Desde enero, Venezuela vive bajo tutela de Washington con Delcy Rodríguez en el poder respaldada por Trump, generando paradoja entre mayor libertad y nueva represión silenciosa. Defensores de derechos humanos, empresarios y periodistas reportan miedo a criticar decisiones estadounidenses, temiendo pérdida de visas, financiamiento y acceso a canales diplomáticos.
Venezolanos se autocensuran ante el poder de Estados Unidos tras captura de Maduro
Hemos cambiado el bozal de arepa por el bozal de hamburguesa
¿Por qué alguien que acaba de ver caer a Maduro tendría miedo ahora de hablar?
Porque el miedo no desapareció, cambió de uniforme. Antes sabías quién te perseguía. Ahora la represión es invisible, viene de quien supuestamente te liberó.
Pero espera. ¿Tenemos confirmación de que la embajada está presionando directamente, o es lo que la gente siente que está pasando?
Hay casos documentados. Funcionarios llamaron a activistas para pedirles que no protestaran. Eso está confirmado.
¿Y por qué Trump mantendría a Rodríguez en el poder si supuestamente vino a derrocar al chavismo?
Porque Rodríguez es útil. Es chavista, pero coopera con Washington. Los acuerdos petroleros fluyen. Es más fácil que negociar con alguien nuevo.
Aunque esos acuerdos son opacos y nadie sabe realmente quién se beneficia.
Exacto. Y nadie puede preguntar sin parecer que está atacando a Estados Unidos.
¿Entonces la libertad que supuestamente ganaron es solo libertad de palabra, pero no de pensamiento?
Es peor. Es libertad de palabra, pero con consecuencias invisibles. Pierdes la visa, pierdes financiamiento, pierdes acceso. El silencio se impone sin gritos.
¿Y hay alguna voz que se atreva a romper eso?
Capriles. Pero está solo. Los demás prefieren no arriesgar.
Der Puls
- Delta Force capturó a Nicolás Maduro el 3 de enero; Delcy Rodríguez asumió el poder con respaldo de Trump
- Casi 200 dominios de internet, principalmente medios de comunicación, permanecen bloqueados en Venezuela
- Entre 70 y 75 por ciento de comentarios en redes sobre entrevista de Marco Rubio fueron críticos del acuerdo petrolero
- Migrantes venezolanos fueron deportados a Liberia en agosto; Venezuela sigue en lista de restricciones de entrada a Estados Unidos
Desde enero, Venezuela vive bajo tutela de Washington con Delcy Rodríguez en el poder respaldada por Trump, generando paradoja entre mayor libertad y nueva represión silenciosa. Defensores de derechos humanos, empresarios y periodistas reportan miedo a criticar decisiones estadounidenses, temiendo pérdida de visas, financiamiento y acceso a canales diplomáticos.
Periodistas, políticos y activistas venezolanos practican autocensura ante el poder estadounidense tras la captura de Maduro y el respaldo de Trump a Delcy Rodríguez, temiendo represalias migratorias y pérdida de financiamiento.
Un diputado opositor se sienta en una cafetería de Caracas una mañana de septiembre y resume el dilema que atormenta a Venezuela en una sola frase: antes temía al Sebin, ahora no sabe si debe temer a la CIA. La exageración contiene una verdad que se propaga entre políticos, periodistas, empresarios y defensores de derechos humanos. Desde que la Delta Force capturó a Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero, el país ha vivido bajo una tutela que nadie esperaba: Donald Trump no solo respaldó a Delcy Rodríguez para asumir el poder, sino que decidió mantenerla en él. Con esa decisión llegó una paradoja incómoda. Venezuela tiene más libertad que bajo el chavismo, hay acuerdos petroleros, apertura al mundo. Pero también hay un nuevo miedo, más silencioso que el anterior, más difícil de nombrar.
Cuando un activista de derechos humanos en el exilio dice que hay pánico a publicar cualquier cosa contra Estados Unidos, no está siendo dramático. El miedo se filtra en las reuniones privadas. Nadie sabe quién podría estar informando. La embajada, según fuentes consultadas, elabora expedientes de quienes critican lo que llaman tutelaje. Ha intervenido para que no haya protestas en sus sedes. Lo que antes era represión abierta ahora es una presión sutil pero efectiva: una llamada de funcionarios diplomáticos, una advertencia directa a los más críticos e influyentes para que se moderen. En juego hay visados, financiación de proyectos, la posibilidad de ser excluido del nuevo orden que Estados Unidos está construyendo en Venezuela.
El ejemplo más visible es el acuerdo petrolero firmado hace semanas. Sus términos permanecen casi desconocidos, pero han generado polémica. María Corina Machado, la líder opositora más visible, tuvo que hacer equilibrios extraordinarios para cuestionarlo sin que pareciera un ataque directo a Washington. Se limitó a preguntar quién firma, qué se firma realmente, quién pone el dinero, cómo beneficia esto a los venezolanos. Dirigió sus reparos contra la legitimidad del régimen de Rodríguez para negociar los recursos del país, no contra Estados Unidos. No es la única. La oposición moderada busca redefinir su discurso en un marco inesperado. Un diputado se pregunta en voz alta: ¿es tutelaje o una sociedad? Otro explica que ahora hay que repensar cómo atacar al chavismo, hacerlo desde la izquierda antitrumpista no tiene cómo ganarse. Hay que hacerlo desde la izquierda social.
