La esperanza muere a lo último
La cifra de fallecidos ascendió a 1.450 personas tras los sismos simultáneos que devastaron principalmente la región de La Guaira, con 774 edificios colapsados o dañados. Equipos de rescate de 24 países, incluyendo Argentina, trabajan sin pausa para encontrar sobrevivientes entre los escombros, con 2.741 rescatistas especializados y 128 perros entrenados.
- 1.450 muertos, 3.150 heridos, más de 70 mil desaparecidos tras dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 el miércoles
- 774 edificios colapsados o dañados, principalmente en La Guaira, a 26 kilómetros de Caracas
- 2.741 rescatistas internacionales de 24 países trabajan en las zonas afectadas con 128 perros entrenados
- Belkys Barreto García rescatada con vida tras 86 horas atrapada bajo escombros, después de 11 horas de operación de rescate
Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela el miércoles, dejando 1.450 muertos, 3.150 heridos y más de 70 mil desaparecidos. Más de 2.700 rescatistas internacionales trabajan en La Guaira, la zona más afectada.
El miércoles por la noche, dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela casi simultáneamente, desatando una de las peores catástrofes naturales en la historia del país. Para el domingo, la cifra de muertos había ascendido a 1.450 personas. Otros 3.150 resultaron heridos. Más de 70 mil permanecían desaparecidos, la mayoría en La Guaira, la zona costera ubicada a 26 kilómetros de Caracas que sufrió los daños más devastadores. Setecientos setenta y cuatro edificios colapsaron o quedaron severamente dañados. Las réplicas continuaban llegando—una de magnitud 4.9 se registró el domingo mismo, interrumpiendo momentáneamente las tareas de rescate y sembrando pánico entre los trabajadores que excavaban entre los escombros.
Dennysser Hernández, un estudiante de 28 años que trabaja como mototaxista en La Guaira, vivía en el sexto piso de un edificio cuando llegó la alerta a su teléfono. Su hermana, funcionaria pública, le ordenó que saliera. Mientras el departamento comenzaba a sacudirse violentamente, Hernández miró por la ventana y vio que la torre se desmoronaba. Lo que había sido su hogar en el piso seis quedó reducido a dos o tres pisos. Sin dudarlo, se lanzó al vacío con sus tres hijos—una bebé de un año, una niña de tres y un varón de cinco—y su madre. Todos sobrevivieron. "Gracias a Dios estamos con suerte, somos supervivientes", dijo Hernández a Clarín.
En Catia del Mar, otra de las zonas más golpeadas, los vecinos excavaban desesperadamente entre los escombros buscando a sus seres queridos. Gritaban pidiendo maquinaria pesada para remover los restos de hormigón y acero. "Todavía hay gente viva", clamaban. Cuatro días después del terremoto, la zona estaba completamente arrasada. Los rescatistas trabajaban sin parar, incluso durante la noche. El sonido de los generadores de electricidad llenaba el aire, acompañado por un ruido metálico perturbador: las alarmas de los edificios vacíos con baterías agotándose, como grillos que marcaban el ritmo de la búsqueda. Pasadas las 72 horas, los rescatistas sabían que encontrar personas con vida rozaba el milagro.
Pero los milagros seguían ocurriendo. El equipo de búsqueda y rescate del condado de Fairfax, en Estados Unidos, sacó a un padre y su hijo vivo de entre los escombros. Belkys Josefina Barreto García, una mujer de 60 años, fue rescatada tras estar atrapada 86 horas bajo el edificio Breogan en Caraballeda. Los rescatistas trabajaron 11 horas para extraerla. Su estado era delicado, pero estaba viva. La presidenta interina Delcy Rodríguez celebró el rescate como un mensaje de esperanza. El sábado, los equipos habían encontrado 33 personas con vida. "Todavía seguimos consiguiendo sobrevivientes, es la buena noticia", dijo Andrés Simón González, jefe de Emergencias de Venezuela.
Más de 2.741 rescatistas internacionales de casi 30 países trabajaban codo a codo con sus pares venezolanos. Argentina envió 24 brigadistas que llegaron el sábado, y completó los preparativos para un segundo equipo de médicos y enfermeros del Ejército. Miguel García, de la brigada mexicana Los Topos, explicó que tenían técnicas especializadas para trabajar en espacios muy pequeños, entrando piso por piso. "La esperanza muere a lo último", dijo. Con ellos llegaron 128 perros entrenados en rescate. Veinticuatro países en total enviaron asistencia humanitaria. Las autoridades venezolanas convocaron a jornadas de emergencia para donación de sangre. El metro de Caracas, Maracaibo y Valencia fue restablecido después de inspecciones exhaustivas de la infraestructura.
