Adultos mayores con demencia enfrentan mayor dificultad ante cambios por COVID-19

Adultos mayores con demencia experimentan mayor ansiedad, estrés, irritabilidad y descontrol de impulsos ante la dificultad de comprender cambios pandémicos.
Captan el miedo sin poder comprenderlo
Los adultos mayores con demencia perciben la ansiedad de sus familiares ante la pandemia, pero carecen de la capacidad cognitiva para procesarla.
Mark

¿Por qué la demencia hace que estos adultos mayores sean tan vulnerables específicamente ante los cambios por COVID?

Mimi

Porque la demencia daña los sistemas de memoria y comprensión que necesitamos para entender instrucciones nuevas. Cuando le dices a alguien con demencia que use mascarilla, es como si nunca lo hubiera escuchado antes.

Luke

Pero el artículo no dice cuántos adultos mayores con demencia hay en Perú. ¿Estamos hablando de miles, de decenas de miles? Sin ese número, es difícil saber la escala del problema.

Mark

Entonces el miedo que sienten sus familiares, ¿lo perciben aunque no lo entiendan?

Mimi

Exactamente. No pueden comprender la pandemia, pero sí captan las emociones en el hogar. Sienten el miedo de sus cuidadores sin poder procesarlo racionalmente.

Luke

Eso es lo más perturbador del relato. Están atrapados en una ansiedad que no pueden nombrar ni entender.

Mark

¿Y las recomendaciones del especialista son suficientes? ¿Pueden realmente ayudar?

Mimi

Son prácticas: rutinas claras, estimulación cognitiva, música. Pero dependen completamente de que los cuidadores tengan tiempo, energía y recursos para implementarlas.

Luke

Y el artículo no dice nada sobre si las familias realmente tienen acceso a esos recursos, o si están simplemente sobrecargadas ellas mismas.

Mark

¿Qué pasa con los adultos mayores con demencia que viven en asilos o instituciones?

Mimi

El artículo se enfoca en el cuidado familiar, pero tienes razón. Los que están institucionalizados enfrentan un aislamiento aún más severo.

Luke

Ese es un vacío importante. El reportaje habla del problema pero no explora todas las formas en que se manifiesta.

  • Los adultos mayores con demencia no podían retener las instrucciones sobre distanciamiento o higiene: cada vez que se las repetían, era como escucharlas por primera vez.
  • Aunque su comprensión cognitiva estaba severamente limitada, su sensibilidad emocional permanecía intacta, absorbiendo el miedo y la angustia del entorno familiar sin poder procesarlos ni expresarlos.
  • La ruptura de rutinas tras meses de confinamiento intensificó la irritabilidad, la frustración y la desorientación en estos adultos mayores, agravando su estado de salud mental.
  • Especialistas del Instituto Nacional de Salud Mental recomiendan establecer horarios claros, estimulación cognitiva diaria y actividad física para anclar a estos adultos mayores en una estructura comprensible.
  • Protegerlos de la sobrecarga informativa sobre muertes y crisis sanitarias es considerado tan urgente como las medidas de higiene, pues cada noticia refuerza un miedo que no pueden contextualizar.

Cuando la pandemia transformó el mundo en 2020, los adultos mayores con demencia en Perú quedaron atrapados en una paradoja cruel: debían adaptarse a reglas que su mente ya no podía retener. El Ministerio de Salud identificó que la demencia —al comprometer memoria, orientación y comprensión— convertía cada instrucción sanitaria en un misterio recurrente, generando ansiedad y estrés que se alimentaban también del miedo percibido en quienes los rodeaban. Esta crisis silenciosa nos recuerda que proteger a los más vulnerables exige no solo medidas generales, sino una comprensión profunda de las distintas formas en que la mente humana habita el mundo.

Cuando la pandemia llegó a Perú en 2020, surgió un desafío que pocos habían anticipado: cómo proteger a los adultos mayores con demencia ante cambios que su mente ya no podía procesar. El Instituto Nacional de Salud Mental advirtió que este grupo enfrentaba una dificultad particular para adaptarse a las medidas sanitarias, y que esa incomprensión generaba una ansiedad que crecía día a día.

El psiquiatra Cristopher Salirrosas explicó que la demencia va mucho más allá del olvido: compromete la memoria, la orientación, la comprensión y múltiples capacidades cognitivas. Así, instrucciones como el uso de mascarilla o el distanciamiento social se convertían en misterios recurrentes. Cada vez que un familiar las repetía, era como si las dijera por primera vez. El resultado era predecible pero devastador: irritabilidad, frustración y una extrañeza persistente ante un mundo que había cambiado sin que ellos pudieran entender por qué.

