Tres años después: el 7 de octubre reconfiguró geopolíticamente Oriente Próximo

Aproximadamente 1.200 personas asesinadas en el ataque del 7 de octubre, 251 secuestradas, y más de 1.400 muertes adicionales en Gaza durante el año del supuesto alto el fuego, con condiciones de vida degradantes para la población civil.
Más alejados y mutuamente hostiles que nunca en toda su historia
Israelíes y palestinos, tres años después del 7 de octubre, se encuentran en un estado de enemistad sin precedentes.
Mark

¿Por qué importa tanto este tercer aniversario? ¿Qué lo diferencia de cualquier otro momento en estos tres años?

Mimi

Porque ahora podemos ver el patrón completo. No es solo una guerra que comenzó y terminó. Es una reconfiguración de cómo funciona el mundo. Las instituciones internacionales que habían mantenido cierta estabilidad durante ochenta años han sido desmanteladas.

Luke

Pero espera. ¿Cuándo exactamente terminó la guerra de alta intensidad? El texto dice que hay un "falso alto el fuego" y que el ejército israelí ha causado 1.400 muertes en el año posterior.

Mimi

Ese es precisamente el punto. Técnicamente terminó hace un año, pero no ha terminado realmente. Es un alto el fuego que no se sostiene.

Mark

¿Y la Junta de Paz que Trump presidió? ¿Qué sucedió con ella?

Mimi

Se constituyó hace un año en Sharm el Sheij, después de que se liberaran los últimos rehenes. Pero el plan que produjo es, según el análisis, esencialmente inútil. Dinero comprometido, pero ninguna inversión realizada. Ninguna autoridad civil constituida. Ninguna reconstrucción iniciada.

Luke

¿Cuánto dinero estamos hablando? El texto dice "cantidades millonarias" pero no da cifras específicas. Eso es importante.

Mimi

Es un buen punto. No sabemos la magnitud exacta. Lo que sí sabemos es que Gaza sigue en condiciones degradantes.

Mark

¿Qué significa que Israel sigue prohibiendo el acceso a periodistas internacionales?

Mimi

Significa que no hay testigos independientes de lo que está sucediendo. No hay documentación verificable de las condiciones reales. Es un vacío de información deliberado.

Luke

Pero el texto menciona 1.400 muertes en un año. ¿De dónde viene esa cifra? ¿Quién la verifica si no hay periodistas?

Mimi

Esa es la pregunta incómoda. Las cifras provienen de fuentes palestinas, de organizaciones de derechos humanos, pero sin acceso directo de la prensa internacional, es difícil verificar de forma independiente.

Mark

¿Y las elecciones que se avecinan? ¿Realmente pueden cambiar esto?

Mimi

Según el análisis, son determinantes. Si ganan quienes creen solo en la fuerza, las guerras continúan. Si emergen fuerzas pacificadoras, hay una posibilidad remota de que la Junta de Paz adquiera contenido real.

Luke

Pero eso es especulación sobre el futuro. Lo que sabemos ahora es que durante un año, bajo un supuesto alto el fuego, ha habido más de 1.400 muertes, Hamás no se ha desarmado, y la extrema derecha israelí está trabajando para hacer permanente la ocupación. Esos son los hechos.

  • 7 de octubre de 2023: aproximadamente 1.200 personas asesinadas, 251 secuestradas
  • Más de 1.400 muertes en Gaza durante el año del supuesto alto el fuego
  • Junta de Paz constituida hace un año en Sharm el Sheij; sin inversiones realizadas ni reconstrucción iniciada
  • Elecciones en Israel el 27 de octubre y en Estados Unidos el 3 de noviembre determinarán el futuro de los esfuerzos de paz

El 7 de octubre de 2023 marcó la mayor matanza de judíos en un día desde el nazismo, desencadenando una cadena de guerras que aún continúan en Gaza, Líbano, Irán y Yemen. Para los palestinos, el conflicto representa una nueva Nakba más cruenta que la de 1948, con esperanzas de autodeterminación prácticamente extinguidas tras un año de supuesto alto el fuego.

El tercer aniversario del ataque de Hamás a Israel y el primero del alto el fuego en Gaza revelan un trauma profundo que ha reconfigurado alianzas internacionales y dejado a israelíes y palestinos más alejados que nunca.

