Caos en aeropuertos de EE.UU.: filas de hasta 3 horas por cierre parcial del gobierno

Miles de pasajeros pierden vuelos y enfrentan esperas extremas; aproximadamente 50 mil agentes de la TSA trabajan sin recibir pagos desde febrero.
Nunca había visto una cola tan larga
Un corresponsal de Reuters describiendo las filas en el aeropuerto de Philadelphia que se extendían hasta el hotel del recinto.

En los grandes aeropuertos de Estados Unidos, miles de viajeros se encontraron atrapados en filas que medían horas, no minutos, como consecuencia de un desacuerdo político que dejó sin pago a decenas de miles de agentes federales de seguridad. Lo que comenzó como una disputa presupuestaria entre republicanos y demócratas sobre el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional se convirtió, en plena temporada de viajes, en una crisis tangible y humana: vuelos perdidos, familias varadas y trabajadores que cumplían sus turnos sin recibir salario. Es el momento en que la política abstracta toca el suelo concreto de la vida cotidiana.

  • Aproximadamente 50 mil agentes de la TSA dejaron de presentarse a trabajar al no recibir pago desde mediados de febrero, colapsando los controles de seguridad en los principales aeropuertos del país.
  • Las esperas alcanzaron tres horas en Atlanta y Houston, y las filas en Philadelphia llegaban hasta el hotel dentro del aeropuerto, mientras miles de pasajeros perdían sus vuelos en plena temporada de Spring Break.
  • El bloqueo político entre republicanos y demócratas —agravado por muertes vinculadas a políticas migratorias— impide llegar a un acuerdo de financiamiento para el DHS, prolongando el cierre parcial del gobierno.
  • Trump anunció el despliegue de agentes del ICE en aeropuertos a partir del lunes, aunque el propio zar fronterizo admitió que no están capacitados para asumir las funciones de la TSA, dejando incierta la solución.

El domingo por la mañana, los aeropuertos más transitados de Estados Unidos se convirtieron en escenarios de espera y frustración. En Atlanta, los pasajeros aguardaban casi tres horas para pasar por seguridad. En Houston, dos horas. En Nueva York, las colas del JFK superaban una hora, y en LaGuardia se extendían desde la Terminal B hasta el estacionamiento. En Philadelphia, la fila llegaba hasta el hotel dentro del propio aeropuerto.

La razón era tan sencilla como grave: unos 50 mil agentes de la TSA no se presentaron a trabajar porque no habían cobrado desde el 14 de febrero. El cierre parcial del gobierno, resultado del enfrentamiento entre republicanos y demócratas sobre el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional, había dejado a decenas de miles de trabajadores federales sin salario durante semanas.

Detrás del caos había una disputa política de fondo. Los demócratas condicionaban el financiamiento del DHS a cambios en la aplicación de las leyes migratorias, postura que se endureció tras las muertes de dos personas en Minneapolis atribuidas a esas políticas. Los republicanos rechazaban cualquier condición. Mientras tanto, cientos de pasajeros perdían sus vuelos en uno de los momentos de mayor demanda del año.

Como respuesta, el presidente Trump anunció el despliegue de agentes del ICE en los aeropuertos a partir del lunes. Sin embargo, el propio Tom Homan, zar fronterizo de la administración, reconoció que esos agentes no están entrenados para cumplir las funciones de la TSA. Con la Semana Santa acercándose y los viajes en su punto más alto, nadie sabía con certeza si esa medida sería suficiente para contener el desorden.

El domingo por la mañana en el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta, los pasajeros esperaban casi tres horas solo para pasar por seguridad. En Houston, la espera llegaba a dos horas. En Nueva York, en el aeropuerto JFK, superaba una hora, y en LaGuardia, las colas se extendían desde la Terminal B hasta el estacionamiento. En Philadelphia, según reportaba un corresponsal de Reuters, la fila llegaba hasta el hotel Marriott ubicado dentro del recinto. "Nunca había visto una cola tan larga", escribió.

La causa era simple pero paralizante: aproximadamente 50 mil agentes de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) no estaban presentándose a trabajar. No porque se negaran, sino porque no habían recibido pago desde el 14 de febrero. El cierre parcial del gobierno estadounidense, producto del desacuerdo entre republicanos y demócratas sobre cómo financiar el Departamento de Seguridad Nacional, había dejado a decenas de miles de trabajadores federales sin salario. Los agentes de la TSA, responsables de revisar a cada pasajero que entra a un avión, simplemente no vinieron.

Las redes sociales se llenaron de testimonios de la magnitud del caos. Un exfotógrafo de Apple reportaba desde Houston que las colas de seguridad alcanzaban tres horas de espera, con pasajeros literalmente dando la vuelta alrededor del aeropuerto. Desde Atlanta, describía un "caos absoluto" con esperas que superaban ampliamente las dos horas, mientras que las autoridades recomendaban llegar con cuatro horas de anticipación. El Departamento de Seguridad Nacional compartió videos de Nueva Orleans mostrando filas que se extendían hasta el estacionamiento, y aprovechó para culpar a los demócratas por las disrupciones.

El conflicto político detrás del caos era más profundo que una simple disputa presupuestaria. Los demócratas se negaban a financiar al DHS sin cambios en cómo los agentes federales aplicaban las leyes migratorias. Su posición se había endurecido tras las muertes a tiros de Alex Pretti y Renee Good en Minneapolis, casos que atribuyeron a la aplicación de políticas migratorias. Los republicanos rechazaban cualquier condición sobre cómo ejecutar esas políticas. El resultado era que cientos de pasajeros perdían sus vuelos mientras el gobierno permanecía parcialmente cerrado.

Ante la presión del caos, el presidente Donald Trump anunció que a partir del lunes, agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) serían desplegados en los aeropuertos para ayudar. Pero Tom Homan, el zar fronterizo de la administración, fue honesto sobre las limitaciones: los agentes del ICE no estaban capacitados para realizar todas las funciones que realiza la TSA. Nadie sabía realmente cuánto podría aliviar este despliegue el caos que se desarrollaba en plena temporada de Spring Break y vísperas de Semana Santa, cuando los viajes alcanzaban su pico máximo.

El cierre de los demócratas está causando grandes disrupciones del servicio y provocando que cientos de pasajeros pierdan sus vuelos
— Departamento de Seguridad Nacional
Los agentes no están capacitados para hacer todas las labores de la TSA
— Tom Homan, zar fronterizo
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué los agentes simplemente dejaron de ir a trabajar? ¿No tienen obligación de presentarse?

Model

Técnicamente sí, pero cuando no te pagan durante semanas, la obligación se vuelve abstracta. Estos son trabajadores federales con familias, hipotecas. En algún momento, la dignidad y la necesidad económica ganan.

Inventor

¿Y el gobierno no puede obligarlos de alguna manera?

Model

Podrían, pero eso escalaría el conflicto. Lo que pasó fue que simplemente no aparecieron. Es una forma silenciosa de presión.

Inventor

¿Qué tiene que ver el ICE con la seguridad aeroportuaria?

Model

Nada, realmente. El ICE se dedica a inmigración y aduanas. Pero cuando estás en crisis, despliegas lo que tienes. El propio Homan admitió que no están entrenados para esto.

Inventor

Entonces, ¿Trump sabía que no funcionaría?

Model

Probablemente. Pero necesitaba mostrar que hacía algo. El caos era insostenible, y políticamente tenía que responder.

Inventor

¿Quién pierde realmente en esto?

Model

Los pasajeros que pierden vuelos, los agentes de la TSA sin pagar, y la economía. Pero también la confianza en que el sistema funciona cuando más lo necesitas.

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