Al hablar de lo bueno, lo alimentamos; al multiplicar lo positivo, creamos un entorno diferente
Cada vez que respondemos 'tirando' o 'ahí vamos' a un simple saludo, no solo informamos al otro de nuestro estado: nos lo confirmamos a nosotros mismos. La psicóloga Silvia Severino propone, apoyada en neurociencia y psicología positiva, que sustituir esas respuestas automáticas por afirmaciones optimistas no es autoengaño, sino una práctica deliberada de reprogramación lingüística que moldea la percepción, el ánimo y los vínculos cotidianos. En el pequeño ritual del saludo se esconde, según esta perspectiva, una de las palancas más accesibles para transformar la narrativa interna con la que cada persona habita su propia vida.
- La mayoría de las personas responde a '¿cómo estás?' de forma automática y negativa, sin advertir que esas palabras refuerzan una narrativa de malestar que el cerebro termina por asumir como verdad.
- La neurociencia revela que las palabras negativas activan zonas cerebrales de alerta y miedo, mientras que las positivas generan calma y apertura, lo que convierte el vocabulario cotidiano en una herramienta de salud mental.
- La psicóloga Severino propone frases como 'va todo maravilloso' o 'no podría ir mejor' no como mentiras piadosas, sino como actos conscientes de reenfoque que alimentan lo que nutre en lugar de lo que agota.
- El efecto Pigmalión y las directrices europeas sobre competencias emocionales respaldan que el lenguaje constructivo predispone a mayor energía, motivación y cooperación tanto en el ámbito personal como en el laboral.
- Cada saludo optimista actúa como un multiplicador emocional: mejora el estado propio, influye en el interlocutor y contribuye a construir entornos sociales más saludables y confiables.
Cuando alguien pregunta cómo estamos, la respuesta suele ser automática: 'tirando', 'ahí vamos', 'más o menos'. La psicóloga Silvia Severino advierte que esa automaticidad es el verdadero problema. Esas palabras no solo comunican algo al otro; también nos las decimos a nosotros mismos, una y otra vez, hasta que empezamos a creerlas.
En un vídeo difundido en redes sociales, Severino propone responder con afirmaciones positivas: 'va todo maravilloso', 'magnífica', 'no podría ir mejor'. No son exageraciones, sino herramientas de reprogramación lingüística. Elegir esas palabras no implica negar los problemas reales, sino decidir conscientemente dónde poner el foco y qué narrativa interna alimentar.
La ciencia respalda esta idea. La neurociencia ha demostrado que las palabras negativas activan regiones cerebrales asociadas al miedo y la alerta, mientras que las positivas generan calma y apertura. La OMS, por su parte, ha documentado el vínculo profundo entre bienestar mental y la forma en que interpretamos y expresamos nuestras experiencias. Cultivar un vocabulario positivo al saludar se convierte así en una práctica diaria cuyos efectos se acumulan con el tiempo.
Esta propuesta conecta con el efecto Pigmalión: nuestras expectativas influyen en los resultados que obtenemos. Responder con quejas refuerza la percepción de una vida difícil; responder con optimismo predispone a mayor energía y motivación. La Comisión Europea, en sus directrices sobre competencias emocionales, subraya precisamente la importancia del lenguaje constructivo en la vida cotidiana.
Los ejemplos son sencillos y accesibles. En lugar de 'aquí vamos, con lo de siempre', decir 'estoy avanzando cada día más'. En lugar de 'regular', responder 'cada vez mejor'. Al repetir estas frases, la mente empieza a fijarse más en las oportunidades que en las dificultades. Y el efecto no se queda en uno mismo: un saludo optimista puede cambiar el rumbo de una conversación, abrir espacio para la empatía y dejar una sensación agradable en quien lo recibe, construyendo vínculos más sólidos y satisfactorios.
Cuando alguien te pregunta cómo estás en el pasillo, en el trabajo, en una llamada telefónica, la respuesta casi siempre es automática. Tirando. Ahí vamos. Más o menos. Son frases que caen de la boca sin pensarlas, neutras en el mejor de los casos, cargadas de queja en el peor. La psicóloga Silvia Severino sostiene que esa automaticidad es el problema. No porque sea descortés, sino porque esas palabras que decimos sin pensar no solo le comunican algo al otro sobre nuestro estado de ánimo. También se las estamos diciendo a nosotros mismos, una y otra vez, hasta que empezamos a creerlas.
