La detención de Maduro marca un punto de quiebre que expone contradicciones en el sistema internacional y la normalización de prácticas autoritarias. Estados Unidos, Rusia y China compiten por control de recursos naturales e influencia política en sus zonas de interés, debilitando el multilateralismo.
Venezuela: punto de quiebre que expone la muerte del derecho internacional
El mundo está presenciando la muerte del derecho internacional
¿Por qué importa tanto que Trump no haya consultado al Congreso antes de la operación en Caracas?
Porque viola el principio fundamental de que incluso el poder ejecutivo está sujeto a límites constitucionales. Si el presidente puede ordenar operaciones militares en el extranjero sin consulta, entonces no hay freno real a su autoridad.
Pero espera. ¿Hay precedentes de esto? ¿Otros presidentes han actuado sin consultar al Congreso en operaciones militares?
Sí, ha sucedido antes. Pero lo que es diferente aquí es la escala y la justificación. Esto no fue una respuesta a una amenaza inmediata; fue una operación de cambio de régimen.
¿Y qué pasa con Delcy Rodríguez? ¿Por qué Trump negocia con ella si era parte del régimen que acababa de derrocar?
Porque los intereses estadounidenses en Venezuela no son principalmente sobre democracia. Son sobre petróleo y control regional. Delcy es pragmática; puede gobernar sin Maduro.
Pero el análisis dice que Trump marginó a Machado y González. ¿Tenemos confirmación de que fue deliberado, o es interpretación?
Es interpretación basada en las acciones: no los incluyó en la dirección de la transición, a pesar de que ganaron las elecciones. Eso sugiere intención.
¿Cuál es el riesgo real aquí? ¿Estamos hablando de una guerra regional o global?
El riesgo es que si Estados Unidos puede hacer esto en Venezuela sin consecuencias, otros actores como Rusia o China pueden justificar acciones similares en sus zonas de interés. El sistema se desmorona.
¿Pero hay evidencia de que Rusia o China están planeando algo similar, o es especulación?
No hay evidencia confirmada. Pero Putin ya invadió Ucrania. El patrón está ahí.
¿Qué debería haber sucedido en lugar de esto?
Una transición negociada, con participación de líderes opositores elegidos, supervisión internacional, y respeto por los procesos democráticos venezolanos.
Eso suena ideal, pero ¿era realista con Maduro en el poder?
Probablemente no. Pero eso no justifica violar el derecho internacional para remediarlo.
Der Puls
- La operación en Caracas el 3 de enero de 2025 dejó aproximadamente cien muertos
- Trump marginó a María Corina Machado y Edmundo González de la dirección de la transición venezolana
- Estados Unidos acusa a Maduro de aliarse con cárteles de drogas mexicanos
- Cuba tenía fuerzas de seguridad controlando la protección de Maduro en Venezuela
La detención de Maduro marca un punto de quiebre que expone contradicciones en el sistema internacional y la normalización de prácticas autoritarias. Estados Unidos, Rusia y China compiten por control de recursos naturales e influencia política en sus zonas de interés, debilitando el multilateralismo.
La captura de Nicolás Maduro revela tensiones entre soberanía nacional y derecho internacional, exponiendo alianzas autoritarias globales y una pugna por recursos que amenaza la estabilidad regional y el orden mundial.
El 3 de enero de 2025, cuando fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en Caracas, dejaron alrededor de cien muertos en las calles. Lo que parecía ser un acto de justicia —la detención de un dictador acusado de narcotráfico— reveló algo más inquietante: una grieta profunda en el sistema internacional que ha sostenido el orden mundial desde la Segunda Guerra Mundial.
La inestabilidad en América Latina no comenzó ese sábado. Llevaba años gestándose, alimentada por un bloque de dictaduras que se extendía desde Cuba hasta Venezuela y Nicaragua, cada una buscando alianzas con potencias autoritarias como Rusia, China e Irán. Bolivia intentó sumarse a este frente radical bajo Evo Morales, pero ese esfuerzo fracasó. Lo que unía a estos gobiernos no era una ideología compartida de libertad, sino un rechazo común a la democracia y los derechos humanos, y una disposición a servir los intereses geopolíticos de sus patrocinadores.
