En 2022, mil millones de personas —uno de cada ocho habitantes del planeta— vivían con obesidad, según un estudio publicado en The Lancet que analizó datos de más de 190 países. Lo que antes se consideraba una enfermedad de naciones prósperas se ha convertido en la forma más extendida de malnutrición global, alcanzando con especial fuerza a niños y adolescentes cuya tasa se ha cuadruplicado desde 1990. La humanidad enfrenta así una paradoja dolorosa: mientras el hambre retrocedía en muchas regiones, emergía silenciosamente otra forma de desnutrición alimentada por la abundancia de calorías vac
Uno de cada 8 habitantes del mundo padece obesidad, ya la forma más común de malnutrición
La epidemia ha progresado porque las políticas no han sido incisivas
¿Cómo es posible que hayamos llegado a mil millones de personas obesas sin que nadie lo viera venir?
El estudio dice que las proyecciones anteriores estimaban alcanzar esa cifra en 2030. Ya la superamos en 2022. Ezzati dice que están realmente sorprendidos por lo rápido que sucedió.
Pero espera—¿sorprendidos cómo? Estos son investigadores que estudian esto. ¿No deberían haber visto las tendencias?
Tienes razón. Lo que probablemente significa es que el cambio aceleró más de lo que los modelos predecían. Los datos de 220 millones de personas de 190 países muestran que entre 1990 y 2022, la tasa en niños se cuadruplicó.
¿Y eso es lo más preocupante? ¿Los niños?
Sí. Porque si los niños de hoy son obesos, cargan ese riesgo de enfermedad crónica toda la vida. Son 159 millones de niños y adolescentes en 2022 solamente.
Pero el estudio también dice que el bajo peso disminuyó. ¿No es eso bueno? Menos hambre.
Es complicado. Branca lo explica bien: insuficiente nutrición y obesidad son dos caras del mismo problema. Más de 3 mil millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable. Así que lo que pasó es que la gente pasó de no tener suficiente comida a tener mucha comida barata y poco nutritiva.
¿Y por qué los políticos no han hecho nada?
El informe dice que se ha dependido del cambio de comportamiento individual. Pero los expertos dicen que eso no funciona. Necesitan políticas estructurales: impuestos a las bebidas azucaradas, regulación de la publicidad dirigida a niños, reforma agrícola.
Pero eso requiere voluntad política. ¿Hay alguna evidencia de que eso esté sucediendo? El estudio menciona que Francia y España han reducido el sobrepeso en mujeres.
Sí, pero son excepciones. El director de la OMS dice que el sector privado debe rendir cuentas. Eso sugiere que ahora mismo no lo está haciendo.
O Pulso
- La cifra de mil millones de obesos, que la OMS proyectaba para 2030, ya fue superada en 2022, revelando que la epidemia avanza mucho más rápido de lo previsto.
- 159 millones de niños y adolescentes padecen obesidad hoy, exponiendo a una generación entera a enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer desde edades tempranas.
- La epidemia ya no distingue entre países ricos y pobres: los archipiélagos del Pacífico y el Caribe encabezan las tasas más altas, mientras que naciones industrializadas como Canadá o Australia han cedido los primeros puestos del ranking.
- Más de 3.000 millones de personas no pueden costear una dieta saludable, lo que evidencia que la obesidad y el hambre son dos síntomas del mismo fracaso alimentario global.
- Los más de 1.500 investigadores del estudio advierten que las políticas centradas en el cambio individual han sido insuficientes y exigen regulación de la publicidad nociva, impuestos a bebidas azucaradas y reforma agrícola urgente.
En 2022, mil millones de personas —uno de cada ocho habitantes del planeta— vivían con obesidad, según un estudio publicado en The Lancet que analizó datos de más de 190 países. Lo que antes se consideraba una enfermedad de naciones prósperas se ha convertido en la forma más extendida de malnutrición global, alcanzando con especial fuerza a niños y adolescentes cuya tasa se ha cuadruplicado desde 1990. La humanidad enfrenta así una paradoja dolorosa: mientras el hambre retrocedía en muchas regiones, emergía silenciosamente otra forma de desnutrición alimentada por la abundancia de calorías vacías y la escasez de políticas estructurales.
Mil millones de personas viven hoy con obesidad. Uno de cada ocho habitantes del planeta. Un estudio publicado en The Lancet, que examinó datos de más de 190 países y las medidas corporales de más de 220 millones de personas, llegó a una conclusión que sorprendió incluso a sus propios autores: la obesidad ya no es una enfermedad de los ricos. Es la forma más común de malnutrición en la mayoría del mundo.
La velocidad del cambio es lo que más inquieta. Desde 1990, la tasa de obesidad entre niños y adolescentes se cuadruplicó; entre mujeres adultas se duplicó; entre hombres adultos casi se triplicó. Las proyecciones anteriores estimaban que se llegaría al umbral de mil millones de obesos en 2030. Esa cifra fue superada en 2022. En ese año, 159 millones de menores de entre 5 y 19 años padecían obesidad, y entre los adultos la cifra ascendía a 879 millones.
La geografía de la epidemia revela patrones inesperados. Los archipiélagos del Pacífico y el Caribe concentran las tasas más altas. En Europa, el Reino Unido casi duplicó su prevalencia en tres décadas. Y en 2022, ninguna nación industrializada rica —salvo Estados Unidos— encabezaba ya el ranking global, un giro radical respecto a 2017.
Detrás de estas cifras hay una transformación profunda en la naturaleza de la malnutrición. Mientras el bajo peso disminuía en muchas regiones, emergía un nuevo problema: el acceso masivo a alimentos calóricos pero pobres en nutrientes. Francesco Branca, de la OMS, lo resumió con claridad: la desnutrición y la obesidad son dos caras del mismo problema, la falta de acceso a dietas saludables. Más de 3.000 millones de personas aún no pueden permitirse comer bien.
