Albacete integra la danza como terapia en salud mental para adolescentes y jóvenes

El programa beneficia a pacientes jóvenes con trastornos de conducta alimentaria y problemas de salud mental que mejoran su relación con el cuerpo y su bienestar emocional.
La danza nos humaniza a todos
Reflexión de una terapeuta ocupacional sobre cómo el movimiento transforma la relación entre profesionales y pacientes en el tratamiento.
Mark

¿Por qué la danza específicamente? ¿Qué tiene que no tenga, digamos, otra actividad grupal?

Mimi

La danza es comunicación sin palabras. Para adolescentes con trastornos alimentarios o crisis de salud mental, el cuerpo es frecuentemente un enemigo. La danza lo convierte en un instrumento de expresión.

Luke

Pero ¿hay datos sobre eficacia? ¿O es más bien que los profesionales observan que parece funcionar?

Mimi

Hay veintitrés artículos científicos que respaldan el papel de la danza en el bienestar psicológico. Eso es lo que mencionó la psicóloga del Hospital de Día Juvenil.

Luke

Veintitrés artículos sobre danza en general, o veintitrés específicamente sobre danza en unidades de trastornos alimentarios con adolescentes en Albacete.

Mimi

Eso es una buena pregunta. El reportaje no especifica. Lo que sí está documentado es que las pacientes reportan cambios en cómo se relacionan con su cuerpo y con otros.

Mark

¿Cuántas personas participan? ¿Es un programa pequeño o llega a muchos jóvenes?

Mimi

El reportaje no da números de participantes. Sabemos que hay sesiones semanales en dos unidades, pero no cuántos pacientes asisten.

Luke

Eso es importante. Un programa que funciona para diez personas es distinto que uno que funciona para cien.

Mark

¿Y cómo se mide el éxito? ¿Hay seguimiento después de que los pacientes salen del hospital?

Mimi

El reportaje menciona que la información de las sesiones se usa en psicoterapias posteriores, pero no hay datos sobre resultados a largo plazo.

Luke

Entonces lo que sabemos es que existe, que los profesionales lo valoran, y que las pacientes dicen que se sienten mejor. Lo que no sabemos es si eso se sostiene después.

Mark

¿Y el financiamiento? ¿Es sostenible?

Mimi

Tiene apoyo de la Fundación La Caixa para 2024, y se está expandiendo a otros hospitales. Eso sugiere que hay confianza en el modelo.

  • Adolescentes con trastornos de conducta alimentaria y problemas de salud mental enfrentan una relación fracturada con su propio cuerpo, lo que dificulta tanto el tratamiento como la vida cotidiana.
  • El aislamiento que acompaña a estos diagnósticos erosiona la autoestima y debilita los vínculos sociales, creando un círculo difícil de romper desde la terapia convencional.
  • Sesiones de noventa minutos combinan conciencia corporal, trabajo en grupo, regulación emocional y relajación, diseñadas semana a semana junto al equipo clínico para integrarse al tratamiento integral.
  • Las propias pacientes reportan haber perdido la vergüenza, descubierto nuevas formas de sentir su cuerpo y construido lazos de confianza con compañeras y profesionales.
  • El programa, ya en expansión hacia Villarrobledo y Hellín, posiciona la cultura y el movimiento no como entretenimiento hospitalario sino como herramienta terapéutica continua y humanizadora.

En los espacios donde la enfermedad suele silenciar el cuerpo, un programa de danza terapéutica en Albacete devuelve a jóvenes en tratamiento psiquiátrico la posibilidad de habitarse a sí mismos. Desde principios de 2025, sesiones semanales coordinadas entre profesionales de salud mental y una especialista en movimiento están demostrando que el cuerpo, cuando se le da permiso de expresarse, puede convertirse en aliado de la recuperación. La iniciativa, respaldada por evidencia científica y financiada por la Fundación La Caixa, apunta a una verdad antigua: sanar no ocurre solo en la mente, sino también en el gesto, el ritmo y el contacto con los demás.

A principios de 2025, en el Hospital de Día Juvenil y la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Albacete, comenzó a sonar música de una manera distinta. Era el sonido de un proyecto que buscaba que jóvenes en tratamiento psiquiátrico volvieran a habitar sus propios cuerpos.

Sandra Fernández Blanco dirige cada semana una sesión de noventa minutos en ambos recursos. Lo que ocurre allí no es danza en el sentido tradicional: son ejercicios de conciencia corporal, trabajo en parejas y grupos, regulación emocional y relajación, todo coordinado con el equipo de salud mental. Cada actividad persigue cinco objetivos simultáneos: mejora física, equilibrio emocional, conexión social, fortaleza psicológica e innovación terapéutica.

María Dolores Gómez Castillo, psicóloga clínica de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria, observa en las sesiones algo que trasciende lo evidente: cómo las pacientes se relacionan con su cuerpo, cómo se expresan, cómo se conectan con otros. Esa información alimenta luego las psicoterapias individuales. Algunas sesiones incluyeron también a las familias y al equipo terapéutico completo, generando vínculos de apoyo en momentos especialmente difíciles del tratamiento.