Sin embargo, aunque su capacidad cognitiva estaba comprometida, su mundo emocional permanecía intacto. Estos adultos mayores percibían el miedo y la angustia de sus familiares, absorbiendo una atmósfera de crisis que no podían contextualizar ni expresar con claridad.

Ante este panorama, Salirrosas ofreció orientaciones concretas para cuidadores y familias: mantener rutinas con horarios claros para dormir, despertar y alimentarse; incorporar al menos treinta minutos de actividad física diaria; y fomentar la estimulación cognitiva mediante lectura compartida, juegos de mesa o actividades artísticas. Tan importante como todo lo anterior era protegerlos de la sobrecarga de noticias sobre muertes y crisis sanitarias, pues cada información negativa reforzaba un miedo que su mente no tenía herramientas para procesar ni dimensionar.

Cuando la pandemia llegó a Perú en 2020, el país enfrentó un desafío que pocos anticiparon: cómo proteger a los adultos mayores con demencia en medio de cambios que su mente ya no podía procesar con claridad. El Instituto Nacional de Salud Mental del Ministerio de Salud identificó el problema con precisión. Los adultos mayores diagnosticados con demencia tenían una dificultad particular para adaptarse a las nuevas medidas de protección contra la COVID-19, y esa incomprensión generaba en ellos una ansiedad y estrés que se intensificaba día a día.

Cristopher Salirrosas, médico psiquiatra de la Dirección de Adultos y Adultos Mayores del Instituto Nacional de Salud Mental, explicó el mecanismo detrás de esta vulnerabilidad. La demencia no es un simple olvido. Afecta la memoria, la orientación espacial, la comprensión, la capacidad de cálculo y múltiples dominios cognitivos que permiten a una persona entender lo que ocurre a su alrededor. Cuando un cuidador o familiar le repetía a un adulto mayor con demencia las instrucciones sobre distanciamiento, uso de mascarilla o lavado de manos, era como si le hablara por primera vez. Su capacidad para fijar información nueva en la memoria y luego evocarla estaba severamente limitada. El aislamiento, las mascarillas, el distanciamiento: conceptos que el resto de la población aprendió a integrar rápidamente se convertían en misterios recurrentes para ellos.

La consecuencia era predecible pero devastadora. Estos adultos mayores mostraban irritabilidad, descontrol de impulsos, frustración y una extrañeza persistente ante un mundo que parecía haber cambiado sin que ellos pudieran comprenderlo. No entendían por qué no podían salir, por qué sus familiares usaban máscaras, por qué las rutinas que habían seguido durante años se habían desmoronado. Olvidaban las instrucciones apenas las recibían. Y sin embargo, aunque su capacidad cognitiva para entender el contexto estaba comprometida, su capacidad emocional permanecía intacta. Estos adultos mayores podían percibir la atmósfera del hogar. Captaban el miedo, la preocupación, la angustia que sus propios familiares reflejaban ante la pandemia, incluso cuando no podían articular completamente lo que sentían ni transmitir sus propias inquietudes a quienes los cuidaban.

Ante este panorama, Salirrosas ofreció recomendaciones prácticas para los cuidadores y familiares. Lo primero era mantener el distanciamiento e higiene, pero siendo aún más cuidadosos con los adultos mayores diagnosticados con demencia, quienes no podían recordar ni comprender las medidas por sí solos. Lo segundo era rediseñar las rutinas diarias. Después de seis meses de confinamiento, la interacción fluida de estos adultos mayores con el mundo exterior se había cortado casi por completo. Era necesario establecer horarios claros para dormir, despertar, alimentarse. Se recomendaba estimular la actividad física dentro de las posibilidades de cada persona, al menos treinta minutos diarios.

La estimulación cognitiva también era crucial. Leer juntos, juegos de mesa, actividades que mantuvieran la mente activa durante el día podían ayudar a reducir la ansiedad y la desorientación. Los estímulos sensoriales positivos —música que les agradara, actividades artísticas realizadas en casa— ofrecían anclajes emocionales en un mundo que se sentía cada vez más incomprensible. Y quizá lo más importante: los cuidadores debían proteger a estos adultos mayores de la sobrecarga de noticias sobre el sufrimiento causado por la pandemia. Cada noticia sobre muertes, hospitalizaciones y crisis sanitarias que escuchaban reforzaba el miedo y la preocupación que ya percibían en el ambiente del hogar, sin que tuvieran la capacidad cognitiva para procesarla o contextualizarla adecuadamente.

Les resulta difícil entender el aislamiento, o por qué tiene que protegerse con mascarilla y lavarse las manos. Se olvidan fácilmente de las instrucciones recibidas.
— Cristopher Salirrosas, médico psiquiatra del Instituto Nacional de Salud Mental
Want the full story? Read the original at RPP ↗
Contact Us FAQ