En un tribunal federal de Washington, Stephen King tomó la palabra no como novelista del terror, sino como testigo de una transformación silenciosa: la concentración del poder editorial en cada vez menos manos. Su testimonio voluntario contra la fusión de 2.200 millones de dólares entre Penguin Random House y Simon & Schuster revela una tensión antigua entre el mercado y la cultura, entre la eficiencia corporativa y la posibilidad de que un escritor desconocido pueda, algún día, ganarse la vida con sus palabras.
Stephen King testifica contra fusión de editoriales: "Para escritores es cada vez más difícil vivir"
Para los escritores se vuelve cada vez más difícil ganar dinero para vivir
¿Por qué un autor como Stephen King, que claramente se beneficiaría de una industria más concentrada, decide testificar en contra de esta fusión?
Porque ha visto desaparecer a editoriales independientes durante toda su carrera. Doubleday, donde publicó Carrie, ya no existe como entidad independiente. Ha vivido la consolidación en tiempo real.
Pero eso es su experiencia personal. ¿Hay datos que demuestren que la fusión realmente perjudica a los escritores en general, o es más bien su intuición basada en lo que ha observado?
El gobierno presentó a Michael Pietsch, un ejecutivo de Hachette, como testigo. Pietsch mismo llamó a la entidad resultante "enormemente prominente". Eso sugiere que los propios líderes de la industria reconocen el poder que se concentraría.
¿Y qué pasa con los escritores más jóvenes o menos establecidos? ¿Cómo los afecta esto?
King dijo específicamente que "para los escritores se vuelve cada vez más difícil ganar dinero para vivir". Eso incluye a todos, no solo a los bestsellers. Con menos editoriales, hay menos oportunidades de publicación, menos negociación de derechos.
Pero King no presentó números sobre cuántos escritores han dejado la profesión, cuántos manuscritos rechazados hay ahora versus hace diez años. Su testimonio es más anecdótico que estadístico.
Cierto. Pero él es el testigo que el gobierno eligió porque tiene credibilidad y ha estado dentro del sistema lo suficiente para hablar con autoridad. No es un economista, es un novelista que sabe cómo funciona realmente la industria.
¿Qué significa que la defensa no le hiciera preguntas?
Que no tenían una estrategia clara para refutarlo. King es demasiado popular, demasiado respetado. Atacarlo habría sido contraproducente.
O significa que sabían que cualquier pregunta que le hicieran podría generar un titular aún más negativo para su caso. A veces el silencio es la mejor defensa.
¿Cuál es el resultado probable del juicio?
Eso dependerá de cómo el juez pese todo el testimonio. Pero King ha puesto en el registro una voz creíble que dice que la consolidación daña a los escritores.
El juicio durará entre dos y tres semanas. Habrá más testigos, más argumentos. King fue el segundo día. Su impacto dependerá de cómo se desarrolle el resto del caso.
Il Polso
- El Departamento de Justicia busca bloquear una fusión que convertiría a las Cinco Grandes editoriales en cuatro, con Penguin Random House —ya la mayor del país— absorbiendo a Simon & Schuster.
- King, uno de los autores más vendidos del mundo y cliente de Simon & Schuster, testificó voluntariamente en contra de sus propios intereses económicos, argumentando que la consolidación daña a los escritores menos establecidos.
- Con ironía afilada, King comparó los compromisos de competencia post-fusión con un matrimonio en el que esposo y esposa pujan cortésmente por la misma casa: una imagen que desnuda la imposibilidad de una rivalidad real bajo el mismo techo corporativo.
- La defensa de las editoriales optó por el silencio: el abogado de Penguin Random House y Simon & Schuster no formuló ninguna pregunta al testigo, una decisión que habló por sí sola.
- El juicio, que se espera dure entre dos y tres semanas, pone en el centro una pregunta que va más allá del derecho antimonopolio: ¿quién decide qué voces tienen oportunidad de ser escuchadas?
En un tribunal federal de Washington, Stephen King tomó la palabra no como novelista del terror, sino como testigo de una transformación silenciosa: la concentración del poder editorial en cada vez menos manos. Su testimonio voluntario contra la fusión de 2.200 millones de dólares entre Penguin Random House y Simon & Schuster revela una tensión antigua entre el mercado y la cultura, entre la eficiencia corporativa y la posibilidad de que un escritor desconocido pueda, algún día, ganarse la vida con sus palabras.
Stephen King se presentó ante un tribunal federal en Washington vestido de gris y con la calma de quien lleva décadas contando historias. Su primera frase ante el juez fue también su declaración de principios: "Mi nombre es Stephen King. Soy un escritor independiente". Había llegado voluntariamente para oponerse a la fusión propuesta entre Penguin Random House y Simon & Schuster, su editorial de toda la vida, en un juicio antimonopolio que rara vez atrae figuras públicas de su envergadura.
El Departamento de Justicia argumenta que la unión de 2.200 millones de dólares reduciría de manera irreversible la competencia en la industria. Penguin Random House, ya la editorial más grande del país, absorbería a Simon & Schuster, la cuarta. King guió al tribunal a través de su propia trayectoria para ilustrar el problema: Doubleday, que publicó Carrie en 1974, fue absorbida por Knopf, hoy parte de Penguin Random House. Viking Press, otro de sus sellos, corrió la misma suerte. Había visto desaparecer la independencia editorial una fusión a la vez. "Para los escritores se vuelve cada vez más difícil ganar dinero para vivir", afirmó.
