Te arriesgas la vida porque estamos en un país políticamente roto
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio dejaron 3.342 muertos y miles de desplazados en la costa venezolana. La inflación superior al 500% anual y salarios mínimos inferiores a un dólar hacen que reemplazar electrodomésticos básicos sea imposible para miles de familias.
- Terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 el 24 de junio dejaron 3.342 muertos
- Inflación anual superior al 500% en Venezuela
- Salario mínimo oficial inferior a un dólar mensual
- Un refrigerador pequeño cuesta 380 dólares
- Cientos de familias regresan a edificios inhabitables en La Guaira
Familias en La Guaira regresan a edificios dañados por terremotos para rescatar muebles y electrodomésticos que serían imposibles de reemplazar debido a la crisis económica venezolana.
Un sofá desciende lentamente por una cuerda improvisada desde un cuarto piso agrietado. Abajo, vecinos esperan con los brazos extendidos para que no golpee el suelo. Nadie aparta la vista del edificio. Cada minuto dentro de esa estructura dañada es un riesgo calculado, pero abandonar los muebles y electrodomésticos puede ser aún más devastador. Once días después de los terremotos que sacudieron la costa venezolana el 24 de junio, cientos de familias en La Guaira regresan a sus hogares inhabitables para rescatar todo lo que todavía pueda salvarse.
La escena se repite en cada cuadra. Sofás suspendidos por cuerdas, sillas que bajan desde balcones resquebrajados, refrigeradores transportados entre varias personas, bolsas de ropa apiladas sobre las veredas. Donde antes había edificios llenos de vida, ahora quedan fachadas partidas y calles convertidas en depósitos improvisados de los recuerdos que sobrevivieron al desastre. Los dos terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, dejaron un saldo oficial de 3.342 muertos y miles de personas desplazadas y desaparecidas. Pero para quienes sobrevivieron, la tragedia continúa cada vez que deben atravesar la puerta de un edificio con grietas profundas para intentar recuperar aquello que tardaron años en conseguir.
Entre los muebles amontonados está Dayali López, quien revisa su teléfono y acomoda las pocas pertenencias que logró recuperar. Pasó tres noches durmiendo en la calle después de que su departamento quedara inhabitable. Desde entonces, la incertidumbre reemplazó cualquier plan. "Durante tres días dormí aquí afuera haciéndome la misma pregunta: '¿Qué va a pasar ahora?'. Esa es la pregunta que todos en La Guaira nos hacemos, porque no todos tenemos a dónde ir", dice. Como muchos venezolanos, tampoco cuenta con una red familiar cercana que pueda recibirla. La mayoría de sus parientes vive en otras regiones del país o emigró hace años.
En la Venezuela actual, perder un refrigerador o una cocina no es simplemente un gasto importante: puede representar el esfuerzo de años de trabajo. El salario mínimo oficial sigue siendo inferior a un dólar mensual al tipo de cambio fijado por el Banco Central. Buena parte de los ingresos de los trabajadores depende de bonificaciones del programa Ingreso Mínimo Integral, recientemente ajustado a 240 dólares mensuales. Volver a comprar los electrodomésticos básicos resulta imposible para miles de familias. A eso se suma una inflación anual superior al 500%, que convierte cada objeto rescatado en un bien irremplazable. Un refrigerador pequeño cuesta 380 dólares. Empezar de cero con dos hijos y un esposo es prácticamente inviable.
Por eso muchos deciden volver a entrar a edificios que todavía no fueron declarados seguros. López mira hacia arriba y reza cada vez que cruza la puerta. "Cada vez que entro digo: 'Dios mío, si me diste una segunda oportunidad, por favor, no permitas que me lastime cuando entre a buscar mis cosas'". Cuando le preguntan qué queda dentro de su casa, guarda silencio durante unos segundos. "Qué pregunta tan difícil. Porque en el fondo sé que es un hogar. Mi corazón se queda allí, mi esencia se queda allí, mi anhelo por La Guaira se queda allí, y el amor con el que hemos trabajado tan duro para construir un hogar se queda allí. Eso es lo que nos mantiene adelante... somos fuertes, somos resilientes, y estoy convencida de que vamos a salir adelante". Mientras habla, mira hacia el edificio donde hasta hace unos días vivía con su familia. "Estoy frente a un lienzo en blanco. Voy a empezar a pintar y a dibujar hoy mismo, porque no sé adónde voy".
Notable Quotes
Mi corazón se queda allí, mi esencia se queda allí, mi anhelo por La Guaira se queda allí, y el amor con el que hemos trabajado tan duro para construir un hogar se queda allí— Dayali López
Esa es la pregunta que todos en La Guaira nos hacemos, porque no todos tenemos a dónde ir— Dayali López
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué no simplemente dejan los muebles y empiezan de nuevo?
Porque en Venezuela, empezar de nuevo no es una opción realista. Un refrigerador cuesta 380 dólares cuando el salario mínimo es inferior a un dólar. Esos muebles representan años de ahorro y trabajo.
¿Y las autoridades no han declarado estos edificios como zonas de riesgo?
Muchos todavía no han sido declarados seguros. Pero la gente entra de todas formas. El riesgo de morir en un derrumbe parece menor que el riesgo de perderlo todo sin poder recuperarse.
¿Tienen algún lugar donde ir después?
La mayoría no. Las redes familiares se han desintegrado por la emigración. Muchos durmieron en la calle después del terremoto. No hay refugios suficientes, no hay ayuda estatal visible.
¿Cómo mantienen la esperanza?
Con dificultad. Pero hay algo en la resiliencia de estas personas que es casi inquietante. Rezan antes de entrar a edificios que podrían colapsar. Hablan de pintar un lienzo en blanco mientras están de pie entre los escombros de sus vidas.
¿Esto es temporal o se convertirá en la nueva normalidad?
Probablemente en la nueva normalidad. Mientras la inflación siga por encima del 500% anual y los salarios sigan siendo irreales, la gente seguirá arriesgando sus vidas por lo poco que posee.