Durante décadas, las palabras de un hermano religioso convencieron a M. L. R. de que nadie creería a un niño con discapacidad. Ahora, como tercera víctima en alzar la voz contra el internado San Juan de Dios en Canarias, su testimonio se une a un patrón que la orden ya no puede ignorar del todo. La institución ha respondido de forma desigual: actuó frente a uno de los acusados, pero se niega a investigar al otro amparándose en su partida hace casi medio siglo. El caso obliga a preguntarse hasta dónde llega la responsabilidad moral de una institución cuando el tiempo avanza pero el daño no desa
Tercera víctima del internado San Juan de Dios denuncia abuso de hermanos religiosos
Aunque lo cuentes, ¿quién va a creerse a un mocoso cojo como tú?
¿Por qué crees que M. L. R. decidió hablar ahora, después de tanto tiempo?
Porque otros lo hicieron primero. Cuando eres la única voz, es fácil que te silencien con una frase como la que Francisco le dijo. Pero cuando hay tres voces, cuando hay un patrón, de repente tienes algo más sólido.
Espera, ¿sabemos cuántas víctimas hay en total? El artículo dice "tercera víctima", pero ¿eso significa que solo hay tres, o que estas son las tres que han salido públicamente?
Buena pregunta. Y ¿qué pasa con Francisco? ¿La orden simplemente lo deja ir porque se fue hace 50 años?
Eso es lo que dicen. Pero para M. L. R., eso es una evasión. El daño que Francisco causó no tiene fecha de vencimiento.
Aunque entiendo la frustración, tenemos que ser claros: ¿qué poder legal tiene la orden para investigar a alguien que ya no es miembro? Eso es una pregunta genuina, no una defensa.
¿Y si Francisco aún está vivo? ¿Podría haber consecuencias legales fuera del sistema de la orden?
Eso depende de si hay prescripción legal para estos delitos en Canarias, y de si M. L. R. y otros están dispuestos a presentar denuncias formales ante la justicia.
Exacto. El artículo no dice nada sobre si esto ha llegado a la policía o a los fiscales. Solo sabemos que M. L. R. está hablando públicamente.
Der Puls
- Las palabras que Francisco le dirigió de niño —'¿quién va a creerse a un mocoso cojo como tú?'— funcionaron como cadena durante décadas, hasta que otros sobrevivientes rompieron el silencio primero.
- Con la aparición de un tercer testimonio, el patrón de abusos en el internado San Juan de Dios adquiere un peso colectivo que ningún relato aislado podría sostener por sí solo.
- La orden religiosa apartó al hermano Calixto de sus funciones, pero se niega a abrir investigación sobre Francisco, argumentando que abandonó la institución en 1977.
- Esa respuesta parcial expone una grieta institucional: la línea que la orden traza entre sus miembros actuales y los del pasado resulta arbitraria para quienes sufrieron el daño.
- El caso plantea sin resolver si una institución tiene obligación moral —o legal— de investigar a sus antiguos miembros, independientemente de cuánto tiempo haya transcurrido.
Durante décadas, las palabras de un hermano religioso convencieron a M. L. R. de que nadie creería a un niño con discapacidad. Ahora, como tercera víctima en alzar la voz contra el internado San Juan de Dios en Canarias, su testimonio se une a un patrón que la orden ya no puede ignorar del todo. La institución ha respondido de forma desigual: actuó frente a uno de los acusados, pero se niega a investigar al otro amparándose en su partida hace casi medio siglo. El caso obliga a preguntarse hasta dónde llega la responsabilidad moral de una institución cuando el tiempo avanza pero el daño no desaparece.
M. L. R. llevaba décadas en silencio sobre lo que vivió en el internado San Juan de Dios en Canarias. Fueron las historias de dos compañeros de infancia, publicadas en los medios, las que finalmente le dieron el impulso para contar la suya. Señala a dos hermanos religiosos: Calixto y Francisco. De este último recuerda especialmente una frase que le dirigió cuando era un niño vulnerable y con discapacidad: "Aunque lo cuentes, ¿quién va a creerse a un mocoso cojo como tú?". Esa amenaza, calculada para asegurar su silencio, funcionó durante años.
