En los primeros meses de la pandemia, los médicos de Chicago descubrieron que el coronavirus no solo atacaba los pulmones, sino también la mente: casi un tercio de los pacientes hospitalizados presentó encefalopatía, una alteración cerebral que multiplicó por siete el riesgo de muerte y dejó a la mayoría sin capacidad de valerse por sí mismos al salir del hospital. El estudio, el más amplio realizado hasta entonces en un sistema hospitalario estadounidense, reveló que el daño neurológico predecía resultados devastadores con independencia de la gravedad respiratoria, recordándonos que una enfer
Un tercio de pacientes hospitalizados con COVID-19 presentó alteración de funciones mentales
Solo el 32 por ciento pudo vivir de forma independiente tras el alta
¿Por qué importa tanto que un tercio de estos pacientes tuviera problemas mentales? ¿No es solo un síntoma más del COVID?
Porque no es un síntoma pasajero. Estos pacientes no solo estuvieron confundidos durante la hospitalización. Después de irse a casa, solo tres de cada diez podían vivir de forma independiente. El virus no solo les robó semanas de sus vidas en el hospital; les robó su capacidad de cuidarse a sí mismos.
Pero ¿cómo sabemos que fue el COVID el que causó esto y no algo más?
Esa es la pregunta que los investigadores no pudieron responder completamente. No encontraron evidencia de que el virus atacara directamente el cerebro. Lo que probablemente sucedió fue que el sistema inmunitario del cuerpo se volvió loco, inflamando todo, incluyendo el cerebro. Pero el mecanismo exacto sigue siendo un misterio.
¿Y qué pasa con esos pacientes ahora? ¿Se recuperan?
Ese es el problema. El estudio no siguió a los pacientes después del alta. Sabemos que el 32 por ciento no podía cocinar ni pagar sus facturas. Pero no sabemos si eso mejoró con el tiempo o si quedaron así permanentemente. Es por eso que los expertos están pidiendo que se haga un seguimiento más cercano.
¿Hay algo que los médicos puedan hacer para prevenirlo?
No lo saben aún. Ni siquiera saben exactamente qué lo causa. Lo que sí saben es que los pacientes mayores con problemas de salud preexistentes corren mayor riesgo. Así que tal vez la vigilancia más cercana de esos pacientes podría ayudar a detectarlo antes.
Der Puls
- Casi uno de cada tres pacientes hospitalizados con COVID-19 en Chicago perdió claridad mental, con síntomas que iban desde la confusión hasta estados similares al coma.
- Quienes desarrollaron encefalopatía permanecieron tres veces más tiempo internados y tenían siete veces más probabilidades de morir que los pacientes sin alteraciones cognitivas.
- Solo el 32% de los pacientes con daño neurológico pudo realizar actividades básicas del hogar tras el alta, frente al 89% de quienes no presentaron esas complicaciones.
- Los expertos advierten que la atención neurológica post-hospitalaria sigue siendo insuficiente, y que muchos pacientes recuperados enfrentarán secuelas duraderas sin el seguimiento adecuado.
- El estudio abre una brecha urgente en los protocolos de atención: identificar tempranamente la encefalopatía podría salvar vidas y preservar la independencia funcional de los sobrevivientes.
En los primeros meses de la pandemia, los médicos de Chicago descubrieron que el coronavirus no solo atacaba los pulmones, sino también la mente: casi un tercio de los pacientes hospitalizados presentó encefalopatía, una alteración cerebral que multiplicó por siete el riesgo de muerte y dejó a la mayoría sin capacidad de valerse por sí mismos al salir del hospital. El estudio, el más amplio realizado hasta entonces en un sistema hospitalario estadounidense, reveló que el daño neurológico predecía resultados devastadores con independencia de la gravedad respiratoria, recordándonos que una enfermedad que parecía respiratoria era, en realidad, una amenaza para todo el ser humano.
En los primeros meses de la pandemia, los médicos de los hospitales de Northwestern Medicine en Chicago comenzaron a notar algo perturbador: muchos pacientes con COVID-19 no solo luchaban por respirar, sino que también perdían la claridad mental. Confusión, delirio, falta de respuesta. Un estudio exhaustivo sobre 509 pacientes hospitalizados entre marzo y abril reveló que casi un tercio presentó encefalopatía, una alteración de las funciones cerebrales que abarca desde problemas de concentración hasta estados de inconsciencia profunda.
Los resultados fueron alarmantes. Los pacientes con encefalopatía permanecieron hospitalizados tres veces más tiempo y tenían casi siete veces más probabilidades de morir. Tras el alta, solo el 32% podía realizar tareas cotidianas de forma independiente, como cocinar o pagar facturas, frente al 89% de quienes no habían sufrido alteraciones mentales. Lo más significativo fue que la encefalopatía predijo peores desenlaces con independencia de cuán grave fuera la enfermedad respiratoria del paciente.
El investigador principal Igor Koralnik explicó que la condición puede desencadenarse por inflamación, alteraciones circulatorias o respuestas inmunitarias descontroladas, y que los afectados tendían a ser hombres mayores con enfermedades preexistentes como diabetes, hipertensión o antecedentes neurológicos. El estudio fue publicado mientras el presidente Trump estaba hospitalizado con COVID-19, aunque Koralnik advirtió que sería irresponsable sacar conclusiones sobre casos individuales a partir de datos retrospectivos.
