Villarreal, la revolución infinita del fútbol español

Si lo expones se va a desarrollar. Nosotros antes no nos atrevíamos.
El director deportivo explica el cambio táctico radical que Iñigo Pérez impulsa en el Villarreal.
Mark

¿Por qué un club de un pueblo de 50.000 habitantes puede competir con el Real Madrid y el Barcelona?

Mimi

Porque no intenta competir con ellos de la misma manera. El Villarreal no puede gastar como ellos, así que construyó un sistema que genera sus propios jugadores y los vende cuando alcanzan valor de mercado. Eso genera dinero que reinvierte en infraestructura.

Luke

Pero eso solo funciona si vende bien. ¿Qué pasa si Jackson o Chukwueze no hubieran tenido éxito en el mercado? ¿El modelo se colapsa?

Mark

¿Qué es lo que cambia ahora con Iñigo Pérez?

Mimi

Durante diez años, el Villarreal jugó defensivo. Bloques medio-bajos, estructuras tradicionales. Ahora Pérez quiere presión alta, bloques altos, exponer a los jugadores jóvenes a situaciones de máximo riesgo para que se desarrollen más rápido.

Luke

¿Y eso funciona? El artículo dice que en las primeras jornadas encajaron goles con facilidad.

Mark

¿Cuál es el riesgo de este cambio?

Mimi

Que pierdes control defensivo. Si presionas alto y fallas, el rival te ataca la espalda. Es lo opuesto a lo que el Villarreal hacía bien.

Luke

Pero las estadísticas recientes sugieren que se está ajustando. Está en el top cuatro europeo en presión. Eso es verificable. Lo que no sabemos es si eso se sostiene contra equipos como el Real Madrid.

Mark

¿Por qué el propietario y el consejero delegado están en los entrenamientos todos los días?

Mimi

Porque lo ven como una familia. Quieren que los jugadores sientan esa proximidad, esa confianza. Dicen que cualquier problema se resuelve de inmediato.

Luke

Eso suena bien en teoría. Pero ¿hay evidencia de que eso mejora el rendimiento? ¿O es solo una filosofía corporativa que suena bien?

  • El Villarreal abandona una década de bloques defensivos para adoptar una presión alta que lo sitúa entre los cuatro equipos europeos que más someten al rival, junto al Bayern, el Barcelona y el PSG.
  • El cambio generó vulnerabilidad inmediata: en las primeras jornadas de Liga, el equipo encajó goles con una facilidad que encendió las alarmas sobre la viabilidad del nuevo sistema.
  • Iñigo Pérez ha ajustado el modelo con rapidez, y las estadísticas de Opta revelan que el Villarreal es el segundo equipo de LaLiga que menos permite circular el balón al rival, solo por detrás del Barcelona.
  • Jóvenes canteranos como Joselillo Gaitán, Carlos Maciá y Nizar el-Jimili son el eje del experimento: exponerlos al máximo nivel es, según la dirección deportiva, la única forma real de desarrollarlos.
  • Este sábado, el equipo visita el Bernabéu con la instrucción explícita de atacar sin especular, convirtiendo el estadio más exigente del mundo en el laboratorio de su revolución táctica.

En la ciudad de Castellón, un club de fútbol construido sobre la paciencia y la pedagogía enfrenta su propia reinvención: el Villarreal, que durante años convirtió la prudencia táctica en virtud, ahora abraza la agresividad como filosofía bajo la guía de Iñigo Pérez. Es la paradoja de una institución que sobrevivió formando jugadores para venderlos y que ahora apuesta por exponerlos, por arriesgarlos, como única vía hacia una identidad más ambiciosa. La visita al Bernabéu no es solo un partido; es la primera gran prueba de que un modelo puede transformarse sin perder su alma.

