Espínola llegó a la ganadería sin experiencia previa, asumiendo la dirección de la cabaña en 2020 cuando el ingeniero anterior se fue por razones familiares. Como única mujer liderando un equipo masculino en una actividad tradicional, enfrentó resistencia inicial pero logró ganarse el respeto y formar un equipo cohesionado.
Yesica Espínola: de agrónoma a cabañera, liderando un equipo en el campo chaqueño
De a poco me fui abriendo camino y haciendo mi lugar
¿Cómo termina una agrónoma que estudió cultivos regionales dirigiendo una cabaña ganadera en Chaco?
Fue una oportunidad que apareció en el momento justo. Conocía al dueño de la facultad, la pandemia cambió los planes, y el ingeniero que estaba a cargo se fue. Me propusieron hacerme cargo y decidí probar.
Pero eso es el comienzo. ¿Qué tan preparada estaba realmente para un trabajo que admite que desconocía?
Honestamente, no estaba preparada. Tenía la teoría de la universidad, pero la ganadería es otra cosa. Aprendí mientras trabajaba, todos los días.
¿Y el equipo? ¿Cómo fue llegar como mujer a liderar a seis hombres en un campo?
Fue un desafío importante. Algunos renegaban al principio de que los mandara una mujer. Pero de a poco me fui abriendo camino, ganándome el respeto.
¿Ganándose el respeto cómo? ¿Qué hizo específicamente para que cambiaran de opinión?
No lo sé exactamente. Creo que fue consistencia, estar todos los días, aprender rápido, tomar decisiones. Mis compañeros me ayudaron pese a la resistencia inicial.
¿Sigue siendo difícil?
No. Hoy somos un lindo equipo. Y me apasiona lo que hago. No me imagino abandonando esto.
Pero lleva apenas seis años en esto. ¿Qué pasa si las cosas cambian? ¿Si el mercado se complica o si la cabaña enfrenta dificultades?
No lo sé. Pero por ahora, mis próximos diez años están ligados a seguir formándome y creciendo en la actividad.
El Pulso
- Yesica Espínola, 34 años, ingeniera agrónoma de Misiones
- Asumió la dirección de la cabaña Braford El Cambio en Villa Ángela, Chaco, en invierno de 2020
- Lidera un equipo de seis hombres en un establecimiento de 75 hectáreas más otro campo de 90 hectáreas
- Llegó sin experiencia previa en ganadería, aprendiendo desde cero durante la pandemia
Espínola llegó a la ganadería sin experiencia previa, asumiendo la dirección de la cabaña en 2020 cuando el ingeniero anterior se fue por razones familiares. Como única mujer liderando un equipo masculino en una actividad tradicional, enfrentó resistencia inicial pero logró ganarse el respeto y formar un equipo cohesionado.
Yesica Espínola, ingeniera agrónoma de 34 años, dirige la cabaña Braford El Cambio en Villa Ángela, Chaco, liderando un equipo de seis hombres tras aprender ganadería desde cero durante la pandemia.
Valentina descansa sobre una cama improvisada en el galpón de la Sociedad Rural de Chaco, rodeada del movimiento de la Nacional Primavera Braford. Yesica Espínola se detiene frente a la vaquillona, la acaricia, la observa. La conoce desde que nació en su cabaña. Ahora la acompaña en esta exposición, como acompaña todo lo que sucede en el establecimiento: con atención minuciosa y una dedicación que no descansa.
Espínola tiene 34 años. Nació en Oberá, Misiones, se crió en Eldorado, estudió agronomía en Corrientes. Hoy dirige la cabaña Braford El Cambio en Villa Ángela, Chaco, al frente de un equipo de seis personas, todos hombres. Llegó hasta allí por un camino que, cuando comenzó, poco tenía que ver con la ganadería. Su padre es transportista, su madre docente. Su primer contacto con la producción agraria fue en la adolescencia, en una escuela agrotécnica de Misiones, donde se acercó a los cultivos regionales: yerba, té, caña de azúcar. La universidad y después la vida profesional la llevaron hacia otros rumbos, hasta que en el invierno de 2020 recibió un llamado que cambiaría todo.
