Wall Street: la estrategia que nunca perdió en más de 100 años, ni siquiera en crisis

Incluso en el peor momento posible, el tiempo fue aliado.
Reflexión sobre cómo los inversores que compraron en los picos de crisis aún ganaron dinero a largo plazo.
Mark

¿Cómo es posible que el S&P 500 nunca haya perdido dinero en períodos de veinte años? ¿No debería haber al menos una década donde todo se derrumbó?

Mimi

Es una pregunta justa. Lo que el análisis muestra es que incluso después de las peores caídas —2008, 2000, 1987— el tiempo suficiente siempre permitió recuperación. Veinte años es un horizonte largo.

Luke

Pero hay que ser cuidadoso aquí. Eso es cierto si empezaste en ciertos años. Si empezaste en 1929, por ejemplo, tardaste más de veinte años en recuperarte. El análisis de Crestmont comienza en 1919, así que está eligiendo su punto de partida.

Mark

Entonces, ¿el dato es engañoso?

Luke

No engañoso, pero incompleto. Es verdad que desde 1919 todos los períodos de veinte años ganaron. Pero eso no significa que cualquier inversor en cualquier momento haya ganado en veinte años.

Mimi

Lo que sí es cierto es que la paciencia ha sido recompensada históricamente. Diez mil dólares en 2000 se convirtieron en ochenta y cuatro mil. Eso es verificable.

Mark

¿Y qué pasa con alguien que invirtió en 2007, justo antes del crash?

Mimi

Ganó el 109 por ciento en diez años. Incluso en el peor momento posible, el tiempo funcionó.

Luke

Pero eso asume que la persona no necesitaba el dinero durante esos diez años. Si necesitabas liquidez en 2009, estabas en problemas.

Mark

Entonces el verdadero consejo es: invierte en empresas sólidas y no toques nada durante décadas.

Mimi

Exactamente. Y no en cualquier empresa. Las crisis destruyen a las débiles. Tienes que elegir bien.

Luke

Y eso es lo difícil. Elegir bien requiere análisis, no solo paciencia.

  • Cada crisis —desde el crack del 29 hasta el colapso pandémico de 2020— ha tentado a los inversores a abandonar el mercado justo antes de que comenzara la recuperación.
  • Los datos de Crestmont Research revelan que ningún período de veinte años en el S&P 500 ha terminado en pérdidas desde 1919, lo que convierte el pánico en el mayor enemigo del inversor.
  • Diez mil dólares invertidos en el peor momento posible —enero de 2000, en plena euforia tecnológica— se transformaron en ochenta y cuatro mil quinientos dólares veintiséis años después, un retorno del 745%.
  • Las correcciones y los mercados bajistas no son el fin del camino: históricamente, el índice ha rebotado con retornos medianos de entre el 16% y el 17% en el año siguiente a cada caída.
  • La estrategia tiene un talón de Aquiles: no todas las empresas sobreviven a las crisis, y elegir mal puede convertir la paciencia en una espera inútil frente a compañías que nunca se recuperan.

Desde 1919, cada período de veinte años en el S&P 500 ha cerrado con ganancias, sin excepción alguna. Este patrón centenario sugiere que el tiempo en el mercado no es una apuesta, sino una de las pocas constantes que la historia financiera ha validado una y otra vez. La paciencia, combinada con la elección de empresas capaces de sobrevivir las tormentas, parece ser la forma más silenciosa y poderosa de construir riqueza.

Hay un patrón que Wall Street repite desde hace más de un siglo: según Crestmont Research, cada período de veinte años en el S&P 500 desde 1919 ha cerrado con retornos positivos, sin excepciones. Ni las guerras, ni las burbujas, ni las pandemias lograron romper esa racha cuando se mide con el horizonte correcto.

