Ucrania envía comida con drones a Oleshki, ciudad ocupada por Rusia que se muere de hambre

Aproximadamente 2.000 personas atrapadas en Oleshki enfrentan inanición extrema, muertes por falta de atención médica, y civiles utilizados como escudos humanos por fuerzas rusas; testimonios documentan cadáveres sin recoger y pérdidas de familiares.
Podía ser el último instante de nuestras vidas
Svitlana recuerda los drones sobrevolando Oleshki a la altura del rostro mientras intentaba sobrevivir.
Mark

¿Por qué los drones son la única forma de llegar comida a Oleshki? ¿No hay otras rutas?

Mimi

El río Dniéper es prácticamente infranqueable. Los rusos controlan la margen izquierda. Ucrania ha intentado cruzar varias veces, incluso con operaciones de comando, pero fracasó. Los drones vuelan de noche para evitar ser derribados. Es lo único que funciona.

Luke

Pero hay que ser honesto: esos drones también son armas. Chuhalov dice que puede ver su propia casa a través de la cámara. ¿Cuánta de esa vigilancia es humanitaria y cuánta es militar?

Mark

¿Cuál es el número real de personas atrapadas allí?

Mimi

Las autoridades ucranianas hablan de dos mil personas. Eso es aproximadamente el diez por ciento de la población de 2022. Pero es una estimación. Nadie puede entrar para verificar.

Luke

Exacto. Dos mil es un número que aparece en los reportes oficiales, pero ¿quién lo contó? ¿Cuándo fue la última verificación independiente? No la hay.

Mark

¿Rusia está realmente usando civiles como escudos humanos?

Mimi

Eso es lo que dicen Chuhalov, Svitlana y la directora de la administración militar. Los rusos se instalan entre los vecinos, acceden a su comida, y así evitan que Ucrania lance una contraofensiva.

Luke

Eso es lo que dicen los ucranianos. Rusia lo niega. The Insider, un medio ruso independiente, confirma la crisis humanitaria pero no verifica específicamente las acusaciones de escudos humanos. Es una acusación grave que merece más que testimonios.

Mark

¿Qué pasó con esos dos comerciantes que rescataron a Svitlana y Oleg?

Mimi

Murieron en una explosión el 2 de junio a la entrada de Oleshki. Habían estado llegando desde territorio ucraniano para vender comida cuando escaseaba. Arriesgaron sus vidas varias veces.

Luke

¿Quién los mató? ¿Una mina, un dron, artillería? El reportaje no lo especifica. Es un detalle importante.

Mark

¿Por qué la Cruz Roja y la ONU no pueden entrar?

Mimi

Porque Oleshki está ocupada por Rusia y rodeada de minas. No hay corredores humanitarios establecidos. Rusia obstaculiza los intentos de acceso.

Luke

Eso es lo que dicen las autoridades ucranianas. Rusia dice que es Kiev quien obstaculiza las entregas. Ambos bandos acusan al otro. La verdad es que nadie neutral ha podido verificar quién está bloqueando qué.

Mark

¿Cuánta comida llega realmente con los drones?

Mimi

Cuatro toneladas en la primera operación, aunque parte fue interceptada por los rusos. Cuatrocientos paquetes en la segunda, que sí se distribuyeron. Pero eso es para dos mil personas.

Luke

Eso es insuficiente. Cuatrocientos paquetes para dos mil personas es una gota. ¿Cuánto pesa cada paquete? ¿Cuántas calorías contiene? El reportaje no lo dice. Sabemos que llega comida, pero no sabemos si es suficiente para mantener a alguien vivo.

  • Aproximadamente dos mil personas permanecen atrapadas en Oleshki sin agua, electricidad ni calefacción, y han comenzado a comer animales domésticos para sobrevivir.
  • Las fuerzas rusas utilizan deliberadamente a los civiles como escudos humanos, instalándose entre la población para disuadir cualquier contraofensiva ucraniana.
  • Ni el Comité Internacional de la Cruz Roja ni la ONU han logrado acceder a la ciudad, dejando la ayuda humanitaria en manos de operaciones militares improvisadas.
  • Militares ucranianos coordinan entregas nocturnas de alimentos y medicinas mediante drones, en lo que uno de sus responsables describe como un 'Amazon en tiempos de guerra'.
  • Las operaciones de rescate son frágiles y mortales: dos comerciantes que salvaron a una pareja de la ciudad murieron semanas después en una explosión a la entrada de Oleshki.

