Una de cada ocho mujeres tendrá cáncer de mama, pero la supervivencia supera el 85%

El linfedema es una secuela crónica e irreversible que afecta a mujeres tras la extirpación de ganglios axilares, causando hinchazón, dolor y limitación de movilidad en el brazo.
El riesgo de linfedema ya no existe
Un avance quirúrgico que permite a algunas mujeres evitar la extirpación de ganglios axilares.
Mark

¿Por qué el cáncer de mama tiene una supervivencia tan alta comparado con otros tumores?

Mimi

Porque se detecta relativamente pronto gracias a los programas de cribado, y porque hemos aprendido a tratarlo de formas muy diferentes según el tipo de tumor que sea. No es una sola enfermedad.

Luke

Pero esa cifra del 85% a cinco años, ¿es supervivencia global o supervivencia libre de enfermedad? Porque son cosas distintas.

Mimi

Es supervivencia a cinco años, lo que significa que la persona sigue viva cinco años después del diagnóstico. No necesariamente significa que esté libre de enfermedad.

Mark

¿Y qué pasa después de esos cinco años?

Mimi

Eso es lo que no sabemos con precisión. La doctora Pajares habla de mejoras en el cáncer metastásico, pero no hay números específicos sobre supervivencia a largo plazo.

Luke

Exacto. El artículo no dice qué porcentaje de esas mujeres recae, o cuántas viven diez años, o veinte. Es un dato importante que falta.

Mark

¿Entonces el mensaje positivo es real o es parcial?

Mimi

Es real, pero incompleto. El diagnóstico precoz y los tratamientos personalizados funcionan. Pero la historia no termina a los cinco años.

Luke

Y sobre la prevención: el artículo menciona factores de riesgo evitables, pero ¿cuánto reducen realmente el riesgo si una mujer hace todo bien? ¿Un 10%? ¿Un 50%?

Mimi

No lo dice. Sabemos que el alcohol es un factor de riesgo, pero no sabemos la magnitud.

Mark

¿Y el linfedema? ¿Qué porcentaje de mujeres lo desarrolla?

Mimi

Tampoco hay números. Solo sabemos que la técnica del ganglio centinela lo reduce, y que ahora en algunos casos no se toca la axila en absoluto.

Luke

Así que es un avance real, pero sin datos sobre cuántas mujeres se benefician o cuántas aún lo padecen.

Mimi

Sí. El progreso es evidente, pero el artículo no cuantifica el alcance.

  • El cáncer de mama afecta a una de cada ocho mujeres, pero su tasa de supervivencia a cinco años supera el 85%, una cifra que habría sido inimaginable hace apenas una década.
  • El linfedema —hinchazón crónica e irreversible del brazo tras la extirpación de ganglios— sigue siendo una de las secuelas más devastadoras para la calidad de vida y la capacidad laboral de las pacientes.
  • La técnica del ganglio centinela y, en casos seleccionados, la posibilidad de no intervenir quirúrgicamente la axila, están eliminando ese riesgo en pacientes con tumores de buen pronóstico.
  • Los programas de cribado andaluces entre los 49 y 71 años son la primera línea de defensa, y se espera que continúen ampliándose para alcanzar a más mujeres.
  • Los expertos insisten en que el tratamiento debe abarcar también el bienestar emocional, el apoyo psicológico y los cambios en el estilo de vida, no solo el protocolo médico.

Una de cada ocho mujeres se encontrará alguna vez frente al diagnóstico de cáncer de mama, pero la ciencia y la escucha humana han reescrito lo que ese momento significa: hoy, más del 85% sobrevive cinco años o más. Lo que antes era una sentencia se ha convertido en un camino complejo pero transitable, sostenido por el diagnóstico precoz, la cirugía de precisión y la atención al ser entero —no solo al tumor. En Andalucía, como en tantos otros lugares, la historia del cáncer de mama es cada vez más una historia de transformación y no de pérdida.

Una de cada ocho mujeres desarrollará cáncer de mama en su vida. Es una estadística que pesa, pero lo que la transforma es lo que viene después: una supervivencia a cinco años que supera el 85%, un logro construido sobre décadas de diagnóstico precoz y avances terapéuticos.

Bella Pajares, oncóloga del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria, lo sitúa en perspectiva: el cáncer de mama es el tumor más frecuente en mujeres españolas, prácticamente el doble que el siguiente en la lista, pero también el que más ha mejorado en curación y calidad de vida. El mensaje, insiste, debe ser positivo.

Cuando llega el diagnóstico, el camino no es solo médico. Pajares subraya la necesidad de atender el estilo de vida, las relaciones, el estado emocional. Cuidar la alimentación, hacer ejercicio, descansar bien, y reconocer si es el momento de buscar apoyo psicológico o unirse a un grupo de personas que atraviesan lo mismo. Nunca antes se han visto en una situación así, ¿cuándo, si no ahora?

La detección puede comenzar con un nódulo, una asimetría o una secreción, pero muchos tumores no dan señales visibles. Por eso existen los programas de cribado: mamografía, a veces ecografía, y si hay sospecha, biopsia. En el Hospital Virgen de la Victoria, cada viernes un comité multidisciplinar analiza cada caso de forma individualizada para decidir el protocolo más adecuado.

En cuanto a la prevención, algunos factores no se pueden controlar —la edad, la historia familiar—, pero sí se puede evitar el alcohol, combatir la obesidad, hacer deporte y ser prudente con la terapia hormonal prolongada. Los programas de mamografías entre los 49 y 71 años, impulsados por la Junta de Andalucía, seguirán ampliándose.

