Once años de silencio diplomático entre Washington y Caracas se rompieron el martes en Nueva York, cuando Donald Trump y Delcy Rodríguez se reunieron en privado en el hotel Lotte durante la Asamblea General de la ONU. El encuentro, el primero entre un presidente estadounidense y un gobernante venezolano desde 2015, ocurrió apenas meses después de la captura de Nicolás Maduro y el restablecimiento de relaciones diplomáticas. La discreción que rodeó la reunión —sin prensa, sin comunicados, sin fotografías— habla de la delicadeza de un vínculo que se reconstruye sobre intereses energéticos y preg
Trump y Delcy Rodríguez se reúnen en privado: primer encuentro entre EE.UU. y Venezuela en 11 años
El silencio de once años entre Washington y Caracas terminó en una sala sin cámaras
¿Por qué fue tan importante que esta reunión fuera completamente privada? Parece extraño que Trump, que suele buscar visibilidad, no quisiera que se viera.
Creo que ambos lados tenían razones para evitar las cámaras. Para Trump, una foto con Rodríguez podría parecer que está legitimando a alguien que fue parte del régimen de Maduro. Para Rodríguez, estar demasiado visiblemente alineada con Washington podría debilitarla internamente en Venezuela, donde hay gente que ve esto como una capitulación.
Pero espera—¿qué sabemos realmente de lo que se discutió? La Casa Blanca confirmó que ocurrió, pero no hay declaraciones, no hay detalles. Podría haber sido una conversación de cinco minutos o una negociación de dos horas. No tenemos forma de saber qué se acordó o si se acordó algo.
Entonces, ¿el acuerdo petrolero que mencionan—ese ya estaba cerrado antes de la reunión?
Sí, ese acuerdo se anunció semanas antes. Así que esta reunión no fue para negociar eso. Fue más bien una consolidación, una forma de que Trump dijera públicamente, sin decir nada, que él respalda a Rodríguez y que las relaciones están normalizadas.
Y eso es lo que preocupa a algunos observadores. Si el acuerdo petrolero ya estaba hecho, ¿qué incentivo tiene Estados Unidos para presionar por cambios democráticos reales en Venezuela? El petróleo ya está asegurado.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que Maduro fue capturado?
Apenas nueve meses. Así que esto es muy reciente. Rodríguez pasó de ser vicepresidenta bajo Maduro a ser la cara del nuevo gobierno, todo en cuestión de meses.
Y eso es un detalle importante que la gente debería notar. No es que Venezuela eligió a Rodríguez en elecciones libres. Ella está en el poder porque Washington la puso ahí. Eso no es lo mismo que una transición democrática.
¿Hay precedentes para esto? ¿Otras veces que Estados Unidos ha hecho este tipo de acuerdos con gobiernos que depende de su respaldo?
Hay muchos ejemplos históricos, pero lo que es diferente aquí es la velocidad y la escala del acuerdo petrolero. Es muy directo: Estados Unidos controla una quinta parte de las reservas. Eso es bastante explícito.
Y lo que no sabemos es si hay otras cláusulas, otras promesas, otras presiones que se discutieron en esa sala cerrada. La privacidad total significa que el público nunca sabrá qué se negoció realmente.
The Pulse
- Once años de ruptura diplomática se cerraron en una sala privada de Manhattan, con solo cuatro funcionarios estadounidenses como testigos de un momento histórico.
- La ausencia total de cobertura mediática —en contraste con la reunión pública con Zelenski— revela cuánto ambas partes querían evitar el escrutinio sobre lo que se negocia entre Washington y Caracas.
- Un acuerdo petrolero que otorga a Estados Unidos control sobre una quinta parte de las reservas venezolanas ya está sobre la mesa, alimentando sospechas de que el petróleo pesa más que la democracia.
- Rodríguez consolida su legitimidad internacional sentándose con Trump, mientras Maduro permanece preso a pocos kilómetros, símbolo del régimen que ella ahora reemplaza.
- La pregunta que nadie responde públicamente es si este acercamiento acelerará una transición democrática real en Venezuela o simplemente cambiará de amo al mismo sistema.
Once años de silencio diplomático entre Washington y Caracas se rompieron el martes en Nueva York, cuando Donald Trump y Delcy Rodríguez se reunieron en privado en el hotel Lotte durante la Asamblea General de la ONU. El encuentro, el primero entre un presidente estadounidense y un gobernante venezolano desde 2015, ocurrió apenas meses después de la captura de Nicolás Maduro y el restablecimiento de relaciones diplomáticas. La discreción que rodeó la reunión —sin prensa, sin comunicados, sin fotografías— habla de la delicadeza de un vínculo que se reconstruye sobre intereses energéticos y preguntas sin respuesta sobre el futuro democrático de Venezuela.
El martes 22 de septiembre, Donald Trump y Delcy Rodríguez se sentaron juntos en el hotel Lotte New York Palace, poniendo fin a once años de silencio entre la presidencia estadounidense y el liderazgo venezolano. El encuentro ocurrió en el marco de la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de la ONU, durante una recepción que Trump ofrecía a líderes extranjeros. La Casa Blanca confirmó la reunión, pero no hubo prensa, ni comunicados, ni fotografías: solo cuatro funcionarios en la sala —Marco Rubio, Scott Bessent, Susie Wiles y Stephen Miller— además de los dos mandatarios.
