Atid no es migrante económica; trabajó en Emiratos y Qatar, pero rechaza Marruecos por su mentalidad patriarcal y restricciones religiosas sobre las mujeres. Abandonó su hogar familiar tras negarse a usar hiyab y dedicarse a labores domésticas; aprendió idiomas y viajó por Oriente Próximo buscando oportunidades.
Wafae Atid rechaza Marruecos por ideología, no por pobreza: "Quiero libertad"
Quiero estar en un país que me respete. Con libertad.
¿Por qué arriesgar la vida nadando si ya había viajado a otros países trabajando?
Porque en esos otros países—Emiratos, Qatar—siempre necesitaba un visado para quedarse. Y los visados hacia Europa eran imposibles de conseguir. Ceuta fue la única puerta que vio abierta.
Pero dice que no es pobre. ¿Entonces qué la diferencia de otros migrantes?
Que ella no huye del hambre. Huye de una mentalidad que la rechaza por ser mujer, por no ser religiosa, por querer vivir de otra manera. Es una migración ideológica, no económica.
¿Y su familia? ¿Intentó quedarse con ellos?
Volvió a intentarlo en algún momento, pero su madre seguía esperando que ella se pusiera el hiyab, que aceptara el rol que le habían asignado. Dice que sus mentalidades están demasiado alejadas. No hay puente posible.
¿Qué la asusta más ahora, en Ceuta?
El acoso sexual. Duerme en alerta constante sobre una colchoneta en la carretera. Y tiene miedo de que si se va a un centro de acogida para mujeres, la deporten. Así que se queda donde está, estudiando español, esperando.
¿Cree que Barcelona es diferente?
No lo sabe. Pero sabe que en Marruecos no puede ser ella misma. En Barcelona, al menos, tiene la posibilidad de intentarlo. Eso es lo que busca: la posibilidad.
The Pulse
- Wafae Atid, 28 años, entró a nado a Ceuta en una entrada masiva de migrantes
- Trabajó como recepcionista en Emiratos Árabes y Qatar; no es migrante económica
- Abandonó su hogar familiar al negarse a usar hiyab y dedicarse a labores domésticas
- Durmió más de dos semanas sobre una colchoneta en la carretera del CETI de Ceuta
- Rechaza Marruecos por su mentalidad patriarcal y restricciones religiosas, no por pobreza
Atid no es migrante económica; trabajó en Emiratos y Qatar, pero rechaza Marruecos por su mentalidad patriarcal y restricciones religiosas sobre las mujeres. Abandonó su hogar familiar tras negarse a usar hiyab y dedicarse a labores domésticas; aprendió idiomas y viajó por Oriente Próximo buscando oportunidades.
Wafae Atid, una mujer de 28 años que entró a nado en Ceuta, rechaza volver a Marruecos por motivos ideológicos y de libertad personal, no económicos, tras huir de restricciones religiosas y de género.
Wafae Atid llegó a Ceuta nadando, pero no huía de la pobreza. A los 28 años, esta mujer marroquí había trabajado como recepcionista en Emiratos Árabes y Qatar, había viajado por varios países, había aprendido inglés y francés. Lo que la impulsó a arriesgar su vida en el mar fue algo más profundo: el rechazo a una mentalidad que, según ella, mantiene a las mujeres subordinadas a los hombres.
Creció en Taza, una región cercana al Rif. Sus padres son musulmanes practicantes y querían que ella siguiera ese camino: que abandonara la escuela después de cinco años, que se pusiera el hiyab, que se dedicara a las tareas del hogar. Ella se negó. "Acaban con tus sueños, preferí irme lejos", contó cuando un reportero de El País la encontró durmiendo sobre una colchoneta hinchable en la carretera junto al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta. Cortó la relación con su familia y se buscó la vida en empleos que le permitieron viajar y estudiar idiomas, pero cada vez que intentaba establecerse en otro país—en Emiratos, en Qatar—se topaba con barreras. Los visados exigían documentación exhaustiva, salarios específicos, requisitos que sabía que los gobiernos imponían precisamente para evitar que ciudadanos de países magrebíes llegaran a Europa.
En la entrada masiva a Ceuta de hace semanas, Wafae vio una oportunidad. "Arriesgué mi vida para ir de Marruecos a Ceuta porque había intentado muchas veces conseguir un visado", explicó. No era desesperación económica. Era la búsqueda de un lugar donde pudiera vivir sin las restricciones que sentía como sofocantes. "No soy pobre, pero tampoco soy rica; estoy en un punto intermedio", aclaró en una entrevista posterior. "Algunas personas huyen por la mentalidad, por las reglas, por muchas otras cosas."
Mientras esperaba en la carretera una oportunidad para trasladarse a la Península, Wafae estudiaba español con una aplicación móvil, anotando frases en una libreta que no soltaba. "Quiero ir a Barcelona", decía. Alrededor suyo, decenas de migrantes dormían en condiciones de insalubridad. Ella llevaba más de dos semanas sobre la colchoneta, rodeada de bolsas con donaciones de mantas y ropa que le daban los vecinos ceutíes. Comía en la playa de El Trampolín, donde Cruz Roja repartía un picnic diario. Se aseaba en las duchas de la playa. La Policía Nacional custodiaba el lugar día y noche, separando a los hombres al otro lado de la carretera.
"No duermo bien, estás siempre en alerta", contó. Tenía miedo de ser acosada sexualmente, pero se resistía a abandonar ese lugar para ir a un centro de acogida para mujeres. El temor a ser deportada la mantenía pegada a la carretera, a la colchoneta, a la espera.
Cuando los reporteros volvieron para hablar con ella de nuevo, Wafae fue clara sobre sus razones. "No huyo de Marruecos porque sea pobre o porque no tenga dinero. Quiero dejar Marruecos porque no soy musulmana y no me gusta la mentalidad, no me siento a gusto allí." Hizo hincapié en que el sistema marroquí no permitía a sus ciudadanos desenvolverse con total libertad, ni siquiera para hacer deporte. Después de recibir críticas en redes sociales por las fotos de sus viajes en Facebook e Instagram—evidencia de que no era una migrante económica—Wafae insistió por teléfono: "Quiero estar en un país que me respete. Con libertad."
La relación con su familia seguía rota. Intentó retomar el contacto después de volver a Marruecos en algún momento, pero su madre seguía esperando que ella adoptara la vida que le había sido impuesta. "Tenemos mentalidades muy diferentes. No me resulta fácil intentar mantener una cercanía emocional con mi familia; nuestras mentalidades están muy alejadas", relató. En uno de los vídeos grabados, mientras hablaba de no querer volver, rompió a llorar. En otro, más tarde, fue más resuelta: "Llevaré mi bandera de Marruecos a todas partes y, si estoy en España, ondearé dos banderas: la de España y la de Marruecos; porque en Marruecos tenemos dos mentalidades diferentes."
El jueves pasado, el Gobierno desalojó la playa de El Trampolín y reubicó a los migrantes en centros de acogida, veinte días después de la entrada masiva. Wafae seguía esperando, estudiando español, rechazando volver a un país cuya mentalidad, según ella, no dejaba espacio para mujeres como ella.
Notable Quotes
No huyo de Marruecos porque sea pobre o porque no tenga dinero. Quiero dejar Marruecos porque no soy musulmana y no me gusta la mentalidad, no me siento a gusto allí.— Wafae Atid
Algunas personas huyen por la mentalidad, por las reglas, por muchas otras cosas.— Wafae Atid