Cardiólogo Borja Ibáñez: la prevención cardiovascular debe comenzar a los 20 años

Las enfermedades cardiovasculares causan 113.130 muertes anuales en España, representando una carga significativa de mortalidad evitable mediante prevención temprana.
Es peor convivir con un factor de riesgo sin tratar que tomar una pastillita
El cardiólogo rechaza el mito de que retrasar la medicación es mejor, hablando desde su propia experiencia con colesterol alto.
Mark

¿Por qué insiste tanto en que la prevención comience a los veinte años? ¿No es demasiado pronto para preocuparse por el corazón?

Mimi

Porque la enfermedad ya está ocurriendo a esa edad, aunque no lo veamos. La aterosclerosis no aparece de repente a los sesenta. Comienza años antes, silenciosamente. Si esperamos a que haya síntomas, ya hemos perdido tiempo valioso.

Mark

Pero usted mismo dice que convive con colesterol alto desde los treinta. ¿Cómo se vive sabiendo que tienes un factor de riesgo?

Mimi

Con medicación y control. Lo importante es no ignorarlo. Mucha gente cree que si no siente nada, no hay problema. Eso es lo peligroso. Yo prefiero una pastilla diaria a vivir en negación y luego tener un infarto.

Mark

¿El estrés es realmente tan importante como dicen?

Mimi

Es importante, pero no es lo único. El estrés que no se puede gestionar sí daña el corazón. Por eso busco tiempo para mis hobbies, para mi familia. No es lujo; es medicina preventiva.

Mark

Menciona el síndrome del corazón roto. ¿Es realmente mortal?

Mimi

Puede serlo si no se atiende rápidamente. Pero la mayoría de las veces, con diagnóstico correcto y tratamiento adecuado, se resuelve. El problema es que muchos lo confunden con un infarto real y eso retrasa el manejo correcto.

Mark

¿Cree que la inteligencia artificial puede cambiar realmente cómo prevenimos estas enfermedades?

Mimi

Sí, pero solo si la usamos bien. La IA puede analizar millones de datos y predecir quién está en riesgo antes de que pase algo. Eso es revolucionario. Pero necesitamos que la administración pública también actúe sobre los hábitos de vida que sabemos que son destructivos.

  • Cada hora mueren trece personas en España por causas cardiovasculares, una hemorragia silenciosa que suma más de 113.000 muertes al año.
  • La aterosclerosis comienza a instalarse décadas antes de que aparezca cualquier síntoma, pero el sistema médico sigue respondiendo cuando la enfermedad ya está avanzada.
  • El cardiólogo Ibáñez rompe con el mito de que retrasar la medicación es prudente: ignorar un factor de riesgo sin tratar es más peligroso que intervenir a tiempo.
  • La inteligencia artificial abre una nueva frontera al permitir predecir eventos cardiovasculares antes de que ocurran, analizando patrones en poblaciones masivas.
  • El reto más urgente no es tecnológico sino cultural: convencer a los jóvenes de medirse la tensión y hacerse analíticas antes de que el daño sea irreversible.

En España, trece personas mueren cada hora por enfermedades cardiovasculares, una cifra que el cardiólogo Borja Ibáñez considera en gran medida evitable. Su argumento central desafía la lógica médica convencional: la prevención no debe comenzar cuando el cuerpo ya ha fallado, sino dos décadas antes de que aparezca el primer síntoma. La aterosclerosis avanza en silencio desde la juventud, y esperar a los sesenta años para actuar es, en cierto modo, llegar tarde a una conversación que debió iniciarse a los veinte.

En España mueren trece personas cada hora por enfermedades del corazón o los vasos sanguíneos. El año pasado, esas muertes sumaron 113.130, consolidando las patologías cardiovasculares como una de las principales amenazas sanitarias del país, aunque en 2023 los tumores las superaron por primera vez como causa número uno de fallecimiento.

Borja Ibáñez, cardiólogo intervencionista en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz e investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, tiene una convicción clara: la medicina debe dejar de esperar a que la enfermedad llegue. Cuando habla de prevención, no piensa en personas de sesenta años, sino en las de veinte. Los jóvenes no se miden la presión arterial ni se hacen análisis de sangre, y eso es un error fundamental. La aterosclerosis —el endurecimiento progresivo de las arterias— ya está en marcha mucho antes de que alguien sienta un dolor en el pecho.

La realidad actual es que los cardiólogos atienden a pacientes cuando la enfermedad ya está avanzada: después del infarto, con insuficiencia cardíaca o arritmia. Ibáñez insiste en que la aterosclerosis es la base de más de la mitad de todas las enfermedades cardiovasculares y está fuertemente vinculada al deterioro cognitivo. Detectarla temprano, incluso con estudios de imagen no invasivos, podría cambiar el curso de vida de millones de personas.

Uno de los mitos que el cardiólogo quiere desmontar es la idea de que retrasar la medicación es mejor. Él mismo convive con colesterol alto desde los treinta años. Su mensaje es directo: es peor convivir con un factor de riesgo sin tratar que tomar una pastilla. Los factores de riesgo no deben ignorarse; deben afrontarse cuanto antes, porque a largo plazo se convierten en problemas mucho mayores.