Esa discreción contrastaba con otras reuniones de Trump en Nueva York esos mismos días, como la que sostuvo con Zelenski ante las cámaras. La privacidad sugería que ambas partes preferían evitar que el encuentro fuera leído como un acto de legitimación mutua en público. El contexto era denso: en enero, Trump había capturado y depuesto a Maduro en Caracas; Rodríguez, su exvicepresidenta, encabezaba ahora el gobierno que Washington había reconocido tras restablecer relaciones diplomáticas rotas desde 2019.
Semanas antes del encuentro, ambos gobiernos habían anunciado un acuerdo petrolero que permitiría a Estados Unidos controlar cerca de una quinta parte de las reservas de crudo venezolanas. El pacto reflejaba los intereses en juego —Venezuela necesitaba mercados, Washington quería petróleo—, pero también generó inquietud sobre si los compromisos energéticos desplazarían cualquier exigencia de transición democrática genuina.
La reunión ocurrió a escasos kilómetros de la prisión donde Maduro permanece recluido, acusado de narcotráfico. Rodríguez, al sentarse con Trump, consolidaba su posición como la cara legítima del nuevo orden venezolano respaldado por Washington. Lo que se dijo en esa sala cerrada no se reveló. Pero el simple hecho de que la reunión hubiera ocurrido era ya un mensaje: el aislamiento había terminado, y lo que vendría después —más acuerdos, más encuentros, o el olvido de la promesa democrática— seguía siendo una pregunta sin respuesta.
Donald Trump y Delcy Rodríguez se sentaron juntos el martes 22 de septiembre en Nueva York, en una reunión que rompía once años de silencio entre la presidencia estadounidense y el liderazgo venezolano. El encuentro tuvo lugar en el hotel Lotte New York Palace, durante una recepción que Trump ofrecía a líderes extranjeros en el marco de la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Casa Blanca confirmó el encuentro, aunque los detalles permanecieron bajo llave: no hubo acceso de prensa, no hubo comunicados públicos, solo cuatro funcionarios estadounidenses en la sala además de los dos mandatarios.
Esos cuatro funcionarios eran el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent, la jefa de gabinete Susie Wiles y el subjefe de gabinete Stephen Miller. La privacidad del encuentro contrastaba marcadamente con otras reuniones que Trump sostuvo en Nueva York durante esos mismos días, como la que mantuvo con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, que sí permitió cobertura de medios. La discreción sugería que ambas partes querían evitar el escrutinio público de lo que se hablaba, o al menos no querían que se viera como un acto de legitimación mutua ante las cámaras.
El contexto político que rodeaba esta conversación era denso. Apenas meses antes, en enero, Trump había capturado y depuesto a Nicolás Maduro en Caracas. Rodríguez, quien había sido vicepresidenta bajo Maduro, ahora encabezaba el nuevo gobierno que Washington había reconocido y con el cual había restablecido relaciones diplomáticas después de que se rompieran en 2019. El cambio de régimen en Venezuela había sido uno de los logros más visibles de la administración Trump, y ahora el presidente se reunía con la figura que lo encarnaba.
Lo que hacía este encuentro particularmente significativo era su rareza histórica. La última vez que un presidente estadounidense se había sentado con un gobernante venezolano fue en 2015, cuando Barack Obama y Nicolás Maduro tuvieron un breve encuentro durante la Cumbre de las Américas en Panamá. Once años separaban esos dos momentos, y en ese intervalo las relaciones entre Washington y Caracas se habían deteriorado hasta el punto de ruptura total. Ahora, bajo Trump, se estaban reconstruyendo con una velocidad que sorprendía a observadores de la región.
El acercamiento había tomado forma concreta semanas antes, cuando ambos gobiernos anunciaron un acuerdo petrolero que permitiría a Estados Unidos controlar aproximadamente una quinta parte de las reservas de crudo venezolanas. Era un pacto que reflejaba los intereses materiales en juego: Venezuela necesitaba acceso a mercados y capital, Estados Unidos buscaba asegurar suministros de petróleo. Pero el acuerdo también había generado inquietud entre sectores que veían en él una priorización de los intereses energéticos estadounidenses por encima de cualquier compromiso con una transición democrática genuina en Venezuela.
La reunión en el Lotte ocurrió a escasos kilómetros de una prisión neoyorquina donde Nicolás Maduro permanecía recluido, acusado de narcotráfico. Esa proximidad geográfica era un recordatorio de cómo había terminado el régimen anterior: no con negociaciones o transiciones ordenadas, sino con la captura de su líder y su extradición a Estados Unidos. Rodríguez, al sentarse con Trump, estaba consolidando su posición como la cara legítima del nuevo orden en Venezuela, respaldada por Washington.
Lo que se dijo en esa sala cerrada del hotel permanecería sin revelar. No había declaraciones conjuntas, no había fotos de apretón de manos para las redes sociales, no había promesas públicas. Solo el hecho de que la reunión había ocurrido, confirmado por la Casa Blanca, era el mensaje. Y ese mensaje era claro: Estados Unidos y Venezuela estaban en conversación, el aislamiento había terminado, y la nueva administración venezolana tenía el respaldo de Washington. Lo que vendría después—si el acuerdo petrolero se profundizaría, si habría más encuentros, si la promesa de una transición democrática se cumpliría o quedaría en segundo plano—seguía siendo una pregunta abierta.
Notable Quotes
La reunión se celebró a puerta cerrada y sin acceso de la prensa, a diferencia de otras reuniones mantenidas por Trump en Nueva York— Casa Blanca