Trump trastoca la agenda de la ONU con pacto sobre Groenlandia y encuentro con Delcy Rodríguez

Lo que queda del régimen chavista se ha convertido en una especie de protectorado estadounidense
El encuentro entre Trump y Delcy Rodríguez marca el nuevo deshielo entre Washington y Caracas tras la caída de Maduro.
Mark

¿Por qué es tan importante que Trump anuncie estos dos movimientos justo antes de la Asamblea General? ¿No podría haber esperado?

Mimi

Porque controla la narrativa. Cuando llegas a una reunión con noticias ya hechas, estableces el tono. Los otros 129 mandatarios llegan a Nueva York sabiendo que Trump ya ha movido las piezas.

Luke

Pero espera, ¿sabemos realmente qué dice el acuerdo sobre Groenlandia? El artículo dice que se firmará en Nueva York, pero no detalla los términos.

Mimi

Eso es justo. Trump lo llamó histórico, pero los detalles están en la sombra. Lo que sí sabemos es que resuelve una tensión que él mismo había creado.

Mark

¿Y el encuentro con Delcy Rodríguez? ¿Qué significa para Venezuela?

Mimi

Significa que el nuevo gobierno de Venezuela está buscando legitimidad internacional a través de Washington. Es un giro completo respecto a hace nueve meses.

Luke

Pero tenemos que ser cuidadosos aquí. El artículo dice que Rodríguez es la presidenta encargada. ¿Cuál es su estatus real? ¿Es reconocida internacionalmente?

Mimi

Eso es lo que hace que el encuentro sea tan significativo. Si Trump se reúne con ella, está validando su posición.

Mark

¿Y la ONU en todo esto? ¿Qué pasa con la búsqueda de nuevo secretario general?

Mimi

La ONU está paralizada. No hay consenso sobre quién debería ser el próximo secretario general, y mientras tanto, la institución pierde relevancia.

Luke

El artículo menciona que hay ocho candidatos conocidos, pero también dice que podrían aparecer nuevos nombres. ¿Eso significa que el proceso está completamente abierto?

Mimi

Significa que está en manos de las grandes potencias. Y si Estados Unidos, China y Rusia se ponen de acuerdo, pueden elegir a alguien débil que haga lo que ellos quieren.

Mark

¿Entonces la ONU está condenada a la irrelevancia?

Mimi

No condenada. Pero sí en riesgo. El mundo tiene un récord de conflictos activos, y la ONU no está resolviendo ninguno de ellos.

  • Trump anuncia un acuerdo 'histórico' con Dinamarca sobre Groenlandia justo antes de la Asamblea General, convirtiendo meses de amenazas a un aliado de la OTAN en un pacto que él mismo presentará como victoria.
  • La reunión entre Trump y Delcy Rodríguez, quien en 2019 acusó a Washington de imperialismo, ilustra con una sola fotografía cuánto puede cambiar la geopolítica en nueve meses: lo que queda del chavismo orbita ahora en torno a Estados Unidos.
  • La ONU no tiene sucesor claro para Guterres, y expertos advierten que las grandes potencias podrían acordar en la sombra un candidato débil y manejable, agravando la ya severa crisis financiera de la institución.
  • El conflicto más grave del momento —la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán— no tiene ningún foro asignado en la agenda, una ausencia que revela los límites reales del multilateralismo.
  • Mientras los líderes hablan en Nueva York, la atención global apunta a Washington, donde Trump recibirá a Xi Jinping: la conversación que verdaderamente importa ocurre fuera de la ONU.

Antes de que ciento treinta mandatarios tomen la palabra en el hemiciclo de la ONU, Donald Trump ya ha reescrito el orden del día con un pacto sobre Groenlandia y un encuentro con la nueva dirigencia venezolana, recordándonos que el poder real rara vez espera a que las instituciones abran sus puertas. La Asamblea General de 2026 se celebra en un momento en que la propia ONU busca sucesor para su secretario general y enfrenta una crisis de identidad que refleja el declive del multilateralismo como árbitro del mundo. Lo que no se discutirá —la guerra contra Irán— dice tanto como lo que sí se dirá.

Ciento treinta mandatarios llegarán a Nueva York para la Asamblea General de la ONU, pero Donald Trump ya había reconfigurado el orden del día antes de que comenzara cualquier discurso. El viernes pasado anunció un acuerdo con Dinamarca y Groenlandia sobre el control de seguridad de la isla ártica —un pacto que él mismo describió como histórico— y confirmó que se reunirá con Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela.

El acuerdo sobre Groenlandia cierra una tensión que Trump mismo había abierto al amenazar durante meses la soberanía de un aliado de la OTAN. Lo que parecía una provocación sin salida se convierte ahora en un documento que ambas partes firmarán en Nueva York. El mensaje es inequívoco: Trump controla la agenda incluso antes de que la ONU abra sus puertas.

El encuentro con Rodríguez es aún más simbólico. Hace apenas nueve meses, Nicolás Maduro caía del poder el 3 de enero. Ahora, la mujer que lo sucede se sentará con Trump en la misma ciudad donde, en 2019, ella acusó a Washington de estirar sus garras imperiales. La fotografía de ambos será un documento de cómo cambian las cosas: lo que queda del chavismo funciona hoy como una suerte de protectorado estadounidense.

