Venezuela restringe vuelos internacionales en Maiquetía hasta el 2 de julio

Miles de personas afectadas por terremotos en el centro-norte de Venezuela requieren asistencia humanitaria y operaciones de búsqueda y rescate.
Maiquetía permanece abierto pero controlado, esperando que aclaren las reglas
La restricción de vuelos internacionales genera incertidumbre sobre cuándo se normalizarán las operaciones comerciales en el principal aeropuerto de Venezuela.

Seis días después de que una serie de terremotos sacudiera el centro-norte de Venezuela, la autoridad aeronáutica del país ha formalizado un sistema de control sobre su principal puerta aérea al mundo: ningún vuelo internacional puede entrar o salir del Aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía sin permiso previo, al menos hasta el 2 de julio. La medida no cierra el aeropuerto, sino que lo convierte en un espacio regulado donde las misiones humanitarias tienen prioridad y el comercio aéreo espera en la antesala de una burocracia sin criterios públicos. En la tensión entre la urgencia del rescate y la opacidad del poder, miles de afectados y viajeros quedan suspendidos en una incertidumbre que ningún aviso técnico ha sabido disipar.

  • Los terremotos del 24 de junio obligaron a desviar todos los vuelos comerciales internacionales a Valencia, dejando a Maiquetía operando en modo de emergencia humanitaria.
  • El INAC emitió el NOTAM A0278/26 exigiendo autorización previa para cada vuelo internacional entre el 29 de junio y el 2 de julio, sin explicar públicamente los criterios de aprobación.
  • Aeronaves con hospitales móviles, equipos de rescate, medicamentos y refugios continúan aterrizando en Maiquetía, mientras el tráfico comercial permanece en suspenso.
  • Las aerolíneas no saben cuándo podrán retomar operaciones normales, y los pasajeros ignoran si sus vuelos seguirán redirigidos a Valencia o podrán volver al aeropuerto principal.
  • La restricción puede modificarse en cualquier momento con un nuevo aviso, pero la ausencia de transparencia convierte cada hora de espera en una zona gris para operadores y viajeros.

El lunes, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil de Venezuela emitió una orden que transformó el funcionamiento del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía: desde las 5:38 de la tarde del 29 de junio y hasta casi la medianoche del 2 de julio, cualquier vuelo internacional necesita un permiso especial previo para operar. El mecanismo, comunicado mediante el NOTAM A0278/26, no clausura el aeropuerto, pero lo somete a un sistema de autorización caso por caso cuyas reglas las autoridades no han explicado públicamente.

La medida es consecuencia directa de los terremotos que sacudieron el centro-norte del país el 24 de junio. Desde entonces, las aerolíneas comerciales desviaron sus operaciones al Aeropuerto Arturo Michelena de Valencia, mientras Maiquetía se reconvertía en puerta de entrada para la ayuda internacional: equipos de búsqueda y rescate, hospitales móviles, personal médico, alimentos y plantas potabilizadoras de agua han llegado desde distintos países y organizaciones coordinadas con las autoridades venezolanas.

La nueva restricción formaliza ese esquema, pero no lo aclara. Sin criterios públicos de aprobación, las aerolíneas no saben cuándo podrán retomar vuelos normales en Maiquetía, y los pasajeros desconocen si seguirán siendo redirigidos a Valencia. La medida puede modificarse en cualquier momento con un nuevo aviso, pero mientras eso no ocurra, el principal aeropuerto del país opera en un estado de apertura condicional: abierto para quienes reciben permiso, cerrado para quienes esperan que alguien explique las reglas.

El lunes, la autoridad aeronáutica venezolana emitió una orden que cambió las reglas para volar hacia y desde el principal aeropuerto del país. A partir de las 5:38 de la tarde del 29 de junio, y hasta casi la medianoche del 2 de julio, cualquier vuelo internacional que quiera operar en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía necesitará un permiso especial previo de las autoridades civiles de aviación. El Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) lo comunicó a través de un NOTAM —el aviso técnico que usan los aeropuertos para informar cambios operacionales— identificado como A0278/26.

