En las riberas del río Magdalena, Colombia enfrenta las consecuencias de una extravagancia del narcotráfico que el tiempo convirtió en crisis ecológica: 169 hipopótamos, herederos de la colección privada de Pablo Escobar, se reproducen sin control y desplazan a comunidades enteras de sus medios de vida. El gobierno de Gustavo Petro estudia un informe científico que propone desde la caza controlada hasta la translocación internacional, sabiendo que cualquier decisión tendrá un costo político. Es la paradoja de una nación que debe elegir entre la compasión hacia una especie introducida y la just
Colombia estudia la caza controlada de hipopótamos de Escobar ante expansión incontrolable
La comunidad compite ahora por el ecosistema acuático con estos animales
¿Por qué este informe genera tanta tensión política si simplemente describe opciones técnicas?
Porque la opción más efectiva, la caza controlada, contradice directamente el apoyo que el gobierno recibió de animalistas. Cualquier decisión que tome va a decepcionar a alguien.
¿Realmente es tan grave la situación? Son solo 169 animales.
No es solo el número. Un hipopótamo de tres toneladas que se cruza en una carretera de noche puede matar a personas. Y en Puerto Triunfo, pescadores han tenido que dejar de trabajar porque tienen miedo de entrar al agua. Eso es economía real destruida.
¿Por qué no simplemente esterilizarlos, como proponen los animalistas?
Porque esterilizar 169 animales dispersos en un territorio vasto es logísticamente casi imposible. Y aunque lo fuera, los que ya existen seguirían siendo un riesgo territorial para el ecosistema durante décadas.
¿El traslado a México e India es una solución real?
Los expertos dicen que no. Sacar algunos animales no detiene la reproducción de los que quedan. Además, hay complicaciones legales internacionales. Es más un gesto político que una solución.
¿Qué pasó en 2009 que cambió todo?
Mataron a un hipopótamo llamado Pepe. La foto de cazadores armados sobre el cadáver causó tanto rechazo que un juez prohibió futuras cacerías. Desde entonces, el tema se volvió intocable políticamente.
¿Entonces el gobierno está atrapado?
Completamente. Tiene un informe que dice qué debe hacer, pero hacerlo lo enfrenta a sus propios aliados. Y no hacer nada significa que los accidentes y el daño económico continúan.
The Pulse
- Con 169 hipopótamos desplazándose por la cuenca del Magdalena y apareciendo en carreteras nocturnas, los accidentes ya no son hipotéticos: conductores y motociclistas han resultado heridos en choques reales con estos animales.
- Las comunidades ribereñas de Puerto Triunfo han abandonado la pesca y la extracción de materiales del río, sus fuentes de sustento, ante el miedo a encontrarse con un hipopótamo en el agua.
- Un informe de la Universidad Nacional y el Instituto Humboldt pone sobre la mesa cinco estrategias —incluyendo caza controlada, translocación y confinamiento— y advierte que ninguna medida funciona de forma aislada.
- Las organizaciones animalistas se oponen a cualquier sacrificio y el recuerdo de la muerte de 'Pepe' en 2009 sigue pesando políticamente, atrapando al gobierno entre la presión científica y la sensibilidad pública.
- La ministra de Ambiente anunció que en el próximo mes se tomarán decisiones concretas, mientras el gobernador de Antioquia impulsa por su cuenta un traslado de 70 animales a India y México que los expertos consideran insuficiente.
En las riberas del río Magdalena, Colombia enfrenta las consecuencias de una extravagancia del narcotráfico que el tiempo convirtió en crisis ecológica: 169 hipopótamos, herederos de la colección privada de Pablo Escobar, se reproducen sin control y desplazan a comunidades enteras de sus medios de vida. El gobierno de Gustavo Petro estudia un informe científico que propone desde la caza controlada hasta la translocación internacional, sabiendo que cualquier decisión tendrá un costo político. Es la paradoja de una nación que debe elegir entre la compasión hacia una especie introducida y la justicia hacia los seres humanos que conviven con ella.
El gobierno colombiano ya no puede aplazar lo inevitable. Un informe elaborado por investigadores de la Universidad Nacional y el Instituto Alexander Von Humboldt describe con precisión el alcance del problema: 169 hipopótamos recorren la cuenca del río Magdalena, descendientes de los cuatro ejemplares que Pablo Escobar introdujo ilegalmente en su Hacienda Nápoles durante los años ochenta. La ministra de Ambiente, Susana Muhamad, ha confirmado que estudian el documento y que en el próximo mes anunciarán decisiones.
Los efectos sobre las comunidades son concretos. En Puerto Triunfo, un hipopótamo cruzó una carretera de noche y provocó un accidente con heridos; meses antes, un motociclista se fracturó el brazo al chocar con otro ejemplar. Los habitantes ribereños han dejado de pescar y de extraer materiales del río por miedo a encuentros en el agua, viéndose obligados a buscar sustento en lugares más lejanos y seguros.
El informe plantea cinco estrategias: caza controlada —mediante disparo, conmoción cerebral o inyección química—, translocación a zoológicos o a África, confinamiento hasta muerte natural, sistemas de alerta temprana e intervención social comunitaria. Los expertos insisten en que deben aplicarse de forma combinada. La caza controlada es la opción más polémica: en 2009, la muerte del hipopótamo 'Pepe' desató un rechazo masivo y un juez prohibió nuevas cacerías.
