En Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal Kevin Warsh pronunció su advertencia más contundente desde que asumió el cargo: la inflación no cede, y la Fed podría verse obligada a subir las tasas en septiembre. Su mensaje, deliberadamente cauteloso en forma pero inequívoco en fondo, coloca a la institución ante una encrucijada donde la credibilidad y la acción se entrelazan con las expectativas de millones de hogares y mercados globales.
Warsh intensifica presión para alza de tasas en septiembre en Jackson Hole
La inflación no volverá necesariamente al 2% por inercia
¿Por qué Warsh está siendo tan cuidadoso con sus palabras si realmente cree que las tasas deben subir en septiembre?
Porque aprendió de sus predecesores que las señales claras sobre los próximos pasos pueden encasillar a la Fed en una trayectoria. Quiere mantener flexibilidad. Pero sus comentarios sobre la falta de evidencia de desaceleración inflacionaria son lo suficientemente fuertes como para que los mercados lean entre líneas.
Espera, ¿entonces está diciendo que la inflación no está mejorando, pero no está diciendo explícitamente que subirá las tasas? ¿No es eso un poco ambiguo?
Sí, pero es ambigüedad estratégica. Dice que esperaba ver evidencia de mejora en julio y que no la vio. Eso es bastante cercano a decir que las condiciones para una subida están presentes.
Pero ¿qué tan sólida es esa lógica? ¿Hay otros funcionarios de la Fed que disienten?
Tres miembros votaron por subir las tasas en julio, así que hay división. Pero Warsh está claramente en el lado más agresivo.
¿Y si la IA realmente despega como él sugiere? ¿Eso cambiaría todo?
Potencialmente sí. Si la IA impulsa la productividad sin inflación, la Fed tendría menos razón para subir tasas. Pero Rogoff tiene un punto: si realmente acelera el crecimiento, lo normal sería que los precios suban.
Entonces estamos en un escenario donde nadie realmente sabe qué hará la IA, pero Warsh está construyendo su caso para septiembre de todas formas.
Exactamente. Y si la inflación no baja y no sube las tasas, pierde credibilidad.
¿Qué tan probable es que las hipotecas se encarezcan si suben las tasas?
Eso es lo interesante: probablemente no mucho, según lo que sugieren los mercados de bonos. Los inversores confían en que la Fed lo controlará.
Lo cual es un voto de confianza, pero también significa que los consumidores podrían no sentir el impacto inmediato de una subida de tasas.
Le Pouls
- Warsh llegó a Jackson Hole sin comprometerse con fechas, pero dejando claro que la evidencia de moderación inflacionaria que esperaba en julio simplemente no apareció.
- Más de la mitad de los bienes y servicios monitoreados por el gobierno suben a tasas del 3% o más al año, una señal de que la inflación es amplia y persistente, no un fenómeno aislado.
- Economistas como Adam Posen advierten que Warsh ha creado su propia trampa: si no sube las tasas en septiembre, su credibilidad como guardián de la estabilidad de precios quedará en entredicho.
- A pesar de la presión, las tasas hipotecarias a largo plazo apenas se movieron tras el discurso, lo que sugiere que los mercados confían en que la Fed tiene la inflación bajo control.
- La conferencia también reveló que las tensiones sobre la independencia de la Fed persisten, con la gobernadora Lisa Cook asistiendo días después de que sus abogados argumentaran en tribunales su derecho a permanecer en el cargo.
En Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal Kevin Warsh pronunció su advertencia más contundente desde que asumió el cargo: la inflación no cede, y la Fed podría verse obligada a subir las tasas en septiembre. Su mensaje, deliberadamente cauteloso en forma pero inequívoco en fondo, coloca a la institución ante una encrucijada donde la credibilidad y la acción se entrelazan con las expectativas de millones de hogares y mercados globales.
Kevin Warsh llegó a Jackson Hole el viernes con un mensaje que, aunque cuidadosamente formulado, resultaba difícil de malinterpretar: la inflación no está cediendo, y la Reserva Federal podría necesitar actuar en septiembre. En su intervención más extensa desde que asumió la presidencia de la Fed a finales de mayo, evitó comprometerse con fechas concretas —una táctica deliberada que marca distancia con sus predecesores— pero dejó en claro que la evidencia de moderación que esperaba ver en julio simplemente no ha llegado.
Lo que Warsh encontró en cambio es una inflación amplia y obstinada. Más de la mitad de los bienes y servicios que monitorea el gobierno registran incrementos anuales del 3% o más, muy por encima del promedio histórico previo a la pandemia. Incluso con la leve caída en los precios de la gasolina, la inflación subyacente no ha mostrado la mejora significativa que la Fed esperaba. Su conclusión fue inquietante: la inflación no desaparecerá sola ni regresará al objetivo del 2% sin intervención.
Esta postura ha intensificado las expectativas de un alza en septiembre, siempre que los datos de precios previos a la reunión no traigan una sorpresa positiva. Adam Posen, del Instituto Peterson de Economía Internacional, resumió el dilema que Warsh se ha creado: si la inflación sigue elevada y la Fed no actúa, su credibilidad quedará comprometida. Sin embargo, lo que no está claro es si un alza de tasas encarecería realmente los préstamos al consumidor. Las tasas a largo plazo, incluidas las hipotecarias, apenas se movieron tras el discurso, señal de que los inversores confían en que la Fed tiene la situación bajo control. La tasa promedio de una hipoteca fija a 30 años ronda el 6,66%, prácticamente igual que hace un año.
