Trump lleva la democracia estadounidense a su nivel más bajo en medio siglo

Una voluntad constante de socavar las normas que sustentan la democracia
Casas-Zamora describe lo que observa en la Casa Blanca como lo opuesto a la autocontención que toda democracia requiere.
Mark

¿Qué significa exactamente que los indicadores hayan caído a mínimos de medio siglo? ¿Estamos hablando de números que bajaron un poco o de algo más grave?

Mimi

Estamos hablando de que la independencia judicial, la libertad de prensa, la libertad de expresión —los pilares básicos de una democracia— están en sus niveles más bajos desde que comenzaron a medirse sistemáticamente hace cincuenta años. No es un retroceso marginal.

Luke

Pero espera. ¿Quién mide esto? ¿IDEA Internacional tiene metodología transparente? ¿Otros organismos de monitoreo llegan a las mismas conclusiones?

Mimi

IDEA Internacional es una organización intergubernamental fundada en 1995 por catorce países. El Instituto V-Dem, también sueco, ya había reclasificado a Estados Unidos fuera de la categoría de democracia liberal plena en marzo. Hay convergencia en los diagnósticos.

Mark

El secretario general menciona que algunos problemas vienen de antes. ¿Qué es nuevo entonces en estos últimos dos años?

Mimi

La velocidad. Casas-Zamora habla de una "aceleración demoledora". El ataque al Estado de derecho ha sido agresivo y sistemático, con un fortalecimiento constante de los poderes presidenciales a costa de los contrapesos.

Luke

¿Pero qué acciones específicas? El artículo habla de "ataque a las normas" pero no detalla qué decretos, qué decisiones judiciales, qué leyes.

Mimi

Es una limitación del reportaje. Se enfoca en el diagnóstico general más que en los casos concretos. Lo que sí queda claro es que el Ejecutivo ha expandido sus poderes mientras los otros poderes se han debilitado.

Mark

¿Y esto es exclusivo de Trump o es parte de una tendencia global?

Mimi

Es parte de una tendencia global. Por undécimo año consecutivo hay más países con democracia deteriorada que con democracia mejorada. Pero lo que hace a Trump notable es que su modelo está siendo replicado por otros líderes autoritarios.

Luke

¿Replicado cómo? ¿Hay evidencia de que Orbán o Bukele están copiando específicamente las tácticas de Trump, o es que todos están siguiendo la misma lógica populista?

Mimi

El artículo sugiere que es la segunda opción: una nueva derecha populista que ataca las normas como obstáculos para la voluntad popular. Todos comparten esa estrategia, aunque no necesariamente se copian entre sí.

Mark

¿Qué pasa en las elecciones de mitad de mandato? ¿Hay riesgo real de que no sean libres y justas?

Mimi

Casas-Zamora cree que las condiciones existen para que sean libres y justas. Pero duda de que Trump acepte resultados desfavorables. El Partido Republicano ha dejado de ser incondicionalmente leal al juego democrático.

Luke

Eso es una predicción sobre el futuro, no un hecho actual. ¿Qué evidencia hay de que Trump no aceptaría resultados?

Mimi

El artículo no proporciona evidencia específica. Se basa en la preocupación de un experto, probablemente considerando lo que ocurrió en 2020. Es una advertencia, no un diagnóstico de algo que ya sucedió.

  • Indicadores de calidad democrática en mínimos de 50 años según IDEA Internacional
  • Instituto V-Dem reclasificó a EE.UU. fuera de democracia liberal plena en marzo de 2026
  • Elecciones legislativas de mitad de mandato a siete semanas, con ambas cámaras del Congreso en juego
  • Por undécimo año consecutivo, más países con democracia deteriorada que mejorada a nivel global
  • Independencia judicial global en nivel más bajo en 36 años

Independencia judicial, libertad de prensa y expresión han alcanzado sus niveles más bajos en 50 años según mediciones de IDEA Internacional. El modelo de Trump está siendo replicado por líderes autoritarios globales, debilitando la confianza en el multilateralismo e inspirando una nueva derecha populista.

IDEA Internacional reporta que los indicadores de calidad democrática de EE.UU. han caído a mínimos de medio siglo, con una aceleración del deterioro en los últimos dos años bajo el segundo mandato de Trump.

Los números no mienten, aunque a veces nos gustaría que lo hicieran. Hace poco más de una semana, una organización internacional de monitoreo democrático publicó sus mediciones anuales de salud política en más de 170 países, y el diagnóstico para Estados Unidos fue sombrío: los indicadores fundamentales de la democracia estadounidense —desde la independencia de los jueces hasta la libertad de prensa, pasando por la libertad de expresión y la equidad económica— han caído a sus niveles más bajos en cincuenta años, es decir, desde que comenzaron estos registros sistemáticos.

