Carreras aceleró en cuanto su selección reanudó el juego
En Nantes, Argentina encontró en Mateo Carreras el faro que necesitaba para no naufragar. Los Pumas vencieron a Japón 39-27 en un partido que reveló tanto las fragilidades del equipo sudamericano como la tenacidad de un rival que, pese a su menor envergadura física, nunca dejó de creer en sus posibilidades. Con esta victoria, Argentina avanza a cuartos de final del Mundial de rugby, donde enfrentará a Gales, cerrando una fase de grupos que ha sido más una prueba de carácter que de dominio.
- Lo que parecía un trámite se convirtió en una batalla: Japón empató, dominó territorio y estuvo a punto de protagonizar otra de sus históricas sorpresas mundialistas.
- El triplete de Mateo Carreras fue el hilo que impidió que los Pumas se deshilacharan, marcando en los momentos más críticos cuando el marcador amenazaba con igualarse.
- Japón jugó sin red de seguridad —drops arriesgados, contraataques audaces, patadas improvisadas— exprimiendo cada posesión para compensar su desventaja física.
- Argentina llegó a cuartos de final con más dudas que certezas: derrotas ante Inglaterra, una victoria poco convincente ante Samoa y una fase de grupos que ha expuesto sus vulnerabilidades defensivas.
- El próximo sábado, los Pumas enfrentan a Gales en una eliminatoria directa donde ya no habrá margen para titubeos ni rescates de último momento.
En Nantes, Argentina se salvó de un naufragio. Los Pumas ganaron 39 a 27 contra Japón en un partido que parecía un trámite y se convirtió en una de las batallas ofensivas más intensas del torneo, resuelta finalmente por el triplete de Mateo Carreras.
Los primeros 65 segundos sugirieron que sería fácil: Chocobares anotó casi sin resistencia. Pero Japón, con nueve victorias en sus últimos doce encuentros internacionales, no vino a perder. Su falta de envergadura física los obligaba a jugar sin red, asumiendo riesgos constantes. El capitán Michael Leitch retuvo el balón en campo propio con audacia; Fakatava intentó una patada impropia de su tamaño y el rebote fue perfecto. Japón empató. El gran duelo ofensivo había comenzado.
Carreras aceleró en la banda para anotar el primero de sus tres ensayos, pero Japón respondió con Matsushima, su gran anotador, quien asistió a Saito para llegar al descanso con un marcador mínimo: 15-14 para Argentina. Los aficionados pumas pitaron al escuchar el silbato. Los nervios eran visibles.
En el segundo tiempo, Carreras volvió a marcar con un quiebro de bailarín junto a la zona de marca. Japón respondió con dos patadas entre palos para ponerse nuevamente a dos puntos. Una hora de juego y los Pumas seguían en la cuerda floja. Luego llegó el cuarto ensayo: Boffelli se zambulló tras una jugada por el costado y añadió la conversión con un toque en el palo que pareció un buen augurio. Nueve puntos de ventaja.
Pero Japón no se rendía. Naikabula ensayó y Matsuda embocó una patada endiablada. Los Pumas sentían el aliento nipón en la nuca. El final de infarto, sin embargo, no llegó: Carreras aceleró una vez más y anotó su tercer ensayo bajo los palos, sin réplica posible.
Michael Cheika había apostado por una puesta en escena llena de dudas, dejando en el banquillo a la vieja guardia. Con mucho que perder y poco que mostrar en la fase de grupos, Argentina llegó a cuartos de final. El próximo sábado enfrentará a Gales. Ahora empieza otro Mundial.
En Nantes, Argentina se salvó de un naufragio. Los Pumas ganaron 39 a 27 contra Japón en un partido que parecía destinado a ser un trámite pero que se convirtió en una batalla ofensiva de las más intensas del torneo, resuelta finalmente por el triplete de Mateo Carreras, quien con tres ensayos apartó el fantasma de una eliminación temprana.
Los primeros 65 segundos sugirieron que sería fácil. Chocobares aprovechó un error defensivo japonés para entrar sin resistencia al área de marca. Pero lo que siguió fue otra cosa. Japón llegaba a Francia como una versión reducida de sí mismo, una generación sin relevo aparente tras el Mundial de 2019, cuando había demostrado que podía competir con cualquiera. Sin embargo, en esta ocasión traía un récord de nueve victorias en sus últimos doce encuentros internacionales. No vinieron a perder.