Pau Navarro tiene 21 años y habla de sí mismo con la frialdad de quien analiza a un rival. Recuerda el partido en que marcó a Vinicius: lo controló casi todo el encuentro, hasta que en una acción por la banda el brasileño le sacó ventaja y generó el gol. Es esa capacidad de autocrítica la que define a los jugadores formados en la cantera del Villarreal, el último gran proyecto de un club que nunca pareció destinado a existir en Primera División.

Enclavado en una ciudad de 50.000 habitantes, el Villarreal ha construido su identidad sobre un principio simple pero exigente: no puede competir en el mercado de fichajes, así que debe fabricar sus propios jugadores. En seis temporadas, las ventas de canteranos como Jackson, Chukwueze, Pau Torres o Filip Jorgensen generaron 83 millones de euros en plusvalías, dinero que se reinvirtió en terminar el estadio de La Cerámica y ampliar la ciudad deportiva. El modelo no es una elección estética; es una necesidad estructural.

La ciudad deportiva alberga casi cien jóvenes de toda España y del mundo, y más de 450 empleados. El propietario Fernando Roig y su hijo, el consejero delegado, asisten habitualmente a los entrenamientos del primer equipo. El director deportivo Miguel Ángel Tena lo describe como una lógica familiar: la proximidad genera confianza, y la confianza genera compromiso.

Pero el club está en medio de una transformación profunda. Tras una década de estructuras defensivas bajo Unai Emery y Marcelino, el nuevo entrenador Iñigo Pérez ha impuesto un giro radical: bloques altos, presión intensa, juego ofensivo. El objetivo es doble: acelerar el desarrollo de los jóvenes canteranos exponiéndolos al máximo nivel, y reproducir el fútbol dinámico que el Rayo Vallecano mostró la temporada anterior bajo su dirección.

El cambio tuvo un coste inicial: el equipo encajó con facilidad en las primeras jornadas. Pero Pérez ajustó el sistema, y los datos de Opta sitúan ahora al Villarreal como el segundo equipo de LaLiga que menos permite al rival circular el balón. Este sábado visita el Bernabéu con una consigna clara: atacar sin especular. Para Pérez, ese escenario de máxima dificultad es precisamente el más adecuado para validar que la revolución ya no es un experimento, sino un modelo consolidado.

Pau Navarro tiene 21 años y habla de sí mismo como si estuviera diseccionando a un rival. Bajo el alero del campo del Villarreal B, con los brazos cruzados y una ironía que no necesita sonrisas, recuerda el partido en el que enfrentó a Vinicius. "No se me fue nunca. Lo sequé", dice. "Hasta que se me fue una vez por afuera, metió el pase desde la línea de fondo y nos metieron gol". Es la clase de autocrítica que define a los jugadores que salen de esta cantera: la capacidad de verse con claridad, de entender dónde fallaron, de aprender. Navarro es la última perla que se asienta en el primer equipo del Villarreal, fiel representante del sueño que José Manuel Llaneza ideó hace años: crear una academia de fútbol única, enraizada en un pueblo de Castellón de la Plana que nunca pareció destinado a tener un equipo en Primera División.

El Villarreal es un caso singular en el fútbol español. Enclavado en una ciudad de 50.000 habitantes, el club se ha convertido en referencia gracias al impulso de Fernando Roig, su propietario y presidente. Lo que lo distingue no es el dinero que gasta, sino cómo lo gasta. En las últimas seis temporadas, según Transfermarkt, el club registra un balance positivo de 83 millones de euros en el cómputo de gastos e ingresos en el mercado de fichajes. Las ventas de canteranos como Jackson, Chukwueze, Pau Torres, Baena, Yéremy Pino y Filip Jorgensen generaron plusvalías cercanas al 100%. Ochenta millones de esos beneficios se destinaron a terminar el estadio de La Cerámica y a ampliar las instalaciones de la ciudad deportiva. Es un modelo que funciona porque no tiene otra opción: no puede competir con el Atlético, el Barcelona o el Madrid en el mercado de fichajes. Tiene que generar sus propios jugadores o desaparecer.

