Trump resucita el bulo del fraude de 2020 y acusa a China de influir en su derrota

Sin confianza en las elecciones, no hay grandeza posible
Trump justificó la desclasificación de información electoral invocando la necesidad de restaurar la confianza en el sistema.
Mark

¿Por qué un presidente en tiempos de guerra elige hablar de elecciones de hace seis años?

Mimi

Porque las midterms están a cuatro meses y las encuestas predicen una derrota demócrata. Trump está sembrando dudas sobre la legitimidad electoral antes de que ocurran, por si acaso pierde.

Mark

Pero la información que desclasificó, ¿realmente demuestra fraude?

Mimi

No. Los documentos muestran que China intentó influir, pero no que esos intentos tuvieran un impacto decisivo. Las agencias de inteligencia ya concluyeron en 2021 que no hubo interferencias significativas.

Mark

Entonces, ¿por qué las cadenas televisivas se negaron a transmitir el discurso?

Mimi

Porque sabían que estaba reviviendo teorías rechazadas por los tribunales. Fue una decisión editorial: no querían amplificar lo que consideraban desinformación sin contexto.

Mark

¿Qué busca realmente con esta reforma electoral que presiona al Congreso?

Mimi

Endurecer los requisitos de identificación y limitar el voto de indocumentados. Pero sus críticos ven esto como un intento de obstaculizar elecciones libres y justas, no de protegerlas.

Mark

¿Ha admitido alguna vez que perdió en 2020?

Mimi

Nunca. Ganó claramente en 2024 y nunca ha cuestionado eso. Pero su fijación con la derrota de 2020 no ha hecho sino crecer con el tiempo.

  • Trump convirtió el formato más solemne de la presidencia —el discurso a la nación en horario estelar— en un escenario para revivir teorías electorales rechazadas por decenas de tribunales.
  • Las principales cadenas televisivas se negaron a transmitirlo en directo, y el sitio web de la Casa Blanca colapsó bajo la avalancha de visitas mientras el presidente hablaba.
  • Los documentos desclasificados, fuertemente censurados y en parte ya conocidos, muestran intentos chinos de influencia pero no prueban que alteraran el resultado de 2020, según las propias agencias de inteligencia.
  • El verdadero blanco del discurso es el Congreso republicano: Trump presiona para aprobar la SAVE America Act antes de las midterms, una reforma electoral que actualmente está bloqueada en el Senado.
  • Con las encuestas en contra y casi todas sus órdenes ejecutivas sobre elecciones frenadas por los jueces, Trump no descarta declarar una emergencia para forzar cambios que el sistema ordinario le niega.

Seis años después de su derrota electoral, Donald Trump volvió a dirigirse a la nación en horario de máxima audiencia para resucitar la narrativa del fraude de 2020, esta vez bajo el manto de documentos de inteligencia desclasificados que señalan a China como actor decisivo. El gesto, más ritual que revelación, no aporta pruebas de impacto determinante en el resultado, pero cumple una función política precisa: sembrar dudas sobre la legitimidad de unas midterms que las encuestas vaticinan favorables a los demócratas. En la historia larga de las democracias, pocas cosas resultan tan frágiles como la confianza en el voto, y pocas tan tentadoras de instrumentalizar.

El jueves por la noche, Donald Trump eligió hablar a la nación no sobre la guerra ni la economía, sino sobre unas elecciones celebradas hace seis años. Con el tono grave que los presidentes reservan para los momentos más solemnes, anunció la desclasificación de documentos de inteligencia que, según él, revelan una interferencia china decisiva en su derrota de 2020 frente a Joe Biden —quien lo superó por siete millones de votos—. Las principales cadenas, NBC, CNN y ABC, se negaron a retransmitir el discurso en directo.

Los documentos, publicados en un sitio web de la Casa Blanca que colapsó por la demanda, muestran esfuerzos reales de Pekín para influir en el electorado: desde la adquisición ilícita de registros de 220 millones de votantes hasta el supuesto soborno a periodistas críticos con Trump. También incluyen un expediente de la CIA sobre un complot venezolano para manipular resultados a favor de Nicolás Maduro. Sin embargo, ninguno de estos materiales, fuertemente censurados, demuestra que esas acciones alteraran el resultado final. Las agencias de inteligencia estadounidenses ya concluyeron en 2021 que no hubo interferencias extranjeras significativas ni manipulación de máquinas de conteo.

Trump aprovechó el discurso para invocar su narrativa del Estado profundo —funcionarios que habrían ocultado deliberadamente esta información— y exigir investigaciones, despidos y cargos penales contra los responsables del supuesto encubrimiento. Citó además una cifra del Departamento de Seguridad Nacional que situaba en 278.000 el número de no ciudadanos registrados para votar, dato que contradice estudios previos y al que los expertos restan credibilidad.

