En la tarde del viernes, la tierra reclamó su antigüedad bajo los pies de Panamá: un sismo de magnitud 7.7 emergió desde las profundidades de Pitaloza Arriba y recordó a una nación entera que habita sobre placas en perpetuo movimiento. Iglesias coloniales que sobrevivieron siglos cedieron en segundos, y miles de personas salieron a las calles buscando el cielo abierto como único refugio. Sin muertes confirmadas hasta el momento, el país enfrenta ahora la tarea de medir sus heridas materiales y espirituales, consciente de que el Cinturón de Fuego no distingue entre lo sagrado y lo cotidiano.
Terremoto de 7.7 sacude Panamá con pánico, desalojos y colapso de edificios
Nadie está nunca preparado para este tipo de desastres
¿Por qué este terremoto fue tan destructivo si la magnitud no es la más alta que se ha registrado en la región?
La profundidad de diez kilómetros jugó un papel importante. Fue relativamente superficial, lo que significa que la energía se transmitió más directamente a la superficie. Además, golpeó áreas con infraestructura más antigua y menos preparada para sismos de esta magnitud.
Pero espera, el reporte dice que no hay muertes confirmadas hasta el momento. ¿Eso significa que realmente no las hay, o simplemente que aún no se han contado todas?
Es una buena pregunta. El presidente Mulino fue claro en que hasta la tarde del viernes no había muertes confirmadas, pero advirtió que esto podría cambiar. Eso sugiere que todavía estaban evaluando la situación completa.
¿Qué tan inusual es que un terremoto de esta magnitud cause tan pocos heridos?
No es inusual si consideramos que el epicentro estuvo en una zona remota. Pitaloza Arriba es una comunidad pequeña y aislada. Los daños se concentraron en provincias centrales menos pobladas que la capital.
Pero la iglesia colonial colapsó completamente. ¿Eso no sugiere que la fuerza fue realmente severa?
Sí, fue severa. Pero esas estructuras antiguas no fueron construidas con códigos sísmicos modernos. La catedral de Penonomé sufrió un colapso parcial, no total. La diferencia entre daño y pérdida de vidas depende mucho de dónde golpee y qué tan preparada esté la población.
¿Qué significa que Panamá esté en el Cinturón de Fuego?
Significa que está en una zona de actividad sísmica constante. Es parte de un sistema de placas tectónicas que genera terremotos regularmente. No es una sorpresa geológica; es la realidad del lugar.
Entonces, ¿debería haber habido más preparación después de lo que pasó en Venezuela y Colombia hace apenas unos meses?
Esa es la pregunta difícil. El presidente dijo que "nadie está nunca preparado" para esto. Pero sí, la región acaba de vivir dos desastres sísmicos devastadores. La pregunta sobre preparación y prevención sigue abierta.
Le Pouls
- Dos terremotos en rápida sucesión —7.7 y 6.6— desataron más de 45 réplicas que se sintieron desde Panamá hasta Colombia, sembrando pánico colectivo en calles y hogares.
- Patrimonio histórico irreemplazable se perdió en segundos: la Iglesia colonial de San Atanasio, declarada Patrimonio Nacional en 1938, colapsó por completo, y la catedral de Penonomé sufrió daños graves.
- Las alertas de tsunami pusieron en alerta las costas de seis países, aunque fueron retiradas al confirmarse que las olas no superarían la región de Isla Cañas y Los Santos.
- El Canal de Panamá —arteria del comercio mundial— continuó operando mientras equipos técnicos inspeccionaban sus instalaciones, y el aeropuerto de Tocumen reabrió horas después de su cierre de emergencia.
- El presidente Mulino advirtió que el balance de víctimas podría cambiar en las próximas horas, mientras Estados Unidos y varios países latinoamericanos movilizaron recursos y expresaron solidaridad.