Su escepticismo sobre los compromisos de competencia post-fusión quedó resumido en una imagen: sería como pedirle a un esposo y una esposa que pujaran uno contra el otro por la misma casa, con mucha caballerosidad y muchos "después de ti". La metáfora capturó lo que los argumentos legales a veces no logran: la competencia real es imposible bajo un mismo techo corporativo.
Lo que hizo singular su aparición fue que King probablemente se beneficiaría de la fusión. Como autor con décadas de éxito, tendría más poder de negociación en una industria aún más concentrada. Sin embargo, su historial apuntaba en otra dirección: había pedido públicamente que le subieran los impuestos y había escrito una novela entera para Hard Case Crime, una editorial independiente, cuando su editora le pidió simplemente una nota de recomendación. La defensa, ante todo esto, eligió el silencio: el abogado de las editoriales no le formuló ninguna pregunta.
Stephen King se presentó ante un tribunal federal en Washington el martes para testificar contra una de las fusiones empresariales más grandes en la historia de la industria editorial estadounidense. El autor, vestido completamente de gris y con la compostura característica de alguien acostumbrado a contar historias en público, comenzó su declaración con una frase que resumía su posición: "Mi nombre es Stephen King. Soy un escritor independiente". Su presencia en el banquillo de los testigos en un juicio antimonopolio era inusual — los casos de concentración corporativa rara vez atraen a figuras públicas de su magnitud — pero King había llegado voluntariamente, incluso con entusiasmo, para oponerle resistencia a la fusión propuesta entre Penguin Random House y Simon & Schuster, su editorial durante décadas.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos busca convencer al juez de que esta unión de 2.200 millones de dólares reduciría la competencia de manera irreversible. Las llamadas Cinco Grandes editoriales — Penguin Random House, Simon & Schuster, HarperCollins Publishing, Macmillan y Hachette — pasarían a ser cuatro. Penguin Random House es ya la más grande del país; Simon & Schuster ocupa el cuarto lugar. Juntas, tendrían un dominio que King argumentó sería perjudicial para los escritores. Mientras el abogado del gobierno Mel Schwarz lo guiaba a través de su trayectoria como autor debutante desconocido en los años setenta, King mantuvo el enfoque en lo que veía como una industria cada vez más concentrada. "Para los escritores se vuelve cada vez más difícil ganar dinero para vivir", afirmó durante su testimonio, que se extendió durante el segundo día de un juicio que se espera dure entre dos y tres semanas.
La historia personal de King ilustraba el argumento más amplio. Carrie, su novela debut, fue publicada por Doubleday en 1974. Esa editorial fue absorbida por Knopf Publishing Group en 2009, y ahora ambas forman parte de Penguin Random House. Viking Press, otro de sus antiguos editores, era un sello de Penguin que se integró a Penguin Random House cuando Penguin y Random House se fusionaron en 2013. King había visto de primera mano cómo las editoriales independientes desaparecían o eran tragadas por corporaciones más grandes. A pesar de esto, continuaba publicando con el sello Scribner de Simon & Schuster, la misma empresa contra cuya fusión testificaba.
King expresó su escepticismo sobre los compromisos que ambas editoriales habían hecho de continuar compitiendo de manera separada después de la fusión. Su respuesta fue tanto irónica como contundente. "Bien podrían también decir que van a tener un esposo y una esposa pujando uno contra el otro por la misma casa", bromeó, gesticulando con un movimiento cortés del brazo mientras describía cómo sería ese acuerdo: "Sería algo muy caballeresco y algo así como 'después de ti', y 'después de ti'". La imagen capturaba su convicción de que la competencia real sería imposible una vez que ambas empresas estuvieran bajo el mismo techo corporativo.
Lo que hizo notable la aparición de King fue que probablemente se beneficiaría personalmente de la fusión. Como uno de los autores más vendidos del mundo, con un catálogo de obras que incluye Carrie, The Shining y decenas de otros títulos, King tendría más poder de negociación en una industria aún más concentrada. Sin embargo, tenía un historial de priorizar principios sobre ganancias personales. Años atrás había pedido públicamente al gobierno que aumentara sus impuestos, escribiendo en The Daily Beast que "en Estados Unidos, todos deberíamos tener que pagar lo que nos corresponde". Incluso mientras mantenía su relación con Simon & Schuster, había escrito novelas para Hard Case Crime, una editorial independiente. Cuando la editora le pidió una nota publicitaria hace años, King se ofreció en cambio a escribir una novela completa. Colorado Kid fue publicada en 2005.
La defensa de las editoriales sorprendió a muchos al no hacer preguntas a King. Daniel Petrocelli, el abogado que representa a Penguin Random House y Simon & Schuster, simplemente indicó que no tenía nada que preguntarle. King había llegado al tribunal no porque el gobierno lo hubiera elegido únicamente por su fama, sino porque había criticado públicamente el acuerdo desde su anuncio a fines de 2021. Su testimonio llevaba el peso de casi cincuenta años observando cómo la industria se transformaba, consolidándose en manos de cada vez menos empresas, mientras que para los escritores — incluso para los más exitosos — las opciones se reducían y la viabilidad económica se volvía más precaria.
Citazioni salienti
Mi nombre es Stephen King. Soy un escritor independiente— Stephen King, al comenzar su declaración
Vine porque creo que esta consolidación es mala para la competencia— Stephen King, explicando su motivación para testificar