El gobierno de Petro, respaldado por organizaciones animalistas, enfrenta una encrucijada. Los defensores de los animales proponen la esterilización como alternativa, pero el informe advierte que los hipopótamos son territoriales y representan una amenaza real para especies nativas como manatíes y chigüiros. Mientras tanto, el gobernador de Antioquia impulsa el traslado de 70 animales a India y México, un plan que la ministra ha frenado por posibles incumplimientos de la Convención CITES. Los expertos coinciden: mover algunos individuos no resuelve el problema de fondo.
La investigación está sobre el escritorio del gobierno. Las opciones están definidas. Lo que resta es la voluntad política de elegir, sabiendo que cualquier camino tendrá un costo.
El gobierno colombiano tiene sobre su escritorio un problema que no puede ignorar por más tiempo. Un informe exhaustivo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia y el Instituto Alexander Von Humboldt plantea con claridad lo que debe hacerse con los hipopótamos que deambulan por el país: la caza controlada emerge como una opción necesaria, aunque no la única. La ministra de Ambiente, Susana Muhamad, ha reconocido públicamente que estudian el documento y que en el próximo mes anunciarán decisiones basadas en sus hallazgos. Lo que antes era un tema que el Ejecutivo trataba con cautela extrema ahora exige respuestas concretas.
La historia de estos animales comienza en los años ochenta, cuando Pablo Escobar ordenó su traslado a la Hacienda Nápoles. Décadas después, esa colección privada se ha convertido en una amenaza que trasciende los límites de la finca convertida en parque temático. Hoy hay 169 hipopótamos registrados, y su presencia se extiende a lo largo de la cuenca del río Magdalena. No son solo números en un reporte: hace poco, uno de estos animales se atravesó en una carretera de Puerto Triunfo durante la noche y causó un accidente que dejó heridos a los ocupantes del vehículo y mató al animal. Meses antes, un motociclista sufrió una fractura en el brazo tras chocar contra otro hipopótamo en la misma zona. Los encuentros no son excepcionales; son cada vez más frecuentes.
El informe identifica cinco estrategias posibles. Tres de ellas impactarían directamente la población animal: la caza controlada, que incluiría eutanasia mediante disparos, conmoción cerebral o inyección química; la translocación, que consistiría en trasladar individuos a zoológicos o a su hábitat nativo en África; y el confinamiento, que requeriría construir infraestructura para mantener a los animales aislados hasta su muerte natural. Las otras dos estrategias, alertas tempranas e intervención social, buscarían proteger a las comunidades humanas de encuentros peligrosos. Los expertos subrayan que ninguna medida funciona sola; todas deben implementarse en conjunto.
La caza controlada es el punto más controversial. En 2009, cazadores alemanes acompañados por el Ejército colombiano mataron a Pepe, uno de los cuatro hipopótamos originales de Escobar. La fotografía de hombres armados sobre el cadáver del animal provocó rechazo generalizado y un juez prohibió futuras cacerías. Ahora, el gobierno de Gustavo Petro, que cuenta con el apoyo de organizaciones animalistas, enfrenta una encrucijada política. Los defensores de los animales se oponen a cualquier sacrificio y proponen en su lugar la esterilización. Pero el informe presenta argumentos sólidos para ir más allá de esa posición: estos animales son territoriales y representan un riesgo real para los ecosistemas, para especies silvestres como manatíes y chigüiros, y para todos quienes viven cerca de sus hábitats.
El costo humano es tangible y documentado. En Puerto Triunfo, los habitantes ribereños han tenido que abandonar la pesca y la extracción de materiales del río, actividades de las que depende su economía, por miedo a encontrarse con un hipopótamo en el agua. El informe lo describe sin ambigüedad: la comunidad compite ahora por el ecosistema acuático con estos animales, y ha tenido que viajar a sitios más apartados y seguros para ejercer su medio de vida. No es un inconveniente abstracto; es la pérdida de oportunidades económicas concretas.
Los hipopótamos se adaptaron sin dificultad a Colombia porque encontraron abundancia de alimento y cuerpos de agua permanentes durante todo el año. Se han reproducido sin control. Aunque la población principal sigue en Nápoles, otros han escapado y se desplazan por el Magdalena, apareciendo en calles y avenidas de pueblos cercanos. El informe señala que hay evidencia de que crías están siendo capturadas como mascotas, probablemente a través del tráfico ilegal. Un hipopótamo adulto puede alcanzar cinco metros de largo y pesar tres toneladas; cuando una cría criada en cautiverio crece, es casi inevitable que sea liberada.
Mientras el gobierno estudia el informe, el gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, impulsa un plan alternativo: trasladar 70 hipopótamos a la India y a México. Un acuerdo con Ernesto Zazueta, presidente del santuario Ostok en Sinaloa, permitiría enviar diez animales a México, con documentación de una productora argentina. Pero la ministra Muhamad ha sido clara: avanzar sin verificar los requisitos de la Convención CITES sobre comercio internacional de especies amenazadas podría crear problemas en otro país. Los expertos advierten que sacar algunos animales no resuelve el problema de raíz.
El gobierno colombiano debe tomar una decisión que lo alejará de algún sector que lo apoya. La investigación está en sus manos. Las opciones están claras. Lo que falta es la voluntad política de elegir.
Notable Quotes
Con base en los resultados del informe, estamos definiendo la política general y el presupuesto para este cuatrienio. Esperamos anunciar decisiones en el próximo mes— Ministra de Ambiente Susana Muhamad