En la tarde del viernes, la tierra reclamó su antigüedad bajo los pies de Panamá: un sismo de magnitud 7.7 emergió desde las profundidades de Pitaloza Arriba y recordó a una nación entera que habita sobre placas en perpetuo movimiento. Iglesias coloniales que sobrevivieron siglos cedieron en segundos, y miles de personas salieron a las calles buscando el cielo abierto como único refugio. Sin muertes confirmadas hasta el momento, el país enfrenta ahora la tarea de medir sus heridas materiales y espirituales, consciente de que el Cinturón de Fuego no distingue entre lo sagrado y lo cotidiano.
El viernes por la tarde, dos terremotos potentes sacudieron el sur de Panamá en rápida sucesión. El primero, de magnitud 7.7, tuvo su epicentro a diez kilómetros de profundidad cerca de Pitaloza Arriba, en la provincia de Herrera; el segundo midió 6.6. Más de 45 réplicas siguieron, varias de ellas perceptibles en la vecina Colombia. Rosendo Domínguez, un hombre de sesenta años de Herrera, lo describió con sencillez: el sismo tiró cosas en su cocina y dejó a todo el mundo en la calle, asustado. En Ciudad de Panamá, residentes consternados se agolparon en las aceras esperando noticias.
Los daños más severos se concentraron en las provincias centrales. En Penonomé, una persona fue herida por escombros, la catedral de la plaza principal sufrió colapso parcial, y el edificio de la gobernación y un hotel resultaron dañados. En Los Santos, la Iglesia de San Atanasio —templo colonial declarado Patrimonio Histórico Nacional en 1938— quedó destruida. Grietas profundas cruzaron carreteras en Veraguas. El Servicio Nacional de Protección Civil confirmó varios heridos, aunque la capital y sus rascacielos no reportaron daños.
El presidente José Raúl Mulino señaló que hasta la tarde del viernes no había muertes registradas, pero advirtió que eso podría cambiar. El aeropuerto de Tocumen suspendió operaciones brevemente y reabrió esa misma tarde; el Canal de Panamá siguió funcionando con normalidad mientras se inspeccionaban sus instalaciones. Las alertas de tsunami emitidas para seis países de la región fueron retiradas al confirmarse que las olas no representaban un riesgo mayor fuera de la costa sur de Los Santos.
El sismo llega cuando la región ya carga el peso de tragedias recientes: más de seis mil quinientos muertos en Venezuela en junio y casi trescientos en Colombia en agosto. El último gran terremoto en Panamá había ocurrido en 1991. Ubicado sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, el país convive con la interacción de las placas de Cocos, Nazca y del Caribe. Desde Washington, el secretario Marco Rubio anunció el envío de recursos; presidentes de Colombia, Costa Rica, Venezuela y Ecuador ofrecieron su solidaridad.
El viernes por la tarde, dos terremotos potentes sacudieron el sur de Panamá en rápida sucesión, dejando a una nación entera en las calles, asustada y esperando noticias. El primero, de magnitud 7.7, tuvo su epicentro a unos diez kilómetros de profundidad cerca de la comunidad remota de Pitaloza Arriba, en la provincia de Herrera, según reportó el Servicio Geológico de Estados Unidos. El segundo, de magnitud 6.6, llegó después. Lo que siguió fue una cascada de más de 45 réplicas, varias de ellas lo suficientemente fuertes para ser sentidas en toda la región, incluyendo en la vecina Colombia.
Rosendo Domínguez, un hombre de sesenta años originario de Herrera, describió el momento con la claridad de quien acaba de vivirlo: el terremoto fue tan fuerte que tiró cosas en su cocina. "Todo el mundo está afuera, asustado", dijo por teléfono a The Associated Press. En la capital, Ciudad de Panamá, residentes visiblemente consternados se congregaron en las calles, esperando información sobre lo que había sucedido. El Servicio Geológico revisó la magnitud del primer sismo varias veces durante las primeras horas, comenzando con un estimado de 8.0 antes de ajustarlo a 7.6 y luego a 7.7.
