Trabajadores sanitarios del Congo luchan contra el ébola sin recursos ni remuneración

Más de 2200 muertes confirmadas entre 4700 casos de ébola; trabajadores sanitarios sin protección adecuada enfrentan riesgo directo de infección; desplazamientos poblacionales por conflicto armado complican seguimiento de contactos.
Estamos persiguiendo al virus; el virus nos lleva ventaja
El director regional de la OMS para África describe la velocidad descontrolada del brote actual de ébola en Congo.
Mark

¿Por qué el sistema de vigilancia está tan rezagado si es tan crucial?

Mimi

Porque el virus se propaga entre personas que nadie estaba monitoreando. Detectan entre el 60 y el 70 por ciento de los nuevos casos solo después de que los pacientes ya enfermaron y contagiaron a otros. Es como intentar apagar un fuego que ya se ha propagado a tres casas más.

Mark

¿Qué mantiene a Ngbape trabajando si no le pagan?

Mimi

Dice que lo que le importa es estar al servicio de la comunidad. Pero eso es lo que dice cuando está exhausto después de una jornada de 15 horas. La verdadera respuesta es probablemente más compleja: responsabilidad, falta de alternativas, y la realidad de que si se va, la epidemia se extiende más.

Mark

¿Por qué los residentes atacan los centros de salud si el ébola es real?

Mimi

Muchos no creen que sea real. Hay desinformación generalizada. Y además, las autoridades les prohíben los entierros tradicionales, que son parte fundamental de cómo procesan el duelo. Sienten que les están quitando su dignidad mientras les dicen que confíen en un sistema que no pueden ver funcionando.

Mark

¿Cuál es el mayor obstáculo ahora mismo?

Mimi

Probablemente la combinación de todo. No es solo la falta de dinero o la inseguridad o la desinformación. Es que un trabajador sanitario no puede llegar a una comunidad remota porque las carreteras son intransitables, y aunque llegara, no tiene equipo de protección, y aunque tuviera equipo, la gente no confía en él. Cada problema amplifica los otros.

Mark

¿Hay esperanza en esto?

Mimi

Ngbape dice que la cooperación ha mejorado a medida que la gente se familiariza con su trabajo. Y acaban de anunciar 30,5 millones de dólares en financiación de emergencia. Pero la esperanza depende de si ese dinero llega a los trabajadores que lo necesitan, y rápido.

  • Entre el 60 y el 70 por ciento de los nuevos casos se descubren en personas que nadie estaba vigilando, lo que significa que el virus lleva siempre ventaja sobre quienes intentan atraparlo.
  • Trabajadores sanitarios llevan más de tres meses sin cobrar, compran su propio desinfectante y salen cada mañana sin equipo de protección a visitar hogares donde el ébola puede estar presente.
  • La huelga en el Centro de Tratamiento de Nizi forzó su cierre temporal, justo cuando el brote exige máxima capacidad de respuesta.
  • La inseguridad armada, las carreteras intransitables y los ataques de residentes desinformados han obligado a algunos trabajadores humanitarios a abandonar las zonas más afectadas.
  • La ONU anunció 30,5 millones de dólares en financiación de emergencia, pero el dinero llega mientras los trabajadores de primera línea siguen sin recibir los salarios ya prometidos.

En el este del Congo, donde el conflicto armado y la pobreza se entrelazan desde hace décadas, un brote de ébola avanza con una velocidad que supera la capacidad humana de contenerlo. Más de 2200 personas han muerto entre 4700 casos confirmados, y quienes sostienen la respuesta —trabajadores comunitarios que recorren comunidades remotas durante jornadas de quince horas— lo hacen sin pago, sin equipo de protección y sin garantías de seguridad. La crisis revela una verdad incómoda: los sistemas de salud pública no colapsan solo por falta de ciencia, sino por la erosión de la dignidad de quienes los sostienen.