La cifra más elocuente es también la más simple. Un inversor que hubiera puesto diez mil dólares en un fondo indexado al S&P 500 en enero de 2000 —justo antes del estallido de la burbuja tecnológica— y no hubiera tocado nada, habría acumulado aproximadamente ochenta y cuatro mil quinientos dólares. Un retorno del 745% en veintiséis años de pura paciencia.

La historia de las correcciones refuerza el argumento. Desde 1985, el índice sufrió diecinueve correcciones y cinco mercados bajistas completos. Pero tras cada caída, el rebote mediano en los doce meses siguientes fue del 16% después de una corrección y del 17% después de un bear market. Incluso quien invirtió en el pico exacto de octubre de 2007, antes del colapso financiero global, acumuló un retorno del 109% en la década siguiente.

Sin embargo, la estrategia exige una condición que no puede ignorarse: importa profundamente qué se compra. Las crisis no son democráticas —destruyen empresas con balances frágiles y favorecen a las que tienen negocios sólidos y capacidad de atravesar ciclos sin quebrarse. El S&P 500 ha ganado durante más de cien años, pero no todas las compañías dentro de él han sobrevivido. La diferencia entre el éxito y el fracaso está en saber distinguir unas de otras.

Hay un patrón que se repite en Wall Street desde hace más de un siglo. Según un análisis de Crestmont Research, cada período de veinte años en el S&P 500 desde 1919 ha cerrado con retornos positivos. Sin excepciones. Ni siquiera durante los desplomes más severos que han sacudido los mercados globales.

Esta observación adquiere peso cuando se la traduce a dinero real. Un inversor que hubiera depositado diez mil dólares en un fondo indexado al S&P 500 en enero de 2000 —justo antes de que estallara la burbuja tecnológica— y simplemente hubiera dejado el dinero ahí, sin tocar nada, habría visto cómo esa inversión se transformaba en aproximadamente ochenta y cuatro mil quinientos dólares. Un retorno total del 745 por ciento. Veintiséis años de paciencia convirtieron una suma modesta en una fortuna.

Los números históricos refuerzan el mensaje. Desde 1985, el índice ha experimentado diecinueve correcciones —caídas del diez por ciento o más— y cinco mercados bajistas completos. Eso significa, en promedio, una corrección cada dos años y un bear market cada ocho. Pero aquí está lo que cambia la ecuación: después de entrar en territorio de corrección, el índice ha registrado un retorno mediano del dieciséis por ciento en los doce meses siguientes. Después de un mercado bajista, ese retorno mediano fue del diecisiete por ciento. Las caídas, en otras palabras, han sido seguidas consistentemente por recuperaciones.

Incluso los peores momentos imaginables no atrapan al inversor paciente. Alguien que invirtió el nueve de octubre de 2007 —el pico exacto antes de que la crisis financiera global desatara el caos— acumuló un retorno del 109 por ciento durante los diez años siguientes. Una inversión realizada el diecinueve de febrero de 2020, apenas antes de que el coronavirus cerrara los mercados, generó un rendimiento del veinticinco por ciento en el año posterior. Incluso en el peor momento posible, el tiempo fue aliado.

Pero la estrategia tiene una condición que no puede ignorarse. No alcanza simplemente con permanecer invertido; también importa profundamente qué se compra. Las crisis no son democráticas. Destruyen compañías con ingresos débiles, ventajas competitivas frágiles o problemas financieros graves. Mientras tanto, favorecen a las empresas con balances sólidos, negocios rentables y la capacidad de atravesar ciclos económicos sin quebrarse. Por eso la diversificación y la selección cuidadosa de empresas resilientes no son detalles secundarios; son el fundamento sobre el cual descansa toda la estrategia. El S&P 500 ha ganado durante más de cien años, pero no todas las compañías dentro de él han sobrevivido. La diferencia entre el éxito y el fracaso está en saber cuál es cuál.

Las crisis pueden destruir compañías con ingresos débiles, ventajas competitivas poco sostenibles o problemas financieros
— Análisis de Crestmont Research
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