Con el tiempo, las propias pacientes tomaron la palabra. Una explicó que moverse en parejas le ayudó a perder la vergüenza. Otra descubrió que podía reír, compartir y confiar de una manera que no había experimentado antes.

María Llanos Bote Cubillana, psicóloga del Hospital de Día Juvenil, ancla el programa en veintitrés artículos académicos que avalan la danza como reductor de estrés y promotor del bienestar. Lo que más valora es que el taller no es un complemento aislado, sino parte de una intervención intensiva e interdisciplinar. Verónica Escrivá Sáez, terapeuta ocupacional, añade que la danza humaniza a todos los involucrados y construye un clima de seguridad que transforma la dinámica entre pacientes y profesionales.

Financiado por la Fundación La Caixa y dinamizado por los colectivos Aprofem y Cuerpo en Acción, el proyecto ya se expande hacia los hospitales de Villarrobledo y Hellín. Fernández Blanco insiste en que la cultura debe ser continua en los hospitales, para que los pacientes sean participantes activos y no meros observadores de su propia recuperación.

A principios de este año, en los pasillos del Hospital de Día Juvenil y en la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Albacete, comenzó a sonar música de una manera distinta. No era la música de fondo de una sala de espera. Era el sonido de un proyecto que buscaba que adolescentes y jóvenes en tratamiento psiquiátrico volvieran a habitar sus propios cuerpos.

Sandra Fernández Blanco, creadora del proyecto, dirige una sesión semanal de noventa minutos en ambos recursos de la Gerencia de Atención Integrada. Lo que ocurre en esas sesiones no es danza en el sentido tradicional. Son ejercicios de conciencia corporal, trabajos en parejas y grupos, regulación emocional y relajación, todo coordinado semana a semana con el equipo de profesionales de Salud Mental. Cada actividad se diseña persiguiendo cinco objetivos simultáneos: mejora física, equilibrio emocional, conexión social, fortaleza psicológica e innovación en el abordaje terapéutico.

Lo que distingue este programa es su alcance. No busca simplemente entretener a los pacientes durante su estancia hospitalaria. Pretende mejorar la movilidad, reducir el estrés, fomentar la interacción entre jóvenes que a menudo están aislados por sus diagnósticos, y fortalecer una autoestima que frecuentemente está erosionada. María Dolores Gómez Castillo, psicóloga clínica y coordinadora de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria, observa en las sesiones algo que trasciende lo evidente: la manera en que las pacientes se relacionan con su propio cuerpo, cómo se expresan emocionalmente, la actitud que adoptan ante el movimiento, y crucialmente, cómo se conectan con otros pacientes y con los profesionales que las atienden. Esa información se convierte en material de trabajo posterior en las psicoterapias individuales.

Algunas sesiones incluyeron a las familias junto a las pacientes y al equipo terapéutico completo: enfermería, terapia ocupacional, profesores. Gómez Castillo subraya que esos encuentros generaron vínculos de apoyo familiar en momentos en que las familias atraviesan situaciones particularmente difíciles durante el tratamiento. Después de varios meses, cuando los miedos iniciales se disiparon y se establecieron lazos de seguridad, las propias pacientes hablaron. Una de ellas explicó que hacer movimientos en parejas le ayudó a perder la vergüenza y relacionarse con mayor facilidad. Otra descubrió que podía sentir su cuerpo de una manera completamente distinta: reír, compartir, confiar.

María Llanos Bote Cubillana, psicóloga clínica del Hospital de Día Juvenil, ancla esta experiencia en evidencia científica. Basándose en veintitrés artículos académicos, señala que la danza puede aumentar la satisfacción con la vida y funciona como medio para reducir el estrés. Pero lo que valora especialmente es que el taller semanal se integra dentro de una intervención intensiva, amplia e interdisciplinar, no como un complemento aislado sino como parte del tratamiento integral.

Verónica Escrivá Sáez, terapeuta ocupacional, añade una dimensión que los números no capturan: la danza refuerza el clima de seguridad y confianza entre el grupo, establece un vínculo distinto entre profesionales y pacientes, y humaniza a todos los involucrados. José Miguel García Mollá, responsable de Humanización de la Gerencia, lo describe como una herramienta terapéutica innovadora que transforma la estancia hospitalaria en un proceso más positivo.

El programa cuenta con financiación de la Fundación La Caixa a través de su convocatoria de proyectos sociales en Castilla-La Mancha para 2024, y es dinamizado por los colectivos Aprofem y Cuerpo en Acción. Fernández Blanco insiste en que la cultura no debe ser algo puntual en los hospitales, sino continuo, para que los pacientes no sean observadores pasivos sino participantes activos que experimenten en primera persona los beneficios del movimiento. El proyecto ya se está expandiendo hacia los hospitales de Villarrobledo y Hellín.

Al hacer movimientos en parejas, te hace que pierdas la vergüenza y sea más fácil relacionarte con el resto; aprendo a sentir mi cuerpo de otra manera, reírme, compartir, confiar
— Paciente de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria
La danza puede aumentar la satisfacción con la vida y puede ser un medio para reducir el estrés
— María Llanos Bote Cubillana, psicóloga clínica del Hospital de Día Juvenil, basándose en veintitrés artículos científicos
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