Siria confirma diálogos de alto nivel con Israel para reducir tensiones

Siria no quería convertirse en el terreno donde esa disputa se resolviera con fuego
Damasco buscaba mantener su territorio fuera del conflicto creciente entre Israel y Turquía.
Mark

¿Por qué Siria necesitaba enviar a su ministro de Asuntos Exteriores a una reunión sobre un bombardeo a una base aérea en desuso?

Mimi

Porque no se trataba realmente de la base. Se trataba de mantener a Siria fuera de una guerra entre Israel y Turquía que estaba escalando. Si Siria no hablaba, podría terminar siendo el campo de batalla.

Mark

Pero Siria es aliada de Turquía. ¿No debería estar del lado de Turquía?

Mimi

En teoría, sí. Pero Siria es débil ahora, especialmente después de que cayera Asad hace menos de dos años. No puede permitirse una confrontación directa con Israel. Necesita negociar su propia supervivencia.

Mark

¿Qué significa exactamente ese mecanismo de intercambio de inteligencia que acordaron en enero?

Mimi

Significa que Siria e Israel están hablando directamente, compartiendo información sobre amenazas. Es una forma de establecer reglas de juego, de evitar malentendidos que podrían llevar a más bombardeos.

Mark

¿Y Estados Unidos está presionando para que esto funcione?

Mimi

Claramente. Su enviado criticó el bombardeo como innecesario. Washington quiere estabilidad regional, y eso significa mantener a Siria como un interlocutor viable, no como un campo de batalla.

Mark

¿Qué pasa si estas conversaciones fracasan?

Mimi

Entonces Siria queda atrapada entre dos potencias en conflicto, sin capacidad para protegerse. Los bombardeos israelíes continuarían, y Turquía podría sentirse obligada a responder de alguna manera.

  • Israel bombardeó la base aérea siria de Abu Duhur alegando que impedía un despliegue turco, pero Turquía lo negó y el ataque encendió alarmas en toda la región.
  • Siria teme quedar atrapada en el fuego cruzado de una confrontación entre Israel y Turquía que se intensifica y que ella no puede controlar.
  • El propio enviado estadounidense para Siria criticó públicamente el ataque israelí, señalando que Washington no está dispuesto a tolerar escaladas que desestabilicen el proceso diplomático en curso.
  • Las conversaciones en Jordania retoman un proceso iniciado en enero, cuando ambos países acordaron un mecanismo de intercambio de inteligencia, ahora relanzado con mayor urgencia.
  • Siria ha sido blanco de ataques israelíes de forma sistemática desde la caída de Al Asad en diciembre de 2024, lo que convierte cada ronda de diálogo en una carrera contra el próximo incidente.

En Jordania, bajo la mediación silenciosa de Washington, diplomáticos sirios e israelíes se sentaron a negociar no la paz, sino algo más modesto y quizás más urgente: la posibilidad de que Siria no se convierta en el campo de batalla de una disputa ajena. Tras el bombardeo israelí a la base aérea de Abu Duhur y en medio de una creciente tensión entre Israel y Turquía, Damasco busca preservar su soberanía territorial en un momento en que las grandes potencias regionales se rozan peligrosamente. Es el viejo dilema de los países pequeños atrapados entre fuerzas que los superan: sobrevivir sin ser consumidos.

El domingo pasado, el ministro de Asuntos Exteriores sirio cruzó hacia Jordania acompañado por los jefes de inteligencia del país para reunirse con funcionarios israelíes. Estados Unidos mediaba; Jordania ofrecía el terreno neutral. El encuentro no fue casual: respondía directamente al bombardeo israelí sobre la base aérea de Abu Duhur, una instalación en desuso en el noroeste sirio que Israel atacó argumentando que buscaba impedir un despliegue de tropas turcas. Ankara lo negó, pero el daño diplomático ya estaba hecho.

Lo que más inquietaba a Damasco no era solo el bombardeo en sí, sino la trayectoria de la tensión entre Israel y Turquía. Netanyahu y Erdogan atravesaban su momento más tenso, y Siria —aliada de Turquía— no quería convertirse en el escenario donde esa disputa se resolviera con fuego. Las conversaciones en Jordania tenían entonces un doble objetivo: gestionar las consecuencias inmediatas del ataque y, sobre todo, blindar el territorio sirio frente a futuros derrames del conflicto entre ambas potencias.