La ciudad deportiva es un hervidero. Casi cien chicos de Castellón, del resto de España y de medio mundo conviven en las residencias. Cuatrocientos cincuenta empleados de todos los departamentos agitan los pasillos, las oficinas, los comedores, los gimnasios y las canchas. Como cada día, el director deportivo Miguel Ángel Tena y el consejero delegado Fernando Roig Negueroles observan el entrenamiento a pie de campo. De vez en cuando se les une el presidente. No es una excepción; es la norma. "Que el propietario y el consejero delegado estén en el día a día del primer equipo es lo normal", explica Tena. "Ellos conocen a todos los jugadores. Hasta los cadetes y juveniles. Nos han transmitido desde el principio que esto se cuida con la proximidad que existe en una familia. Cualquier problema se puede resolver de inmediato. Se crean vínculos de confianza que hacen que los futbolistas se obliguen a restituir con su compromiso".

Dos clasificaciones sucesivas en Champions por primera vez en la historia del Villarreal dan fe de una pequeña epopeya. Pocos clubes han competido mejor con menos inversión en plantilla. Pero ahora el club está en medio de un giro de tuerca. Después de una década marcada por las estructuras defensivas tradicionales de Unai Emery y Marcelino, el nuevo entrenador, Iñigo Pérez, se ha propuesto un cambio contracultural. Los dirigentes lo ficharon el verano pasado con dos objetivos claros: impulsar el desarrollo de canteranos como Joselillo Gaitán, Carlos Maciá, Nizar el-Jimili, Alassane Diatta y Cheikh Tidiane, y reproducir el juego dinámico y agresivo que mostró el Rayo Vallecano la temporada anterior. "Iñigo entiende que al jugador hay que exponerlo", observa Tena. "Si lo expones se va a desarrollar. Nosotros antes no nos atrevíamos a hacerlo. Siempre construimos equipos de bloque medio-bajo. Pero nos gustó mucho la valentía que tiene Iñigo, para ir con bloques altos a enfrentarse a los rivales con la idea de estar más cerca de la portería rival y generar muchas más ocasiones".

Este cambio tiene un riesgo evidente. En las primeras jornadas de Liga, el Villarreal encajó goles con facilidad. Pero Pérez ha sido inteligente para ajustarlo. En las últimas semanas, las estadísticas indican que el equipo ha sido capaz de estar en el top cuatro europeo que más somete al rival, por detrás del Bayern, el Barcelona y el PSG. Según Opta, el Villarreal es, después del Barcelona, el equipo de la Liga que menos permite que sus rivales se pasen la pelota: 9,8 pases por 8,4 del Barça. Este sábado, el Villarreal visita el Bernabéu a las 21.00 horas decidido a atacar sin especular. "Es el escenario perfecto para poder exponernos sabiendo que la dificultad es máxima", advirtió Pérez. "El primer paso cuando vas a ese tipo de escenarios es aceptar que te van a atacar y después conocer las claves para poder soportarlo. Es importante perder el miedo, esa sensación de que si pierdes el balón te van a transitar, y si haces lo otro te van a coger la espalda". El Villarreal llega a Madrid no para defenderse, sino para validar un modelo que ha dejado de ser defensivo para convertirse en ofensivo. Es el siguiente paso de una revolución que comenzó hace años en un pueblo de Castellón.

Nosotros antes no nos atrevíamos a hacerlo. Siempre construimos equipos de bloque medio-bajo. Pero nos gustó mucho la valentía que tiene Iñigo, para ir con bloques altos.
— Miguel Ángel Tena, director deportivo del Villarreal
Es importante perder el miedo, esa sensación de que si pierdes el balón te van a transitar. Cuando uno repite esto constantemente deja de hacer las cosas que se necesitan para poder ganar.
— Iñigo Pérez, entrenador del Villarreal
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