IDEA Internacional, la organización intergubernamental que realiza este análisis anual, detecta lo que su secretario general Kevin Casas-Zamora describe como una "aceleración demoledora" en el ritmo del deterioro. Aunque algunos de los problemas que aquejan a la democracia estadounidense —la polarización extrema, por ejemplo— tienen raíces que se remontan a años atrás, lo que ha ocurrido en los últimos veinticuatro meses representa un cambio de velocidad inquietante. El ataque a las normas del Estado de derecho ha sido agresivo y sistemático, con un fortalecimiento constante de los poderes del Ejecutivo a costa de los mecanismos de contrapeso que históricamente han limitado el poder presidencial.

Lo que sucede en Washington no es un asunto doméstico aislado. Casas-Zamora advierte que Estados Unidos se ha convertido en "el ejemplo más destacado y el principal acelerador" de una tendencia global preocupante: la erosión del Estado de derecho en múltiples países. El modelo estadounidense está siendo replicado por líderes autoritarios en distintas partes del mundo, muchos de ellos identificados con una nueva derecha populista etnonacionalista. Estos dirigentes comparten una estrategia común: atacan las normas institucionales argumentando que representan un obstáculo para la voluntad popular que ellos dicen encarnar, y buscan debilitar todos los controles sobre el ejercicio del poder político. Los casos de Viktor Orbán en Hungría, Nayib Bukele en El Salvador y el propio Trump en Estados Unidos ilustran esta pauta global.

El debilitamiento de la democracia estadounidense tiene consecuencias que trascienden sus fronteras. La erosión de las instituciones norteamericanas socava la confianza en el multilateralismo internacional y empodera a líderes autoritarios que ven en el ejemplo estadounidense una validación de sus propias prácticas. Es parte de un proceso más amplio en el que la ofensiva contra el derecho internacional y la erosión de las normas democráticas avanzan de la mano.

A siete semanas de las elecciones legislativas de mitad de mandato, en las que están en juego ambas cámaras del Congreso, Casas-Zamora considera que existen condiciones para que los comicios sean "libres y justos". Sin embargo, expresa dudas significativas sobre si Trump aceptará resultados que le sean desfavorables. Aquí reside quizás el riesgo más inmediato: el Partido Republicano ha dejado de ser incondicionalmente leal a las reglas del juego democrático. Su lealtad al sistema ahora está condicionada a que los resultados electorales le sean favorables. Eso, según Casas-Zamora, es "un problemón, de los más complejos que puede tener una democracia".

El panorama global amplifica estas preocupaciones. Por undécimo año consecutivo, hay más países cuya democracia se deteriora que países donde mejora. En el último lustro, seis de cada diez naciones han experimentado retrocesos en al menos uno de los cuatro indicadores clave: representación, derechos, Estado de derecho y participación. El Estado de derecho es, con diferencia, el pilar que más sufre. A nivel mundial, la independencia judicial ha alcanzado su nivel más bajo en treinta y seis años, mientras que la celebración de elecciones íntegras, el acceso a la justicia y la libertad de expresión y prensa se encuentran en sus mínimos de tres décadas.

Lo que distingue el caso estadounidense es la velocidad del proceso de desmantelamiento. Casas-Zamora señala que la rapidez con la que se están destruyendo muchas de las bases de la democracia revela algo importante: las instituciones que la sustentan ya estaban previamente muy debilitadas. Hay una excepción notable: los jueces de niveles inferiores han mostrado mayor resistencia que los de la Corte Suprema.

En última instancia, lo que sostiene a una democracia no son las normas escritas en papel, sino la voluntad de los poderes políticos de respetarlas. Esa autocontención es fundamental. Lo que se observa en la Casa Blanca es exactamente lo opuesto: una voluntad constante de socavar esas normas. Los próximos dos años determinarán si este deterioro se consolida como un cambio permanente en la historia política estadounidense o si aún hay espacio para una reversión.

Lo que hemos visto en los últimos dos años ha sido una aceleración demoledora en el deterioro de la democracia estadounidense
— Kevin Casas-Zamora, secretario general de IDEA Internacional
El Partido Republicano ha dejado de ser incondicionalmente leal al juego democrático: condiciona su lealtad al sistema democrático a que los resultados le sean favorables
— Kevin Casas-Zamora
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