Terra Drone desarrolló el Terra A1, un interceptor de bajo costo (2.600 euros) que ha derribado drones Shahed rusos de 35.000 euros, demostrando eficiencia en combate. La inversión en Ucrania provocó protesta diplomática rusa, pero permitió a la empresa acceder al mercado de defensa japonés tras años de intentos fallidos con gigantes como Mitsubishi.
Terra Drone: la empresa japonesa que desafía a Rusia con drones interceptores en Ucrania
No gana quien tiene el ejército más grande, sino quien gasta menos por cada golpe
¿Por qué un fabricante de drones industriales termina en medio de una guerra?
Tokushige pasó años intentando vender a los militares japoneses sin éxito. El sector de defensa estaba cerrado, dominado por gigantes como Mitsubishi. Ucrania le abrió una puerta que Japón le había cerrado.
Pero ¿cuánto de esto es oportunismo y cuánto es convicción? Dice que Japón es un archipiélago en riesgo, pero eso suena a justificación después del hecho.
Entonces, ¿qué lo hace diferente de otros empresarios que ven dinero en la guerra?
El producto. El Terra A1 cuesta 2.600 euros y derriba drones de 35.000. Eso es eficiencia pura. Y lo probó en combate real, no en un laboratorio.
Cierto, pero el vídeo del 28 de abril es un solo caso. ¿Cuántos Shahed ha derribado realmente? El comunicado ruso sugiere que hay muchos ataques aéreos sin respuesta.
¿Y el contrato con Japón? ¿Eso valida la tecnología?
Valida que funciona lo suficientemente bien para que el Ministerio de Defensa apueste por producción en masa. Eso es raro en un sector que normalmente se mueve en años, no en semanas.
Pero el contrato es reciente, de agosto. No sabemos cuántos drones se producirán realmente ni cuál será el desempeño a escala. El optimismo es comprensible, pero aún hay mucho por demostrar.
¿Qué significa esto para el futuro de Terra Drone?
Si logra escalar a 1.000 unidades mensuales y entra en mercados internacionales, pasa de ser una startup de drones industriales a un proveedor de defensa global. Eso es un cambio fundamental.
Siempre que la tecnología aguante y que los gobiernos sigan comprando. La guerra de Ucrania no durará para siempre.
Il Polso
- Terra Drone desarrolló el Terra A1, interceptor de 2.600 euros que derriba drones Shahed rusos de 35.000 euros
- Tokushige realizó 14 visitas a Ucrania en diez meses y pasó noches en refugios subterráneos
- El 25 de agosto, el Ministerio de Defensa japonés firmó contrato con Terra Drone para producción en masa del Terra B1
- Terra Drone planea escalar producción de 100 a 1.000 unidades mensuales
Terra Drone desarrolló el Terra A1, un interceptor de bajo costo (2.600 euros) que ha derribado drones Shahed rusos de 35.000 euros, demostrando eficiencia en combate. La inversión en Ucrania provocó protesta diplomática rusa, pero permitió a la empresa acceder al mercado de defensa japonés tras años de intentos fallidos con gigantes como Mitsubishi.
Terra Drone Corporation, fabricante japonés de drones, se convierte en proveedor de tecnología defensiva en Ucrania, desarrollando interceptores para contrarrestar ataques aéreos rusos y asegurando su primer contrato con el Ministerio de Defensa japonés.
Toru Tokushige, de 56 años, ingeniero formado en la Universidad de Kyushu que pasó seis años en Silicon Valley, fundó Terra Drone en 2016 para fabricar drones industriales destinados a inspeccionar infraestructuras de energía y construcción. Desde 2020, su empresa figura entre los principales proveedores mundiales de servicios de drones comerciales según la consultora alemana Drone Industry Insights. En 2024, Terra Drone comenzó a cotizar en la sección Growth de la Bolsa de Tokio, un segmento reservado para empresas emergentes con alto potencial de crecimiento. Pero durante años, Tokushige había intentado sin éxito ofrecer su tecnología al ejército japonés, chocando contra un sector de defensa complejo, dominado por gigantes como Mitsubishi Heavy Industries y atrapado en procesos de licitación que se extendían durante años.