Esta no es una clausura total. El aeropuerto sigue abierto. Pero ahora funciona bajo un sistema de autorización caso por caso, donde cada vuelo internacional debe obtener permiso antes de despegar o aterrizar. Las autoridades venezolanas no han explicado públicamente cuáles son los criterios que usan para decidir qué vuelos aprueban y cuáles no.

La medida llega seis días después de que terremotos sacudieron el centro-norte de Venezuela el 24 de junio, forzando el cierre de las operaciones comerciales internacionales en Maiquetía. Desde entonces, las aerolíneas han desviado sus vuelos hacia el Aeropuerto Internacional Arturo Michelena en Valencia, en el estado de Carabobo, que se convirtió en la puerta de entrada principal para los pasajeros. Pero mientras los vuelos comerciales se desviaban, Maiquetía comenzó a recibir algo diferente: desde el viernes pasado, aeronaves especiales han llegado cargadas con equipos de búsqueda y rescate, hospitales móviles, personal médico, medicamentos, alimentos, plantas potabilizadoras de agua y refugios temporales. Estas misiones humanitarias vienen de distintos países y organizaciones internacionales, coordinadas directamente con las autoridades aeronáuticas venezolanas.

La nueva restricción mantiene abierta esa puerta humanitaria. Lo que hace es formalizar el proceso: ahora todos los vuelos internacionales, comerciales o de emergencia, deben pasar por el filtro de autorización previa. Es una forma de regular el tráfico aéreo mientras continúan las labores de rescate y atención de miles de personas afectadas por los terremotos.

Pero la falta de transparencia genera incertidumbre. Sin criterios públicos, nadie sabe exactamente qué hace que un vuelo sea aprobado o rechazado. Las aerolíneas no saben cuándo podrán reanudar operaciones normales en Maiquetía. Los pasajeros no saben si sus vuelos seguirán desviados a Valencia o si pronto podrán volver a usar el principal aeropuerto del país. La restricción está vigente hasta el 2 de julio, pero puede ser modificada en cualquier momento mediante un nuevo aviso. Mientras tanto, Maiquetía permanece en un estado de operación condicional, abierto pero controlado, esperando que las autoridades aclaren las reglas del juego.

Las autoridades venezolanas no han explicado públicamente los criterios para autorizar los vuelos internacionales durante la vigencia de esta restricción
— Reporte del INAC
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué las autoridades venezolanas necesitaban emitir esta restricción si el aeropuerto ya estaba recibiendo vuelos humanitarios?

Model

Porque antes operaban sin un marco formal. Ahora lo que hacen es institucionalizar el control: cada vuelo, sea comercial o humanitario, debe obtener permiso previo. Es una forma de centralizar las decisiones.

Inventor

¿Eso significa que podrían rechazar un vuelo humanitario?

Model

Técnicamente sí, aunque es poco probable que rechacen ayuda de emergencia. Lo que probablemente buscan es evitar que aerolíneas comerciales intenten reanudar operaciones sin coordinación mientras continúan las labores de rescate.

Inventor

Pero ¿por qué no explicar públicamente los criterios?

Model

Esa es la pregunta que nadie puede responder. La falta de transparencia es lo que genera la incertidumbre real. Sin criterios públicos, todo depende de decisiones que se toman a puerta cerrada.

Inventor

¿Cuándo volverá Maiquetía a la normalidad?

Model

Nadie lo sabe. La restricción vence el 2 de julio, pero puede extenderse. Mientras tanto, Valencia sigue siendo la puerta principal. Los pasajeros y las aerolíneas están en una especie de limbo.

Inventor

¿Esto afecta solo a Venezuela o tiene implicaciones regionales?

Model

Principalmente a Venezuela. Pero cuando el principal aeropuerto de un país cierra o se restringe, afecta a todos los que vuelan hacia allá: turistas, empresarios, personas con emergencias familiares. Es un cuello de botella que impacta toda la región.

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