Los daños se concentraron en las provincias centrales de Veraguas, Herrera y Los Santos. En Penonomé, a unos ciento cincuenta kilómetros de la capital, una persona fue impactada por escombros de una estructura que se derrumbó parcialmente. La catedral de la plaza principal del distrito sufrió un colapso parcial y grietas significativas, mientras que el edificio de la gobernación y el hotel Dos Continentes también resultaron dañados. Más al sur, la Iglesia de San Atanasio, un templo católico de la época colonial en la provincia de Los Santos que había sido declarado Patrimonio Histórico Nacional en 1938, colapsó. En la provincia de Veraguas, grietas profundas atravesaban las carreteras. Omar Smith, del Servicio Nacional de Protección Civil, confirmó que se habían reportado varios heridos, aunque no había daños reportados en la capital con sus cientos de rascacielos.
El presidente panameño, José Raúl Mulino, afirmó que hasta la tarde del viernes las autoridades no tenían registro de personas muertas, aunque advirtió que esto podría cambiar en las próximas horas o días. "Nadie estaba preparado, y nadie está nunca preparado para este tipo de desastres", declaró. El Aeropuerto Internacional de Tocumen, uno de los más transitados de la región con más de veinte millones de pasajeros en 2025, suspendió operaciones temporalmente pero reabrió esa misma tarde. La Autoridad del Canal de Panamá reportó que las operaciones continuaban con normalidad a lo largo de la ruta de comercio marítimo global, aunque equipos técnicos especializados inspeccionaban las instalaciones para evaluar posibles daños.
La amenaza de tsunami llevó a las autoridades a emitir alertas para las costas de Panamá, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Guatemala, así como para El Salvador y la Isla de Pascua. Néstor Luque, director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, indicó que se esperaban olas de entre uno y tres metros en los alrededores de Isla Cañas y la costa sur de Los Santos, y el agua del mar ya había alcanzado viviendas cercanas a la costa en esa zona. Las alertas fueron retiradas posteriormente cuando se determinó que no había riesgo de olas mayores más allá de esa región.
Este terremoto llegó en un momento en que la región ya estaba marcada por desastres sísmicos recientes. En junio, dos terremotos consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron el estado venezolano de La Guaira, dejando más de seis mil quinientos muertos y diecisiete mil personas sin hogar. En agosto, un terremoto de magnitud 7.4 en Colombia causó la muerte de al menos doscientas ochenta y nueve personas. El último gran terremoto que causó daños generalizados en Panamá ocurrió hace treinta y cinco años, en 1991, cuando un sismo de magnitud 7.4 con epicentro en Costa Rica dejó veintitrés muertos, quinientos cincuenta y nueve heridos y miles de personas sin hogar en la región fronteriza de Bocas del Toro.
Panamá se ubica a lo largo del Cinturón de Fuego, un arco de cuarenta mil kilómetros de volcanes y fallas geológicas alrededor de la cuenca del Pacífico donde ocurren la mayoría de los terremotos del mundo. Los sismos son comunes en la región, especialmente a lo largo de la frontera entre Panamá y Costa Rica y en su costa del Pacífico, debido a la interacción de varias placas tectónicas, entre ellas las de Cocos, Nazca y del Caribe. Muestras de apoyo llegaron desde distintos puntos de la región. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó que estaba "movilizando recursos y personal rápidamente para brindar asistencia" a solicitud del gobierno panameño. Los presidentes de Colombia, Venezuela, Costa Rica, Ecuador y otros líderes latinoamericanos también ofrecieron su solidaridad.
Citations marquantes
Lo sentimos muy fuerte. Tiró cosas en la cocina, pero estamos bien, aunque con mucho miedo. Todo el mundo está afuera, asustado.— Rosendo Domínguez, residente de Herrera, a The Associated Press
Nadie estaba preparado, y nadie está nunca preparado para este tipo de desastres.— Presidente José Raúl Mulino