La falta de tamaño físico obligaba a los japoneses a jugar sin red, a asumir riesgos constantes en busca de exprimir cada posesión. Su capitán, Michael Leitch, el neozelandés que se convirtió en símbolo de Japón, retuvo el balón en su propio campo en un acto de audacia que generó la superioridad numérica. Amato Fakatava, un gigante de más de dos metros, intentó una patada a seguir impropia de su envergadura. El rebote fue perfecto. Japón empataba. El primer intercambio del gran duelo ofensivo del torneo había comenzado.
Con los Pumas tambaleándose, Japón se adueñó del territorio. Pero no conseguía convertir dominio en puntos. Una tarjeta amarilla a Pieter Labuschagne por un placaje alto cambió el ritmo. Incluso con diez hombres, los japoneses arriesgaron un drop, una patada a bote pronto buscando los palos, que Kremer bloqueó. La defensa nipona quedó descolada. Carreras aceleró en la banda como un francotirador mientras sus compañeros empujaban en primera línea. Primer ensayo. Japón respondió con Kotaro Matsushima, su gran anotador, quien se coló entre Boffelli y Mallía como si vistiera de celeste para asistir a Saito. Antes del descanso, la diferencia era mínima: 15-14 para Argentina.
Los aficionados argentinos pitaron cuando Betranou rechazó un último ataque rumbo a vestuarios. Los nervios eran visibles. Pero en el segundo tiempo, la delantera argentina mejoró. Carreras volvió a activar sus propulsores, ejecutó un quiebro de bailarín junto a la zona de marca y ensayó. Japón respondió con calma, dos patadas entre palos para ponerse nuevamente a dos puntos. Una hora de juego y los Pumas seguían en la cuerda floja.
Luego llegó el cuarto ensayo. Betranou sacó el balón de la melé cuando las primeras líneas estaban al borde del colapso. Mallía y Boffelli, redimidos de su error defensivo anterior, aprovecharon la superioridad por el costado. Boffelli se zambulló y anotó también la conversión, con un toque en el palo que fue buen augurio. Nueve puntos de ventaja nuevamente.
Pero Japón no se rendía. De nuevo en la línea de cinco metros, sus delanteros infringiendo y asumiendo el peaje físico. Los argentinos acumulaban efectivos en la trinchera y dejaban desnuda su retaguardia. Naikabula ensayó. Matsuda embocó una patada endiablada. Los Pumas sentían el aliento nipón en la nuca. Pero el final de infarto no llegó. Carreras volvió a acelerar en cuanto su selección reanudó el juego. Su tercer ensayo, bajo palos, ya no tuvo réplica.
Michael Cheika, el seleccionador, había confiado en los medios Santiago Carreras y Betranou pese a la derrota abultada ante Inglaterra y la insípida victoria ante Samoa, dejando en el banquillo a la vieja guardia, a los ganadores del pasado. Con una puesta en escena llena de dudas, con mucho que perder, llegaron a cuartos de final. El próximo sábado enfrentarán a Gales. Ahora empieza otro Mundial.
Notable Quotes
Michael Cheika confió en los medios Santiago Carreras y Betranou pese a la derrota abultada ante Inglaterra y la insípida victoria ante Samoa, dejando en el banquillo a la vieja guardia— Contexto de la decisión del seleccionador
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Japón fue tan peligroso si llegaba con una generación sin relevo?
Porque el riesgo es su única arma. Sin tamaño físico, no pueden jugar a lo seguro. Cada posesión la exprimen buscando espacios, buscando sorprender. Y casi lo logran.
Carreras marcó tres ensayos. ¿Fue simplemente que fue el mejor jugador en el campo?
No solo eso. Fue que Argentina finalmente encontró dónde atacar. Carreras en la banda, sus compañeros empujando en primera línea. Japón no podía estar en todos lados a la vez.
Los aficionados argentinos pitaron en el descanso. ¿Qué tan cerca estuvo Argentina de perder?
Muy cerca. Japón dominaba el territorio. Si Argentina no hubiera mejorado en la segunda mitad, si Carreras no hubiera acelerado cuando lo hizo, el resultado podría haber sido otro.
Cheika dejó fuera a los ganadores del pasado. ¿Fue una apuesta arriesgada?
Totalmente. Pero funcionó. A veces confiar en gente nueva, en gente con hambre, es lo que necesitas cuando todo se tambalea.
¿Qué significa esto para Argentina de cara a Gales?
Que sobrevivieron. Que encontraron una forma de ganar cuando todo parecía colapsar. Eso es lo que necesitas en un Mundial.