Los más de 1.500 investigadores coordinados por el Imperial College de Londres concluyeron que las políticas han fallado por depender demasiado del cambio individual y por no atacar las causas estructurales. Sus recomendaciones incluyen regulación de la publicidad de alimentos nocivos dirigida a niños, impuestos a bebidas azucaradas, reforma agrícola, diseño urbano que favorezca el movimiento y mayor inversión en atención primaria. El director general de la OMS subrayó que reducir la obesidad exigirá la cooperación de gobiernos, comunidades y un sector privado que debe rendir cuentas por el impacto sanitario de sus productos.
Mil millones de personas en el mundo viven hoy con obesidad. Eso es uno de cada ocho habitantes del planeta. Un estudio publicado en The Lancet, que analizó datos de más de 190 países y examinó las medidas de altura y peso de más de 220 millones de personas, ha llegado a una conclusión que sorprende incluso a los investigadores que la descubrieron: la obesidad ya no es solo una enfermedad de los ricos. Es la forma más común de malnutrición en la mayoría de los países del mundo.
Lo que hace que este hallazgo sea particularmente inquietante es la velocidad con la que ha ocurrido. Hace apenas tres décadas, en 1990, las cifras eran radicalmente distintas. Entre los niños y adolescentes, la tasa de obesidad se ha cuadruplicado. Entre las mujeres adultas, se ha duplicado. Entre los hombres adultos, casi se ha triplicado. Majid Ezzati, profesor del Imperial College de Londres y uno de los autores del estudio, expresó su sorpresa ante el ritmo del cambio. Las proyecciones anteriores de la Federación Mundial de Obesidad sugerían que se alcanzaría la cifra de mil millones de personas obesas en 2030. Esa cifra ya fue superada en 2022.
Los números concretos son abrumadores. En 2022, 159 millones de niños y adolescentes entre 5 y 19 años padecían obesidad. Entre los adultos, la cifra ascendía a 879 millones de personas, lo que significa que el 43 por ciento de la población adulta mundial sufría sobrepeso. Para poner esto en perspectiva, el COVID-19, según los datos de la Organización Mundial de la Salud, alcanzó 774 millones de casos en todo el mundo desde el inicio de la pandemia. La obesidad ya supera ampliamente esa cifra.
La geografía de la epidemia revela patrones sorprendentes. Los archipiélagos del Pacífico y el Caribe tienen las tasas más altas, con cerca de dos tercios de los adultos obesos. En Europa, el Reino Unido vio aumentar su tasa de obesidad del 13,8 por ciento en 1990 al 28,3 por ciento en 2022 para las mujeres, y del 10,7 por ciento al 26,9 por ciento para los hombres. Pero lo que sorprendió a los investigadores fue descubrir que en 2022, ninguna de las naciones ricas industrializadas, excepto Estados Unidos, encabezaba la lista de países con mayor prevalencia de obesidad. Esto representa un cambio radical respecto a 2017, cuando Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido ocupaban los primeros lugares. China, por su parte, ocupó el puesto 190 para las mujeres y el 149 para los hombres en el ranking mundial.
Tras esta epidemia hay un cambio fundamental en la naturaleza de la malnutrición global. Hace tres décadas, el problema principal era el bajo peso. Entre 1990 y 2022, la proporción de menores con insuficiencia ponderal disminuyó en una quinta parte entre las niñas y en más de un tercio entre los niños. Entre los adultos, disminuyó más de la mitad. Pero mientras desaparecía el hambre en muchas regiones, emergía un nuevo problema: el acceso a dietas densas en calorías pero pobres en nutrientes esenciales. Francesco Branca, director del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la OMS, señaló que la insuficiente nutrición y la obesidad son dos caras del mismo problema: la falta de acceso a dietas saludables. Más de 3 mil millones de personas en el mundo todavía no pueden permitirse una dieta saludable.
Las consecuencias para la salud son graves. La obesidad aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer. Los expertos advierten que la epidemia de obesidad que era evidente entre los adultos en los años noventa se refleja ahora también en los niños y adolescentes, lo que significa que una generación completa enfrenta mayores riesgos de enfermedad crónica desde edades tempranas.
Los investigadores, más de 1.500 en total, coordinados por el Imperial College de Londres en colaboración con la OMS, han identificado la causa raíz del problema: las medidas políticas no han sido lo suficientemente incisivas. Se ha dependido del cambio de comportamiento individual, pero las soluciones no han tocado el elemento estructural, que son las políticas en torno a la alimentación y el medio ambiente. Los expertos recomiendan normativas sobre la comercialización de alimentos y bebidas nocivos dirigidos a niños, regulación de la venta de productos con alto contenido en grasas, azúcares y sal cerca de las escuelas, y políticas de precios y etiquetado nutricional. Branca sugirió además impuestos a las bebidas azucaradas, promoción de la lactancia materna, reforma agrícola, diseño urbano que fomente la actividad física, e inversión en atención primaria de salud. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, enfatizó que alcanzar los objetivos de reducción de la obesidad exigirá trabajo conjunto de gobiernos, comunidades y organismos de salud pública, así como la cooperación del sector privado, que debe rendir cuentas de las repercusiones sanitarias de sus productos.
Citações Notáveis
Estimaciones anteriores sugirieron que habría 1.000 millones de personas viviendo con obesidad para 2030, pero esa cifra ya fue superada en 2022. Estamos realmente sorprendidos por lo rápido que han sucedido las cosas.— Majid Ezzati, profesor del Imperial College de Londres
Insuficiente nutrición y obesidad son dos caras de un mismo problema: la falta de acceso a dietas sanas— Francesco Branca, director del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la OMS