Los empresarios también han vuelto a medir sus palabras. Tras años sin poder hablar, el 3 de enero trajo aires de libertad, pero sigue siendo complicado que los actores económicos se expresen con nombre y apellidos. Temen no ser tomados en cuenta, ser sacados del juego, tener problemas con la visa. Uno de ellos lo resume sin rodeos: nadie critica a Estados Unidos ni de vaina. Y no les falta razón para estar cautelosos. Las expectativas que generó la intervención estadounidense siguen sin cumplirse. La capacidad económica de los venezolanos sigue siendo un desastre. Ni los más privilegiados ven la reciprocidad del trato. Un profesional del sector petrolero lo expresa con frustración: estamos proyectando juntos una economía en crecimiento, pero ¿y las visas? Un profesional venezolano que necesita ir a Houston para hacer negocios tiene que tramitar una visa de aprendiz porque no se la dan. Somos un apéndice de Estados Unidos con muchas obligaciones y pocos derechos.
En los movimientos de derechos humanos, las presiones han sido explícitas. Cuando familiares de presos políticos planearon una vigilia frente a la embajada, funcionarios de la delegación diplomática llamaron a varios comités para pedirles que se abstuvieran de participar. El episodio dividió al movimiento. Los rostros más conocidos de años anteriores se replegaron. Hoy son otros quienes lideran las movilizaciones. Un activista lo explica con claridad: el movimiento de derechos humanos está absolutamente autocensurado por tres razones. Una es que todos quieren tener algún canal de comunicación con las autoridades en Estados Unidos para pasar mensajes y nadie quiere poner en riesgo esos canales. Otra es el temor a que te anulen la visa. La tercera es que no te financien. Con ironía amarga, resume: hemos cambiado el bozal de arepa por el bozal de hamburguesa.
Los periodistas venezolanos llegan a este momento arrastrando años de sobrevivencia: exilio, cierre de medios, cárcel, censura. Casi 200 dominios de internet, la mayoría medios de comunicación, siguen bloqueados en el país. Esa cifra apenas ha empezado a reducirse en la última semana pese a la apertura que se le atribuye al Gobierno de Rodríguez. Sobre ese miedo histórico se monta uno nuevo. Una periodista exiliada lo dice sin ambigüedad: no había visto unos niveles de autocensura tan fuertes en mucho tiempo.
Mientras Trump habla de Venezuela como el estado 51, el país sigue sometido a sanciones económicas e incluido en la lista de restricciones parciales de entrada a Estados Unidos, junto a naciones como Burundi. Mientras Trump asegura que los venezolanos bailan de felicidad por las calles, los que huyeron se arriesgan a ser deportados a Liberia. Un grupo de migrantes sufrió ese destino en agosto. Henrique Capriles, diputado opositor, fue el único político que se refirió a la persecución que sufren los venezolanos en Estados Unidos. Ni la oposición en general, ni María Corina Machado, ni el Gobierno de Delcy Rodríguez han dicho una palabra. Capriles lo reconoce: más que autocensura, es que nadie quiere pelear con Estados Unidos. Admite que a principios de año mucha gente hablaba bien de Trump porque se llevaron a Maduro, pero hoy la pregunta es diferente: ¿dónde está el dinero del petróleo?, ¿por qué la gente no mejora sus condiciones de vida con tantos acuerdos millonarios? Aún no ha habido confrontación abierta desde la oposición, pero lo que ocurre en Doral, Florida, con los venezolanos, es terrible y no pueden callar. No se trata de confrontar a Estados Unidos, dice, sino de alzar la voz cuando corresponde.
La imagen de Estados Unidos en Venezuela está en crisis, algo que preocupa al entorno de Trump, que se juega las elecciones de mitad de mandato en noviembre. Un mensaje enviado por error hace días en el grupo de WhatsApp de la embajada estadounidense con periodistas lo confirmó. El texto analizaba una entrevista de Marco Rubio con el presentador venezolano Sergio Novelli, a quien siguen tanto la diáspora como el público dentro del país. Rubio buscaba aplacar las críticas al acuerdo petrolero. Insistió en que el pacto es con la empresa privada NABEP, de Alejandro Betancourt, y no con el régimen. Prometió elecciones libres sin fecha. Rubio se convirtió en trending topic, pero entre el 70 y el 75 por ciento de los comentarios en redes fueron críticos. La mayoría consideró el mensaje como control de daños y sospechó que el acuerdo beneficia a los cercanos al poder antes que al país. La filtración confirmó lo que ya se sospechaba: que sigue existiendo un seguimiento permanente de lo que se dice y se hace en Venezuela.
Bemerkenswerte Zitate
Antes tenía miedo del Sebin y ahora no sé si tengo que temer a la CIA— Diputado opositor en Caracas
Hay pánico de publicar cualquier cosa contra Estados Unidos. El miedo a hablar se extiende incluso en las reuniones privadas— Defensor de derechos humanos venezolano en el exilio
Somos un apéndice de Estados Unidos con muchas obligaciones y pocos derechos— Fuente del sector petrolero venezolano