En un tiempo que celebra lo nuevo como virtud suprema, la pastelera argentina Sarina Castagnoli ha encontrado en Madrid un camino distinto: rescatar del olvido las tartas que marcaron la infancia de una generación. Lo que comenzó como un accidente se convirtió en una vocación deliberada, y esa vocación ha sido reconocida por ICON como parte del talento joven más relevante de España. Su trabajo nos recuerda que la memoria también es una forma de creación, y que mirar hacia atrás, con habilidad y sensibilidad, puede ser el gesto más contemporáneo de todos.
Sarina Castagnoli: la pastelera que rescata las tartas olvidadas de la infancia
Traer de vuelta lo que ya no se ve es contemporáneo precisamente porque es nostálgico
¿Cómo se pasa de hacer tartas por casualidad a ser una de las más demandadas del país?
Creo que fue porque empecé a escuchar realmente lo que la gente quería. No era solo pedir un postre, era pedir un recuerdo. Eso cambió todo.
¿Qué significa rescatar una tarta olvidada?
Significa investigar, hablar con gente mayor, buscar en libros antiguos de recetas. Pero sobre todo significa entender por qué esa tarta desapareció. A veces fue porque cambió el mercado, a veces porque la industria decidió que algo más moderno era mejor.
¿Sientes que hay algo político en esto?
Absolutamente. Hay una política en decidir qué merece ser recordado y qué merece ser olvidado. Yo elijo recordar.
¿Por qué crees que la gente responde tan bien a tu trabajo?
Porque vivimos en una época donde todo es descartable. Una tarta que trae de vuelta un sabor de la infancia dice: esto importa, esto vale la pena preservar.
¿Qué viene después para ti?
Seguir buscando tartas perdidas. Hay muchas más historias por contar, muchos más sabores por recuperar.
Der Puls
- En un mercado pastelero dominado por la novedad constante, Castagnoli apuesta por lo opuesto: recuperar recetas de los noventa que han desaparecido casi por completo de las vitrinas.
- Su propuesta genera una tensión productiva entre el pasado y el presente, obligando a clientes y críticos a preguntarse qué se pierde cuando una cultura olvida sus propios sabores.
- Para lograrlo, no se limita a copiar recetas antiguas: investiga, conversa con sus clientes sobre sus recuerdos y reinterpreta esos sabores con técnica y sensibilidad contemporáneas.
- El reconocimiento de ICON la posiciona como referente del arte pastelero en España, confirmando que existe una demanda real y creciente por este tipo de creatividad anclada en la memoria.
- Sus tartas están aterrizando como un fenómeno cultural tanto como gastronómico: no son solo postres, sino puentes emocionales entre generaciones.
En un tiempo que celebra lo nuevo como virtud suprema, la pastelera argentina Sarina Castagnoli ha encontrado en Madrid un camino distinto: rescatar del olvido las tartas que marcaron la infancia de una generación. Lo que comenzó como un accidente se convirtió en una vocación deliberada, y esa vocación ha sido reconocida por ICON como parte del talento joven más relevante de España. Su trabajo nos recuerda que la memoria también es una forma de creación, y que mirar hacia atrás, con habilidad y sensibilidad, puede ser el gesto más contemporáneo de todos.
Sarina Castagnoli no tenía planeado ser pastelera. La argentina afincada en Madrid llegó al oficio casi por casualidad, pero lo que empezó como un experimento se convirtió en una búsqueda con propósito: rescatar del olvido las tartas que definieron la infancia de toda una generación.
Hoy es una de las cake artists más solicitadas en España, y lo que la distingue no es la búsqueda de la novedad sino todo lo contrario. Mientras otras apuestan por tendencias, Castagnoli apuesta por la memoria. Estudia recetas desaparecidas, escucha los recuerdos de sus clientes y luego los reinterpreta con la sensibilidad de quien entiende tanto el pasado como el presente.
El reconocimiento no tardó en llegar. Su trabajo fue incluido en la selección anual de talento joven de ICON, la publicación cultural de El País, un guiño que refleja algo más amplio: la sociedad empieza a valorar a quienes saben mirar hacia atrás sin quedarse atrapados allí.
En un mundo saturado de tendencias efímeras, hay algo profundamente radical en dedicarse a traer de vuelta lo que ya no se ve. Sus tartas no son reliquias de azúcar: son conversaciones entre generaciones. Y cuando un cliente cierra los ojos al dar el primer mordisco, ese instante es, en realidad, el verdadero trabajo de Castagnoli.
Sarina Castagnoli no planeaba convertirse en pastelera. La argentina que vive en Madrid llegó a este oficio casi por accidente, pero lo que comenzó como un experimento casual se transformó en algo más: una búsqueda deliberada por rescatar del olvido las tartas que marcaron la infancia de una generación.
Hoy, Castagnoli es una de las cake artists más solicitadas en España. Su trabajo ha trascendido el simple acto de hornear. Lo que la distingue es su obsesión por revivir recetas que desaparecieron de las vitrinas de las panaderías, esos postres que comían los niños en los noventa y que ahora parecen pertenecer a otro mundo. Mientras otras pasteleras persiguen la novedad, ella persigue la memoria.
Su propuesta tiene un peso emocional particular. No se trata solo de reproducir una tarta antigua con técnicas modernas, sino de entender por qué esa tarta importaba, qué la hacía especial en su momento. Castagnoli estudia las recetas, conversa con clientes sobre sus recuerdos, y luego reinterpreta esos sabores con la sensibilidad de alguien que entiende tanto el pasado como el presente.
El reconocimiento llegó rápido. Su trabajo fue incluido en la propuesta anual de talento joven de ICON, la publicación de El País dedicada a las tendencias culturales. Este tipo de visibilidad no es casual: refleja un cambio más amplio en cómo la sociedad valora la creatividad. Ya no se trata solo de innovar por innovar. Hay espacio, y demanda, para quienes saben mirar hacia atrás sin quedarse atrapados allí.
Lo que Castagnoli hace es contemporáneo precisamente porque es nostálgico. En un mundo saturado de tendencias efímeras y redes sociales que celebran lo nuevo cada cinco minutos, hay algo profundamente radical en dedicarse a traer de vuelta lo que ya no se ve. Sus tartas no son museos de azúcar. Son conversaciones entre generaciones, mediadas por harina, mantequilla y memoria.
Para una pastelera argentina en Madrid, esto representa algo más que una carrera profesional. Es una forma de conectar con la gente, de recordarles que lo que comieron de niños importaba, que esos sabores merecen ser honrados. Y mientras sus clientes muerden una de sus tartas, probablemente cierren los ojos por un segundo. Ese segundo es el trabajo real de Castagnoli.
Bemerkenswerte Zitate
Me gusta traer de vuelta esas tartas que ya no se ven, las que comía cuando era niña en los noventa— Sarina Castagnoli