Cinco bustos de piedra de tamaño casi natural hallados en Badajoz muestran rostros con detalles como pendientes y diademas, equiparables a obras mediterráneas contemporáneas. El descubrimiento refuta la teoría de que Tarteso era una cultura anicónica sin representación figurativa, reescribiendo la historia del arte prerromano peninsular.
Cinco bustos tartésicos del siglo V a.C. revolucionan el conocimiento de la cultura prerromana
Esto rompe el paradigma de una cultura sin representación figurativa
¿Por qué estos cinco bustos cambian tanto lo que creíamos saber sobre Tarteso?
Porque durante décadas se pensaba que Tarteso era una cultura sin arte figurativo propio, que solo copiaba lo que venía de Fenicia o Grecia. Estos bustos demuestran que tenían artesanos capaces de crear obras de la misma calidad que las que se hacían en Etruria o Grecia en el mismo momento.
¿Cómo sabemos que fueron esculpidos en el lugar y no traídos de otro sitio?
Por los detalles locales. Los pendientes y la diadema que llevan algunos de ellos son tipos de adornos que aparecen en otros yacimientos tartésicos de la región y están bien documentados. Eso sugiere que quien los hizo conocía la cultura local profundamente.
¿Qué nos dice el daño que tienen las esculturas?
Que alguien las golpeó deliberadamente, muchas veces a la altura de los ojos. Es un ensañamiento que sugiere que quienes destruyeron el santuario no eran gente del lugar. Pero también nos dice que el edificio fue destruido de manera sistemática, ritual casi, con un banquete y sacrificios de animales antes de quemarlo todo.
¿Por qué harían algo así?
Eso es lo que nadie sabe. Pudo ser una crisis económica, climática, o ambas. Pudo ser una invasión. Lo que es seguro es que al sepultar todo bajo arcilla, preservaron sin saberlo un registro casi perfecto de cómo vivían hace 2.500 años.
¿Hay más cosas por encontrar?
Seguro. Solo se ha excavado una pequeña parte del yacimiento. Esperan encontrar más fragmentos de estas esculturas rotas, y todavía buscan el resto de una estatua griega de la que solo tienen los pies. El edificio sigue guardando secretos.
Le Pouls
- Cinco bustos de piedra del siglo V a.C. hallados en Casas de Turuñuelo, Badajoz
- Edificio de dos plantas único en el Mediterráneo occidental, con 2.500 años de antigüedad
- Más de cincuenta animales sacrificados antes de la destrucción ritual del santuario
- Solo 1.500 de los aproximadamente 8.000 metros cuadrados del yacimiento han sido excavados
Cinco bustos de piedra de tamaño casi natural hallados en Badajoz muestran rostros con detalles como pendientes y diademas, equiparables a obras mediterráneas contemporáneas. El descubrimiento refuta la teoría de que Tarteso era una cultura anicónica sin representación figurativa, reescribiendo la historia del arte prerromano peninsular.
Investigadores del CSIC descubren cinco bustos de piedra del siglo V a.C. en Casas de Turuñuelo que demuestran que la cultura tartésica tenía sofisticación artística comparable a Grecia y Etruria, desafiando teorías previas.
En una excavación en Guareña, Badajoz, arqueólogos del CSIC han sacado a la luz cinco bustos de piedra tallados hace veinticinco siglos. El hallazgo, realizado en el yacimiento de Casas de Turuñuelo durante la quinta campaña de trabajos, desmorona una creencia que ha perdurado décadas: que la cultura tartésica, que dominó el suroeste peninsular entre los siglos IX y V antes de Cristo, carecía de sofisticación artística propia.
Los cinco bustos, de tamaño casi natural, muestran rostros con un nivel de detalle y perfección que no tiene nada que envidiar a las mejores obras que se producían simultáneamente en Grecia y Etruria. Dos de ellos presentan un acabado particularmente refinado. Uno de los bustos lleva una trenza, símbolo de transición a la edad adulta común en la protohistoria ibérica, y su piedra está ennegrecida, probablemente por las brasas del incendio que destruyó el santuario. Otros dos muestran pendientes o arracadas —aretes con adornos colgantes— y una diadema, detalles que sugieren representaciones de diosas protectoras. Los investigadores trabajan con la hipótesis de que todas las piezas, con la parte posterior plana, formaban parte de un mismo relieve que narraba una historia protagonizada por este joven guerrero y las deidades femeninas.