Gédéon Banga Ngbape sale de su casa cada mañana a las ocho y regresa a veces pasada la medianoche. Como trabajador de salud comunitario en Nizi, en la provincia congoleña de Ituri, su tarea es perseguir un virus que se mueve más rápido que él. Su equipo investiga entre 60 y 70 alertas diarias, busca contactos de casos confirmados e intenta que los enfermos lleguen a un centro de salud antes de que contagien a otros. Casi nadie le paga por ello.

El brote actual de ébola —causado por la cepa Bundibugyo, para la cual no existen vacunas ni tratamientos aprobados— ha matado a más de 2200 personas entre 4700 casos confirmados, a una velocidad casi tres veces mayor que el devastador brote de África Occidental de 2014 a 2016. El problema central es que el sistema de vigilancia no puede seguir el ritmo de la enfermedad: entre el 60 y el 70 por ciento de los nuevos casos se detectan en personas que no estaban siendo monitoreadas, lo que significa que el virus ya ha tenido oportunidad de propagarse antes de cualquier intervención.

Ana Ndroy Kasime, que trabaja puerta a puerta informando sobre el ébola, no tiene botas ni desinfectante propio —lo compra ella misma— y gana unos 50 dólares al mes, una cifra que considera insuficiente para el riesgo que asume. Otros trabajadores llevan más de tres meses sin cobrar nada. La semana pasada, el personal del Centro de Tratamiento de Nizi se declaró en huelga y el centro cerró temporalmente. El gobierno congoleño atribuye los retrasos a irregularidades en las nóminas; el director del Centro Africano para el Control de Enfermedades afirma que el dinero existe y debe pagarse.

La contención se complica además por la inseguridad armada que obliga a algunos trabajadores a refugiarse en Bunia, la capital provincial, y por los ataques de residentes que desconfían de las restricciones a los entierros tradicionales. A mediados de julio, al menos una docena de centros de salud fueron atacados. Sin embargo, Ngbape señala que en Nizi la cooperación comunitaria ha mejorado con el tiempo, a medida que los vecinos reconocen el trabajo de sus equipos.

Esta semana, la ONU anunció una financiación de emergencia de 30,5 millones de dólares. Pero el dinero llega mientras quienes sostienen la respuesta siguen sin cobrar, sin protección, persiguiendo un virus que siempre les lleva ventaja. Para Ngbape, la vigilancia es el motor de toda la respuesta. Y ese motor, por ahora, funciona a fuerza de agotamiento.

En el este del Congo, Gédéon Banga Ngbape sale de su casa cada mañana a las ocho y no regresa hasta bien entrada la noche, a veces pasada la medianoche. Es trabajador de salud comunitario, y su tarea es perseguir un virus que se mueve más rápido que él. Cada día, él y su equipo recorren las comunidades de Nizi investigando decenas de alertas, buscando a personas que hayan estado en contacto con casos de ébola, intentando que cualquiera con síntomas llegue a un centro de salud antes de que el virus se propague más. Es trabajo agotador. Es trabajo que importa. Y es trabajo que casi nadie le paga.

El brote actual ha matado a más de 2200 personas de un total de más de 4700 casos confirmados. Esa cifra de muertes se alcanzó casi tres veces más rápido que durante el peor brote de ébola registrado en la historia moderna, el de África Occidental entre 2014 y 2016, que cobró más de 11 mil vidas. El virus que circula ahora es el Ébola de Bundibugyo, una cepa rara para la cual no existen vacunas ni tratamientos aprobados, aunque hay ensayos clínicos en marcha. El director regional de la Organización Mundial de la Salud para África lo expresó con claridad esta semana: estamos persiguiendo al virus, pero el virus nos lleva ventaja.

El problema fundamental es que el sistema de vigilancia no puede seguir el ritmo de la enfermedad. Entre el 60 y el 70 por ciento de los nuevos casos se detectan en personas que no estaban siendo monitoreadas como contactos. Esto significa que los trabajadores de salud descubren las infecciones solo después de que los pacientes enferman y ya han tenido oportunidad de contagiar a otros. En Nizi, una de las zonas sanitarias más afectadas de la provincia de Ituri, los equipos de Ngbape reciben un promedio de entre 60 y 70 alertas diarias. Investigan cada una. Hacen seguimiento. Derivan a los enfermos. Y luego regresan a casa pasada la medianoche para planificar las actividades del día siguiente. Ngbape no especificó cuántos días a la semana trabaja ni con qué frecuencia puede tomarse tiempo libre.