Más allá de la encefalopatía, el 82% de los pacientes hospitalizados experimentó algún síntoma neurológico: dolor muscular, cefalea, mareos o pérdida del gusto y el olfato. Especialistas como Serena Spudich de Yale y Avindra Nath del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos coincidieron en que estas complicaciones eran frecuentes, a menudo duraderas, y que aún no recibían la atención que merecían. El estudio no solo documentaba un problema grave, sino que señalaba una brecha crítica en la atención que los sobrevivientes necesitarían en los meses y años por venir.
En los primeros meses de la pandemia, mientras los hospitales de Chicago se llenaban de pacientes con COVID-19, los médicos comenzaron a notar algo inquietante: muchos de sus enfermos no solo luchaban por respirar, sino que también parecían perder la claridad mental. Algunos estaban confundidos. Otros deliraban. Algunos simplemente no respondían. Un nuevo estudio, el más exhaustivo realizado hasta entonces sobre complicaciones neurológicas del coronavirus en un sistema hospitalario estadounidense, reveló que casi una tercera parte de los 509 pacientes hospitalizados entre principios de marzo y principios de abril en diez hospitales de Northwestern Medicine en el área de Chicago presentó algún tipo de alteración de las funciones mentales.
Lo que los investigadores descubrieron fue profundamente preocupante. Los pacientes cuyas mentes se vieron afectadas —una condición que los médicos llaman encefalopatía— tuvieron resultados dramáticamente peores que aquellos cuyas funciones cognitivas se mantuvieron intactas. Permanecieron hospitalizados tres veces más tiempo. Después de ser dados de alta, solo el 32 por ciento de ellos fue capaz de realizar tareas básicas de la vida cotidiana sin ayuda, como cocinar o pagar sus facturas. En contraste, el 89 por ciento de los pacientes sin alteraciones mentales regresó a casa con su independencia intacta. Aún más alarmante: aquellos con encefalopatía tenían casi siete veces más probabilidades de morir que los demás.
Igor Koralnik, el investigador principal del estudio publicado en Annals of Clinical and Translational Neurology, explicó que la encefalopatía es un término paraguas que describe cualquier cosa que ande mal en el cerebro. Puede manifestarse como problemas de concentración, pérdida de memoria a corto plazo, desorientación, o incluso un estado de inconsciencia profunda similar al coma. Lo que hizo que estos hallazgos fueran particularmente significativos fue que la encefalopatía predijo peores resultados independientemente de cuán grave fuera la enfermedad respiratoria del paciente. Un paciente podría tener pulmones relativamente estables pero aun así sufrir consecuencias devastadoras por el daño neurológico.
Los investigadores no identificaron una causa única para la encefalopatía. Koralnik señaló que la condición puede desencadenarse por múltiples factores: inflamación, efectos en la circulación sanguínea, respuestas inmunitarias descontroladas. Hasta ese momento, había poca evidencia de que el virus atacara directamente las neuronas. La mayoría de los expertos creía que los efectos neurológicos eran secundarios, causados por la tormenta inflamatoria que el virus desataba en el cuerpo. Los pacientes con encefalopatía tendían a ser mayores, hombres, y a menudo tenían condiciones médicas preexistentes: antecedentes de trastornos neurológicos, cáncer, enfermedades cerebrovasculares, diabetes, colesterol elevado, insuficiencia cardíaca o hipertensión.
El estudio fue publicado en un momento particularmente delicado: el presidente Donald Trump había sido hospitalizado en el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed con COVID-19. Algunos expertos señalaron que Trump cumplía con el perfil de riesgo identificado en el estudio —edad avanzada, sexo masculino, antecedentes de colesterol elevado— y por lo tanto podría estar en mayor riesgo de desarrollar síntomas neurológicos. Sin embargo, Koralnik fue cauteloso, advirtiendo que sacar conclusiones sobre la salud de una persona específica basándose en un estudio retrospectivo sería irresponsable. Trump fue dado de alta el lunes por la noche sin que sus médicos reportaran síntomas neurológicos.
La encefalopatía no fue la única complicación neurológica que el estudio de Northwestern reveló. En general, el 82 por ciento de los pacientes hospitalizados experimentó síntomas neurológicos en algún momento: aproximadamente el 45 por ciento reportó dolor muscular, el 38 por ciento dolor de cabeza, el 30 por ciento mareos, y un porcentaje menor experimentó alteraciones del gusto o el olfato. Esta tasa fue más alta que la reportada en estudios de China y España, aunque los investigadores sugirieron que esto podría deberse a diferencias genéticas o simplemente a que los hospitales de Northwestern no estaban tan saturados y tenían más tiempo para identificar problemas neurológicos.
Serena Spudich, jefa de infecciones neurológicas de la Escuela de Medicina de Yale, enfatizó la importancia del hallazgo: la encefalopatía durante la hospitalización podría predecir peores resultados después del alta. Esto sugería que los pacientes con alteraciones mentales podrían beneficiarse de una supervisión más cercana y rehabilitación después de dejar el hospital. Avindra Nath, del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares, señaló que las complicaciones neurológicas del COVID-19 parecían ser frecuentes y a menudo duraderas, pero aún no habían recibido la atención que merecían. El estudio, entonces, no solo documentaba un problema grave; también señalaba una brecha crítica en la atención que los pacientes recuperados necesitarían en los meses y años venideros.
Bemerkenswerte Zitate
La encefalopatía es un término genérico que significa que algo anda mal en el cerebro, incluyendo problemas de atención, pérdida de memoria a corto plazo, desorientación y estados de inconsciencia profunda.— Igor Koralnik, investigador principal del estudio
Las complicaciones neurológicas de la infección parecen ser frecuentes y en muchos casos duraderas, pero aún no han recibido mucha atención.— Avindra Nath, Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares