A finales de septiembre de 2025, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que obliga a las agencias federales estadounidenses a sustituir el término 'inteligencia artificial' por 'superinteligencia' en todas sus comunicaciones oficiales. Días después, extendió esa directiva al terreno político, advirtiendo en Truth Social que quienes ignoraran el nuevo vocabulario serían considerados 'enemigos' de la Casa Blanca. En el fondo, el gesto revela algo más antiguo que la tecnología misma: la convicción de que quien nombra el mundo, lo gobierna.
Según Trump la Casa Blanca considera "enemigo" a quienes usen el término "IA" y no "superinteligencia"
La Casa Blanca considera 'enemigo' a quien use la palabra equivocada
¿En serio Trump está diciendo que la gente es "enemiga" si usa la palabra equivocada?
Así es. El 8 de octubre publicó exactamente eso en Truth Social. Dijo que la Casa Blanca consideraría "enemigo" a quien use "inteligencia artificial" en lugar de "superinteligencia".
Pero espera, ¿es una amenaza real o es hipérbole política? ¿Hay consecuencias concretas para quien desobedezca?
La orden ejecutiva del 29 de septiembre obliga a los departamentos federales a usar la nueva terminología. Para agencias del gobierno, es mandatorio.
¿Y para el resto del país? ¿Para académicos, periodistas, empresas privadas?
Ahí no hay poder coercitivo. Es más bien una declaración de posición, un intento de establecer la norma cultural.
Entonces es rebranding con dientes políticos. ¿Pero por qué? ¿Qué gana Trump con esto?
Dice que "superinteligencia" es más precisa. Pero el contexto real es que la IA enfrenta críticas crecientes en Estados Unidos, y Trump quiere mejorar su imagen.
¿Y la competencia con China? Escuché que eso es parte de la historia.
Exacto. Trump ve la IA como una carrera que Estados Unidos debe ganar. Ha dicho "quien gane la carrera de la IA, gana". Así que acelerar la industria es prioridad.
Pero cambiar una palabra no acelera nada. ¿Esto es solo política simbólica?
Principalmente sí. Aunque la orden ejecutiva también incluye la creación de una "Fuerza IA" con un supervisor para vigilar malas prácticas sin frenar el crecimiento.
Entonces es: aceleren, pero con supervisión ligera.
Eso es.
Il Polso
- Trump convierte una preferencia de vocabulario en una línea de lealtad política, amenazando con tratar como 'enemigos' a quienes sigan usando el término 'inteligencia artificial'.
- La orden ejecutiva del 29 de septiembre impone el uso de 'superinteligencia' y 'SI' en toda correspondencia, documentos de política pública y declaraciones oficiales de agencias federales.
- La medida responde a un clima de creciente desconfianza ciudadana hacia la IA: preocupaciones sobre empleo, seguridad y poder corporativo presionan al gobierno a redefinir su postura.
- Trump encuadra la tecnología como arma geopolítica frente a China, apostando por el impulso acelerado sobre la regulación restrictiva.
- El rebranding se refuerza con la creación de una 'Fuerza IA' y un 'zar' designado, buscando vigilar excesos sin frenar el crecimiento de la industria.
A finales de septiembre de 2025, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que obliga a las agencias federales estadounidenses a sustituir el término 'inteligencia artificial' por 'superinteligencia' en todas sus comunicaciones oficiales. Días después, extendió esa directiva al terreno político, advirtiendo en Truth Social que quienes ignoraran el nuevo vocabulario serían considerados 'enemigos' de la Casa Blanca. En el fondo, el gesto revela algo más antiguo que la tecnología misma: la convicción de que quien nombra el mundo, lo gobierna.
A finales de septiembre, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que transformó el lenguaje oficial de Estados Unidos en torno a su tecnología más debatida: de ahora en adelante, los departamentos y agencias federales deberían abandonar 'inteligencia artificial' e 'IA' en favor de 'superinteligencia' y sus siglas 'SI', en toda comunicación oficial. Trump sostenía que la nueva denominación era 'más precisa'.
Una semana después, el 8 de octubre, fue más lejos. A través de Truth Social, advirtió que la Casa Blanca consideraría 'enemigo' a cualquiera que persistiera en usar el término anterior. Lo que comenzó como una directiva administrativa se convirtió en una declaración política: la elección de palabras, en acto de lealtad o deslealtad.
El contexto importa. En Estados Unidos crecían las críticas hacia la industria de la IA —por desplazamiento laboral, riesgos de seguridad y concentración corporativa—. Trump, en cambio, veía la tecnología como ventaja competitiva frente a China y apostaba por la aceleración sobre la regulación. Cambiar el nombre era también cambiar la narrativa: 'superinteligencia' sonaba más aspiracional, menos amenazante.
Para completar el cuadro, Trump anunció la creación de una 'Fuerza IA' con un 'zar' designado para supervisar malas prácticas sin frenar el crecimiento del sector. La combinación de orden ejecutiva, advertencia pública y nueva estructura de vigilancia revela una administración decidida a moldear no solo la tecnología, sino el lenguaje con que el mundo la comprende.
A finales de septiembre, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que cambiaría el lenguaje oficial de Estados Unidos en torno a una de sus tecnologías más controvertidas. De ahora en adelante, los departamentos y agencias federales deberían abandonar el término "inteligencia artificial" e "IA" en favor de "superinteligencia" y sus siglas "SI". La medida afectaría toda comunicación oficial: correspondencia, documentos de política pública, declaraciones públicas. Trump consideraba que la nueva denominación era "más precisa".
Pero la orden ejecutiva era apenas el comienzo. Una semana después, el 8 de octubre, Trump utilizó su red social Truth Social para llevar el mensaje más lejos. Publicó una advertencia directa: la Casa Blanca consideraría "enemigo" a cualquiera que siguiera usando el término anticuado de "inteligencia artificial" en lugar del nuevo y "ampliamente aceptado" término de "superinteligencia". La declaración transformaba una preferencia terminológica en una línea divisoria política, convirtiendo la elección de palabras en un acto de lealtad o deslealtad.
La estrategia respondía a un contexto más amplio. En Estados Unidos, las críticas contra la industria de la IA iban en aumento. Había preocupaciones sobre seguridad, sobre desplazamiento laboral, sobre el control corporativo de tecnologías transformadoras. Trump, sin embargo, veía la cuestión de manera diferente. Para él, la IA representaba una ventaja competitiva crucial, especialmente frente a China. "Quien gane la carrera de la IA, gana", había repetido en numerosas ocasiones. Desde su perspectiva, lo que Estados Unidos necesitaba no era regulación restrictiva sino impulso acelerado.
La redenominación formaba parte de una estrategia más amplia de rebranding. Al cambiar el nombre, Trump buscaba mejorar la percepción pública de la tecnología, separándola de las connotaciones negativas que se habían acumulado alrededor del término "inteligencia artificial". "Superinteligencia" sonaba más aspiracional, más potente, menos amenazante. Era un cambio de narrativa empaquetado como un cambio de vocabulario.
A finales de septiembre, Trump había anunciado además la creación de una "Fuerza IA" con un "zar" designado para supervisarla. El propósito era vigilar las malas prácticas sin frenar el crecimiento de la industria, un equilibrio que reflejaba su prioridad: mantener el ritmo de innovación mientras contenía los excesos más evidentes. La combinación de la orden ejecutiva, la advertencia pública y la nueva estructura de supervisión pintaba un cuadro de una administración decidida a moldear tanto la tecnología como el lenguaje que la rodea.
Citazioni salienti
La Casa Blanca considera 'el enemigo' a cualquiera que utilice el término 'inteligencia artificial' en lugar del nuevo y más preciso término —ampliamente aceptado— de 'superinteligencia'— Donald Trump, en Truth Social, 8 de octubre
Quien gane la carrera de la IA, gana— Donald Trump, en numerosas ocasiones