ahora porque es lo único seguro.
De Rosa parafrasea a Camus, así que no sabemos exactamente qué dijo o cómo lo interpretó. Y la idea de que la aceptación de la mortalidad es liberadora es hermosa en teoría, pero ¿funciona así para la gente en pánico real?
Le Pouls
- Más de 6500 adultos mayores participaron en un estudio que confirmó lo que muchos ya intuían: la soledad se disparó y el bienestar mental se desplomó desde la llegada del COVID-19.
- El psiquiatra José Abadi advierte que el miedo fóbico —ese que convierte cada encuentro en una amenaza inevitable— está aislando a personas que podrían conectarse de manera segura.
- Los especialistas proponen seis estrategias concretas: retomar vínculos, explorar nuevos intereses, moverse con placer, viajar aunque sea cerca, y abandonar la postergación como modo de vida.
- El neurólogo Enrique de Rosa señala que reducir la vida social no es prudencia, sino un riesgo real: la sociabilidad es el factor más determinante en todas las medidas de longevidad.
- La pandemia, paradójicamente, ofrece una enseñanza liberadora: vivir el presente no es resignación, sino la única certeza disponible, una postura que De Rosa vincula al pensamiento de Albert Camus.
Cuando una pandemia interrumpe el flujo ordinario del tiempo, quienes más han vivido son quienes más sienten el peso de cada día perdido. En Argentina y en el mundo, psiquiatras y neurólogos observan que los adultos mayores enfrentan no solo un riesgo sanitario, sino una encrucijada existencial: cómo protegerse sin dejar de vivir. La distinción entre el miedo que cuida y el miedo que paraliza se convierte, en este contexto, en una brújula filosófica tan urgente como cualquier protocolo médico.
Cuando la pandemia llegó, los adultos mayores sintieron que el tiempo se aceleraba de una manera irreversible. Un estudio conjunto de las universidades de Lancaster y Columbia Británica, con datos de más de 6500 personas mayores, documentó lo que muchos ya sentían en carne propia: la soledad se disparó en Estados Unidos y el bienestar mental se desplomó en el Reino Unido.
Pero los especialistas quieren trazar una distinción fundamental. El psiquiatra José Abadi propone separar el miedo útil —el que reconoce el peligro objetivamente y motiva el uso del tapabocas, el distanciamiento, los protocolos— del miedo fóbico, esa angustia que convierte cada encuentro, incluso al aire libre, en una amenaza casi segura. El primero protege. El segundo paraliza y construye muros donde podrían existir conexiones.
El psiquiatra y neurólogo Enrique de Rosa encuentra en esta crisis una certeza incómoda pero liberadora: sabemos que vamos a morir, y esa conciencia puede ser un punto de partida para vivir el presente con mayor intensidad. Buscar bienestar no significa ignorar el riesgo, sino habitarlo con lucidez.
Los expertos ofrecen seis caminos. Retomar los vínculos de la manera que sea posible, porque la sociabilidad es el factor más determinante en la longevidad. Fomentar nuevos intereses —idiomas, música, literatura— no como obligación sino como disfrute genuino. Transformar la actividad física en un momento de placer consciente, donde el cuerpo se convierte en vehículo de bienestar y no solo en objeto de cuidado. Viajar, aunque sea a un restaurante en otro barrio o a un parque a sesenta kilómetros, porque el cambio de rutina importa más que la distancia.
Finalmente, Abadi advierte contra la postergación permanente: transitar la pandemia como si los años hubieran sido expropiados no es una renuncia sana. De Rosa recurre a Camus y El Mito de Sísifo para cerrar la idea: cuando aceptas que no puedes controlar la situación, emerge una postura de extrema libertad. Disfrutar el presente no es resignación. Es claridad.
Cuando la pandemia llegó, los adultos mayores sintieron que el tiempo se aceleraba. Dieciocho meses de aislamiento no eran solo días perdidos—eran meses que, a cierta edad, parecían imposibles de recuperar. Un estudio conjunto de la Universidad de Lancaster y la Universidad de Columbia Británica, que reunió datos de más de 6500 adultos mayores, documentó lo que muchos ya sentían: la soledad se disparó en Estados Unidos, y el bienestar mental se desplomó en el Reino Unido después de que el COVID-19 llegara.