Mientras tanto, la ONU atraviesa una crisis de identidad más profunda. António Guterres pronunciará su último discurso tras diez años al frente de la organización sin que haya un sucesor claro entre los ocho candidatos conocidos. El International Crisis Group advierte que existe el riesgo de que Estados Unidos, China y Rusia acuerden en la sombra un candidato débil y controlable, lo que agravaría una institución que ya sufre una importante crisis financiera.

Lo más revelador de esta Asamblea General es lo que no se discutirá: no hay ningún foro dedicado a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el conflicto más grave del momento. Y mientras los mandatarios hablen en Nueva York, la atención global estará en Washington, donde Trump recibirá a Xi Jinping. Es otro síntoma del declive multilateral: lo que realmente importa se decide entre las dos superpotencias, no en el hemiciclo de Le Corbusier y Niemeyer.

Ciento treinta mandatarios llegarán a Nueva York la próxima semana para la Asamblea General de la ONU, pero antes de que la reunión comience, Donald Trump ya ha reconfigurado el orden del día con dos movimientos que revelan dónde está el verdadero poder en la política internacional. El viernes pasado, en los últimos momentos del día, el presidente estadounidense anunció un acuerdo que describió como histórico con Dinamarca y Groenlandia sobre el control de la seguridad de la isla ártica, y confirmó que se reunirá con Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela. Estos dos anuncios, más que cualquier cosa que se diga en el hemiciclo de Le Corbusier y Niemeyer durante los próximos días, marcarán la conversación global.

El acuerdo sobre Groenlandia cierra un capítulo de tensión geopolítica que Trump mismo había abierto. Durante meses, el presidente republicano había amenazado la soberanía de Dinamarca, un aliado de la OTAN, insistiendo en que Groenlandia debería ser parte de Estados Unidos. Ahora, con un pacto que ambas partes han acordado firmar en Nueva York durante la Asamblea General, ese riesgo desaparece del horizonte. Lo que parecía una provocación sin salida se ha convertido en un acuerdo que, si funciona como se describe, beneficia a ambos lados. Pero el mensaje es claro: Trump controla la agenda incluso antes de que la ONU abra sus puertas.

El encuentro con Rodríguez es aún más simbólico. Hace apenas nueve meses, Nicolás Maduro cayó del poder en Venezuela el 3 de enero. Ahora, la mujer que lo sucede se sentará con Trump en Nueva York. En 2019, cuando Rodríguez era vicepresidenta de Maduro, acusó al presidente estadounidense de haber estirado sus garras imperiales contra Cuba, denunció que pueblos como el venezolano no tenían acceso a una maquinaria mediática al servicio del hegemón mundial, y pidió a Washington menos arrogancia y más tolerancia hacia las naciones libres. La foto de los dos juntos el martes será un documento histórico de cómo cambian las cosas. Lo que queda del régimen chavista se ha convertido, en efecto, en una especie de protectorado estadounidense.

Mientras tanto, la ONU enfrenta una crisis de identidad que va más allá de cualquier acuerdo bilateral. António Guterres pronunciará su último discurso como secretario general después de diez años en el cargo, pero no hay un sucesor claro. Entre ocho candidatos conocidos, dos mujeres lideran la carrera: la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett. Pero Estados Unidos aún no ha dicho a quién apoya, y expertos diplomáticos creen que nuevos nombres podrían aparecer en las próximas semanas. Lo más preocupante es lo que podría significar esa indecisión. El International Crisis Group advierte que existe el riesgo de que Estados Unidos, China y Rusia se confabulen para elegir a un candidato débil bajo su control, obligando al próximo jefe de la ONU a aplicar recortes aún más drásticos en una institución que ya atraviesa una importante crisis financiera.

Lo que no se dirá en Nueva York es tan significativo como lo que se dirá. Richard Gowan, director de asuntos globales del International Crisis Group, señala que es revelador que no haya ningún foro destinado a hablar del conflicto más importante del mundo en este momento: la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Habrá reuniones sobre seguridad alimentaria, que reflejan los efectos globales de esa crisis, pero resulta llamativo que 130 presidentes y primeros ministros se reúnan sin abordar directamente el conflicto más grave. Mientras los mandatarios hablen en Nueva York el jueves, la atención global estará en Washington, donde Trump se verá con el presidente chino, Xi Jinping. Es otro síntoma de la debilidad de las instituciones multilaterales: lo que realmente importa es lo que digan los líderes de las dos superpotencias.

David Steven, investigador sénior en la UN Foundation, lamenta la pérdida de peso de Naciones Unidas en materia de paz y seguridad. La organización logró influir en la desescalada de conflictos entre grandes potencias, proteger las normas que permiten la supervivencia de los Estados y construir una arquitectura de contención para frenar la proliferación de armas. Pero su impacto en estos tres ámbitos ha disminuido claramente. El mundo tiene ahora una cifra récord de conflictos. Los analistas no esperan que esta Asamblea General traiga grandes avances en la guerra de Ucrania, que se alarga ya durante más de cuatro años, ni en los distintos conflictos que asolan Oriente Próximo. Lo que sí traerá es una demostración de quién manda realmente en la política internacional, y no será la ONU.

Algunos temen que Estados Unidos, China y Rusia se confabulen para elegir a un candidato débil bajo su control, y que la Administración de Donald Trump obligue al próximo jefe de la ONU a aplicar recortes aún más drásticos en la institución
— International Crisis Group
La organización logró influir en la desescalada de conflictos entre grandes potencias, pero su impacto en estos ámbitos ha disminuido claramente. El mundo tiene ahora una cifra récord de conflictos
— David Steven, investigador sénior en la UN Foundation
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