En el umbral de su segundo año de gobierno, Claudia Sheinbaum ha reconocido públicamente lo que la política energética mexicana tardó décadas en admitir: que los contratos petroleros firmados bajo Peña Nieto, tan criticados por la izquierda, sostienen hoy una fracción indispensable de la producción nacional. Con 1,77 millones de barriles diarios como horizonte cotidiano, México equilibra el peso histórico de Pemex con la presencia silenciosa de empresas privadas que aportan 102.000 barriles al día. Es la paradoja de un Estado que necesita aquello que ideológicamente preferiría no necesitar.
Contratos de Peña Nieto sostienen producción petrolera mexicana, según informe de Sheinbaum
Los contratos privados sostienen la producción, aunque Pemex sigue siendo el motor
¿Por qué Sheinbaum reconoce ahora la importancia de contratos que su partido criticó tan duramente?
Porque la realidad de la producción no permite el lujo de la pureza política. Necesita esos 102.000 barriles diarios para acercarse a su meta de 1,8 millones.
Pero hay que ser precisos: eso es 5,7% del total. Pemex sigue siendo el motor. ¿Qué pasa si Eni o Woodside reducen operaciones?
Entonces la producción cae. Por eso el Gobierno mantiene los contratos y abre nuevas posibilidades de inversión mixta.
¿Y López Obrador está de acuerdo con esto?
Él amenazó con cancelar los contratos pero no lo hizo. Sheinbaum está haciendo algo similar: mantenerlos, respetarlos, pero no expandir mucho más la apertura.
Aunque el informe dice que la puerta sigue abierta para subastar más bajo el modelo mixto. ¿Eso es expansión o continuidad?
Es continuidad con flexibilidad. No es la apertura de Peña Nieto, pero tampoco es el cierre que López Obrador amenazó.
¿Qué tan sostenible es esto a largo plazo?
Eso depende de si Pemex puede mantener su inversión de 11.700 millones de dólares anuales y si las compañías privadas siguen viendo rentabilidad. Ambas cosas son inciertas.
Pero por ahora, el Gobierno tiene números que mostrar. Eso es lo que importa en un informe de gobierno.
¿Y si la producción sigue cayendo?
Entonces tendrá que abrir más, o admitir que el modelo no funciona.
El Pulso
- La producción petrolera mexicana roza su meta de 1,8 millones de barriles diarios, pero ese equilibrio es frágil y depende de actores que el discurso oficial nunca celebró.
- El Segundo Informe de Sheinbaum rompe un tabú al reconocer que los contratos de Peña Nieto —blanco histórico de la crítica lopezobradorista— son ahora un pilar productivo del país.
- Empresas como Eni, Woodside, Harbour Energy y Repsol operan en México mientras gigantes como BP, Chevron y Shell ya abandonaron el país al no encontrar rentabilidad suficiente.
- El gobierno responde con una apertura controlada: respeta los contratos existentes, impulsa esquemas de inversión mixta con 40% de participación estatal y deja abierta la puerta a nuevas subastas.
- Un potencial adicional de 39.500 barriles diarios espera en contratos ya adjudicados, señal de que la estrategia mixta podría profundizarse si la producción continúa bajo presión.
En el umbral de su segundo año de gobierno, Claudia Sheinbaum ha reconocido públicamente lo que la política energética mexicana tardó décadas en admitir: que los contratos petroleros firmados bajo Peña Nieto, tan criticados por la izquierda, sostienen hoy una fracción indispensable de la producción nacional. Con 1,77 millones de barriles diarios como horizonte cotidiano, México equilibra el peso histórico de Pemex con la presencia silenciosa de empresas privadas que aportan 102.000 barriles al día. Es la paradoja de un Estado que necesita aquello que ideológicamente preferiría no necesitar.
México extrae 1,77 millones de barriles diarios de petróleo crudo y condensados, cifra que la presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido cerca de su meta de 1,8 millones para todo el sexenio. Su Segundo Informe de Gobierno, publicado en septiembre de 2026, revela que esa producción descansa sobre dos pilares: Pemex, con el 94,3% del total, y las compañías privadas que operan bajo contratos heredados, responsables del 5,7% restante —equivalente a 102.000 barriles diarios.
El informe fue explícito en algo que pocos esperaban leer: los Contratos para la Exploración y Extracción de Hidrocarburos adjudicados durante la administración de Peña Nieto contribuyeron de manera significativa al mantenimiento de la capacidad productiva del país. Pemex perforó 70 pozos de desarrollo con una inversión de 11.704 millones de dólares; las privadas perforaron cinco pozos con 1.846 millones. Ambas operaciones trabajaron en paralelo para frenar la declinación de los campos.