El diálogo no partía de cero. En enero, Siria e Israel ya habían acordado un mecanismo de intercambio de inteligencia como primer paso hacia un acuerdo de seguridad más amplio. Ahora ese proceso se retomaba con mayor urgencia. Tom Barrack, el enviado estadounidense para Siria, había calificado el ataque a Abu Duhur como una escalada innecesaria, dejando claro que Washington presionaba por estabilidad. Desde la caída de Al Asad en diciembre de 2024, Israel ha atacado territorio sirio de forma reiterada, alegando la necesidad de contener grupos yihadistas. Cada bombardeo genera nuevas tensiones y nuevas rondas de negociación. Lo que ocurrió en Jordania fue, en esencia, un esfuerzo por mantener abiertas las líneas de comunicación antes de que el siguiente incidente las cerrara definitivamente.

El domingo pasado, una delegación siria de alto nivel cruzó hacia Jordania para sentarse frente a funcionarios israelíes. No fue un encuentro casual. El ministro de Asuntos Exteriores sirio encabezaba la comitiva, acompañado por los jefes de los servicios de inteligencia general y militar del país. Estados Unidos mediaba. Jordania proporcionaba el espacio neutral. Lo que estaba en juego era evitar que Siria quedara atrapada en una escalada que no le pertenecía.

La reunión respondía a un bombardeo reciente. A principios de semana, Israel había atacado la base aérea de Abu Duhur, una instalación en desuso ubicada en el noroeste sirio. Los israelíes argumentaron que buscaban impedir el despliegue de tropas turcas en el lugar. Turquía negó categóricamente que estuviera preparando tal movimiento. Pero la acción ya había ocurrido, y las consecuencias se extendían más allá de una base abandonada.

Lo que preocupaba a Damasco era la trayectoria de la tensión entre Israel y Turquía. Ambas potencias regionales estaban en una posición de confrontación creciente, intercambiando reproches a través de sus líderes. Benjamin Netanyahu y Recep Tayyip Erdogan se encontraban en su punto más tenso. Siria, aliada de Turquía, no quería convertirse en el terreno donde esa disputa se resolviera con fuego.

Por eso las conversaciones de Jordania tenían un doble propósito. Primero, buscar una desescalada después del bombardeo a Abu Duhur. Segundo, y quizás más importante, trabajar para que los conflictos entre Israel y Turquía no se derramaran sobre territorio sirio. Los diplomáticos sirios querían mantener a su país fuera de una guerra que no era suya.

Estas negociaciones no surgieron de la nada. En enero, Siria e Israel ya habían acordado establecer un mecanismo de intercambio de inteligencia mientras avanzaban hacia un acuerdo de seguridad más amplio. Ese proceso continuaba, ahora con mayor urgencia. Tom Barrack, el enviado estadounidense para Siria, había criticado públicamente el ataque israelí a la base aérea, describiéndolo como una escalada innecesaria que no contribuía a la estabilidad regional. Washington estaba presionando para que las cosas no se salieran de control.

La presencia estadounidense en estas conversaciones reflejaba una realidad más amplia: Siria ha sido blanco de ataques israelíes de manera consistente desde diciembre de 2024, cuando fuerzas islamistas derrocaron a Bashar al Asad. Israel ha justificado esos ataques alegando que busca prevenir el establecimiento de grupos que considera yihadistas. Pero cada bombardeo genera nuevas tensiones, nuevas preocupaciones, nuevas necesidades de diálogo.

Lo que sucedió en Jordania fue un intento de mantener las líneas de comunicación abiertas mientras todo se movía en direcciones impredecibles. Siria necesitaba asegurarse de que no sería sacrificada en una disputa entre potencias más grandes. Israel buscaba establecer límites claros sobre qué actividades permitiría en territorio sirio. Turquía observaba desde la distancia, consciente de que sus propias tensiones con Israel estaban siendo discutidas en una mesa donde ella no estaba presente. Y Estados Unidos, como mediador, intentaba evitar que la región se desmoronara en conflicto abierto.

El bombardeo fue descrito como una escalada innecesaria que no contribuye a la estabilidad regional
— Tom Barrack, enviado estadounidense para Siria
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