Gran parte del discurso de Warsh apostó por la inteligencia artificial como solución estructural a largo plazo, argumentando que podría impulsar la eficiencia económica y permitir un crecimiento sin presiones inflacionarias adicionales. No todos compartieron ese optimismo: el economista de Harvard Kenneth Rogoff advirtió que la idea de que la IA lo resolverá todo es exagerada, y que un crecimiento impulsado por la tecnología típicamente encarece el dinero, no lo abarata.
La conferencia también reveló que las tensiones sobre la independencia de la Fed no han desaparecido del todo. La gobernadora Lisa Cook asistió apenas días después de que su equipo legal argumentara en tribunales que el gobierno carece de fundamento para apartarla, en un caso que llegó hasta la Corte Suprema. Aunque el temor generalizado de hace un año sobre posibles destituciones parece haberse disipado, la sombra de la interferencia política sigue presente en los pasillos de Jackson Hole.
Kevin Warsh llegó a Jackson Hole el viernes con un mensaje claro: la inflación no está cediendo, y la Reserva Federal podría necesitar actuar en septiembre. En su intervención más detallada desde que asumió la presidencia de la Fed a finales de mayo, Warsh evitó comprometerse con una fecha específica para un aumento de tasas, una táctica deliberada que rechaza el enfoque de sus predecesores. Pero entre líneas, el mensaje era inequívoco. Había dicho que él y otros funcionarios de la Fed decidieron esperar en julio para ver si aparecería evidencia clara de que la inflación estaba moderándose. Esa evidencia, afirmó, simplemente no ha llegado.
Lo que Warsh encontró en cambio es una inflación generalizada y obstinada. Más de la mitad de los bienes y servicios que monitorea el gobierno están subiendo a tasas anuales del 3% o superior, una cifra que supera significativamente el promedio histórico. Antes de la pandemia, solo alrededor de un tercio de los artículos experimentaba aumentos de ese calibre. Incluso con la ligera caída en los precios de la gasolina, la inflación subyacente no ha mostrado lo que Warsh llamó una "mejora significativa". Su conclusión fue más inquietante aún: la inflación no volverá necesariamente al objetivo del 2% por sí sola. No es un problema que simplemente desaparecerá con el tiempo.
Esta postura ha intensificado las expectativas de que la Fed subirá las tasas cuando se reúna a mediados de septiembre, siempre que los datos de precios que se publiquen días antes no muestren una sorpresa positiva. Adam Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional, capturó el dilema en el que Warsh se ha colocado: "Básicamente, te estás poniendo en una posición en la que, si no subes las tasas en septiembre, la gente se preguntará qué está pasando". Si la inflación permanece elevada y la Fed no actúa, la credibilidad de Warsh en la lucha contra los precios podría sufrir un golpe.
Lo que no está claro es si un aumento de tasas en septiembre encarecería realmente los préstamos para los consumidores. Cuando la Reserva Federal sube su tasa de referencia, típicamente eso se filtra hacia las hipotecas, los préstamos para autos y las tarjetas de crédito. Pero las tasas de interés a largo plazo, incluidas las de los bonos del Tesoro a 10 años que influyen directamente en las hipotecas, apenas se movieron después de que Warsh hablara. Los analistas interpretan esto como una señal de que los inversores confían en que la Fed controlará la inflación. Si no lo creyeran, habrían presionado esas tasas largas al alza. En la actualidad, la tasa promedio de una hipoteca fija a 30 años ronda el 6,66%, según Freddie Mac, apenas por encima de hace un año.
Gran parte del discurso de Warsh se centró en la inteligencia artificial como una posible solución a largo plazo. Argumentó que la IA podría impulsar significativamente la eficiencia económica, permitiendo que el país crezca sin generar presiones inflacionarias adicionales. "Hemos llegado a un punto de inflexión en la historia", declaró, sugiriendo que el potencial de un crecimiento sustancialmente mayor está aumentando. Pero no todos en Jackson Hole compartían ese optimismo. Kenneth Rogoff, economista de Harvard y ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, fue más escéptico durante un almuerzo el viernes, advirtiendo que la noción de que la IA lo resolverá todo es exagerada. Si la IA realmente dispara el crecimiento, lo típico sería un encarecimiento del dinero, algo que ocurre naturalmente en una economía fuerte.
La conferencia también reveló que las preocupaciones sobre la independencia de la Reserva Federal persisten, aunque con menor intensidad que hace un año. Hace doce meses, Jerome Powell fue recibido con una ovación de pie antes incluso de hablar, en un momento en que el presidente Donald Trump lo criticaba agresivamente por no recortar las tasas lo suficientemente rápido. Trump intentó destituir a la gobernadora Lisa Cook en un esfuerzo por asegurar la mayoría en la junta de gobernadores. Cook recurrió a los tribunales y la Corte Suprema determinó en junio que podía permanecer en su puesto mientras se resolvía el caso. Esta año, Cook asistió a la conferencia apenas días después de que su equipo legal argumentara que el gobierno carece de fundamento legal para apartarla. Aunque Rogoff expresó preocupación por la autonomía de la Fed durante su intervención, el temor generalizado de hace un año sobre posibles destituciones de presidentes regionales parece haberse disipado, al menos por ahora.
Citations marquantes
Básicamente, te estás poniendo en una posición en la que, si no subes las tasas en septiembre, la gente se preguntará qué está pasando— Adam Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional
Hemos llegado a un punto de inflexión en la historia. El potencial de alcanzar un crecimiento sustancialmente mayor va en aumento— Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal