En el cruce entre la ética tecnológica y la geopolítica, Anthropic ha sido vetada por la administración Trump tras negarse a eliminar restricciones sobre vigilancia masiva y armas autónomas en sus contratos de defensa. Lo que comenzó como una disputa contractual se ha convertido en un símbolo de la tensión entre los límites morales que algunas empresas de IA se imponen a sí mismas y las exigencias de un Estado que reclama soberanía absoluta sobre las herramientas que financia. Mientras Anthropic impugna el veto en los tribunales, OpenAI avanza hacia acuerdos con la OTAN, recordándonos que en l
Trump veta a Anthropic en defensa mientras OpenAI negocia con la OTAN
El Pentágono seguía usando Claude incluso después del veto
¿Por qué Anthropic se negó a aceptar lo que el Pentágono pedía? Parece que simplemente estaban rechazando dinero.
No era solo dinero. Amodei estaba diciendo que su empresa tenía límites éticos que no cruzaría, incluso para contratos gubernamentales. Vigilancia masiva, armas autónomas—esas eran líneas rojas.
Pero aquí está lo importante: el Pentágono ya estaba usando Claude para operaciones reales, incluso después del veto. Entonces, ¿cuál es el verdadero problema? ¿Es que Trump quería castigar a Anthropic, o es que realmente necesitaba que la IA funcionara sin restricciones?
¿Y por qué los contratistas de defensa simplemente obedecieron? ¿No tenían sus propias razones para usar Anthropic?
Algunos dijeron que su uso era limitado de todas formas. Pero creo que muchos simplemente no querían enfrentarse al gobierno. Es más fácil cambiar de proveedor que resistirse.
Exacto. Y aquí está lo que nadie está diciendo claramente: no sabemos si estos contratistas realmente creen que Anthropic es un riesgo de seguridad, o si simplemente están siguiendo órdenes políticas. Las declaraciones son vagas.
¿Entonces OpenAI está ganando porque está dispuesta a hacer lo que el gobierno quiere?
Parece así. Mientras Anthropic pierde contratos, OpenAI está negociando con la OTAN. Es un contraste muy claro.
Pero espera. Michael, el subsecretario de defensa, dijo que las restricciones podrían paralizar misiones militares. Eso sugiere que tal vez Anthropic tenía razón en sus preocupaciones. Si las restricciones son un problema real, ¿por qué el gobierno está vetando a la empresa que las impone?
¿Eso significa que el veto no tiene sentido?
No digo eso. Digo que la lógica aquí no es clara. El gobierno dice que Anthropic es un riesgo, pero también dice que sus restricciones son un problema. Esos dos argumentos no encajan bien juntos.
Le Pouls
- El Pentágono exigió a Anthropic aceptar 'cualquier uso legal' de su IA, incluyendo vigilancia masiva y armas autónomas, cruzando líneas que la empresa consideraba innegociables.
- La respuesta de Trump fue inmediata y total: un veto que no solo afecta a Anthropic, sino que amenaza a cualquier contratista de defensa que mantenga relación comercial con la empresa.
- Grandes contratistas como Lockheed Martin y Northrop Grumman se alinearon rápidamente con la decisión presidencial, aunque expertos legales advierten que el veto carece de una base jurídica sólida.
- La ironía es palpable: incluso tras el veto, el Pentágono ha seguido utilizando Claude en operaciones militares de alto perfil, incluyendo la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
- OpenAI se mueve en sentido contrario, negociando desplegar sus sistemas en las redes de la OTAN, consolidando su posición como el aliado tecnológico preferido del establishment militar occidental.
En el cruce entre la ética tecnológica y la geopolítica, Anthropic ha sido vetada por la administración Trump tras negarse a eliminar restricciones sobre vigilancia masiva y armas autónomas en sus contratos de defensa. Lo que comenzó como una disputa contractual se ha convertido en un símbolo de la tensión entre los límites morales que algunas empresas de IA se imponen a sí mismas y las exigencias de un Estado que reclama soberanía absoluta sobre las herramientas que financia. Mientras Anthropic impugna el veto en los tribunales, OpenAI avanza hacia acuerdos con la OTAN, recordándonos que en la era de la inteligencia artificial, las decisiones corporativas sobre el uso de la tecnología son, en el fondo, decisiones sobre el futuro de la guerra.
A finales de febrero, Dario Amodei, CEO de Anthropic, hizo pública la posición de su empresa frente al Departamento de Guerra estadounidense: colaborarían con la defensa nacional, pero no proporcionarían herramientas para vigilancia masiva dentro de Estados Unidos ni para sistemas de armas autónomas. El Pentágono, según Amodei, presionaba para eliminar precisamente esas restricciones, exigiendo que Anthropic aceptase 'cualquier uso legal' de su inteligencia artificial.
La administración Trump respondió con un veto fulminante. Pete Hegseth, secretario de Defensa, extendió la prohibición a cualquier contratista, proveedor o socio que hiciera negocios con el ejército: ninguno podría mantener 'ninguna actividad comercial' con Anthropic. La eliminación gradual de sus herramientas de los sistemas federales tomaría unos seis meses, aunque la empresa anunció que impugnaría la decisión en los tribunales.
Lo que siguió reveló las contradicciones del sector. Expertos legales señalaron que el veto carece de una base jurídica sólida, pero los grandes contratistas de defensa —Lockheed Martin, Northrop Grumman, Leidos, Huntington Ingalls— se alinearon sin titubear con la decisión presidencial. La ironía no tardó en aflorar: a pesar del veto, el Pentágono ha continuado utilizando Claude en operaciones militares de alto perfil, incluida la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
Mientras Anthropic libra su batalla legal, OpenAI avanza en dirección contraria. Sam Altman estaría negociando desplegar los sistemas de la compañía en las redes no clasificadas de la OTAN, consolidando a OpenAI como el aliado tecnológico preferido del establishment militar occidental. La disputa ha dejado de ser una cuestión de laboratorios y contratos: es ya un campo de batalla geopolítico donde las decisiones sobre qué empresa controla qué tecnología militar tienen consecuencias que trascienden con creces cualquier cálculo comercial.
La rivalidad entre las grandes empresas de inteligencia artificial ha escalado hacia territorio político, con consecuencias que van mucho más allá de los laboratorios de investigación. A finales de febrero, Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó un comunicado explicando la posición de su empresa frente a los contratos con el Departamento de Guerra estadounidense. La firma estaba dispuesta a poner su tecnología al servicio de la defensa nacional y de otras democracias, pero se negaba a cruzar ciertas líneas: no proporcionaría herramientas para vigilancia masiva dentro de Estados Unidos ni para sistemas de armas autónomas. El Pentágono, según Amodei, presionaba para que Anthropic aceptase "cualquier uso legal" de su inteligencia artificial, eliminando esas restricciones que la empresa consideraba fundamentales.
La respuesta de la administración Trump fue rápida y contundente. Un veto directo prohibió el uso de las herramientas de Anthropic en cualquier agencia gubernamental. Pete Hegseth, secretario de Defensa, fue más allá: ningún contratista, proveedor o socio que hiciera negocios con el ejército podría realizar "ninguna actividad comercial" con Anthropic. La empresa fue designada como un elemento de riesgo para las cadenas de suministro de seguridad nacional. El proceso de eliminación gradual de Claude y otras herramientas de Anthropic de los sistemas federales tomaría aproximadamente seis meses, aunque la empresa anunció que impugnaría el veto en los tribunales.
Lo que sucedió después reveló las grietas en el sector. Expertos legales señalaron que no existe una base legal sólida para prohibir a los contratistas de defensa el uso de estos sistemas de inteligencia artificial. Sin embargo, varias de las mayores empresas de defensa del país se alinearon rápidamente con la decisión presidencial. Lockheed Martin anunció que seguiría todas las instrucciones del presidente y del Departamento de Guerra, asegurando que el impacto sería "mínimo". Huntington Ingalls Industries negó tener relación alguna con Anthropic. Leidos declaró estar preparada para ajustar sus herramientas. Northrop Grumman aclaró que su uso de Claude había sido muy limitado y que no continuaría con él. Otros contratistas permanecieron en silencio.
Esta alineación contrasta de manera notable con las advertencias que Emil Michael, subsecretario de defensa para investigación e ingeniería, expresó en la Cumbre de Dinamismo Americano en Washington. Michael explicó que las restricciones operativas incluidas en los contratos de IA de la administración Biden podrían paralizar misiones militares casi en tiempo real, incluyendo operaciones de combate. Según su análisis, los contratos estaban diseñados de modo que si un operador incumplía ciertos términos del servicio, el modelo simplemente se detendría mientras la operación estuviera en curso. Michael fue claro en su posición: el gobierno no permitiría que ninguna empresa dictaminase "un nuevo conjunto de políticas más allá de lo que se ha aprobado en el Congreso". Resulta irónico que, incluso después del veto, el Pentágono ha estado utilizando Claude de forma clara y frecuente para sus misiones militares, incluyendo operaciones de alto perfil como la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
Mientras Anthropic enfrenta el veto y sus consecuencias legales, OpenAI se mueve en dirección opuesta. Reuters informó que Sam Altman está considerando firmar un contrato para implementar los sistemas de inteligencia artificial de OpenAI en las redes de la OTAN. Según The Wall Street Journal, Altman habría expresado esta intención en una reunión empresarial, con el objetivo de desplegar todas sus tecnologías en las redes no clasificadas de la alianza militar. Si este acuerdo se concreta, OpenAI daría un paso más en su expansión hacia cuestiones militares, un movimiento que ha generado descontento entre una parte significativa de sus usuarios. La guerra de las inteligencias artificiales ha dejado de ser un asunto de laboratorios y se ha convertido en un campo de batalla geopolítico donde las decisiones sobre qué empresa controla qué tecnología militar tienen implicaciones que van mucho más allá de los márgenes de ganancia.
Citations marquantes
El gobierno no permitiría que ninguna empresa dictaminase un nuevo conjunto de políticas más allá de lo que se ha aprobado en el Congreso— Emil Michael, subsecretario de defensa para investigación e ingeniería
Las restricciones operativas de los contratos de IA podrían paralizar misiones militares casi en tiempo real, incluyendo operaciones de combate— Emil Michael, subsecretario de defensa