Hernán Halavacs, dueño del establecimiento, era conocido suyo de la facultad. Habían compartido actividades en el centro de estudiantes. Cuando Espínola terminó su tesis y su pasantía en la Universidad Nacional del Nordeste, Halavacs le propuso incorporarse a la cabaña. Hasta entonces había trabajado con él en una consultora. Pero la pandemia reconfiguró los planes. El ingeniero que estaba a cargo del campo regresó a Corrientes por cuestiones familiares. Apareció entonces una propuesta que implicaba asumir una responsabilidad completamente nueva: hacerse cargo de la cabaña. No fue simplemente cambiar de trabajo. Fue empezar a aprender desde cero.
La inscripción de los animales, las inspecciones, el funcionamiento integral de una cabaña pasaron a formar parte de su día a día. "Desde ese momento todos los días sigo capacitándome y aprendiendo un poco más", explica. Su llegada no fue fácil. Tenía los conocimientos de la universidad, pero la experiencia específica en ganadería era otra historia. "Fue difícil en un principio, un gran desafío tanto personal como profesional, sobre todo porque no tenía ni idea de ganadería. Era lo básico y lo mínimo que se daba en la facultad", reconoce. Al reto de aprender un oficio que prácticamente desconocía se sumó otro: ganarse un lugar frente a un equipo de hombres en una actividad donde algunos al principio se resistían a recibir órdenes de una mujer. "Ese fue un desafío muy importante que de a poco me fui abriendo camino y haciendo mi lugar también. Me dieron la posibilidad de crecer, de formarme. Mis compañeros me ayudaron pese a que algunos renegaban de que los mandaba y los ordenaba una mujer y hoy somos un lindo equipo".
Hoy vive en el campo. Su rutina comienza temprano y no se detiene los fines de semana. Los animales necesitan atención todos los días. La cabaña ocupa 75 hectáreas, y hay otro campo de 90 hectáreas ubicado a tres kilómetros, donde están distribuidos los lotes de madres, donantes y animales de primera aparición y segundo servicio. En época de pariciones, el trabajo se vuelve todavía más intenso. Las vaquillonas que tienen su primera cría necesitan especial atención. El equipo se divide y cada integrante sabe qué lote debe recorrer. La recorrida implica observar cada detalle: si una vaca está por parir, si ya lo hizo, si el ternero mamó y cómo está el ombligo. Después llegan las curaciones y las atenciones necesarias. Es un trabajo silencioso, cotidiano y muy lejos de la imagen de una exposición ganadera, pero fundamental para que esos animales lleguen después a competir.
La cabaña El Cambio ya ha conseguido varios premios. En Margarita Belén llevó tres conjuntos de hembras y tres bozaleros, una hembra y dos machos. Entre los animales está Valentina, la vaquillona que ahora descansa en el galpón mientras Espínola la acaricia. La exposición representa para ella una oportunidad de seguir aprendiendo. Después de aquel comienzo marcado por la incertidumbre, la ganadería terminó convirtiéndose en una actividad que ya no imagina abandonar. "De acá a 10 años, espero seguir en esto. La verdad es que, pese a que era un desafío importante y que era algo que no sabía si iba a funcionar, si me iba a gustar, hoy en día me apasiona". Sus próximos años están ligados a la capacitación y a seguir creciendo dentro de la actividad. Detrás de ese recorrido también están sus padres, que cuando surgió la posibilidad de irse a Chaco le preguntaron si estaba segura. Ella decidió probar. Desde entonces, siguieron de cerca cada paso de su carrera.
Citas Notables
Fue difícil en un principio, un gran desafío tanto personal como profesional, sobre todo porque no tenía ni idea de ganadería— Yesica Espínola
Hoy en día me apasiona. De acá a 10 años, espero seguir en esto— Yesica Espínola