Tres años han transcurrido desde el 7 de octubre de 2023, y un año desde que cesó la guerra de alta intensidad en Gaza. Ambas fechas sirven como marcas para medir la profundidad del trauma que ha dejado en las sociedades israelí y palestina un acontecimiento que, lejos de desvanecerse, ha adquirido dimensiones cada vez más amenazantes. Aquel día de octubre, milicianos de Hamás penetraron en el Néguev israelí, mataron a aproximadamente 1.200 personas —casi todas civiles— y secuestraron a 251 más. Para Israel fue la mayor matanza de judíos en un solo día desde el Holocausto. Para los palestinos, marcó el inicio de una nueva Nakba, un desastre que ha resultado más sangriento y devastador que la expulsión de 1948.

Lo que comenzó como un ataque localizado se transformó en algo mucho más vasto. No solo desencadenó una guerra en Gaza, sino una cadena de conflictos que se extiende por toda la región: Líbano, Irán, Yemen. Todos ellos continúan activos a pesar de las treguas anunciadas, que en la práctica han resultado más declarativas que efectivas. Pero el impacto trasciende los campos de batalla. El 7 de octubre provocó un terremoto geopolítico que está reconfigurando las alianzas internacionales, fracturando las relaciones diplomáticas y golpeando profundamente tanto a las sociedades de Oriente Próximo como a las opiniones públicas del mundo entero. Israelíes y palestinos se encuentran hoy más alejados y mutuamente hostiles que en cualquier otro momento de su historia compartida.

La idea sionista de un Estado donde los judíos perseguidos pudieran encontrar seguridad ha quedado herida. Pero la esperanza palestina en la posibilidad de un Estado propio sobre sus territorios ancestrales ha sido golpeada de manera quizás irreparable. Ambas visiones de futuro, que alguna vez parecieron posibles, ahora parecen más lejanas que nunca. El multilateralismo que había sostenido una relativa estabilidad regional durante ochenta años —a través de Naciones Unidas, sus organismos humanitarios y los esfuerzos diplomáticos europeos y estadounidenses— ha sido desmantelado. En su lugar ha llegado una diplomacia amateur, guiada más por intereses comerciales que por propósitos genuinos de paz.

La Junta de Paz para Gaza, presidida por Donald Trump y constituida hace un año en Sharm el Sheij, ejemplifica este vacío. Surgió tras la liberación de los últimos rehenes en manos de Hamás, el único logro sustancial de las gestiones pacificadoras de la Casa Blanca. Pero su Plan de Paz se ha convertido en papel mojado: enunciados sin consecuencias. Se han comprometido cantidades millonarias, pero no se ha realizado ni una sola inversión. La nueva autoridad civil no se ha constituido. La fuerza internacional prevista no existe. La reconstrucción ni siquiera ha comenzado. Mientras tanto, los gazatíes viven en condiciones escandalosas, sin suministros suficientes, sin salubridad adecuada, sin alimentación ni alojamientos dignos. El invierno se aproxima, y con él llegará el empeoramiento de una situación ya desesperada.

El supuesto alto el fuego no se sostiene. El ejército israelí ha continuado realizando ataques que han provocado más de 1.400 muertes en el último año. Hamás no se ha desarmado y está recuperando el control sobre la población. La extrema derecha israelí trabaja por convertir la ocupación en permanente, colonizar nuevamente la Franja y expulsar a los palestinos. Todo esto ocurre sin la presencia del periodismo internacional, al que Israel sigue prohibiendo el acceso a Gaza un año después del cese de las operaciones de combate.

Lo que sucede ahora dependerá en gran medida de dos procesos electorales inminentes: las elecciones en Israel el 27 de octubre y las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos el 3 de noviembre. Si prevalecen en ambos países quienes creen únicamente en la fuerza y la codicia como motores de sus acuerdos, las guerras encadenadas continuarán durante largo tiempo, con falsas treguas que se convertirán en la nueva realidad internacional del siglo XXI. Si, por el contrario, emergen fuerzas genuinamente pacificadoras, la Junta de Paz podría adquirir contenido real. De lo contrario, será enterrada junto a tantas otras iniciativas que han sucumbido ante la violencia como fuerza organizadora de la región.

Para Israel fue la mayor matanza de judíos en un solo día desde el Holocausto. Para los palestinos, marcó el inicio de una nueva Nakba, un desastre más sangriento que la expulsión de 1948.
— Análisis editorial de El País
El Plan de Paz se ha convertido en papel mojado: enunciados sin consecuencias. Se han comprometido cantidades millonarias, pero no se ha realizado ni una sola inversión.
— Análisis editorial de El País
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