El objetivo político es claro: presionar a los republicanos del Congreso para que aprueben la SAVE America Act, una reforma electoral que endurecería los requisitos de identificación y restringiría el voto por correo, antes de las midterms previstas en menos de cuatro meses. Las encuestas anticipan una victoria demócrata, y Trump busca anticiparse a ese resultado cuestionando su legitimidad. La ley, sin embargo, sigue bloqueada en el Senado por falta de mayoría cualificada, y casi todas las órdenes ejecutivas que Trump ha dictado en materia electoral han sido frenadas por los tribunales. Las mismas teorías que el presidente volvió a defender el jueves fueron las que su círculo más cercano agitó en las semanas previas al asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

El presidente de Estados Unidos se dirigió a la nación el jueves por la noche no para hablar de la guerra en curso ni del costo de vida en alza, sino de unas elecciones que ocurrieron hace seis años. Donald Trump, cuya impopularidad bate récords, resucitó su obsesión de larga data: que Joe Biden le robó la presidencia en 2020, cuando en realidad perdió por siete millones de votos. Lo hizo en horario de máxima audiencia y con el formato solemne que los presidentes reservan tradicionalmente para los momentos más trascendentales. Las principales cadenas televisivas estadounidenses —NBC, CNN, ABC— se negaron a transmitir el discurso en directo.

Pero este no era simplemente un ajuste de cuentas con un fracaso personal. Trump tiene la vista puesta en las elecciones legislativas de medio mandato, las midterms, que se celebrarán en menos de cuatro meses. Las encuestas predicen una victoria demócrata contundente, y el presidente está tratando de evitarla, o al menos de sembrar dudas sobre su legitimidad antes de que ocurra. Durante treinta minutos, leyendo desde un teleprompter con un tono sombrío, Trump anunció la desclasificación de información de inteligencia que, según él, revelaba vulnerabilidades alarmantes en el sistema electoral. Sin confianza en las elecciones, sentenció, no hay grandeza posible.

La información desclasificada, alojada en un sitio web de la Casa Blanca que colapsó mientras Trump hablaba, provenía de lo que llamó el Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para la Transparencia. Un análisis inicial de esos documentos, fuertemente censurados y en parte ya conocidos, muestra que demuestran esfuerzos de China para influir en las elecciones de 2020 y el escepticismo del gobierno chino sobre Trump. Pero no prueban que esos esfuerzos tuvieran un impacto decisivo en su derrota. Trump fue cuidadoso en no extraer esa conclusión durante su intervención.

La acusación más concreta fue contra Nicolás Maduro, presidente de Venezuela encarcelado en Nueva York tras su captura en enero en Caracas. Los documentos incluyen un archivo de la CIA sobre un supuesto complot para manipular masivamente los resultados electorales a favor del régimen de Maduro. Pero Trump centró buena parte de su discurso en China. Acusó a Pekín de llevar a cabo lo que llamó la mayor filtración de datos electorales de la historia, cuando adquirió ilícitamente los registros de 220 millones de votantes estadounidenses, incluyendo nombres, direcciones, números de teléfono y preferencias políticas. También acusó a China de sobornar a periodistas críticos con Trump para que escribieran en su contra, porque consideraban al entonces candidato republicano demasiado inteligente y temían que les impusiera nuevos aranceles.

Trump también invocó su narrativa favorita sobre el Estado profundo, definiéndolo como un grupo de personas sumamente conocidas que trabajaban activamente para ocultar la interferencia china. Pidió a su administración que investigara cómo y por qué se había ocultado información tan crucial, que se despidiera a los implicados en el encubrimiento y que se presentaran cargos penales contra ellos si procedía. Citó además un análisis del Departamento de Seguridad Nacional que cifraba en aproximadamente 278.000 personas no ciudadanas registradas para votar en las elecciones generales, una cifra que contradice estudios anteriores sobre el voto de indocumentados, un tema que obsesiona a la administración actual pero al que los expertos restan importancia.

Esta información de inteligencia, argumentó Trump, subraya por qué debe tomarse medidas urgentes para garantizar que el sistema electoral nunca pueda ser intervenido como supuestamente ocurrió en el pasado. Desde que regresó al poder, ha dictado órdenes ejecutivas para dificultar el voto por correo, ha dicho que ha llegado la hora de nacionalizar las elecciones pese a que la Constitución señala a los estados como únicos responsables de organizarlas, ha tratado de recabar información de registros de votantes y ha cesado a demócratas de la Comisión de Asistencia Electoral. Casi todas esas iniciativas se han topado con el rechazo de los jueces.

El verdadero objetivo de Trump es presionar a los republicanos del Congreso para que aprueben una ambiciosa reforma electoral llamada SAVE America Act, que endurecería los requisitos de identificación en las urnas y establecería medidas para evitar el sufragio de indocumentados. Usó el discurso del jueves para presionar a sus aliados en el Capitolio a que actúen antes de las midterms. De momento, la norma está atascada en el Senado, donde requiere una mayoría cualificada con la que no cuenta. Las agencias de inteligencia estadounidenses investigaron las elecciones de 2020 hace seis años y concluyeron en 2021 que aunque hubo intentos de Irán, Rusia y China, no se dieron interferencias extranjeras significativas ni manipulación de máquinas de conteo. Esas teorías, rechazadas repetidamente en los tribunales, fueron las que defendió Trump y su círculo más cercano en las semanas que condujeron al asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

Sin confianza en las elecciones, no hay grandeza posible
— Donald Trump, durante su discurso presidencial
No hay nada más relevante, porque sin elecciones libres y justas, pierdes el país
— Donald Trump, en comparecencia ante reporteros días antes del discurso
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