Desde los Pirineos de Lleida, la experta Vanesa Freixa propone que el retorno a la tierra no es una derrota ante la modernidad, sino un acto de lucidez frente a un sistema que ha despojado a las personas de los saberes que otorgan autonomía real. Su libro *Ruralismo. La lucha por una vida mejor* articula una crítica estructural al modo en que la sociedad contemporánea ha convertido a sus ciudadanos en engranajes de consumo, alejándolos deliberadamente del conocimiento tradicional que durante siglos garantizó la subsistencia y la libertad. En un tiempo en que lo urbano se presenta como única fo
Vanesa Freixa: volver al campo no es fracaso, sino recuperar autonomía perdida
Nos han convertido en máquinas de consumo para que la estructura funcione
¿Por qué cree que la sociedad ha rechazado tan sistemáticamente los saberes rurales?
Porque un sistema que nos convierte en consumidores y trabajadores dependientes no puede permitir que seamos autónomos. Si sabes cultivar tu alimento, construir tu refugio, cuidarte a ti mismo, ya no necesitas comprar todo. Eso es una amenaza.
Pero usted misma dice que vivir en el campo es un privilegio caro. ¿No es contradictorio defender algo que no todos pueden hacer?
Exacto. Y esa es la paradoja que me enoja. El sistema ha hecho que lo rural sea inaccesible mientras nos vende la idea de que es sencillo. Pero la solución no es abandonar la idea; es hacer que sea posible para más gente.
¿Qué diferencia hay entre lo que usted hace y simplemente escapar de la ciudad?
La diferencia es que no estoy escapando. Estoy siendo consciente de una manipulación y eligiendo conscientemente. Muchas personas huyen sin entender por qué. Yo volví sabiendo exactamente qué estaba rechazando.
Dice que la ciudad es agresiva. ¿Agresiva cómo?
Te obliga a competir constantemente, a consumir para existir, a medir tu valor en dinero. Te aleja de cualquier cosa que no sea productiva. Es una agresión silenciosa.
¿Cree que su mensaje es para todos o solo para quienes tienen los medios?
Ese es el trabajo pendiente. Mi libro es un diagnóstico de lo que hemos perdido. Pero la verdadera tarea es hacer que recuperar esos saberes no sea un lujo, sino algo accesible. Eso requiere cambios políticos y estructurales.
El Pulso
- Freixa advierte que la desconexión de las nuevas generaciones respecto a los saberes tradicionales no es accidental, sino el resultado de una estrategia deliberada para convertirlas en máquinas de consumo y trabajo.
- La ciudad, sostiene, es inherentemente agresiva, y aunque el campo se percibe como sencillo, también exige recursos que no todos poseen, revelando una paradoja que afecta tanto a quienes quieren quedarse como a quienes desean marcharse.
- El ruralismo que defiende no es nostalgia ni rechazo del progreso, sino una rebelión contra la visión utilitarista que el sistema impone sobre la identidad, el tiempo y el cuerpo de las personas.
- Freixa propone reinventar la ruralidad para el siglo XXI garantizando lo esencial —alimento, agua, refugio, cuidado mutuo— como base de una vida digna y autónoma, accesible más allá del privilegio.
- La clave del cambio, insiste, no es ideológica ni geográfica, sino interior: si uno no está bien consigo mismo, ni el campo ni la ciudad ofrecerán el lugar que se busca.
Desde los Pirineos de Lleida, la experta Vanesa Freixa propone que el retorno a la tierra no es una derrota ante la modernidad, sino un acto de lucidez frente a un sistema que ha despojado a las personas de los saberes que otorgan autonomía real. Su libro *Ruralismo. La lucha por una vida mejor* articula una crítica estructural al modo en que la sociedad contemporánea ha convertido a sus ciudadanos en engranajes de consumo, alejándolos deliberadamente del conocimiento tradicional que durante siglos garantizó la subsistencia y la libertad. En un tiempo en que lo urbano se presenta como única forma de progreso, Freixa invita a reconocer las trampas del sistema y a construir una vida centrada en lo esencial: alimento, agua, refugio y cuidado mutuo.
Vanesa Freixa creció en Rialp, un pueblo de Lleida, huyendo de las ovejas y de las tareas que su padre le encomendaba. Como tantos jóvenes, imaginaba un futuro sin establos. Pero décadas después, ese mundo rural que había rechazado se convirtió en el centro de su vida y en el corazón de su libro *Ruralismo. La lucha por una vida mejor*, publicado en 2025 por Errata Naturae.
El giro llegó cuando trabajó como directora de la Escuela de Pastores de Cataluña. Ese contacto reavivó algo que creía dormido, y decidió mudarse con su familia a una vieja cabaña en los Pirineos y comprar siete ovejas. Lo que empezó como experimento se volvió proyecto de vida. Desde allí comenzó a formularse preguntas que no podía ignorar: ¿cuándo abandonamos los saberes tradicionales? ¿Es posible reinventar una ruralidad viable para el siglo XXI?
Para Freixa, el ruralismo no es nostalgia. Es llevar una existencia ligada a la tierra y al trabajo que ella genera, pero esto exige conocimientos que la mayoría nunca recibió. La desconexión, sostiene, no fue casual: hemos sido apartados de esa sabiduría de manera deliberada, convertidos en máquinas de consumo y trabajo a cambio de perder la autonomía, la resiliencia y la libertad que otorga saber proveerse de lo básico.