En septiembre de 2025, decidido a encontrar nuevas oportunidades, viajó a Ucrania para participar en ferias de productos de defensa. Lo que encontró fue un mercado saturado de drones FPV, naves de ataque directo pilotadas a control remoto, ensambladas con componentes chinos y de fácil fabricación. Pero también descubrió algo diferente: el interceptor de Amazing Drones, una empresa ucraniana ubicada en Járkov, a 30 kilómetros de la frontera rusa. Este dron había sido diseñado por ingenieros y militares ucranianos específicamente para derribar objetivos en pleno vuelo. Tokushige quedó impresionado, particularmente por su precio: alrededor de 2.600 euros. La lección que extrajo de la guerra de Ucrania fue directa: no gana quien tiene el ejército más grande, sino quien gasta menos por cada golpe que asesta.
Tokushige se convirtió en accionista mayoritario de Amazing Drones y, con el aporte de tecnología japonesa, la empresa desarrolló el Terra A1, un interceptor tipo cohete de corto alcance con carga explosiva. El anuncio de esta inversión provocó una protesta formal del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. En un comunicado, Moscú denunció las "provocaciones criminales sistemáticas de Ucrania mediante el uso de vehículos aéreos no tripulados contra emplazamientos civiles" y calificó la inversión nipona como un gesto "abiertamente hostil y lesivo para los intereses de seguridad" del país. Rusia también lamentó la política "poco amistosa" de Tokio bajo el nuevo Gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi, señalando que las relaciones entre ambas naciones habían alcanzado un mínimo histórico. El embajador de Japón en Moscú objetó formalmente la queja.
El 28 de abril, Terra Drone anunció que un dron Terra A1 había derribado por primera vez una "amenaza aérea no tripulada de largo alcance" y publicó un vídeo en YouTube que mostraba, mediante cámara infrarroja, la persecución de un artefacto con la silueta característica del Shahed, un diseño iraní fabricado en Rusia con un costo aproximado de 35.000 euros. Ese mismo día, Terra Drone anunció una alianza con WinnyLab LLC, una segunda empresa ucraniana de tecnología de defensa, para desarrollar el Terra A2, un dron de ala fija. Tanto el Terra A1 como el Terra A2 superan en más de 100 kilómetros por hora la velocidad de 200 kilómetros por hora del Shahed.
Durante sus 14 visitas a Ucrania en los pasados diez meses, Tokushige ha acumulado en su móvil numerosas alertas de ataques aéreos. "Son diarias y entran a las dos, a las tres y a las cuatro de la madrugada", subraya. Ha pasado muchas noches en refugios subterráneos. Pero esa frecuencia constante de ataques se ha convertido en una ventaja: permite hacer pruebas en tiempo real en un entorno de combate diario. Los fabricantes de drones reciben información constante de las tropas y peticiones de cambios que mejoran el producto en ciclos de tres meses. Su plan incluye escalar la producción de 100 a 1.000 unidades mensuales e ingresar al mercado internacional.
La oportunidad que Tokushige buscaba en Japón llegó de manera inesperada. Cuando la guerra de Oriente Próximo intensificó las preocupaciones de seguridad, el Ministerio de Defensa japonés convocó una licitación urgente para fabricar drones en junio. Se presentaron 38 empresas internacionales. En una decisión inusual por su rapidez, el Ministerio seleccionó cuatro modelos, entre ellos la propuesta de Terra Drone. La Fuerza Marítima de Autodefensa realizó ensayos en condiciones reales y el 25 de agosto la Agencia de Equipamiento, Logística y Tecnología de Defensa anunció la firma de un contrato de adquisición con Terra Drone para la producción en masa de su modelo Terra B1. El contrato no solo validaba la tecnología de Tokushige sino que marcaba un hito en los plazos habituales del sector de defensa japonés: pasar de las pruebas a la producción industrial a escala en cuestión de semanas, no años.
Citazioni salienti
Son diarias y entran a las dos, a las tres y a las cuatro de la madrugada— Toru Tokushige, describiendo la frecuencia de alertas de ataques aéreos en Ucrania
No resiste quien tiene el ejército más grande, sino quien gasta menos por cada golpe que da— Toru Tokushige, resumiendo la lección de la guerra de Ucrania