Uno de los avances más tangibles es quirúrgico. El linfedema —acumulación de líquido linfático que causa hinchazón, dolor y pérdida de movilidad en el brazo— era una secuela casi inevitable tras el vaciamiento axilar completo. La técnica del ganglio centinela redujo ese riesgo al extirpar solo uno o dos ganglios. Ahora, en pacientes seleccionadas con tumores de buen pronóstico y sin evidencia de ganglios afectados, es posible no intervenir quirúrgicamente la axila en absoluto. El riesgo de linfedema desaparece. Para Pajares, este avance vale tanto como cualquier fármaco nuevo.

Una de cada ocho mujeres desarrollará cáncer de mama en algún momento de su vida. Es una cifra que suena definitiva, casi inevitable, pero lo que viene después es lo que transforma el significado de esa estadística: la supervivencia a cinco años supera el 85%, un logro que habría sido impensable hace apenas una década.

Bella Pajares, oncóloga del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria, lo explica sin rodeos. El cáncer de mama es el tumor más frecuente en mujeres españolas, prácticamente el doble que el siguiente en la lista, el cáncer de colon. Pero aquí está lo importante: es también uno de los tumores que más ha mejorado tanto en curación como en calidad de vida. Los números de incidencia son grandes, sí, pero la expectativa de vida y las posibilidades de curación lo son también. El mensaje, insiste Pajares, debe ser positivo. Las campañas de diagnóstico precoz y los avances en tratamientos han hecho posible esta transformación.

Cuando una mujer recibe un diagnóstico de cáncer de mama, el camino que se abre no es solo médico. Pajares subraya la importancia de atender a todo lo que rodea el tratamiento: el estilo de vida, las relaciones sociales y familiares, el aspecto físico. Lo primero es permitirse tiempo para asimilar la noticia, entender que los próximos meses traerán cambios, y buscar las herramientas necesarias para atravesarlos. Esto significa cuidar la alimentación, hacer ejercicio físico, garantizar un descanso reparador. Pero también significa prestar atención al estado mental, decidir si es necesario una baja laboral, reconocer el momento emocional en que se encuentra. Pajares lo dice con frecuencia a sus pacientes: si nunca antes se han visto en una situación como esta, ¿cuándo, si no ahora, deberían buscar ayuda psicológica o unirse a un grupo de personas atravesando lo mismo?

La detección comienza con señales que pueden ser visibles o no. Algunas mujeres notan un nódulo, una masa o una dureza en la mama, con o sin dolor. Otras ven una asimetría donde antes no la había, o una secreción por el pezón. Pero hay tumores que no dan ninguna señal, por eso existen los programas de cribado. La primera prueba es siempre de imagen: una mamografía, a veces acompañada de ecografía. Si el resultado es sospechoso, se realiza una biopsia que confirma o descarta la presencia de un tumor maligno. Si es positivo, la paciente entra en un protocolo multidisciplinar. En el Hospital Virgen de la Victoria, cada viernes se reúne un comité para discutir los casos de manera individualizada, considerando la mamografía, la biopsia, la edad, el estado menopáusico y cualquier otra enfermedad o comorbilidad. En esa reunión se decide si la paciente será operada de entrada, si recibirá tratamiento sistémico antes de la intervención, o si necesita pruebas adicionales como una resonancia magnética.

La prevención es fundamental, aunque algunos factores escapan al control: la historia familiar y la edad no se pueden cambiar. Pero sí se puede evitar el alcohol, uno de los factores de mayor riesgo. Se puede combatir la obesidad y el sobrepeso, especialmente después de la menopausia. Se puede hacer deporte, abandonar el sedentarismo, y ser cauteloso con la terapia hormonal sustitutoria prolongada. La prevención secundaria significa participar en los programas de cribado disponibles, realizarse mamografías en el rango de edad recomendado, entre 49 y 71 años. Estos programas, impulsados por la Junta de Andalucía, seguirán ampliándose.

Los avances no se detienen en los tumores localizados. El cáncer de mama metastásico también ha mejorado. No es una única enfermedad: hay tumores hormonodependientes, tumores triple negativo y tumores cuya proliferación depende de las proteínas HER2. En cada uno de estos subtipos hay avances significativos. Pero quizá uno de los progresos más tangibles es quirúrgico. El linfedema, una acumulación de líquido linfático que causa hinchazón en el brazo y el dorso de la mano, es una secuela crónica e irreversible que puede aparecer tras la extirpación de ganglios axilares. Causa dolor, tensión, limita la movilidad y afecta profundamente la calidad de vida y la capacidad de trabajo. Antes, la práctica estándar era el vaciamiento axilar completo. Luego llegó la técnica del ganglio centinela, que permite extirpar solo uno o dos ganglios. Ahora, en algunos tumores de buen pronóstico y en pacientes cuidadosamente seleccionadas, si la axila no muestra evidencia de ganglios afectados en ecografía ni en exploración clínica, es posible no tocar quirúrgicamente esa zona. El riesgo de linfedema desaparece. Este avance quirúrgico, dice Pajares, es tan importante como cualquier fármaco nuevo.

Es un tumor muy frecuente, pero la supervivencia es muy alta, con lo cual el mensaje debe ser muy positivo
— Dra. Bella Pajares, oncóloga del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria
Este avance de la cirugía es tan importante como cualquiera de los fármacos
— Dra. Bella Pajares, refiriéndose a la técnica del ganglio centinela
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