Los trabajadores sanitarios comunitarios enfrentan riesgos que nadie les compensa adecuadamente. Ana Ndroy Kasime, que trabaja puerta a puerta informando a los residentes sobre el ébola y reportando casos sospechosos, explicó que ella y sus colegas carecen de equipos de protección básicos: botas, desinfectante, otros suministros. Cuando van de puerta en puerta, no llevan nada de eso, a pesar de que corren riesgo. Kasime compra su propio desinfectante. Recibe aproximadamente 50 dólares al mes, cantidad que considera insuficiente para el trabajo y los riesgos que conlleva. Otros trabajadores sanitarios llevan más de tres meses sin cobrar nada. El jueves pasado, los trabajadores del Centro de Tratamiento de Nizi se declararon en huelga y el centro cerró temporalmente. El director del Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades pidió al gobierno congoleño que pagara los salarios atrasados, afirmando que el dinero estaba disponible. El gobierno respondió que los pagos se retrasan porque está verificando las listas de nómina tras descubrir nombres añadidos sin relación con empleados reales, y mientras realiza la transición de pagos en efectivo a pagos móviles.

La inseguridad y el desplazamiento poblacional complican aún más la contención. En Nizi, los trabajadores de vigilancia tienen dificultades para desplazarse, lo que dificulta la investigación de alertas y el seguimiento de contactos. Los frecuentes movimientos de población relacionados con la minería y las personas que huyen del conflicto armado pueden desplazarse antes de que los equipos de vigilancia puedan localizarlas. Las carreteras en mal estado, a veces intransitables, impiden el acceso a zonas remotas. La inseguridad limita los lugares donde los trabajadores sanitarios pueden operar con seguridad. Decenas de grupos rebeldes y milicianos operan en el este del Congo, incluyendo las Fuerzas Democráticas Aliadas, vinculadas al Estado Islámico. La inseguridad ha obligado a algunos trabajadores sanitarios y humanitarios a abandonar zonas remotas afectadas por el ébola y buscar la relativa seguridad de Bunia, la capital provincial.

La violencia también ha venido de los residentes. A mediados de julio se registraron al menos una docena de ataques contra centros de salud y personal sanitario. En un incidente, residentes atacaron un hospital en Nyakunde e irrumpieron en un centro de tratamiento del ébola cercano, obligando a pacientes y personal a huir. El enfado se debe en parte a la desinformación sobre el virus y a la prohibición de los entierros tradicionales, en los que las familias preparan los cuerpos y la gente se reúne para un funeral, lo que puede provocar más contagios. Sin embargo, Ngbape afirmó que sus equipos de vigilancia en Nizi no han sido atacados, y que la cooperación ha mejorado a medida que los residentes se han familiarizado con el trabajo que realizan.

Para Ngbape, mantener la vigilancia es fundamental. Si la vigilancia no funciona bien, toda la respuesta se ve afectada. La vigilancia es el motor de una respuesta. Las largas jornadas y los recursos limitados lo han dejado exhausto, pero no está dispuesto a parar. Esta semana, el jefe de asuntos humanitarios de la ONU anunció una financiación de emergencia adicional de 30,5 millones de dólares para ayudar a combatir el brote. Pero el dinero llega mientras los trabajadores que están en primera línea siguen sin recibir sus salarios, sin equipo de protección, persiguiendo un virus que se mueve más rápido que ellos.

Si la vigilancia no funciona bien, toda la respuesta se ve afectada. La vigilancia es el motor de una respuesta.
— Gédéon Banga Ngbape, trabajador de salud comunitario
Están haciendo sacrificios y asumiendo riesgos. Si estos trabajadores deciden dejar de trabajar, la epidemia se extenderá aún más entre la población.
— Ana Ndroy Kasime, trabajadora de salud comunitaria
Quer a matéria completa? Leia o original em Univision ↗
Fale Conosco FAQ