Freixa reconoce la paradoja: aunque lo rural se percibe como sencillo, es extraordinariamente caro. Vivir en la ciudad es difícil; vivir en el campo también. Ambos mundos exigen recursos que no todos poseen, y el privilegio de poder elegir es el primer obstáculo real para quien desea hacer el cambio.
Lo que la leridana rechaza con firmeza es la ecuación que equipara lo rural con el atraso. Ella se ve haciendo el recorrido lógico: el camino inverso después de comprender los tentáculos de un sistema que nos ha domesticado y nos ha dado una visión puramente utilitarista de todo. La clave, insiste, no es ideológica ni geográfica, sino interior: si no estás bien contigo mismo, da igual dónde vivas. Lo fundamental es que lo que hagas tenga sentido para ti y que reconozcas las trampas de un sistema que nos utiliza constantemente.
Vanesa Freixa creció en Rialp, un pueblo de Lleida, y pasó su adolescencia huyendo de las tareas que su padre le encomendaba en el cuidado de las ovejas. Como cualquier joven de su tiempo, la vida que imaginaba no tenía cabida para establos ni esquilados. Pero algo cambió. Décadas después, el mundo rural que tanto había rechazado se convirtió en el centro de su existencia, y ahora lo defiende con convicción en las páginas de su libro Ruralismo. La lucha por una vida mejor, publicado en 2025 por Errata Naturae.
El giro comenzó cuando Freixa trabajó como directora de la Escuela de Pastores de Cataluña. Ese contacto profesional reavivó algo que creía dormido. Decidió entonces mudarse con su familia a una vieja cabaña en los Pirineos, al norte de Lleida, y compró siete ovejas. Lo que parecía un experimento se convirtió en un proyecto de vida. Mientras aprendía a gestionar la finca de manera sostenible, comenzó a formularse preguntas que no podía dejar de lado: ¿en qué momento abandonamos los saberes tradicionales? ¿Cómo perdimos la transmisión de ese modo de vida? ¿Es posible reinventar una ruralidad viable para el siglo XXI? Su libro es, en esencia, una respuesta a esas interrogantes.
Para Freixa, el ruralismo no es nostalgia ni rechazo del progreso. Es, dice, llevar una existencia naturalmente ligada a la tierra, al trabajo que ella genera, al contacto directo con ella, ya sea desde el campo o desde la ciudad. Pero esto requiere algo que la mayoría de nosotros nunca recibimos: conocimientos tradicionales. El problema es estructural. Hemos sido desconectados de esa sabiduría de manera deliberada, sostiene. Lo que ella propone es más básico: garantizar una vida digna centrada en lo esencial—alimento, agua, refugio, vivienda, cuidado mutuo—y reconocer que vivimos en un entorno que demanda nuestra atención y reciprocidad constante.
Freixa no llegó a esta convicción hasta pasados los treinta años. Observa que muchas personas sienten atracción por el campo, pero lo ven como un escenario, no como una forma de vida real. Cuando lo conoces de verdad, dice, te das cuenta de que ha habido una estrategia deliberada para apartarnos de él. Aquí comienza un camino de construcción de un proyecto propio, aunque advierte que vivir en el campo también es un privilegio. Y aquí está la paradoja que la inquieta: aunque se percibe lo rural como sencillo, es extraordinariamente caro. Vivir en la ciudad es difícil; vivir en el campo también lo es. Ambos requieren recursos que no todos poseen.
Lo que la leridana rechaza es la ecuación que equipara lo rural con el atraso. Para ella, representa comprensión, pero nuestros ojos no pueden verlo porque hemos sido despojados de ese conocimiento mediante una campaña sistemática de descrédito. Las nuevas generaciones carecen de saberes que otorgan autonomía, resiliencia y libertad—lo más importante, dice—y los hemos perdido a cambio de trabajo, dinero y endeudamiento. Ya no somos capaces de proveernos ni de lo básico: alimento.
Freixa no se ve a sí misma como disidente del progreso. Simplemente, dice, está haciendo el recorrido lógico. Es el camino inverso después de comprender los tentáculos de un sistema que nos ha domesticado, alejándonos de nuestra naturaleza como seres vivos. Este proceso nos ha dado una visión puramente utilitarista de todo. Nos han convertido en máquinas de consumo y trabajo para que la estructura funcione. Ante esto, ella se rebela: es cuestión de abrir los ojos y verlo como lo que es—una manipulación—y reconocer que incluso nuestra identidad personal no brota de la autenticidad, sino que seguimos un trayecto trazado para cumplir una función predeterminada.
Pero sabe que escapar de esta red no es sencillo. El primer obstáculo es el privilegio de poder elegir. Hay que romper con esa vida y hacer el cambio, luego preguntarse si es convicción ideológica, política o solo un anhelo. La clave, insiste, está en buscar satisfacción en las propias decisiones. Si no estás bien contigo mismo, da igual si vives en el campo o en la ciudad; no encontrarás tu lugar. Lo que sí tiene claro es que la ciudad es inherentemente agresiva. Los caminos pueden ser variados, pero lo fundamental es que lo que hagas tenga sentido para ti y que reconozcas las trampas de un sistema que nos utiliza constantemente.
Citas Notables
Vivir en el campo es un privilegio, pero también lo es vivir en la ciudad. Ambos son dificilísimos.— Vanesa Freixa
La ciudad es muy agresiva en sí misma, mientras que el campo ofrece autonomía y resiliencia que hemos perdido.— Vanesa Freixa