El descubrimiento reescribe la historia del arte mediterráneo. Hasta ahora, se consideraba que el florecimiento de la escultura en la región había ocurrido en Etruria y Grecia, con la excepción tardía de obras ibéricas como la Dama de Elche o la Dama de Baza, ambas aproximadamente un siglo más modernas que estos bustos tartésicos. Sebastián Celestino, investigador del Instituto de Arqueología de Mérida y codirector del proyecto, explica que durante décadas las únicas expresiones escultóricas similares halladas en yacimientos de la época eran pequeños bronces de origen fenicio. "Esto rompe el paradigma de que la tartésica era una cultura anicónica, es decir, que no tenía representación figurativa o antropomórfica", señala. Esther Rodríguez, la otra responsable del yacimiento, añade que el hallazgo comienza a reescribir la historia del arte al demostrar que la sofisticación escultórica tartésica es contemporánea, no posterior, a la de las grandes civilizaciones mediterráneas.
El edificio de dos plantas donde se encontraron los bustos es único en el Mediterráneo occidental. Con 2.500 años de antigüedad, presenta elementos constructivos avanzados para su época: un mortero de cal y arcilla que fragua después, indicios de una falsa bóveda, y una riqueza material extraordinaria de oros, bronces e marfiles. La habitación donde aparecieron las esculturas estaba rodeada de gradas y pudo tener un uso público dentro de lo que parece ser un santuario que funcionaba simultáneamente como centro económico y político.
Las esculturas fueron halladas dispersas, dañadas deliberadamente. Muchas de ellas presentan golpes violentos a la altura de los ojos, un ensañamiento que sugiere a los investigadores que los atacantes fueron personas ajenas al santuario. Este daño sistemático forma parte de un evento más amplio de destrucción: hace 2.500 años, los habitantes del lugar celebraron un gran banquete, sacrificaron a más de cincuenta animales —caballos, vacas, cerdos y un perro— alrededor de una escalera monumental, y luego incendiaron, quemaron y sepultaron todo el edificio. Esta hecatombe, la primera de tamaño comparable a los holocaustos religiosos descritos en el Antiguo Testamento y la Ilíada, permanece como uno de los grandes misterios que enfrentan los arqueólogos. Lo que sí es cierto es que al hacerlo, preservaron sin saberlo todos los restos: la arcilla utilizada para sepultar el sitio actuó como una urna protectora contra el paso del tiempo.
El yacimiento aún guarda secretos. Se han excavado aproximadamente 1.500 metros cuadrados de los alrededor de 8.000 que se calcula que tiene todo el yacimiento. Los investigadores no descartan encontrar más fragmentos de las esculturas rotas, ni pierden la esperanza de localizar el resto de una pequeña estatua griega de mármol de la que solo hallaron los pies en campañas anteriores. De momento, están comparando los bustos tartésicos con obras etruscas, íberas y griegas de la época, sin haber encontrado nada parecido hasta ahora. También trabajan en identificar la piedra de la que están hechos, probablemente una calcerenita local.
El proyecto Construyendo Tarteso, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Junta de Extremadura, la Diputación de Badajoz y la Fundación Palarq, continúa ofreciendo claves sobre la arquitectura, economía, organización social y costumbres de Tarteso. Entre los hallazgos figuran numerosos tejidos, incluyendo el fragmento de lana más antiguo encontrado en la península Ibérica. Aunque la cultura tartésica tuvo su núcleo principal más al sur, en torno al Guadalquivir entre Huelva, Sevilla y Cádiz, donde nació en el siglo IX antes de Cristo de la hibridación entre colonizadores fenicios y pobladores locales, estos descubrimientos en Badajoz demuestran que la periferia floreció hasta alcanzar un nivel de sofisticación comparable al de las civilizaciones más avanzadas del Mediterráneo antiguo. Una exposición titulada Los últimos días de Tarteso, en el Museo Arqueológico Regional de Madrid en Alcalá de Henares, exhibe hasta el 24 de septiembre algunos de los objetos documentados en Turuñuelo junto a otros importantes restos tartésicos hallados en España y Portugal.
Citations marquantes
Esto rompe el paradigma de que la tartésica era una cultura anicónica, es decir, que no tenía representación figurativa o antropomórfica— Sebastián Celestino, investigador del Instituto de Arqueología de Mérida
El hallazgo empieza a reescribir la historia del arte, que colocaba el florecimiento de la escultura en el Mediterráneo en Etruria y en Grecia— Esther Rodríguez, codirectora del yacimiento