Trump resucita el bulo del fraude de 2020 y acusa a China de influir en su derrota

Sin confianza en las elecciones, no hay grandeza posible
Trump justificó la desclasificación de información de inteligencia como necesaria para restaurar la fe en el sistema electoral.
Mark

¿Por qué un presidente en tiempos de guerra elige hablar de elecciones de hace seis años en lugar de abordar la crisis actual?

Mimi

Porque las elecciones que vienen en cuatro meses son una amenaza existencial para su poder. Las encuestas dicen que los demócratas van a ganar. Necesita que sus votantes duden del sistema antes de que voten.

Mark

Pero los documentos desclasificados no prueban que China cambió el resultado de 2020, ¿verdad?

Mimi

Correcto. Muestran intentos de interferencia, pero nada decisivo. Trump fue cuidadoso en no decir explícitamente que ganó. Dejó que la audiencia sacara sus propias conclusiones.

Mark

¿Por qué las cadenas televisivas se negaron a emitir el discurso?

Mimi

Porque sabían lo que venía. Habían visto esto antes en enero de 2021. Cuando un presidente usa la solemnidad de un discurso a la nación para sembrar dudas sobre elecciones, es un patrón peligroso.

Mark

¿Qué es lo que Trump realmente quiere lograr con la reforma electoral SAVE America Act?

Mimi

Endurecer los requisitos de identificación y bloquear el voto de indocumentados. Suena técnico, pero es una forma de reducir el electorado que tiende a votar contra él.

Mark

¿Hay algo en los documentos que sea genuinamente preocupante?

Mimi

Sí, la filtración de datos de 220 millones de votantes es seria. Pero Trump la usa como cobertura para una narrativa más amplia que no tiene fundamento.

Mark

¿Qué pasa si logra que el Congreso apruebe esa reforma antes de las midterms?

Mimi

Cambiaría las reglas del juego en medio de la campaña. Sus críticos dicen que es un intento de obstaculizar elecciones libres y justas.

  • Trump eligió el momento más delicado de su mandato —guerra en curso, inflación persistente y aprobación en mínimos históricos— para dedicar un discurso de máxima audiencia a una derrota electoral de hace seis años.
  • Los documentos desclasificados revelan intentos chinos de influencia y la supuesta adquisición ilícita de datos de 220 millones de votantes, pero no demuestran que esos esfuerzos alteraran el resultado de 2020.
  • Las grandes cadenas televisivas —NBC, CNN y ABC— se negaron a emitir el discurso en directo, anticipando que el presidente utilizaría el espacio nacional para difundir afirmaciones sin respaldo.
  • Trump presiona al Congreso republicano para aprobar la SAVE America Act antes de las midterms, una reforma electoral que endurece requisitos de identificación y que por ahora está bloqueada en el Senado.
  • Sus críticos advierten que el conjunto de medidas —órdenes ejecutivas, purgas en organismos electorales y el discurso del jueves— apunta a obstaculizar elecciones libres, no a protegerlas.

Seis años después de su derrota ante Joe Biden por siete millones de votos, Donald Trump recurrió al formato más solemne de la comunicación presidencial para resucitar la narrativa del fraude electoral de 2020, invocando documentos de inteligencia desclasificados que señalan influencia china sin probar consecuencias decisivas. El gesto no fue nostálgico sino estratégico: con las elecciones legislativas a menos de cuatro meses y las encuestas adversas, Trump busca sembrar desconfianza en el sistema electoral antes de que los ciudadanos vuelvan a las urnas. Es una historia tan antigua como la democracia misma —el poder que, al sentirse amenazado, cuestiona los instrumentos que lo limitaron— y su desenlace dependerá de si las instituciones resisten o ceden ante la presión.

Donald Trump se dirigió a la nación un jueves por la noche para hablar de las elecciones de 2020, seis años después de su derrota ante Biden. El contexto era adverso: el país atravesaba una guerra, el costo de vida seguía subiendo y su popularidad marcaba mínimos históricos. Aun así, eligió el formato más solemne reservado a los momentos presidenciales más trascendentales para resucitar su afirmación de que aquellos comicios le fueron robados, cuando en realidad perdió por siete millones de votos.

El propósito era claro aunque no explícito. Con las elecciones legislativas a menos de cuatro meses y las encuestas favoreciendo a los demócratas, Trump anunció la desclasificación de documentos de inteligencia que, según él, revelaban vulnerabilidades alarmantes en la infraestructura electoral. Los archivos —procedentes de la CIA, el FBI y otras agencias— probaban esfuerzos chinos de influencia y el escepticismo de Pekín hacia Trump, pero no demostraban que esos esfuerzos hubieran sido decisivos. La acusación más concreta apuntaba a Venezuela: un documento de la CIA describía un complot para manipular resultados a favor del régimen de Maduro, la única elección que Trump se atrevió a llamar abiertamente amañada.

Contra China lanzó acusaciones más amplias: la supuesta adquisición ilícita de registros de 220 millones de votantes y el soborno a periodistas críticos con su figura. También invocó al Estado profundo como responsable de haber ocultado esa información, pidiendo despidos y cargos penales para los implicados. Las principales cadenas televisivas —NBC, CNN y ABC— rechazaron emitir el discurso sin filtros, sospechando que el presidente se disponía a mentirle a la nación.