En un vídeo que circuló recientemente en redes sociales, Severino propone algo que suena simple pero requiere práctica: responder con afirmaciones positivas. Frases como va todo maravilloso, magnífica o no podría ir mejor. No son exageraciones, según su argumento, sino herramientas de reprogramación lingüística. Cuando dices que todo va bien, no estás mintiendo sobre los problemas reales que existen. Estás eligiendo conscientemente dónde poner el foco. Estás alimentando una narrativa interna diferente, una que da más espacio a lo que te nutre que a lo que te agota.
La ciencia respalda esta intuición. La Organización Mundial de la Salud ha documentado que el bienestar mental está profundamente ligado a la forma en que interpretamos y expresamos nuestras experiencias. Cuando respondes a un saludo de manera positiva, no estás simplemente maquillando la verdad. Estás reforzando una actitud que tiene efectos tangibles en tu salud mental. La neurociencia ha demostrado que el cerebro responde de manera distinta a palabras negativas que a positivas. Las palabras negativas activan regiones cerebrales asociadas con la alerta y el miedo. Las positivas generan sensaciones de calma y apertura. Cultivar un vocabulario positivo al saludar, entonces, se convierte en una práctica diaria con efectos que se acumulan a lo largo del tiempo.
Esta propuesta coincide con lo que los psicólogos llaman el efecto Pigmalión: la tendencia a que nuestras expectativas influyan en los resultados que obtenemos. Si respondes con una queja cuando alguien te pregunta cómo estás, refuerzas la idea de que tu vida es difícil o insatisfactoria. Si contestas con afirmaciones optimistas, te predispones a vivir con más energía y motivación. La Comisión Europea, en sus directrices sobre competencias sociales y emocionales, subraya la importancia del lenguaje constructivo en la vida cotidiana. Al elegir palabras que reflejen lo positivo, no solo mejoras tus relaciones interpersonales. También contribuyes a un entorno más saludable y colaborativo.
Los ejemplos prácticos son accesibles. En lugar de responder aquí vamos, con lo de siempre, puedes decir estoy avanzando cada día más. Si alguien pregunta por la salud, responder genial o cada vez mejor genera una energía diferente a la de un simple mal o regular. Estas respuestas no tienen por qué sonar forzadas. Al contrario, pueden convertirse en un recordatorio personal de que siempre hay algo positivo en marcha, aunque sea pequeño. Al repetirlas, tu mente empieza a fijarse más en las oportunidades que en las dificultades.
El saludo es una de las primeras puertas hacia la interacción humana. Cuando lo acompañas con palabras positivas, no solo mejoras tu estado anímico. También influyes en el de la otra persona. Un saludo optimista puede cambiar el rumbo de una conversación, abrir un espacio para la empatía, o simplemente dejar una sensación agradable en quien lo recibe. Los estudios sobre comunicación interpersonal destacan que el lenguaje positivo incrementa la confianza y la cooperación en contextos sociales y laborales. Lo que decimos al saludar no es un detalle menor. Es un elemento clave para construir vínculos más sólidos y satisfactorios.
Notable Quotes
Frases como 'va todo maravilloso' o 'no podría ir mejor' no son simples exageraciones, sino herramientas de reprogramación lingüística que ayudan a reforzar un enfoque optimista de la vida— Silvia Severino, psicóloga
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué una psicóloga se enfoca en algo tan pequeño como responder a un saludo?
Porque lo pequeño es donde vivimos. Pasamos el día respondiendo preguntas sobre cómo estamos, y esas respuestas automáticas se convierten en la narrativa que nos contamos a nosotros mismos.
Pero ¿no es un poco superficial decir que todo va maravilloso cuando en realidad hay problemas?
No se trata de negar los problemas. Se trata de elegir dónde pones el foco. Si solo hablas de lo difícil, tu cerebro se entrena para ver dificultades. Si también nombras lo que funciona, empiezas a verlo.
¿Hay evidencia científica de que esto realmente funciona?
Sí. La neurociencia muestra que palabras positivas y negativas activan regiones cerebrales diferentes. Las positivas generan calma. Las negativas generan alerta. Es un efecto físico, no solo psicológico.
¿Y qué pasa con la otra persona cuando le respondes con optimismo?
Cambia la conversación. Un saludo positivo abre puertas. La otra persona se siente diferente, más conectada. Es un efecto multiplicador.
¿Esto funciona incluso si no te sientes optimista en ese momento?
Al principio puede sentirse forzado. Pero la repetición reprograma tu mente. Después de un tiempo, empiezas a creer lo que dices porque tu cerebro empieza a buscar evidencia de que es verdad.