Pero hay una distinción crucial que los especialistas quieren que entendamos. El psiquiatra José Abadi, reconocido por su trabajo en salud mental, propone separar dos cosas que a menudo se confunden: el miedo útil y el miedo fóbico. El miedo útil es el que reconoce objetivamente el peligro sin exageración—es la razón por la que usamos tapabocas, mantenemos distancia, seguimos protocolos. Funciona. Nos protege. El miedo fóbico es otra cosa completamente: es la angustia persecutoria que ve cada encuentro, incluso al aire libre con distancia y protección, como una amenaza casi segura de contagio. Ese miedo paraliza. Impide vincularse. Construye muros donde podrían haber conexiones.
Enrique de Rosa, psiquiatra y neurólogo con años de experiencia, ve algo diferente en esta crisis. La pandemia, dice, nos ha dado una certeza incómoda pero liberadora: todos sabemos que vamos a morir algún día. Y esa certeza, paradójicamente, puede ser un punto de partida. Buscar bienestar no significa ignorar el riesgo. Significa vivir en el presente, aquí y ahora, porque es lo único de lo que tenemos certeza.
Los expertos ofrecen seis caminos concretos. Primero, retomar los vínculos de la manera que sea posible. De Rosa es claro: la edad no es una condena. En todas las medidas de longevidad, la sociabilidad es el factor más importante. Si reduces la vida social, acortas tu propia vida. Eso no significa ignorar la pandemia. Significa programar encuentros al aire libre, hacer más llamadas, usar chat, encontrar formas de conectar que respeten tanto el cuidado como la necesidad humana de estar con otros. Abadi subraya que el secreto es integrarse adecuadamente, conectar con los demás sin vivir cada reunión como una oportunidad de contagio.
Segundo, fomentar nuevos intereses. La nueva normalidad abrió puertas que antes estaban cerradas: aprender un idioma en línea, tomar clases de dibujo, participar en talleres de música virtuales. Abadi sugiere no forzar nada, sino darse permiso de ensayar. De Rosa añade algo importante: el estímulo cognitivo no existe sin placer. Atreverse sin intencionalidad, relacionarse desde el polo del disfrute. Un taller de literatura o poesía no es solo aprendizaje—es un espacio donde construir vínculos reales, no superficiales.
Tercero, transformar la actividad física en un momento de bienestar. No se trata solo de mover la musculatura. De Rosa, que también es sexólogo, habla de sentir el cuerpo, usarlo como vehículo del placer, hacer consciente el movimiento. Abadi lo conecta con la psique: el bienestar físico y el psíquico no son ajenos. Sentirse vigente, que el cuerpo responda, permite desplegar el aspecto lúdico de la vida.
Cuarto, viajar—tan cerca o lejos como sea posible. La pandemia canceló vuelos y postergó planes, pero De Rosa insiste en que el goce físico pasa por cosas pequeñas. La sensación de trasladarse, de cambiar de rutina, importa más que la distancia. Una visita a un museo en otra ciudad, un restaurante en otro barrio, un día de campo a sesenta kilómetros. Los franceses hablan de los senderos transitados; alejarse diez metros del sendero ya es un nuevo camino. Abadi advierte contra forzar experiencias que nunca disfrutamos antes, solo porque ahora son limitadas. La búsqueda debe ser genuina.
Quinto y sexto: no idealizar el futuro. Abadi es directo: la postergación permanente no es una renuncia sana. La pandemia nos enseñó a vivir el presente, el instante. No hay que transitar la crisis como si nos hubieran expropiado años de vida. El desafío es inventar nuevas formas de vivir. De Rosa recurre a Albert Camus y El Mito de Sísifo: cuando aceptas que no puedes controlar la situación, hay una postura de extrema libertad y ligereza. Disfrutas el presente porque es de lo único que tienes certeza. Eso no es resignación. Es claridad.
Citations marquantes
En todas las escalas de la longevidad, el factor más importante es la sociabilidad; si uno reduce la vida social, en definitiva está acortando su propia vida— Dr. Enrique de Rosa, psiquiatra y neurólogo
El secreto es integrarse y vincularse de un modo adecuado, conectar con los demás sin vivir cada reunión como una oportunidad para el contagio— Dr. José Abadi, psiquiatra