Un nuevo “súper El Niño” se está gestando. Científicos estudian una controvertida solución para reducir sus efectos

Los incendios forestales del Verano Negro australiano (2019-2020) arrasaron decenas de millones de hectáreas y contribuyeron a la muerte de cientos de personas.
La tecnología simplemente no existe a escala práctica
Un experto en geoingeniería explica por qué la técnica propuesta aún está muy lejos de ser viable.

Un nuevo súper El Niño podría ser el más intenso en décadas, causando fenómenos meteorológicos extremos y pérdidas económicas de billones de dólares globalmente. El estudio propone usar geoingeniería solar temporal para reflejar luz solar mediante partículas en nubes oceánicas, basándose en efectos naturales de incendios australianos.

  • Un nuevo súper El Niño podría ser el más intenso en décadas, causando pérdidas económicas de billones de dólares
  • El estudio del Instituto Scripps propone usar brillo de nubes marinas para reflejar luz solar mediante partículas dispersas
  • Los incendios australianos de 2019-2020 arrasaron decenas de millones de hectáreas y mataron a cientos de personas
  • La técnica podría reducir la intensidad de El Niño y aumentar los efectos de enfriamiento en un 40 por ciento

Investigadores del Instituto Scripps analizan si el brillo de nubes marinas podría reducir los efectos de un próximo súper El Niño, aunque expertos advierten sobre desafíos técnicos y éticos sin resolver.

Un nuevo súper El Niño se aproxima, y con él viene la posibilidad de que sea el más intenso registrado en décadas. Los científicos saben lo que eso significa: olas de calor devastadoras, incendios forestales incontrolables, sequías prolongadas, y pérdidas económicas que se medirán en billones de dólares. Pero esta vez, algunos investigadores están planteando una pregunta que hace apenas unos años habría parecido ciencia ficción: ¿y si pudiéramos reducir temporalmente sus efectos reflejando parte de la luz solar de regreso al espacio?

Un equipo de científicos del Instituto Scripps de Oceanografía publicó esta semana en la revista Science Advances un estudio que explora precisamente esa posibilidad. La técnica se llama brillo de nubes marinas, y consiste en dispersar partículas microscópicas en las nubes que flotan sobre el océano para aumentar su capacidad reflectante. Es una forma de geoingeniería solar, un campo tan controvertido que los investigadores no se atrevieron a realizar experimentos reales en el mundo. En su lugar, utilizaron lo que llamaron un "experimento natural".

Ese experimento natural fue el Verano Negro de Australia. Entre 2019 y 2020, los incendios forestales arrasaron decenas de millones de hectáreas y mataron a cientos de personas. Pero los incendios también generaron enormes columnas de humo cargadas de partículas que se elevaron hacia la atmósfera y se mezclaron con las nubes sobre el océano Pacífico. Esas partículas hicieron que las nubes reflejaran más radiación solar de la que normalmente lo hacen, enfriando el océano Pacífico. Los investigadores aislaron ese efecto y lo utilizaron como modelo para simular qué ocurriría si se aplicara deliberadamente la técnica durante dos de los episodios de El Niño más intensos de la historia: el de 1997 y el de 2015.

Los resultados fueron prometedores. Según el estudio, aplicar el brillo de nubes marinas de forma dirigida podría reducir la intensidad de El Niño y potenciar los efectos de enfriamiento y sequedad asociados con La Niña, el fenómeno opuesto, en un 40 por ciento. Cuanto antes se aplicara la técnica durante el desarrollo de El Niño, mayor sería su eficacia. Kate Ricke, coautora del estudio y científica climática del Instituto Scripps, enfatizó que lo importante de esta propuesta es que sería temporal. No se trata de una intervención permanente que obligara a mantener la geoingeniería indefinidamente. Sería una herramienta para mitigar un evento estacional o de varios años cuya capacidad de causar daños está prácticamente garantizada. "Esto es simplemente una prueba de concepto", aclaró Ricke. "Lo único que hemos demostrado es que vale la pena seguir investigándolo".

Pero los desafíos son enormes, y no todos son técnicos. El Niño es un fenómeno extraordinariamente complejo. Aunque genera pérdidas económicas masivas en todo el mundo, no todas las regiones resultan perjudicadas. Algunas incluso se benefician de sus efectos. California, por ejemplo, depende de las abundantes lluvias que El Niño suele traer para recargar sus embalses, aunque esas mismas precipitaciones pueden causar inundaciones peligrosas. Ricke reconoce que será necesario comprender cuidadosamente cómo la técnica podría afectar el momento en que ocurre La Niña, su frecuencia, su intensidad y sus impactos sobre regiones específicas. "Hay que analizar cuidadosamente las compensaciones", señaló.

Los expertos externos que no participaron en el estudio son aún más escépticos. James Haywood, profesor de ciencias atmosféricas de la Universidad de Exeter, señala que existen "muchísimas preguntas sin respuesta e incertidumbres" sobre la viabilidad de la técnica. Uno de los mayores desafíos es la capacidad técnica para producir partículas del tamaño y en la cantidad adecuados. Y luego está el riesgo de excederse: si se aplica demasiada dispersión de partículas, podría provocarse un episodio de La Niña mucho más intenso que cualquiera registrado hasta ahora, generando a su vez fenómenos meteorológicos extremos en otras partes del mundo. David Keith, profesor de ciencias geofísicas de la Universidad de Chicago, fue aún más directo: casi dos décadas después de que comenzaran las investigaciones, los sistemas para dispersar partículas tienen una capacidad de pulverización al menos cien veces menor de la necesaria para un uso práctico. "La tecnología simplemente no existe", afirmó.

Más allá de los obstáculos técnicos, existen dilemas éticos profundos. ¿Quién tendría la autoridad para decidir si el mundo debe recurrir a esta técnica? ¿Podría la geoingeniería desviar la atención de los esfuerzos para reducir las emisiones responsables del calentamiento global? Ricke reconoce que queda mucho por estudiar. Pero plantea una pregunta que resume la tensión central: "Si existe una forma de utilizar esta técnica para mitigar los efectos de El Niño, ¿por qué no considerarla?".

Esto es simplemente una prueba de concepto. Lo único que hemos demostrado es que vale la pena seguir investigándolo.
— Kate Ricke, coautora del estudio, Instituto Scripps de Oceanografía
Estamos muy lejos de poder aplicar este tipo de tecnologías y de saber si realmente funcionarían como se espera.
— James Haywood, profesor de ciencias atmosféricas, Universidad de Exeter
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué los científicos decidieron estudiar esto ahora, en este momento?

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Porque el próximo súper El Niño podría ser el más intenso en décadas, y el cambio climático causado por la actividad humana está haciendo que cada episodio de El Niño sea más extremo. Los daños económicos y humanos son tan grandes que algunos investigadores sienten que tienen que explorar todas las opciones posibles.

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Pero ¿cómo pueden estar seguros de que funcione sin arriesgar el planeta?

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No pueden. Por eso utilizaron un "experimento natural": los incendios australianos de 2019 y 2020 generaron partículas que naturalmente reflejaron luz solar. Los científicos estudiaron ese efecto real y lo modelaron en computadora. Pero reconocen que la tecnología para hacerlo deliberadamente aún no existe a escala práctica.

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¿Cuál es el mayor riesgo si se equivocan?

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Podrían crear un episodio de La Niña mucho más intenso que cualquiera en la historia. La Niña también causa fenómenos meteorológicos extremos: lluvias intensas en Asia y Australia, sequías en partes de América del Sur. Estarían resolviendo un problema creando otro.

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¿Y si simplemente dejamos de emitir gases de efecto invernadero?

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Ese es el punto ético que los expertos plantean. La geoingeniería podría convertirse en una excusa para no hacer el trabajo más difícil de reducir emisiones. Ricke lo reconoce: "Necesitamos comprender mucho más". Pero también pregunta: si existe una herramienta temporal para mitigar un desastre inminente, ¿por qué no considerarla mientras trabajamos en soluciones a largo plazo?

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¿Quién decide si se usa?

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Esa es la pregunta sin respuesta. No hay un gobierno global que pueda tomar esa decisión. Y cualquier país que lo hiciera estaría afectando el clima de todo el planeta. Es un dilema ético sin resolver.

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