La orden religiosa que administra el internado ha respondido de manera desigual. Frente a las acusaciones contra Calixto, actuó: lo apartó de sus funciones. Pero respecto a Francisco, la institución se niega a investigar. Su argumento es que él abandonó el internado en 1977, hace casi medio siglo, y que eso lo coloca fuera de su jurisdicción disciplinaria.
Esa respuesta parcial abre preguntas incómodas. Para M. L. R., la línea que la orden traza entre miembros actuales y pasados es arbitraria: el daño no prescribió cuando Francisco se marchó, ni el trauma desapareció con su partida. Ver a otros sobrevivientes hablar fue lo que transformó su silencio: ya no era una voz aislada y descartable, sino parte de un patrón documentado. Lo que sigue sin respuesta es si una institución tiene alguna responsabilidad moral o legal de investigar a quienes ya no forman parte de ella, sin importar cuánto tiempo haya pasado.
M. L. R. llevaba décadas guardando silencio sobre lo que vivió dentro de los muros del internado San Juan de Dios en Canarias. Ahora, después de que dos compañeros de infancia rompieran el silencio sobre los abusos que sufrieron a manos de hermanos religiosos, ha decidido contar su propia historia. Señala específicamente a dos hombres: el hermano Calixto y el hermano Francisco. Lo que lo mantiene en vilo no es solo el recuerdo del daño físico y psicológico, sino las palabras que Francisco le dirigió cuando era un niño vulnerable. "Aunque lo cuentes, ¿quién va a creerse a un mocoso cojo como tú?", le dijo, usando su discapacidad como arma para asegurar su silencio. Esa frase, pronunciada hace décadas, resume la estrategia de intimidación que funcionó durante años.
La orden religiosa que administra el internado ha respondido de manera desigual a las acusaciones. Con respecto al hermano Calixto, tomó medidas: lo apartó de sus funciones. Pero cuando se trata de Francisco, la institución se niega a abrir una investigación. Su argumento es simple pero contundente: Francisco se marchó del internado en 1977, hace casi medio siglo. Para la orden, eso significa que está fuera de su jurisdicción, que el tiempo transcurrido y su partida lo colocan más allá del alcance de cualquier proceso disciplinario interno.
Esta respuesta parcial plantea preguntas incómodas sobre cómo las instituciones religiosas manejan las acusaciones históricas de abuso. ¿Dónde termina la responsabilidad de una orden cuando uno de sus miembros ya no forma parte de ella? ¿Cuánto tiempo debe pasar antes de que una institución considere que un caso está cerrado, independientemente de cuándo la víctima encuentre el valor para hablar? El caso de M. L. R. se suma a un patrón más amplio: primero uno, luego otro, ahora un tercero. Cada testimonio que emerge parece validar los anteriores, pero también expone las limitaciones de los mecanismos de investigación interna.
Para M. L. R., la aparición pública de otros sobrevivientes fue lo que finalmente le permitió romper su propio silencio. Durante años, las palabras de Francisco —diseñadas específicamente para hacerlo sentir que nadie lo creería— funcionaron exactamente como se pretendía. Pero cuando otros hablaron, cuando sus historias aparecieron en los medios, algo cambió. Ya no estaba solo. Ya no era un "mocoso cojo" cuya palabra podría descartarse fácilmente. Ahora era parte de un patrón documentado, parte de un registro que la institución no podía ignorar completamente.
Lo que permanece sin resolver es qué sucede con Francisco. La orden ha trazado una línea clara: si se fue en 1977, no es asunto suyo. Pero para M. L. R. y potencialmente para otros que sufrieron a sus manos, esa línea es arbitraria. El daño no prescribió cuando él se marchó. El trauma no desapareció con su partida. Y la pregunta de si una institución tiene alguna responsabilidad moral o legal de investigar a sus antiguos miembros, incluso décadas después, sigue sin respuesta clara.
Bemerkenswerte Zitate
Aunque lo cuentes, ¿quién va a creerse a un mocoso cojo como tú?— Hermano Francisco, dirigiéndose a M. L. R. durante su infancia en el internado