Casos de ansiedad y depresión en niños aumentan durante la pandemia de COVID-19

Niños y adolescentes experimentan impactos significativos en su salud mental durante la pandemia, manifestando síntomas de depresión y ansiedad que requieren atención especializada.
Ante los primeros cambios, debemos estar atentos y conversar con ellos
La psiquiatra Hilda Serpa Salazar subraya la importancia de que los padres reconozcan señales tempranas de depresión y ansiedad en sus hijos.
Mark

¿Por qué crees que la pandemia afectó tanto la salud mental de los niños específicamente?

Mimi

Los niños perdieron la escuela, el contacto con amigos, la rutina que les daba estructura. Todo cambió de repente y no podían entender por qué. El miedo de los adultos se filtraba en el hogar.

Mark

¿Ese 20% que mencionan es mucho o poco?

Mimi

Es significativo. Significa que de cada cinco niños que llegaban a consulta, uno tenía depresión o ansiedad. No es que uno de cada cinco niños del país estuviera enfermo, sino que entre quienes buscaban ayuda, la proporción era alta.

Mark

¿Qué hace que un padre se dé cuenta de que algo anda mal?

Mimi

Los cambios son sutiles al principio. Un niño que deja de querer jugar. Otro que de pronto tiene pesadillas todas las noches. Algunos se vuelven irritables sin motivo. No es un evento único, sino una acumulación de pequeñas cosas que no encajan.

Mark

¿Y si los padres no tienen acceso a esas líneas de ayuda?

Mimi

Ese era el problema real. Saber que existen números para llamar no ayuda si no tienes teléfono, si no sabes que existen, o si vives en un lugar donde esos servicios no llegan realmente.

Mark

¿Qué debería haber pasado diferente?

Mimi

Más prevención, más presencia en las comunidades, menos dependencia de que los padres reconozcan el problema y tomen la iniciativa de buscar ayuda. La salud mental de los niños no debería ser un lujo para quienes saben dónde llamar.

  • El 20% de consultas de salud mental infantil durante la pandemia correspondía a depresión y ansiedad
  • Los casos afectaban desde niños en preescolar hasta adolescentes
  • Línea 113 opción 5 del Minsa y línea 0800 00194 de Unicef ofrecen orientación gratuita
  • Instituto Nacional de Salud del Niño ubicado en Breña registró estos datos a través de atenciones virtuales

Una de cada cinco consultas en salud mental infantil corresponde a depresión y ansiedad, afectando desde preescolares hasta adolescentes. Los padres deben vigilar cambios como retraimiento, alteraciones del sueño, irritabilidad, pérdida de interés en juegos y cambios en el apetito.

El Instituto Nacional de Salud del Niño reporta incremento de casos de depresión y ansiedad en menores, representando el 20% de atenciones virtuales durante la pandemia.

En el Instituto Nacional de Salud del Niño, ubicado en el distrito de Breña, los especialistas en salud mental han estado contabilizando las consultas virtuales que llegaban durante los meses de pandemia. Lo que encontraron los preocupó: uno de cada cinco casos atendidos correspondía a niños o adolescentes que lidiaban con depresión o ansiedad. Estos menores provenían de todos los rangos de edad, desde los que aún estaban en preescolar hasta los que ya habían entrado en la adolescencia.

La psiquiatra Hilda Serpa Salazar, quien dirige el departamento de Salud Mental de la institución, fue quien presentó estos hallazgos. Lo que observaban en la clínica reflejaba una tendencia más amplia: la pandemia estaba dejando marcas profundas en la salud emocional de los niños peruanos. No se trataba de un fenómeno aislado o exagerado. Los números estaban ahí, en los registros de atención.

Serpa Salazar enfatizó que los padres necesitaban aprender a leer las señales. Un niño con depresión o ansiedad no siempre lo dirá con palabras. Podría empezar a aislarse, a rechazar las actividades que antes lo entretenían. Su sueño podría fragmentarse en pesadillas o insomnio. Su temperamento podría volverse irritable sin razón aparente. Algunos niños dejan de comer; otros comen compulsivamente. Estos cambios en el comportamiento, en los patrones de sueño, en el apetito, en la disposición a jugar, eran las pistas que los adultos debían aprender a reconocer.

"Ante los primeros cambios en el comportamiento del niño debemos estar atentos, conversar con ellos, saber cuáles son sus preocupaciones", señaló Serpa Salazar en declaraciones a la Agencia Andina. La recomendación era simple pero exigía algo que muchas familias no tenían en abundancia durante el confinamiento: tiempo real, atención genuina, disposición para escuchar sin prisa.

Para las familias que necesitaban ayuda profesional, el Ministerio de Salud había habilitado la línea 113, opción 5, un servicio gratuito de orientación en salud mental. Unicef, por su parte, operaba la línea 0800 00194, conocida como "Aligerando mochilas", otro canal de apoyo sin costo. Estos números representaban un reconocimiento oficial de que la crisis emocional de los niños era real y que existía, al menos en teoría, una red de contención disponible para quienes supieran dónde buscar.

Los padres deben estar atentos a cambios como retraimiento, alteraciones del sueño, irritabilidad, pérdida de interés en juegos y cambios en el apetito
— Hilda Serpa Salazar, psiquiatra y jefa de Salud Mental del Instituto Nacional de Salud del Niño
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