Ahora, con Donald Trump en la presidencia estadounidense, esa dinámica ha girado de manera peligrosa. Rusia y China llevaban años persiguiendo lo que Trump ahora busca con lo que el análisis describe como obsesiva incoherencia: el control de los recursos naturales y la influencia política sobre gobiernos en sus zonas de interés. Putin lo hizo invadiendo Ucrania e impactando la estabilidad europea. Trump lo está haciendo en Venezuela, con consecuencias que se extienden por toda América Latina. La captura de Maduro, descrita como la más cara de la historia dirigida contra un dictador, ha puesto al descubierto los hilos que realmente mueven las relaciones internacionales.
Lo que sucedió en Caracas viola múltiples marcos legales. Según el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, la operación transgredió el derecho internacional. También violó la propia Constitución estadounidense, ya que Trump no consultó al Congreso antes de autorizar el ataque. Pero estos detalles legales apenas importan en el nuevo orden que está emergiendo. Lo que importa es que Estados Unidos, sin consultar a sus propias instituciones democráticas, ejecutó una operación militar en territorio soberano de otro país. El mensaje fue claro: la soberanía nacional es negociable cuando los intereses estadounidenses están en juego.
Lo más revelador vino después. Trump comenzó a negociar con Delcy Rodríguez, la mano derecha de Maduro, quien asumió la presidencia interina. Simultáneamente, encargó a Marco Rubio, Pete Hegseth y Stephen Miller dirigir la transición política venezolana, sin mencionar elecciones próximas. Marginó deliberadamente a María Corina Machado y Edmundo González, los líderes opositores que habían sido elegidos por los venezolanos en las elecciones previas. El desprecio de Trump hacia estas figuras políticas es evidente, especialmente porque Europa las ha acogido. Su desconfianza hacia ellos refleja otra capa de este conflicto: Trump quiere ver a Europa debilitada, y cualquier líder que cuente con respaldo europeo es una amenaza a su visión de dominio hemisférico.
Esta operación expone la muerte del derecho internacional. No es que las leyes internacionales hayan sido ignoradas ocasionalmente; es que han sido abandonadas como principio rector. Al mismo tiempo, los sistemas autoritarios se están normalizando. La forma en que Trump ejerce el poder —unilateral, sin consulta, orientada al control de recursos y la dominación regional— se parece más a Putin o Xi Jinping que a cualquier cosa que Estados Unidos haya presentado como democracia. El mundo está presenciando una inversión de valores: lo que antes era excepcional ahora es rutina.
Lo que hace todo esto especialmente peligroso es que no es solo un problema venezolano. México, Cuba y Colombia están implicados en este enredo. Estados Unidos acusa a Maduro de aliarse con cárteles de drogas mexicanos que tienen tentáculos en la política mexicana. Cuba no solo tenía acuerdos petroleros con Venezuela; sus fuerzas de seguridad controlaban la protección de Maduro, violando abiertamente la soberanía venezolana. Colombia enfrenta acusaciones similares. Cada uno de estos países está siendo arrastrado hacia un conflicto que trasciende sus fronteras.
Lo que sucedió el 3 de enero fue uno de los mayores eventos históricos desde 1945. Pero no por las razones que los titulares sugieren. No fue una victoria contra la tiranía. Fue una demostración de que el orden internacional basado en reglas, en soberanía, en consulta multilateral, está colapsando. Lo que lo reemplaza aún no está claro, pero parece ser un mundo donde la fuerza prevalece, donde los recursos son el premio, y donde la democracia es un lujo que solo pueden permitirse los países que no tienen nada que los potentados quieran.
Bemerkenswerte Zitate
La captura de Maduro, considerada la más cara de la historia hacia un dictador, está impactando en la profundidad de los hilos que mueven las relaciones internacionales— Análisis del columnista
La forma de ejercer el poder de Donald Trump se parece más a Rusia de Putin y a la China de Xi Jinping, que al pretendido ejemplo que siempre han querido demostrar de ser la mayor democracia del mundo— Análisis del columnista