Desde su regreso al poder, Trump ha impulsado órdenes ejecutivas para dificultar el voto por correo, ha intentado acceder a registros de votantes y ha cesado a demócratas en organismos electorales, iniciativas que en su mayoría han sido bloqueadas por los tribunales. Su verdadero objetivo es presionar al Congreso republicano para aprobar la SAVE America Act, una reforma que endurece los requisitos de identificación en las urnas. Por ahora, la norma está atascada en el Senado. El discurso del jueves fue, en esencia, un ultimátum a los suyos para que actúen antes de las midterms.

Donald Trump se dirigió a la nación el jueves por la noche en horario de máxima audiencia para hablar de las elecciones presidenciales de 2020, seis años atrás. No era un momento cualquiera: el país estaba en guerra, el costo de vida seguía en alza, y su aprobación batía récords de impopularidad. Pero el presidente eligió usar el formato más solemne que reservan los mandatarios para sus momentos más trascendentales y lo dedicó a resucitar una de sus obsesiones más recurrentes: la afirmación de que Joe Biden le robó aquellas elecciones, cuando en realidad Biden lo derrotó por siete millones de votos.

Lo hizo con un propósito claro, aunque no explícito. En menos de cuatro meses llegarían las elecciones legislativas de medio mandato, las midterms, y las encuestas pronosticaban un triunfo demócrata. Trump estaba tratando de sembrar dudas sobre el sistema electoral antes de esos comicios. Durante un discurso de menos de treinta minutos, leído desde un teleprompter con tono sombrío, anunció la desclasificación de información de inteligencia que, según él, revelaba vulnerabilidades alarmantes en la infraestructura electoral. Sin confianza en las elecciones, sentenció, no hay grandeza posible.

La información que Trump prometió grandes revelaciones quedó alojada en la web presidencial bajo el título de Integridad electoral, en documentos procedentes de la CIA, el FBI, el Consejo Nacional de Inteligencia y la Agencia de Ciberseguridad. Estaban considerablemente censurados y en parte ya eran conocidos. Un análisis inicial mostró que estos papeles probaban esfuerzos chinos para influir en las elecciones y el escepticismo del gobierno de Pekín sobre Trump, pero no demostraban que esos esfuerzos hubieran tenido un reflejo decisivo en su derrota. El propio Trump, durante su intervención, no llegó tan lejos como para extraer esa conclusión de manera explícita.

La acusación más fundada en los documentos fue contra Nicolás Maduro, presidente de Venezuela encarcelado en Nueva York tras su captura en enero. Los archivos incluían un documento de la CIA sobre un complot para manipular masivamente los resultados electorales a favor del régimen de Maduro. Irónicamente, fue la única elección que Trump se atrevió a llamar amañada en su discurso: la de Venezuela en 2020. Contra China, en cambio, lanzó acusaciones más amplias. Acusó a Pekín de llevar a cabo lo que llamó la mayor filtración de datos electorales de la historia, cuando supuestamente adquirió ilícitamente los registros de 220 millones de votantes estadounidenses, incluyendo nombres, direcciones, números de teléfono y preferencias políticas. También acusó a China de sobornar a periodistas críticos con Trump para que escribieran en su contra, porque consideraban que era demasiado listo y temían que les impusiera nuevos aranceles.

Trump también invocó su narrativa favorita sobre el Estado profundo, definiéndolo como un grupo de personas sumamente conocidas que trabajaban activamente para ocultar información sobre la interferencia china. Pidió que se investigara cómo y por qué se había ocultado algo tan crucial, que se despidiera a los implicados en el encubrimiento y que se presentaran cargos penales contra ellos si procedía. Citó además un análisis del Departamento de Seguridad Nacional que cifraba en aproximadamente 278.000 personas no ciudadanas registradas para votar en las elecciones generales, un cálculo que contradice estudios anteriores sobre un problema que obsesiona a la administración pero al que los expertos restan importancia.

Las principales cadenas televisivas de Estados Unidos, NBC, CNN y ABC entre ellas, decidieron no emitir el discurso en directo y sin filtros, sospechando que se disponía a dirigirse a sus compatriotas para mentirles. No era la primera vez: en 2022, algunas cadenas tampoco transmitieron un discurso de Biden sobre los peligros para la democracia por considerarlo demasiado político. Las agencias de inteligencia estadounidenses habían investigado las elecciones de 2020 y concluyeron en 2021 que, aunque hubo intentos de Irán, Rusia y China, no se dieron interferencias extranjeras significativas ni manipulación de máquinas de conteo. Esas teorías fueron defendidas por Trump y su círculo más cercano en las semanas que condujeron al asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

Desde su regreso al poder, Trump ha dictado órdenes ejecutivas para dificultar el voto por correo, ha dicho que ha llegado la hora de nacionalizar las elecciones pese a que la Constitución señala a los Estados como únicos responsables de organizarlas, ha tratado de recabar información de registros de votantes y ha cesado a demócratas de la Comisión de Asistencia Electoral. Casi todas esas iniciativas se han topado con el muro de los jueces. Su verdadero empeño está en presionar a los republicanos del Congreso para que saquen adelante una ambiciosa reforma electoral llamada SAVE America Act, que prevé endurecer los requisitos de identificación en las urnas y medidas para evitar el sufragio de indocumentados. De momento, la norma está atascada en el Senado, donde requiere de una mayoría cualificada con la que no cuenta. Trump usó el discurso del jueves para presionar a los suyos en el Capitolio a que actúen antes de las midterms.

Sin confianza en las elecciones, no hay grandeza posible
— Donald Trump, durante su discurso televisado
Daré una noticia realmente importante, que hará que nuestro país se tenga que poner las pilas. No hay nada más relevante, porque sin elecciones libres y justas, pierdes el país
— Donald Trump, en una comparecencia ante reporteros días antes del discurso
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