En Oleshki, una ciudad ucraniana ocupada a orillas del Dniéper, cerca de dos mil personas sobreviven al margen del mundo visible: sin agua, sin calor, sin acceso humanitario internacional. Ante el silencio de los organismos globales, son soldados ucranianos quienes, volando drones en la oscuridad, intentan sostener la vida donde el Estado ya no puede llegar. Esta historia es, en su esencia, la de lo que ocurre cuando la guerra convierte la comida en un acto de resistencia y el hambre en arma de ocupación.

En Oleshki, ciudad a orillas del Dniéper ocupada por Rusia desde febrero de 2022, cerca de dos mil personas sobreviven en condiciones extremas. No hay agua corriente, ni electricidad, ni calefacción ante el invierno que se acerca. Los habitantes comen perros, gatos y palomas. Algunos han muerto de inanición, y sus cuerpos son fotografiados con documentos de identidad sobre el pecho para que las autoridades ucranianas puedan certificar las muertes a distancia.

Roman Chuhalov, militar de 44 años oriundo de Oleshki, coordina desde hace meses entregas de alimentos mediante drones que vuelan de noche para evadir a las fuerzas rusas. Sus informantes dentro de la ciudad le proporcionan coordenadas exactas; los drones descienden cajas mediante cuerdas. Los vecinos fotografían los paquetes junto a notas de gratitud manuscritas, imágenes que Chuhalov guarda como prueba de que la ayuda llega. En septiembre y octubre se realizaron dos operaciones principales: la primera, con cuatro toneladas de suministros, fue parcialmente interceptada por militares rusos; la segunda logró distribuir unos cuatrocientos paquetes de comida, medicinas y artículos infantiles.

Svitlana y su marido Oleg, de sesenta años, huyeron hace cinco meses en lo que describen como una carrera entre la vida y la muerte, navegando entre campos minados. Antes de partir, habían perdido a sus madres por las condiciones extremas y presenciado escenas que los marcaron para siempre. Fueron rescatados por dos comerciantes que arriesgaron sus vidas para sacarlos. El 2 de junio, esos mismos hombres murieron en una explosión a la entrada de Oleshki. 'Eran los que nos habían salvado la vida. Lloramos durante dos semanas', recuerdan.

Las fuerzas rusas se instalan deliberadamente entre la población civil para disuadir una contraofensiva ucraniana, sabiendo que Kiev evitará poner en peligro a sus propios ciudadanos. La ciudad está minada hasta en los parques infantiles. Tetiana Hasanenko, directora de la administración militar ucraniana de Oleshki, ha localizado entre treinta y cinco y treinta y siete niños aún atrapados. Oleshki se encuentra a solo cuatro kilómetros de posiciones ucranianas en Jersón, pero el río Dniéper actúa como barrera natural infranqueable. Mientras la comunidad internacional permanece bloqueada, miles de desplazados esperan una intervención que aún no llega.

En la ciudad de Oleshki, a orillas del río Dniéper en la región de Jersón, aproximadamente dos mil personas sobreviven en condiciones que desafían la imaginación. Ocupada por tropas rusas desde el 24 de febrero de 2022, la ciudad ha quedado atrapada en un cerco de hambre, minas terrestres y destrucción. No hay agua corriente, ni electricidad, ni calefacción cuando se acerca el invierno. El Comité Internacional de la Cruz Roja y la ONU no han logrado acceder. Los habitantes comen perros, gatos y palomas. Algunos han muerto de inanición, sus cuerpos fotografiados con documentos de identidad sobre el pecho para que las autoridades ucranianas puedan certificar las muertes a distancia y documentarlas como crímenes de guerra.

Roman Chuhalov, militar de 44 años de la 34ª Brigada de Infantería de Marina, es oriundo de Oleshki. Desde hace meses coordina operaciones de entrega de alimentos mediante drones no tripulados, volando en plena noche para evadir a las fuerzas rusas. Utiliza su teléfono para mantener contacto con informantes dentro de la ciudad, quienes le proporcionan coordenadas exactas de direcciones donde deben llegar los envíos. Los drones descienden cajas de cartón mediante cuerdas. Los vecinos fotografían los paquetes recibidos junto a notas manuscritas de gratitud: "Gracias a nuestros queridos soldados. Os esperamos en nuestra inquebrantable ciudad". Esas imágenes llegan al teléfono de Chuhalov, quien las guarda como prueba de que la ayuda llega a sus destinatarios.

En septiembre y principios de octubre, las autoridades de Kiev realizaron dos operaciones principales de entrega. La primera, el 27 de septiembre, consistió en cuatro toneladas de suministros que fueron parcialmente interceptados por militares rusos. La segunda, el 4 de octubre, envió aproximadamente cuatrocientos paquetes de comida, medicinas y suministros infantiles que sí pudieron distribuirse. En el viaje de regreso, uno de los drones logró extraer seis gatos en una jaula. Estas operaciones a pequeña escala representan lo que Chuhalov describe como un "Amazon en tiempos de guerra", donde cada entrega se coordina con precisión para llegar a familias específicas que la solicitan.

Svitlana y su marido Oleg, ambos de sesenta años, permanecieron en Oleshki hasta que la situación se volvió insostenible. Hace cinco meses ejecutaron una huida que describen como una carrera "entre la vida y la muerte", navegando entre campos minados y posiciones rusas. El vehículo que los sacó no podía superar segunda velocidad por la densidad de artefactos explosivos en las calles. Antes de partir, habían cuidado a los perros y gatos de vecinos que se habían marchado, alimentándolos en bicicleta mientras presenciaban escenas que los marcaron profundamente: perros devorando cadáveres, algunos de los cuales creían que eran de soldados rusos. "¿Cómo no son ni capaces de llevarse los cuerpos de sus camaradas de lucha?", se preguntaba Svitlana. Ambos perdieron a sus madres en los meses previos a la fuga, víctimas de las condiciones extremas. No pudieron despedirse en el cementerio.

La ciudad está minada incluso en los parques infantiles. Desde septiembre del año anterior, el vuelo constante de drones de ambos bandos se convirtió en una amenaza permanente. Svitlana recuerda caminando por las calles mientras drones pasaban a la altura del rostro. "Podía ser el último instante de nuestras vidas", dice. Muchos vehículos abandonados yacen bombardeados en las calles. Tetiana Hasanenko, directora de la administración militar ucraniana de Oleshki que reside fuera desde el inicio de la invasión, ha localizado entre treinta y cinco y treinta y siete niños atrapados en la ciudad. Le preocupa especialmente su destino.

Las fuerzas rusas utilizan deliberadamente a los civiles como escudos humanos, según testimonios de Chuhalov, Svitlana y Hasanenko. Los militares se instalan entre los vecinos ucranios, accediendo a comida de sus sótanos y huertos, y aprovechando los envíos de ayuda que llegan. De esta forma, buscan disuadir una contraofensiva ucraniana, sabiendo que Kiev evitará poner a sus propios civiles en peligro. Videos grabados desde el aire muestran a la población desplazándose entre las minas. Hasanenko ha reportado dos muertes en los últimos días.

La ciudad representa apenas el diez por ciento de su población de 2022. Oleshki está a solo cuatro kilómetros de posiciones ucranianas en la ciudad de Jersón, pero el río Dniéper actúa como barrera natural que favorece a los invasores, quienes dominan la margen izquierda. Los militares ucranianos han intentado sin éxito cruzar el río en numerosas ocasiones, incluso mediante operaciones de comando. Dos cabezas de puente establecidas en 2023 acabaron cayendo, una de ellas a la altura de Oleshki.

Svitlana y Oleg fueron rescatados por dos comerciantes que arriesgaron sus vidas, llegando desde territorio controlado por Kiev para vender productos cuando la comida escaseaba en la ciudad. El 1 de mayo de este año, estos hombres los sacaron en sus vehículos a través de localidades bajo control ruso. Fue una aventura que describen como "terrible". El 2 de junio, ambos comerciantes murieron en una explosión a la entrada de Oleshki. "Eran los que nos habían salvado la vida. Lloramos durante dos semanas", recuerdan Svitlana y Oleg. Ahora, desde la seguridad relativa de territorio ucraniano, siguen la actualidad de su ciudad a través de contactos esporádicos, observando desde la distancia cómo sus vecinos luchan por sobrevivir en un lugar que ya no pueden llamar hogar.

Los habitantes están comiendo perros, gatos o palomas
— Roman Chuhalov, militar de la 34ª Brigada de Infantería de Marina
Durante meses, Rusia ha estado intentando aislar a los ucranios en Oleshki del mundo exterior, incluso obstaculizando la entrega de alimentos
— Andri Sibiha, ministro de Exteriores ucranio
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