Ibáñez también ha trabajado con el síndrome de Tako-Tsubo, conocido como el síndrome del corazón roto, que produce síntomas idénticos a un infarto pero sin obstrucción arterial. Fue parte del equipo que publicó sobre este síndrome fuera de Japón por primera vez. Con diagnóstico adecuado, suele resolverse favorablemente.

La inteligencia artificial está transformando el diagnóstico cardiovascular: permite analizar grandes poblaciones, identificar patrones de riesgo y predecir eventos antes de que ocurran. Pero Ibáñez lanza también un aviso a la administración pública: existen hábitos de vida claramente dañinos y no parece haber voluntad política para implementar medidas contundentes. Lo más urgente, dice, es actuar sobre lo que sí está al alcance de todos.

En España, cada sesenta minutos mueren trece personas por una enfermedad del corazón o los vasos sanguíneos. Son muertes que, en muchos casos, podrían evitarse. El año pasado, estas dolencias cobraron 113.130 vidas en el país, cifra que las mantiene como una de las principales amenazas sanitarias, aunque por primera vez en 2023 los tumores las superaron como causa número uno de fallecimiento.

Borja Ibáñez, cardiólogo intervencionista en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz e investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, tiene una convicción que repite con claridad: la medicina debe dejar de esperar a que la enfermedad llegue. Cuando habla de prevención, no piensa en personas de sesenta años. Piensa en los veinte. "El principal reto es la prevención primaria. La prevención debe empezar a los 20 años", dice. Observa que los jóvenes no se miden la presión arterial, no se hacen análisis de sangre, y eso es un error fundamental. La aterosclerosis —el endurecimiento progresivo de las arterias— ya está en marcha mucho antes de que alguien sienta un dolor en el pecho o tenga un infarto.

La realidad actual es que los cardiólogos atienden a pacientes cuando la enfermedad ya está avanzada: después del infarto, cuando aparece insuficiencia cardíaca, cuando surge una arritmia. En ese punto, aunque existan tratamientos efectivos, la persona ya vive con la enfermedad. Ibáñez insiste en que la aterosclerosis es la base de más de la mitad de todas las enfermedades cardiovasculares, y además está fuertemente vinculada al deterioro cognitivo y la demencia. Detectarla temprano, incluso mediante estudios de imagen no invasivos, podría cambiar el curso de la vida de millones de personas.

Uno de los mitos que el cardiólogo quiere desmontar es la idea de que retrasar la medicación es mejor. Él mismo convive con colesterol alto desde los treinta años, un factor de riesgo que aumenta la probabilidad de angina de pecho, infarto o ictus. Su mensaje es directo: "Es peor convivir con un factor de riesgo sin tratar que tomar una pastillita". No se trata de medicar por medicar, sino de no ignorar lo que los análisis revelan. Los factores de riesgo no deben ocultarse; deben afrontarse cuanto antes, porque si no, a largo plazo se convierten en problemas mucho mayores.

El estrés también juega un papel en la salud cardiovascular, aunque no de la manera que muchos creen. Un nivel moderado de estrés puede mantener a una persona alerta, pero cuando no se puede gestionar es cuando comienzan los problemas reales. Reducirlo a cero es prácticamente imposible, pero mantenerlo bajo control es fundamental. Ibáñez busca espacios para compartir con su familia y dedicarse a sus hobbies: le apasiona la bicicleta de montaña y la cocina. Son formas de liberar la tensión acumulada.

En su trayectoria profesional, Ibáñez ha trabajado con condiciones cardiovasculares poco conocidas. El síndrome de Tako-Tsubo, conocido popularmente como "síndrome del corazón roto", es uno de ellos. Produce síntomas idénticos a los de un infarto de miocardio y causa daño miocárdico temporal, pero sin obstrucción en las arterias coronarias. Suele afectar a mujeres de mediana o avanzada edad después de un estrés o disgusto importante. Ibáñez fue parte del equipo que publicó sobre este síndrome fuera de Japón por primera vez, demostrando que no era exclusivo de la población japonesa. La buena noticia es que, con diagnóstico y tratamiento adecuados, suele resolverse.

La inteligencia artificial está transformando cómo se diagnostican estas enfermedades. Las tecnologías de imagen ya permiten análisis prácticamente automáticos en ecografías y resonancias. Pero lo más importante es la capacidad de la IA para manejar grandes volúmenes de datos: analizar poblaciones enormes, identificar patrones de riesgo, hacer seguimientos y, lo más relevante, predecir eventos antes de que ocurran. Ibáñez, sin embargo, lanza un mensaje a la administración pública: existen hábitos de vida claramente negativos y parece que no hay acuerdo para implementar medidas contundentes. Sería fundamental, dice, centrarse en resolver lo que sí está en manos de todos.

El principal reto es la prevención primaria. La prevención debe empezar a los 20 años
— Dr. Borja Ibáñez, cardiólogo intervencionista
La aterosclerosis es la base de más del 50% de las enfermedades cardiovasculares y también está muy asociada al deterioro cognitivo y la demencia
— Dr. Borja Ibáñez
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