Pero la esperanza tenía límites reales. De acuerdo con la página web que registraba denuncias de desaparecidos, se habían presentado 79.178 reportes, aunque 64.679 personas únicas se consideraban desaparecidas. De esas, 14.874 ya habían sido localizadas. Aún no se sabía nada de 49.805. Elio, un hombre de 40 años en Caracas, esperaba noticias de Adenis José Salazar Adjunta, un trabajador de Aduanas y hermano de su cuñada, que estaba en el piso 11 de la Torre D en Playa Grande cuando colapsó. Los rescatistas encontraron su celular encendido sobre los escombros. "Yo sé que va a aparecer con vida. Ese celular estaba a la vista, lo vamos a encontrar. Tenemos todas las esperanzas", dijo Elio a Clarín.
La lluvia amenazaba complicar aún más las operaciones. Las autoridades advirtieron que si llovía mucho, los ríos que atravesaban las ruinas donde se desarrollaban las tareas de búsqueda se cargarían y desagorarían en el mar. El domingo por la mañana, después de lluvias durante la madrugada, el cielo se despejó y asomó el sol. Los equipos de prensa internacional, incluyendo a Clarín, fueron escoltados a La Guaira en micros verdes por motos de la Guardia Nacional Bolivariana. El gobierno había organizado la visita con credenciales, fotos de pasaportes, grupos sanguíneos y pulseras de acceso. La zona permanecía bajo acceso restringido para evitar que personas sin tareas asignadas obstaculizaran las operaciones. Mientras el mundo observaba, los rescatistas continuaban su carrera contra el tiempo, sabiendo que cada hora que pasaba reducía las probabilidades de encontrar más sobrevivientes entre los escombros de lo que había sido la vida normal de Venezuela hace apenas cuatro días.
Notable Quotes
Me lancé con mis tres hijos para abajo. Tengo una hija de un año, otra de 3 y un varón de 5. Gracias a Dios estamos con suerte, somos supervivientes.— Dennysser Hernández, sobreviviente que se lanzó del sexto piso de su edificio
Son horas críticas para salvar vidas. Cada rescatista que llegó a Venezuela, y cada perro que trajeron consigo, lleva un mensaje de amor para nuestro país.— Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué La Guaira sufrió tanto más que otras zonas?
La Guaira es una zona costera, más densamente poblada, con edificios más antiguos y probablemente con estándares de construcción menos rigurosos. Cuando los dos terremotos golpearon casi simultáneamente, la acumulación de energía fue devastadora.
Ese hombre que se lanzó del sexto piso con sus tres hijos—¿cómo sobrevivieron?
No lo sabemos exactamente. Cayeron desde una altura que debería haber sido mortal, pero la suerte, el ángulo de caída, quizás escombros que amortiguaron el impacto. Hernández lo atribuye a Dios. Lo importante es que está vivo contando su historia.
¿Qué significa que pasen las 72 horas?
Es un umbral brutal en rescate. Después de tres días sin agua ni aire, las posibilidades de encontrar personas vivas caen dramáticamente. El cuerpo humano tiene límites. Por eso los rescatistas dicen que encontrar a alguien vivo después de ese tiempo es casi un milagro.
¿Por qué tanta gente sigue desaparecida si hay casi 2.800 rescatistas trabajando?
Porque hay 774 edificios colapsados o dañados. Es una escala incomparable. Incluso con miles de personas trabajando, es como buscar agujas en un pajar de hormigón y acero. Y muchos de esos desaparecidos pueden estar bajo toneladas de escombros que requieren equipamiento especializado para remover.
¿Qué pasó con los suministros humanitarios que denunció la oposición?
Según Edmundo González Urrutia, funcionarios municipales en Yaracuy retuvieron insumos de ayuda. Es un problema secundario pero revelador: en medio del caos, algunos aprovechan para desviar recursos. Muestra que la catástrofe no solo es física sino también administrativa.
¿Cuál es el siguiente paso después de que terminen los rescates?
La reconstrucción. Pero eso es una conversación completamente diferente. Por ahora, el país está en modo supervivencia. Cada hora cuenta. Cada persona que sale viva de los escombros es una victoria.