La ironía es histórica. Peña Nieto abrió el sector en 2013, rompiendo 75 años de monopolio de Pemex. López Obrador criticó esos contratos con dureza, amenazó con cancelarlos, pero se abstuvo porque sabía que el conflicto político sería inmanejable. Ahora Sheinbaum administra esa herencia con pragmatismo: respeta los contratos vigentes, impulsa esquemas de inversión mixta con participación estatal del 40% y ha dejado abierta la posibilidad de nuevas subastas.
La geografía del sector privado refleja tanto éxitos como abandonos. Eni alcanzó un pico de 90.000 barriles diarios en 2025 y sigue operando. Woodside, Harbour Energy y Repsol mantienen bloques con potencial de expansión. Pero BP, Chevron y Shell se fueron, incapaces de encontrar rentabilidad suficiente en el negocio mexicano. Los 10 contratos de inversión mixta ya adjudicados representan un potencial cercano a 39.500 barriles diarios adicionales —un recordatorio de que sin esa inversión complementaria, la producción nacional caería aún más.
México extrae actualmente 1,77 millones de barriles diarios de petróleo crudo y condensados, una cifra que la presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido cercana a su meta de 1,8 millones para todo su sexenio. Según su Segundo Informe de Gobierno publicado a principios de septiembre de 2026, esa producción descansa sobre dos pilares: la empresa estatal Pemex, que genera 94,3% del total, y las compañías privadas que operan bajo contratos heredados de administraciones anteriores, responsables del 5,7% restante.
Ese porcentaje privado equivale a 102.000 barriles diarios, una cantidad que podría parecer marginal pero que el Gobierno reconoce ahora como esencial para sostener la producción nacional. El informe presidencial fue explícito: los Contratos para la Exploración y Extracción de Hidrocarburos adjudicados durante la administración de Enrique Peña Nieto contribuyeron de manera significativa al mantenimiento de la capacidad productiva del país. Pemex, por su lado, perforó 70 pozos de desarrollo y 12 exploratorios con una inversión de 11.704 millones de dólares, mientras que las empresas privadas perforaron cuatro pozos de desarrollo y uno exploratorio, invirtiendo 1.846 millones de dólares. Ambas operaciones trabajaron en paralelo para evitar que los campos declinaran más rápidamente.
Esta dependencia de los contratos privados es irónica considerando la trayectoria política reciente de México. Peña Nieto abrió el sector petrolero a la inversión privada en 2013 con una reforma energética que terminó con 75 años de monopolio de Pemex. Su Gobierno subastó más de 100 contratos a empresas extranjeras. Andrés Manuel López Obrador, quien precedió a Sheinbaum y sigue siendo el líder moral de su partido, criticó abiertamente esos contratos por la falta de actividad productiva e inversión que observó. En algún momento amenazó con cancelarlos, pero se abstuvo de hacerlo porque sabía que las empresas generarían un conflicto político que no podría controlar.
La geografía de esos contratos refleja tanto éxitos como abandonos. La italiana Eni reportó un pico de producción de 90.000 barriles diarios en 2025 y sigue extrayendo hidrocarburos en México. Bloques importantes están en manos de la australiana Woodside, la inglesa Harbour Energy y la española Repsol, todas ellas con potencial de iniciar o expandir producción durante el sexenio actual. Pero gigantes como BP, Chevron y Shell se fueron. No encontraron suficiente rentabilidad en el negocio mexicano y decidieron abandonarlo.
El Gobierno de Sheinbaum ha optado por una apertura limitada y controlada. Revirtió parcialmente los cambios de Peña Nieto mediante una reforma que fortaleció a Pemex, pero mantuvo cierta apertura mediante esquemas de inversión mixta y respetó los contratos ya adjudicados. Incluso dejó abierta la puerta para subastar más bloques bajo ese modelo mixto. Pemex ha adjudicado 10 contratos de este tipo que representan un potencial cercano a 39.500 barriles diarios y 102 millones de pies cúbicos diarios de gas, con una participación estatal del 40%. Es una estrategia que reconoce la realidad: sin esa inversión privada complementaria, la producción nacional caería más de lo que ya ha caído en los últimos años.
Citas Notables
Los Contratos para la Exploración y Extracción de Hidrocarburos contribuyeron al sostenimiento de la producción— Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum