En los márgenes de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump y Delcy Rodríguez se sentarán frente a frente por primera vez en más de once años de silencio diplomático entre Washington y Caracas. Lo que une a estas dos naciones no es una reconciliación de valores, sino el peso gravitacional del petróleo: un acuerdo de agosto que pondría en manos estadounidenses una participación en reservas estimadas en 65.000 millones de barriles. El encuentro, descrito como informal, revela cómo los intereses energéticos pueden tender puentes donde la política los había quemado, aunque las preguntas sobre d
Trump se reunirá con Delcy Rodríguez en la ONU en primer encuentro bilateral en 11 años
El motor de este acercamiento ha sido el petróleo
¿Por qué es significativo que Trump y Rodríguez se reúnan después de once años sin contacto entre presidentes estadounidenses y gobernantes venezolanos?
Porque marca el fin de una ruptura casi total. Desde 2015, cuando Obama y Maduro se vieron brevemente, las relaciones se deterioraron hasta la suspensión diplomática en 2019. Esta reunión señala que Washington ha decidido trabajar con el nuevo gobierno venezolano.
Pero hay que ser precisos: no es una reunión bilateral formal, según Waltz. Es informal. ¿Eso significa que no tiene el mismo peso político?
Probablemente. Pero ocurre al margen de la Asamblea General, lo que le da visibilidad internacional. El timing importa.
¿Cuál es el verdadero negocio aquí? ¿El petróleo?
Principalmente sí. El acuerdo de agosto sobre 65.000 millones de barriles es el eje. Estados Unidos obtendría participación en la extracción mediante una empresa concesionaria.
Espera. ¿Esos 65.000 millones de barriles son reservas confirmadas o estimaciones? El texto dice potencial calculado.
Es una estimación. No sabemos cuánto de eso es realmente extraíble o cuándo comenzaría la operación.
¿Y qué pasa con las elecciones en Venezuela? ¿Rodríguez tiene legitimidad democrática?
No. Asumió de forma provisional después de que Maduro fuera capturado. Trump ha dicho que habrá elecciones, pero sin fijar fecha, argumentando que el país no está listo.
Eso es vago. ¿Quién decide cuándo está listo? ¿Hay presión internacional real para un calendario electoral?
Hay presión de dirigentes dentro y fuera de Venezuela, pero no parece ser una condición estadounidense para el acuerdo petrolero.
Human Rights Watch mencionó una pausa en la represión. ¿Eso es progreso?
Es un cambio respecto a lo anterior, pero es cauteloso. Pidieron reformas institucionales urgentes, lo que sugiere que hay preocupaciones pendientes.
El Pulso
- Por primera vez desde 2015, un presidente estadounidense se sienta con un gobernante venezolano, rompiendo una era de ruptura diplomática que parecía irreversible.
- La captura de Nicolás Maduro en enero y su traslado a Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico reconfiguró de golpe el tablero político venezolano, dejando a Rodríguez al frente de un gobierno interino reconocido por Washington.
- El acuerdo petrolero de agosto —que otorgaría a Estados Unidos control sobre cerca de una quinta parte de las reservas venezolanas— es el verdadero motor de este acercamiento, más que cualquier convergencia democrática.
- Organismos como Human Rights Watch, que regresaron a Venezuela tras casi dos décadas de ausencia, advierten que la pausa en la represión no sustituye a las reformas institucionales ni a un calendario electoral concreto.
- Venezuela ha comenzado a cooperar en operaciones de seguridad solicitadas por Washington, incluyendo la captura de miembros del Tren de Aragua, señal de una relación que se reconstruye a ritmo acelerado pero sobre bases aún frágiles.
En los márgenes de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump y Delcy Rodríguez se sentarán frente a frente por primera vez en más de once años de silencio diplomático entre Washington y Caracas. Lo que une a estas dos naciones no es una reconciliación de valores, sino el peso gravitacional del petróleo: un acuerdo de agosto que pondría en manos estadounidenses una participación en reservas estimadas en 65.000 millones de barriles. El encuentro, descrito como informal, revela cómo los intereses energéticos pueden tender puentes donde la política los había quemado, aunque las preguntas sobre democracia y derechos humanos permanecen sin calendario ni respuesta.
Donald Trump se reunirá el martes en Nueva York con Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, en un encuentro que la Casa Blanca ha calificado de informal pero que carga con el peso de once años de silencio diplomático entre ambos países. Es la primera conversación de este nivel desde 2015, y ocurre en los márgenes de la Asamblea General de la ONU, entre discursos y recepciones protocolares.
El contexto que hace posible este momento es tan dramático como inédito. En enero, fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en Caracas y lo trasladaron a Estados Unidos para enfrentar cargos por narcotráfico y narcoterrorismo. Rodríguez asumió la presidencia de forma provisional. Desde entonces, Washington reconoció al gobierno interino, restableció relaciones diplomáticas suspendidas desde 2019 y retiró a Rodríguez de su lista de sancionados en abril.
El verdadero eje de este acercamiento es el petróleo. En agosto, ambos gobiernos anunciaron un acuerdo que otorgaría a Estados Unidos participación en yacimientos venezolanos con un potencial de 65.000 millones de barriles, operados a través de una empresa concesionaria. Washington lo presentó como control sobre aproximadamente una quinta parte de las reservas del país; Caracas, como un paso hacia la recuperación económica.
Sin embargo, la cooperación energética no ha encontrado eco equivalente en lo político. Trump ha mencionado elecciones en Venezuela sin fijar fecha alguna, argumentando que el país aún no está listo. Organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch, que regresaron al país tras casi dos décadas, reconocen una pausa en la represión pero exigen reformas institucionales urgentes. Venezuela también ha facilitado operaciones de seguridad pedidas por Washington, incluida la captura de un miembro del Tren de Aragua. La reunión de esta semana consolida ocho meses de reconstrucción acelerada, pero deja sin resolver lo más difícil: el futuro político del país.
Donald Trump se sentará frente a Delcy Rodríguez el martes en Nueva York, en un encuentro que marca el cierre de la participación presidencial en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Será la primera conversación entre un presidente estadounidense y un gobernante venezolano en más de once años, un intervalo que abarca toda una era de ruptura diplomática y que termina ahora, en las márgenes de la ONU, en lo que la Casa Blanca ha descrito como una reunión informal más que un encuentro bilateral de protocolo.
La cita ocurre en el contexto de un giro radical en la política estadounidense hacia Venezuela. En enero, fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en Caracas y lo trasladaron a suelo norteamericano, donde enfrenta acusaciones de narcotráfico y narcoterrorismo. Rodríguez asumió la presidencia de forma provisional tras esa operación. Desde entonces, la administración Trump ha reconocido legalmente al gobierno interino venezolano, restablecido las relaciones diplomáticas que habían estado suspendidas desde 2019, y retiró a Rodríguez de la lista de dirigentes sancionados el 1 de abril.
El motor de este acercamiento ha sido el petróleo. En agosto, Washington y Caracas anunciaron un acuerdo que otorgaría a Estados Unidos participación en yacimientos venezolanos con un potencial estimado en 65.000 millones de barriles. La operación se realizaría a través de una empresa concesionaria responsable de la extracción. La Casa Blanca presentó el pacto como un mecanismo que permitiría a Estados Unidos controlar aproximadamente una quinta parte de las reservas de crudo del país. Rodríguez, por su parte, lo caracterizó como un paso hacia la recuperación económica y la modernización de la industria petrolera venezolana.
Mike Waltz, embajador estadounidense ante Naciones Unidas, aclaró que el encuentro será informal, más casual que una reunión bilateral formal. Trump tiene programadas además conversaciones con el primer ministro británico Andy Burnham, la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, y participará en un encuentro con los dirigentes del Consejo de Cooperación del Golfo. El martes por la mañana pronunciará su discurso ante la Asamblea General, luego asistirá a una recepción con líderes internacionales, se reunirá con Rodríguez, y regresará a Washington.
La cooperación económica no ha tenido un reflejo equivalente en el terreno político. Trump ha afirmado en varias ocasiones que Venezuela celebrará elecciones, aunque sin establecer una fecha específica, argumentando que el país aún no está preparado. El gobierno interino ha liberado a algunos presos políticos e iniciado contactos con sectores de la oposición, pero dirigentes dentro y fuera de Venezuela exigen un calendario electoral claro. Federico Borello, subdirector ejecutivo de Human Rights Watch, señaló tras reunirse con Rodríguez en Caracas que existe una pausa en la represión. La organización, que regresó al país después de casi dos décadas de ausencia, ha pedido reformas institucionales urgentes.
Venezuela también ha reorientado su agenda de seguridad y facilitado operaciones contra el crimen organizado solicitadas por Washington. Entre ellas figura la captura reciente de Aníbal Alexander Canelón, alias El Ingeniero, identificado como miembro de la banda Tren de Aragua. El encuentro de esta semana en Nueva York representa, entonces, un momento de consolidación de una relación que se ha reconstruido en poco más de ocho meses, pero que aún deja sin resolver cuestiones fundamentales sobre el futuro político del país.
Citas Notables
Existe una pausa en la represión— Federico Borello, subdirector ejecutivo de Human Rights Watch
El entendimiento representa un paso rumbo a una recuperación económica para modernizar la industria petrolera— Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela